JAPONIZAR ESPAÑA:
David
Almazán Tomás
Universidad de Zaragoza
Modernizar
España 1898-1914. Congreso Internacional: Comunicaciones,
Guadalupe
Gómez-Ferrer Morant (ed.)
Depto. De Historia Contemporánea (UCM),
2006. ISBN: 84-689-8305-5
Japón también tuvo su parte de protagonismo cuando se
hablaba de la modernización de España. La consciencia de que Japón había
comenzado una etapa de renovación el mismo año, en 1868, con el período Meiji[1], permite
que las imágenes sobre este país no sólo reflejen su evolución sino también los
propios perceptores desde
En la imagen
de Japón comenzaron predominando las evocaciones exóticas, basadas en las
ensoñaciones de autores como Pierre Loti[3], para
ser hegemónica a principios del siglo XX la percepción de un país moderno, con
un poderoso ejército pero también con otros avances decisivos para el progreso
del país, tales como
Esta
comunicación, por tanto, busca analizar la imagen de Japón, pero también los
progresivos cambios que vivió. Para ello, consideramos especialmente relevante
la prensa ilustrada,[5] que
tuvo un papel protagonista en acuñar la imagen de Japón tanto por su cantidad y
calidad, comparable a la de otros países occidentales, como por la carencia de
especialistas sobre el país, un hecho que Madrid intentó solventar con el envío
a Japón de un agregado militar permanente adjunto a la Legación de España en
Tokio,
Este trabajo
está estructurado a través de las diferentes imágenes que proporcionaba Japón
en esos momentos, que además de ser descritas y analizadas se intenta describir
su evolución. Además, evita cubrir dos facetas de la imagen que tuvieron
importancia en los años tanto anteriores como posteriores al período que cubre
este congreso. En los años previos, Japón fue asociado con la idea del peligro
amarillo, por la amenaza real que presentaba a las Filipinas, especialmente
desde su dominación colonial en Taiwán, a pesar de la firma del Tratado de
Límites en 1895. Después de
El emperador
Mutsuhito (1852-1912) fue una de las figuras más destacadas y conocida por los
lectores españoles, gozando de un tratamiento informativo cuidado y respetuoso,
y apareciendo ya durante su juventud, en 1875, en
La tendencia
fue a percibirle, de una forma similar a lo ocurrido con Alfonso XIII en la
prensa norteamericana de la época,[14] como
uno de los escasos modernizadores de un país inclinado hacia el anquilosamiento
y
Tras su
fallecimiento, el ya Emperador Meiji fue destacado en varias revistas
ilustradas,[17]
como Alrededor del Mundo, que le
llegó a calificar de “el más glorioso soberano de nuestra época”[18]. La
revista recalcó su protagonismo en la restauración imperial, en la supresión del
feudalismo, en la modernización del país y en la creación de “una marina
poderosa y un ejército aguerrido” que habría sido la causa de la victoria en
las guerras con China y Rusia. La
Vanguardia, por su parte, reflejó los cambios que se habían producido en la
imagen de Japón y los artículos que comentaron su muerte y sucesión enfatizaron
las ideas positivas ya apuntadas a partir de
El ámbito militar fue el
más relevante en la imagen de Japón durante los años que cubre este congreso[20] que
se prolongó hasta el final de
La
participación nipona en la Guerra de 1898 fue vista de forma positiva, en
especial a raíz de los rumores sobre su alianza con España y en general mejoró
la imagen de Japón, aunque también aparecieron noticias sobre el apoyo verbal
que Japón estaba prestando a la revolución filipina por medio de los Shishi o
luchadores que viajaron a Filipinas a apoyar la lucha independentista. Las dos
guerras en relación con China, tanto la de 1894-95 como la provocada por
La guerra
contra el imperio ruso de 1904-05, no obstante, significó un salto cualitativo.
Luchando frente a uno de los principales ejércitos del mundo[22], los
japoneses demostraron una efectividad y una resolución que les condujo hacia la
victoria y hacia la admiración internacional. España también acusó el impacto
por la sorpresa nipona, con multitud de artículos y libros analizando la marcha
de
La imagen de
Japón evolucionó tras este conflicto, por ser calificada por primera vez de
gran potencia.[29]
Después, la prensa se centró en sus crecientes tensiones con los Estados Unidos
a partir de la publicación de un libro sobre los dos países y subtitulado “El
conflicto yanqui-japonés.[30] Esa
consideración de gran potencia conminaba a la prensa a buscar nuevos enemigos
para Japón, sin poder desarrollar una coherencia en los planteamientos y por
tanto aceptando por primera vez la contradicción de las explicaciones
superficiales como base para las informaciones. Un reflejo de ese Japón que de
exótico ha pasado a incomprensible es una caricatura publicada en 1907 por Alrededor del Mundo titulada
“Cordialidad yanki-japonesa”[31],
donde aparecían un norteamericano y un japonés brindando mientras se apuntan
con sus cañones.
Mas allá de
la exitosa estrategia militar contra el imperio Ruso, la imagen de Japón se
benefició especialmente de las explicaciones sobre esa victoria, que por
primera vez apuntaron de lleno a factores propios de la sociedad nipona en
lugar de a intervenciones extranjeras. La relación de esas explicaciones con el
ámbito castrense era directa en algunos casos, como fueron las informaciones
sobre el valor de los nipones, con un himno que comenzada proclamando, según la
traducción ofrecida: “¡Gloria! El amor patrio es un sentimiento más fuerte que
una piedra[32].
El impacto sobre la imagen de Japón llegó también más allá de los círculos
militaristas. La consulta y comparación de los comentarios sobre Japón después
de la Guerra contra China y tras
La imagen del
esfuerzo Meiji por asimilar la técnica y ciencia occidentales fue una de las
más positivas de Japón que a lo largo de los primeros lustros del siglo XX no
hizo sino aumentar. Las descripciones sobre el sistema educativo fueron numerosas,
casi unánimemente positivas y se extendieron al ámbito científico y
universitario. Antes de la guerra contra Rusia, en 1900, un extenso articulo de
Dentro de esa
consideración elevada, algún científico japonés también obtuvo relevancia mundial, y en consecuencia en
España, como el bacteriologo Hideyoshi Noguchi (1876-1928), cuya labor fue
reconocida en diversas revistas españolas, como
La
imagen de los esfuerzos nipones por adquirir las técnicas occidentales tiene
una evolución diferente a las anteriores, porque fue la primera, ya que surgió
al poco del triunfo de
Dentro de esta noción
general de la lucha por la modernización, los aspectos visuales de ese cambio habían
sido los más llamativos. Las vestimentas occidentalizadas, las ciudades con
edificios asemejables a los europeos se mezclaron pronto con las noticias sobre
la puesta en marcha de infraestructuras, especialmente las comunicaciones, como
ocurrió con la construcción de la primera línea férrea entre Tokio y Yokohama,
coincidente con la del paso de la gran embajada de Iwakura Tomoni.
El desarrollo comercial
de Japón fue quizás el aspecto menos mencionado en España, incluso en el siglo
XIX, a pesar del posible impacto para la colonización en Filipinas. Sólo
algunos escritos ocasionales, como los redactados con ocasión de
A principios
del siglo XX, por tanto, la imagen del esfuerzo modernizador tenía un trasfondo
básicamente político, impulsada por la reciente aprobación de la constitución
japonesa y de la constitución de los primeros gobiernos siguiendo las normas
democráticas occidentales, apuntando también, por ejemplo, hacia la existencia
de una organización política moderna como una de las razones para explicar la
victoria sobre Rusia.[42]
Los contactos
diplomático-protocolarios entre españoles y japoneses ayudaron a reforzar esa
imagen, como ocurrió con la visita del príncipe japonés Kuni para entregar a
La percepción de los
logros conseguidos desde 1868 por Japón llevó a numerosos parabienes desde los
primeros años del proceso renovador Meiji, incluso con alguna predicción
excesivamente temprana, como la escrita en 1872, asegurando que “en un porvenir
próximo, el imperio japonés tratará de igual a igual, en punto a civilización y
progreso con las naciones más ilustradas del globo.”[45]
En esos años,
no obstante, predominaba un darwinismo social que adjudicaba un pobre futuro a
las naciones no occidentales, presuntamente no apropiadas para sobrevivir en un
futuro más o menos próximo por su incapacidad innata para adaptase. Japón era
una contradicción flagrante a esas hipótesis de Darwinismo social y por eso sus
victorias sirvieron para dar la vuelta a las teorías raciales predominantes en
esa época. Durante la visita del príncipe Kuni, ya mencionada, el periodista
José Fernández Bremón comentó que se le miraba “con curiosidad simpática, como
queriendo ver en su rostro los misterios de esa raza de gigantes de corta
estatura y aliento poderoso, que tienen la grandeza encerrada en corazones de
colosos.”[46]
Otros, en
lugar de desafiar las teorías del darwinismo social, prefirieron utilizarlas
para negar un futuro brillante al imperio japonés. Así, el miembro de
Así, Sales y
Ferré prefirió caracterizar el cambio en Japón como superficial, su Renovación
Meiji más externa que interna,[48] y
apuntar a sus limitaciones. Así ocurrió con las pobres condiciones laborales que
mostraban maestros, obreros, mujeres o niños, una demostración de la fragilidad de ese auge en ojos del
académico catalán: “Los hechos aducidos ponenme de manifiesto que la sociedad
japonesa continúa basada sobre el comunismo de la época feudal, en la que
apenas han hecho mella
Las críticas
de Sales y Ferré partieron más bien, no obstante, de los estereotipos
predominantes en esos años sobre la presunta incapacidad congénita para innovar
de las llamadas “razas orientales.” En su análisis sobre La transformación del Japón, declaró: “¿Se dirá todavía que el
Japón se ha apropiado del sistema educativo de Europa? Se ha asimilado las
formas, el alma se le ha escapado.... Esto nos permite fijar, casi medir, la
diferencia de complexión mental entre los japoneses y los occidentales. El
japonés es incapaz de elevarse de por sí, en el desarrollo de la actividad
mental, más allá del punto que alcanzaron sus antepasados y que exteriorizaron
en la organización de la sociedad; incapaz de formar juicio propio sobre ningún
elemento social y percibir sus deficiencias.... El Japón, con todo lo que se ha
apropiado de la civilización europea, no parece haberse elevado un tilde de su
nivel mental anterior.”[50]
Las menciones
no exóticas sobre Japón, en definitiva, comenzaron con
La
frustración fue recurrente al comparar. Un conocido testimonio escrito por
Francisco de Reynoso, quien fuera tercer secretario de la legación española y
autor del libro En la Corte del Mikado:
bocetos japoneses:
““Cuando la
Corte imperial se trasladó a Tokio, el gobierno… ofreció ceder a cada potencia,
solares donde pudieran edificar las Legaciones acreditadas en
Pero la
muerte del emperador Meiji en 1912 desencadenó también comentarios que
apuntaban directamente a la necesidad de aprender del modelo japonés, provocando
preguntas como “¿Cómo se rehace un pueblo? ¿por qué caminos se levanta
rápidamente desde su abatimiento a la grandeza?”[53] Pero
junto a ellos, se produjeron también los comentarios negando la posibilidad de
desarrollo propio de los nipones o atribuyendo sus logros en exclusiva a la
influencia occidental, como Ado,f Hitler haría más tarde en su Mein Kampft.
Occidente
percibió Japón a través de un caleidoscopio en el que se fundían el encanto de
la recreación literaria, la admiración estética del fenómeno del Japonismo y una admiración teñida de
envidia y recelo hacia ese vertiginoso proceso de modernización. La visión
recelosa hacia Japón emergió en el siglo XIX ante la posibilidad de expansión
hacia el Sur tras instalarse en Taiwán, una vez había vencido a la China
imperial, pero se mezcló con la del reconocimiento de los evidentes logros y
con los esquemas generales del darwinismo social negando a los pueblos
no-blancos una serie de capacidades como la innovación o
[1] AKITA, G. Foundations of
Constitutional Government in Modern Japan, 1868-1900, Cambridge, Mass.,
Harvard University Press, 1967. BEASLEY, W.G.: The Meiji Restoration, Stanford,
[2] Sobre el tema de las relaciones históricas entre España y Japón
en la época señalada véase RODAO Florentino. Relaciones Hispano-japonesas, 1936-1945. Tesis Doctoral , Madrid:, Universidad Complutense, 1993 (Biblioteca
Virtual Miguel de Cervantes. Texto Completo
en pdf.);
[3] Para un estudio de la imagen de Japón transmitida por los escritores de finales del XIX y principios del XX véase la tesis defendida en la Universidad de Ginebra de Setsuko Ono A Western image of Japan: What did the West see through the eyes of Loti and Hearn?, Ginebra, 1972.
[4] Lamo de Espinosa, Emilio, “Desobedéceme,” El País, 22/VII/1996.
[5] Este es el campo de investigación principal de uno de los autores
de este trabajo, cuya tesis doctoral Japón
y el Japonismo en la prensa ilustrada española (1870-1935), defendida en la
Universidad de Zaragoza en 2000, presenta de manera sistemática la importancia
de esta fuente de documentación. Empleamos documentación de las siguientes
revistas ilustradas:
[6] Para una presentación de la difusión de la cultura japonesa en nuestro país véase el artículo de Elena Barlés Báguena: “Luces y sombras en la historiografía del Arte Japonés en España”, Artigrama, nº 18, Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Zaragoza, Zaragoza, 2003, pp.23-82.
[7] BELLESSORT, Andrés. La sociedad japonesa: usos, costumbres, religión, instrucciones; traducción de F. Sarmiento, Barcelona, Montaner y Simón, 1905, col. Biblioteca Universal.
[8] Véase GONZÁLEZ MARTEL, Juan Manuel.
[9] ALMAZÁN TOMÁS, David: Japón
y el Japonismo en las revistas ilustradas españolas (1870-1935), Tesis
doctoral de once tomos, dirigida por
Elena Barlés y leída en el Departamento e Historia del Arte de la Universidad
de Zaragoza en el año 2000, Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza,
edición en microficha, 2001 (véase parte dedicada a las exposiciones
universales) y NAVARRO POLO, Sergio.“Arte
japonés en
[10] Médico y
erudito catalán fue conservador de la Biblioteca y Museo Balaguer (Vilanova i
Geltrú) Su libro Dai Nipon fue una
obra rigurosa y sobre todo muy bien documentada ya que, como señala en la
presentación, contó con el asesoramiento de los miembros de la comisión japonesa de la Exposición de 1888, así como
la referencia bibliográfica de los estudios sobre Japon de diversos autores
extranjeros como W.S. Aston, B.H. Chamberlain,
Leon de Rocín, el Conde de Montblanc, E. Lamaraisse, Rodolfo Lindau, Villetard
de Laguerie, Rodolfo Lindau, E. Brans, Louis Gonse y Pierre Loti.
[11] HEARN, Lafcadio. Kokoro: impresiones de la vida íntima del Japón; traducción del inglés por Julián Berteiro, Madrid, Daniel Jorro, 1907.
[12] Martínez de Velasco, Eusebio: “El Micado y la Emperatriz de
Japón”,
[13] “La vera
efigie del emperador del Japón”, Blanco y
Negro, año IV, n° 176, 15/9/1894, p. 582. Cat.
40-48.
[14] Sánchez Mantero, Rafael “La imagen de España en los Estados
Unidos, 1898-
[15] Juan Mencarini legó sus objetios artísticos al político y escritor Víctor Balaguer (1824-1901) para su Biblioteca Museo en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), donde hoy todavía se conservan.
[16] Mencarini,
Juan: “El Imperio de Japón”, Por Esos
Mundos, año V, n° 109, 1/2/1903, p. 138. Cat. 124 y 125; “Notas del Japón”,
Alrededor del Mundo, año V, n° 239,
31/12/1903, p. 461. Cat. 140 y 141.
[17] “Japón: Fallecimiento del emperador Mutsu-Hito y proclamación de
Yoshihito”,
[18] “El Mikado ha muerto: ¿Quién era Mutsu-Hito?”, Alrededor del Mundo, año XIV, n° 690, 21/8/1912, p.145 y 146; Cat. 702 y 703. Otros artículos sobre los funerales de Mutsuhito en Alrededor del Mundo fueron: “El Japón de ayer y hoy”, año XIV, n° 691, 28/8/1912, p. 185; y “Los funerales del emperador de Japón”, año XIV, n° 697, 9/10/1912, p. 289 y 290.
[19] “La fortuna de los
emperadores del Japón”, La Vanguardia,
30/VIII/1912; “La educación del príncipe imperial del Japón”, La Vanguardia, 29/VIII/1912.
[20]
AA. VV. Rusos y japoneses: apuntes políticos y militares, Madrid, Hijos de M. G. Hernández, 1904. ABBAD, D. M. Notas militares sobre el Japón. Madrid: Imp. Del Cuerpo de artillería, 1896.
AUÑÓN Y VILLALÓN, Ramón, Marqués de Pilares. El Combate naval de Ya-Lu entre chinos y japoneses, Madrid, Estab. tip. de R. Alvarez, 1895. AVILÉS
ARNAU, Juan. Historia de la guerra
ruso-japonesa (1904-1905), Barcelona,
Pons y Ca, 1906. El Conflicto Ruso-Japonés: noticias
históricas, geográficas y militares extractadas de los datos que existen en el
Depósito de la Guerra, Madrid, talleres del Depósito de la Guerra, 1904. FERNÁNDEZ DE CÓRDOVA Y REMÓN ZARCO DEL
VALLE, Luis (Marqués de Mendigorría). Campaña
ruso-japonesa: memoria, Madrid, Fortanet, 1908. ÍÑIGO, Carlos. La Marina del Japón, Madrid,
imprenta Hijos de R. Alvarez, 1898. MARTÍN ARRÚE, Francisco. Breve estudio de la guerra ruso-japonesa
1904-5: ampliación al Curso de Historia Militar, Toledo,
[21] Sobre ello, Almazan, David, “Imagen naval japonesa e ilustración
gráfica: un análisis de la imagen española de Japón en
[22] Cuenca,
[23] Emilio Figueras, Capitán del Estado Mayor, en una conferencia
pronunciada a comienzos de la guerra en el Centro del Ejército y
[24] Nuevo Mundo, año XII, n° 586, 30/3/1905.
[25] Nuevo Mundo, año XII, n° 591, 4/5/1905.
[26] Nuevo Mundo, año XII, n° 599, 29/7/1905.
[27] Nuevo Mundo, año XII, n° 575, 12/1/1905.
[28]
[29] Juan Buscón “Busca, buscando”, La Vanguardia, 5/IX/1905
[30]J. Cascales y Muñoz “Japón y Norteamérica”, Por Esos Mundos, año IX, n° 158, 1/3/1908, p. 225-233; E. Retama, “De Extremo Oriente”, Nuevo Mundo, año XV, n° 742, 26/3/1908, p. 636-638.
[31] Alrededor del Mundo, año IX, n° 443, 27/11/1907, p. 344, Cat. 627.
[32] Sirva como muestra del valor y la motivación de los japoneses la traducción que publicó Nuevo Mundo, año XII, n° 609, 7/9/1905, del himno japonés: “más puro que la límpida fuente de agua, más bello que el cielo, más hermoso que la flor de cerezo. Es un sentimiento nacido en nosotros desde el principio del mundo y que no se extinguirá aunque la tierra se hunda. Mas no nos basta ser sólo valerosos soldados. tenemos que ser gallardos generales que al morir tienen fama en los siglos y memoria verdadera entre el pueblo y en el Emperador. ¡Sea maldito el enemigo que nos disputa la victoria! Nosotros debemos perseguirle mientras tengamos armas, manos y sangre, donde quiera que esté. No debemos ni desentendernos ni dar un paso atrás, cualquiera que sea el número de los enemigos, sino avanzar en el santo nombre de la patria y del Mikado, sin escatimar nunca nuestra vida. Debemos luchar, luchar, vencer, vencer. Adelante, adelante!, Victoria, victoria!, Banzai, banzai!”
[33] Juan Buscón “Busca, buscando”, La Vanguardia, 5/IX/1905
[34] A. Riera, “Japón e Inglaterra,” 9/IX/1905.
[35] “A bordo de un acorazado japonés. Relato de un periodista”, La Vanguardia, 21/IX/1905.
[36] “La nueva generación japonesa” Por Esos Mundos, año I, n° 10, 17/3/1900.
[37] Por Esos Mundos, año I, n° 47, 1/12/1900