Presencia española en Extremo Oriente.-
El caso de Tailandia en la segunda mitad del siglo
XIX
Colegio Mayor
Universitario «Nuestra Señora de África».
Madrid.
Cuadernos
de Historia Contemporánea.
Madrid, UCM, Vol. 11
(1989): 91-115.
Características de las Relaciones con Siam
Sólo durante escasos períodos en nuestra historia el
Asia Oriental ha sido para España una zona primordial dentro de sus objetivos
exteriores; lo es menos aún durante
Estas cuestiones son:
1. Independencia
de las posesiones españolas en América. La situación general del reinado de Fernando VII y la
anómala posición de las Islas Filipinas, desde los inicios de la ocupación
española - en cuanto puerto de paso para las mercancías dirigidas a las
posesiones americanas -, suponen el abandono defecto de este territorio,
a su propia suerte, desde los inicios del siglo XIX- La metrópoli basará los
escasos intentos de desarrollo según los moldes de la economía cubana: el
tabaco y el azúcar. Ante la ausencia de
soluciones - teniendo en cuenta, además, la escasez del trasvase de capitales
hacia este archipiélago[1] -, el comercio de las Filipinas, después del
[104] nacimiento de las Repúblicas Americanas sufre un fuerte colapso, sin
recuperar el nivel de transacciones anterior a estos conflictos hasta pasada la
mitad del siglo XIX.
2. Situación
del dominio español en el archipiélago filipino. El hecho de no promoverse decididamente el desarrollo de la economía
filipina, ni siquiera en base a una mayor vinculación con
3. Fracaso
político de la guerra de Cochinchina. Este conflicto constituye el punto de inflexión de la acción hispana
en la región, a partir del cual el papel de España pasa a un nivel
secundario. Coincide además el fracaso
político con el deterioro de la situación económica del archipiélago,
perceptible, por ejemplo, en las estadísticas de movimiento de buques con
bandera española en los puertos de la China meridional, así como con los
primeros síntomas de debilitamiento de la producción rizícola, lo mismo que en
la tardía adaptación de la navegación a vapor de los buques mercantes
hispanos. Unida esta situación
desfavorable a la ausencia de intereses económicos de importancia en la región,
y al tradicional aislamiento de estas islas con respecto a su entorno, nos
encontramos, después de 1860, con un entorno económico y político que dificulta
las relaciones con Extremo Oriente.
La crisis definitiva de la monarquía isabelina
contribuye a una nueva agudización de la crisis de la presencia hispana en
Asia, que ya se mostrará inexorable. Tal
declive no consiguen remontarlo el cambio de régimen en 1868, ni los endebles
bríos renovadores que llegan a la colonia durante el sexenio revolucionario. ni
los esporádicos intentos de recuperar posiciones en el Océano Pacífico, durante
la década de 1880. En este último caso,
por ejemplo, las iniciativas se toman sin un objetivo claro a conseguir, que no
sea el de imitar la política seguida por otras potencias, en consecuencia, se
envían buques de guerra a los puertos chinos en defensa de unos intereses
españoles que son exiguos e, incluso, se ocupan efectivamente las islas
Carolinas, aventura que acaba, pese a la pequeñez del territorio, en un nuevo
fracaso[2].[105]
Las relaciones de nuestro país con el reino de Siam,
actual Tailandia (el territorio no coincide en su totalidad con el del siglo
pasado), presentan una tónica bastante parecida de desconocimiento a la de toda
esa área. Sin embargo, tienen unas
características propias, más agudizadas, que posibilitan un estudio más nítido
de la omnipresente despreocupación hispana hacia la zona:
1. Ausencia
de motivos de fricción mutua. Debido a la falta de contactos frecuentes que puedan
provocar fricciones y, también, por la política de total apertura, desde el año
1855, de los siameses hacia las potencias europeas, no se puede hablar de malas
relaciones entre ambos países durante este período, aunque sí algo frías. En el plano puramente diplomático, se puede
hablar de unas cordiales relaciones mutuas, pese a los continuos desplantes
protocolarios de los españoles, motivados por las dificultades del Tesoro
Público. Esta ausencia de tensiones
contrasta con las mantenidas con el Imperio Chino en el mismo período,
motivadas por los asaltos piratas a los barcos españoles, por el trato a los
misioneros y por otras cuestiones de cierta importancia.
2. Escasez de
relaciones de tipo comercial. Estas no se pueden determinar fehacientemente, por
la inexistencia de referencias concretas en las estadísticas publicadas y,
además, por el papel de intermediación de los puertos de Hong-Kong y Singapur
en las transacciones. Con respecto a las
Islas Filipinas, las exportaciones de ambos territorios son esencialmente del
mismo tipo, basadas en azúcar, arroz, aceite y madera de sappán. Únicamente cuando la colonia española se
convierte en deficitario en arroz, en el último cuarto de siglo, hay ocasión
para desarrollar un comercio mutuo de importancia, pero las principales compras
para abastecer a los filipinos se realizan en
El comercio que pueda existir entre Siam y la Península resulta mucho más
difícil de determinar, por la práctica imposibilidad de realizar envíos
directos desde España hasta el golfo de Siam y viceversa. Es probable que, [106] ocasionalmente, se
compre pimienta siamesa, por ser la más barata de¡ mercado, aunque Filipinas
también exportaba este producto; en cuanto al arroz, principal exportación
siamesa, aunque sólo tenemos constancia de estas compras en el siglo XX,
también es probable que mercantes españoles lo compraran, en ocasiones,
procedente de Siam, en puertos como Port - Said o Singapur. Analizando las exportaciones españolas a
Siam, éstas no pueden ser sino esporádicas; según las estadísticas del puerto
de Singapur, los principales productos que llegaban allí en 1860,[3] eran plomo y sal de la isla, que también competían con sus similares
siameses. El único producto de
exportación a Extremo Oriente, que comprobamos se mantiene a lo largo del
período estudiado, es el vino de Jerez, teniendo incluso referencias indirectas
de la llegada de este producto a Siam.
3. Inexistencia
de emigración de siameses al Caribe español La embajada de Melchor Ordóñez y Ortega, que en 1880 firma un tratado
en Annam para el envío de culíes a Cuba y Puerto Rico, parece constituir un
único intento en este sentido. Ordóñez y
Ortega afirma escuetamente, en el libro que publica al finalizar su extenso
viaje,[4] que había firmado también
un acuerdo semejante con Siam, pero no hay prueba de ello, sino de lo
contrario. En todo caso, podemos hablar
de la existencia de un proyecto, lo que es otra demostración de la falta de
información en España sobre Siam y su relativa despoblación, por lo que ni
siquiera existía emigración hacia las Filipinas; difícilmente un país como
Siam, relativamente despoblado y con un flujo migratorio receptivo, podía
enviar trabajadores a territorios tan alejados como Cuba. Tal proyecto también evidencia la clara
desconexión entre los Ministerios de Ultramar y Estado, al ser desarrollado por
el primer organismo, sin conocimiento del que tenía, por cometido único, las
relaciones con el resto de Estados.[5]
4. Dificultad
y complejidad de las comunicaciones con Siam.
La inexistencia de rutas
directas de navegación, tanto desde la península como desde Filipinas,
dificulta las transacciones mutuas; pero también, el camino de las noticias
sobre el país resulta tortuoso, al estar en Pekín el embajador acreditado ante
la Corte de Bangkok, ciudades entre las que la comunicación también resulta
lenta. Por ejemplo, tenernos que la
información sobre unos sucesos relativos a
5. Siam no
encaja dentro del organigrama del Ministerio de Estado, en Extremo Oriente.
Al no tener Madrid ningún diplomático destinado permanentemente en
ese país (lo que no ocurrió hasta 1949), hay problemas de jurisdicción sobre el
viceconsulado en Bangkok. Nadie quería
tenerlo a su cargo: las Embajadas de España más cercanas eran las de Pekín o
Tokio, a mucha distancia y en dirección contraria en el camino hacia la
península, por lo que los informes tenían que recorrer un doble trayecto antes
de llegar a su destinatario final.
Tampoco había ninguna representación con rango suficiente de la que
hacer depender a Bangkok, aún estando más lejana, en el camino hacia la
península, hasta que los barcos pasaban el Canal de Suez. Al ser Siam un país independiente, no se
podían facilitar los contactos ni la información necesaria sobre el país por
medio de la capital de la metrópoli, en cuyo caso, además, Bangkok habría
pasado a depender directamente del Consulado General de Singapur, tal como
sucedió con Batavia -Jakarta-, Penang o Rangún, cuando se crean. El encargado de negocios interino en Pekín
propone esta última solución en 1872, por suponer una mayor funcionalidad en el
esquema consular que la adscripción directa a Pekín: «Siam se encuentra tan
cerca de Pekín como de Madrid, y someter los asuntos de aquel país a los de
esta legación sería entorpecerles»[7].
6. Inexistencia
de una colonia estable residente en Siam.
Tal como señalan los pocos
informes que mencionan este aspecto, los únicos españoles en Siam durante el
período estudiado son los marinos que, esporádicamente, atracan en sus costas y
los diplomáticos que visitan el territorio.
Hay también comentarios que nos hacen suponer la huida a este país de
algunos filipinos desertores de la guerra de Cochinchina, pero el interés del
Ministerio de Estado hacia estos súbditos asiáticos, y viceversa, es nulo.
7. Desconocimiento
general del reino de Siam. Es mucho mayor que el existente con respecto a otros
países del área, como lo demuestran los comentarios de la prensa a raíz de la
visita a España del rey Chulalongkorn, en 1897, en los que fácilmente se
percibe que los escasos reportajes provienen de fuente inglesa. El desconocimiento de algunos periodistas
lleva a conceptuar al reino de Siam dentro de los roles típicos del mundo
árabe.
No son abundantes las informaciones que se disponen
en Madrid sobre este país asiático, pero menos aún durante la primera mitad del
siglo [108] XIX.[8]
Sólo se empiezan a tener, con una incierta frecuencia, al reanudarse los
contactos con las potencias occidentales, tras la primera guerra del opio y
Nicasio Cañete, cónsul general de España en China
durante la década de 1850, tras el mencionado acuerdo entre Siam y el Reino
Unido, considera conveniente que Madrid firme uno similar y lo propone en 1856,
un año después, insistiendo en la necesidad que los españoles tengan «la
posibilidad de comerciar en una seguridad de la que se carecía sin el tratado».[9] Cañete cree posible
intentar ese acuerdo, como una manera de «principiar a ponernos en el lugar que
nos corresponde, y en el que es fuerza que nos coloquemos más tarde o más
temprano».[10] Tan loables intenciones de este diplomático
no parecen caer en saco roto, pero ha de esperar algunos años.
Este funcionario no considera la
ausencia de relaciones oficiales con Siam como un hecho, por sí solo, con
especial significación; sino que es más bien la confirmación de la inquietud
por el escaso interés político que sigue mostrando España en la zona, en la
cual, todavía, no había firmado acuerdo alguno, no sólo con Siam, sino tampoco
con China ni con Japón. Cañete intuye,
ya en 1856, la probabilidad - que después se confirmará - de que su país se
quede definitivamente relegado del importante papel que aún conserva en la
zona, el cual está basado, principalmente, en la extensión de sus
posesiones. También señala a sus
superiores que si no se dan pronto los pasos necesarios para facilitar los
intercambios comerciales de los súbditos hispanos, la situación de España irá a
peor:
«Nosotros, a pesar de tantos intereses en estas
vastas y riquísimas colonias, nos veremos excluidos de los beneficios que
disfrutarán otras naciones, que ni poseen colonias ni tienen tantos motivos como
nosotros para desear estas ventajas»[11]
Lo mismo que para los diplomáticos españoles,
también para los observadores extranjeros resulta difícil de entender desde
estos años – en [109] que la situación aún no es irreversible - la inactividad que demuestra España en
Extremo Oriente. John Bowring, embajador
plenipotenciario y firmante del Tratado Anglo - Siamés de 1855, expresa a
Nicasio Cañete «la extrañeza que le causaba el que nuestro gobierno, poseyendo
las Islas Filipinas, no juzgase oportuno negociar tratados con China, Japón y
Siam».[12]
Hay que esperar al año 1859 para que – súbitamente –
Madrid se interese por Siam; actitud nueva que se enmarca en el relanzamiento
del papel de España en Asia Oriental previsto por el gobierno de
pues sus aproximadamente sesenta páginas se
constituyen en la principal fuente de información sobre
este país , tanto de su evolución general como de
las posibilidades que allí se dan para el comercio español. No volvemos a encontrar tan amplia
información sobre este reino hasta 1949, en que vuelve a despertarse un fuerte
interés por Siam. Existen dos factores
en este periodo, por lo tanto, que impulsan las negociaciones con Siam, como
son la información sobre el país - pese a que sólo es de lo más general – y las
perspectivas de desarrollo comercial, que ya no van a estar presentes cuando se
firme el acuerdo, diez años después.
Estos preparativos se desarrollan en forma lenta, pero exhaustivamente,
si los comparamos con el resto de los acuerdos y convenios que firman España y
Siam durante la época contemporánea. Así se estudian ampliamente los detalles
protocolarios de la misión y en 13 redacción del proyecto de tratado se sigue
la línea de los últimos concluidos por otras [110] naciones europeas. Se prevé, en estos momentos, incluso, el
inmediato nombramiento de un cónsul español con residencia permanente en
Bangkok, con el objetivo de potenciar el comercio con ese país.
La preparación para el envío de una embajada
plenipotenciario ya está afinada en 1861, con los informes de las secciones correspondientes,
que evidencian la existencia de un interés definido hacia este territorio. Las razones esgrimidas para firmar un Tratado
de Comercio con Bangkok son:
« ... las buenas disposiciones del gobierno de Siam
hacia los extranjeros; las ventajas que conseguirían del gobierno de Siam los
españoles, especialmente los moradores de las Islas Filipinas; la necesidad de
velar por los que vayan a comerciar a aquel reino; la de no desmerecer de las
naciones ligadas ya con él por medio de tratados; el recelo de que, falleciendo
el primer rey, que es el más afecto a los extranjeros, o surgiendo cualquier
otro acontecimiento imprevisto, sea más difícil entrar en relación con aquel
estado, y otras varias consideraciones de decoro y conveniencia».[15]
Política
y objetivos definidos que, sin embargo, no están acordes con la situación
interna de España. La impotencia para
lograr resultados concretos ante Francia, tras los éxitos militares conseguidos
por el ejército filipino - español en la Cochinchina, la imposibilidad de
disponer de un buque para transportar al embajador,[16] o de poder habilitar, sin
grandes problemas, los fondos necesarios para una, misión plenipotenciario,
dilatan sine die la salida de la expedición, mientras ocurre el
estrepitoso derrumbamiento de las perspectivas en
«Espérese al establecimiento completo de las
relaciones europeas en China[17] y a la terminación de la
expedición a Cochinchina para tratar y resolver a la vez las cuestiones que se
han de tratar con los gobiernos de la India»[18]
Concluido el compás de espera que supuso la guerra
de Cochinchina, en 1863 es enviado el veterano diplomático Sinibaldo de Mas al
Asia Oriental, con el fin de concluir un Tratado de Comercio con el Imperio
Chino; por ello se decide «que la misión de China haga al mismo el Tratado con
la corte de Siam».[19] Pero no se cumplió lo proyectado y sólo
sabemos que el experimentado representante español nunca llegó a entregar las
cartas credenciales - única prueba que hemos encontrado del encargo -, ni a
firmar acuerdo alguno con el antiguamente denominado «Reino del Elefante
Blanco». No hay documento alguno
que explique la razón del cambio en
Durante este sexenio, la ausencia de contactos de
tipo diplomático mantiene estancadas las relaciones oficiales, por lo que los
barcos procedentes de Filipinas siguieron teniendo las mismas dificultades:
«... de vez en cuando algún buque español de
matrícula de Manila va a Bangkok, sin otra protección que la que les dispensan
los cónsules de Francia o el Reino Unido, y sin la cual no podrían realizar
ninguna venta, ni ninguna compra».[20]
También las relaciones puramente protocolarias
sufren de esta falta de contactos oficiales, ya que las comunicaciones mutuas
siguen canales un tanto atípicos, sea por medio del Consulado español en
Singapur - que actúa como representase
oficioso de Madrid ante Bangkok - o a través de Francia, aunque Siam no sea
colonia suya. Así se anuncia en
«El Emperador Napoleón ha recibido las cartas en que
el nuevo Rey de Siam Phra-Rat -Somdecht-Phra-Paramender-Maha-Chulalongkorn le
anuncia ...».[21]
Tras haber sucumbido el régimen isabelino, y después
del largo arrinconamiento del proyecto ante la crisis política en
El envío de una misión extraordinaria a Extremo
Oriente, constituye uno de los puntales principales del nuevo Gobierno de
Madrid para relanzar la posición española en
Pero el tiempo transcurrido no ha pasado en balde y
cuando parte, definitivamente, la expedición en 1869, las condiciones han
cambiado radicalmente, tanto en España como en Siam. Por parte española, los objetivos son
diferentes, en cuanto que con el tratado
ya no se trata de proteger y apoyar un comercio en vías de prosperar, porque
las islas sufren un estancamiento económico estructural y no hay perspectivas
de mejorar el tráfico regional; por parte asiática, después de quince años de
apertura a las naciones occidentales, las oportunidades de penetración para
España son más restringidas que en el momento anterior, en que las potencias
occidentales habían firmado o estaban por firmar sus tratados de amistad.
Cuando sale definitivamente la expedición, en 1869,
también la situación en la península ha cambiado radicalmente. No sólo ha perdido fuerza los objetivos
principales sino que los medios para desarrollarlos son muy inferiores: el
plenipotenciario es enviado allí sin ningún tipo de preparación sobre la
misión, ni con información actualizada sobre Siam que no sea la del período del
conflicto de Cochinchina. Tampoco cuenta
con ejemplares de los tratados suscritos recientemente por Bangkok ni con
estudios [113] sobre las nuevas necesidades del Archipiélago Filipino en el comercio
con este Reino. La precipitación por
enviar la expedición lo demuestra el proyecto de tratado recogido por Patxot,
al que se le entrega el mismo papel con el texto redactado una década antes,
modificando únicamente la referencia a
Las tres instrucciones entregadas a Adolfo Patxot a
su salida de Madrid muestran claramente el cambio radical con la situación
anterior y también reflejan la distorsión entre los objetivos que se propone el
gobierno revolucionario y la falta de medios, tanto humanos como materiales,
para realizarlos. La primera instrucción
consiste en «obrar con mucha cautela para no contraer respecto a ellas (las
provincias de Ultramar), por vía de reciprocidad o en cualquier otro concepto,
compromisos que entorpezcan la acción del gobierno».[22] Esta instrucción demuestra perfectamente el
cambio de situación si comparamos esta perspectiva, más bien defensiva, con los
objetivos que se proponía el cónsul general Cañete, en 1859, de «ver si se
puede obtener alguna concesión a favor de nuestros productos en Filipinas».[23] La segunda instrucción recomienda a Patxot
que, una vez llegado a su destino, examine los tratados firmados por Siam con
posterioridad a los de Portugal y Dinamarca (que se remontaban a 1858 y 59,
respectivamente), sobre los que se desarrolla el proyecto que le ha sido
entregado. El objetivo de esta instrucción
sería tratar de modificar «el proyecto en los términos que juzgue oportuno, a
fin de que contenga las estipulaciones más ventajosas que hayan alcanzado las
demás potencias del gobierno siamés».[24] Sin embargo, el propio Ministerio reconoce
que aquellos acuerdos, firmados diez años antes, son los más recientes de cuyo
texto tiene constancia; pero este encargo tampoco lo cumple el plenipotenciario
(25),[25] ni nadie se ocupa nunca,
en palacio, de comprobar si se cumplió tal instrucción. La tarea era imposible, por otra parte, desde
el momento en que desde 1859 no constaban copias de los nuevos acuerdos de Siam
en el Ministerio. La última instrucción
expresa la propuesta más comúnmente sentida por los diplomáticos españoles del
siglo XIX como instrumento en las relaciones con los países extremo - orientales:
la necesidad de mostrar pompa y lujo ante estos pueblos, ya que «siendo estos
países muy dados a la ostentación, convendrá que se presente V.I. con el decoro
y el aparato nece- [114] sarios».[26] Las dificultades de
Como ya hemos afirmado, las condiciones en Bangkok
son muy diferentes a las existentes al inicio de
La expedición de Patxot llega en mayo de 1869 al
puerto de Singapur, en donde le debía estar esperando un buque, enviado desde
Manila, para transportarle en su misión.
Pero este enclave en el estrecho de Malaca resulta el lugar más
inadecuado para iniciar la expedición, pues allí el prestigio de España se
hallaba en un punto especialmente crítico por la detención del antiguo cónsul
en esta posesión británica, la cual se prolongaba por más de dos años. Manuel
«... consecuencia de esto (el caso de Caballero de
Rodas) y de la poca
exactitud de que ha adolecido en muchos casos
de Manila en el cumplimiento de las obligaciones pecuniarias
para con casas de comercio extranjeras, no hay aquí ni en toda China un solo
comerciante ni un solo banquero que quiera admitir una libranza de un agente
español sobre las cajas de Filipinas, sin saber antes, de un modo positivo, que
el importe de la misma se halla satisfecho ya en Manila a algún corresponsal
suyo»[28].
Como vemos, es difícil la situación en la que se ha
de desenvolver Adolfo Patxot por el Extremo Oriente, condicionando fuertemente
el desarrollo de su embajada. Por eso,
sus resultados no son sino la expresión de la ya imposible recuperación del
papel hispano en este lado del Pacífico y, especialmente, de la irreversible
situación en las Islas Filipinas. Desde
un primer momento hubo de sufrir Patxot las dificultades del encargo, que se
prolongaron en Singapur durante seis meses, tiempo que las autoridades de
Manila se demoraron en enviarle su transporte oficial.
No acaban, sin embargo, sus problemas con la llegada
del barco desde Manila, pues su lamentable estado de conservación - no se envió
el buque prometido- obligó a una limpieza y a un acondicionamiento en
profundidad de cuyo pago no se podía hacer cargo el comandante del buque por
haber sido despachado desde Manila sin dinero.
Patxot tuvo que financiar este gasto, al igual que la compra de carbón o
los salarios a la tripulación, con el crédito extraordinario de la misión
diplomática, si no quería tener que volver a la Península con las manos vacías
y al afrontar los pagos que correspondían a
Sin querer extendernos en toda la serie de sucesos
que ocurren a esta expedición, entre los que encontramos incidentes posteriores
producidos por esta falta agobiante de liquidez, consideramos que estos hechos
demuestran no sólo una grave carencia financiera de la Caja de Filipinas, sino
también dificultades - que se aparecen como irresolubles- de funcionamiento
administrativo en
«La revolución debió corregir estos inconvenientes
y así lo esperaron todos: nuestro prestigio debió levantarse otra vez a la
altura que le corresponde: debieron
desaparecer las complicaciones y trabas administrativas
causadas por la formación de interminables
expedientes en cuestiones de la más obvia solución y, por fin, nuevas
personas debían establecer un nuevo orden de cosas. ¿Cómo se realizan estas
esperanzas?»[30].
Este contexto, tan poco proclive a las relaciones con
el exterior, invalida el relativo éxito diplomático logrado por Patxot en
Bangkok, al concluir el 23 de febrero de 1870 el Tratado de Amistad, Comercio y
Navegación entre España y el reino de Siam.
Así, este convenio ya no puede ser un eslabón para el relanzamiento de
la acción hispana en Asia sudoriental -
como pudo esperarse una década antes-, sino que ni siquiera cumple con las
expectativas puestas al partir la expedición, ya que las relaciones con Siam se
mantienen en la misma situación anterior al acuerdo, y el prestigio de nuestro
país en la zona sigue en declive.
Comparando el texto de este Tratado con los
concluidos en los primeros años de apertura de Bangkok, es destacable que presente
los primeros rasgos de los asiáticos de moderar, en la medida de lo posible, la
libre actuación que se han asegurado en su territorio las potencias
occidentales. Aún así, el acuerdo de
1870 pudo suponer un gran impulso para las relaciones con el archipiélago
filipino, al incluir básicamente las mismas cláusulas - tan favorables a la
penetración exterior - que habían impuestos años antes las demás potencias
occidentales.
Las características principales del Tratado Hispano
- Siamés de Amistad, Comercio y Navegación, son: impuesto máximo del 3 por
Pero todavía hemos de encontrar un nuevo factor
desfavorable para el desarrollo de las relaciones hispano - siamesas, que las
lastra definitiva- [117] mente al poco de la firma del tratado mutuo: el
fracaso de los objetivos que se perseguían con la expedición de Patxot en
Extremo Oriente. Al no firmarse ningún
tratado en Hué a causa de la oposición francesa - según afirma el propio Patxot[31] -, y siendo el objetivo
principal de la misión la firma de un acuerdo de Comercio y Navegación con el
reino de Annam - aún formalmente independiente -, el interés por este área
decae fuertemente, influyendo en el desarrollo de las relaciones con el reino
de Siam.
La embajada de 1870, también, trae un cambio en el
país que España va a emplear como valedor en sus relaciones con Bangkok. Finaliza la utilización de los medios
proporcionados por los representantes franceses en las relaciones oficiales con
el gobierno siamés, dándose además un incidente que no será sino el preludio de
la tensión en Hué; al no cumplimentar el representante de París, al igual que
el de Washington, la visita protocolaria de rigor al enviado plenipotenciario
español a su llegada a Bangkok, rompiendo la norma establecida por el cuerpo
diplomático de visitar a los colegas con mayor categoría recién llegados. Ante el enrarecimiento de estas relaciones,
España utiliza las facilidades ofrecidas por el Reino Unido, país con el que
existe un mejor clima de relaciones hasta 1873, por la continua asistencia a
los españoles en los asuntos de la corte siamesa, tanto a esta misión como a
La puesta en vigor del Tratado Hispano - Siamés de Amistad, Comercio y Navegación, ve
limitado su significado y se queda simplemente en la realización de un viejo
proyecto, cuya utilidad para España ha quedado bastante mermada. Las Islas Filipinas, en cuanto colonia
española, han perdido gran parte de sus expectativas de progreso, de modo que
el único resultado efectivo que tendrá este Tratado de Amistad será de tipo
protocolario. Al inaugurarse las
relaciones oficiales entre ambos estados, las noticias de [118] las bodas,
entierros y nacimientos de los monarcas siameses y su parentela se conocerán de
modo directo, tras empezar a intercambiarse correspondencia las familias
reales; veremos, también, que España manda a algunos de sus embajadores a este
país, pero con la única finalidad de
entregar en Bangkok las cartas credenciales.
Desde la misma fecha de salida de Patxot de la Venecia
del Extremo Oriente, el cónsul honorario en Bangkok se olvida casi por
completo de este compromiso adicional, pero los representantes españoles, ya
sea en Pekín o en Singapur, dedican especial atención al país. El inglés Knox, se limita a remitir algunas
comunicaciones a Singapur, estrictamente burocráticas, durante los primeros
años del encargo; y es sintomático que no mantenga conversaciones con el
representante español en esta isla, durante una estancia acompañando al monarca
siamés, aún cuando coinciden ambos en varias recepciones.
En consecuencia, el desinterés por estos asuntos
sigue su curso desde el mismo momento en que el tratado entra legalmente en
vigor, en 1872, tras el canje de ratificaciones. Así lo confirma la actuación del ministro
español, Juan