Universidad de Tokio
Revista Española del Pacífico
Nº 3, Año 1993
Spanish Falange in
the Philippines, 1936-1945
Philippine
Studies (
Volume 43, 1,
First Quarter, pp.3-27
La Falange Española de las
J.O.N.S.
De
la Segunda Guerra Mundial a la Guerra del Pacífico
La
ocupación japonesa de Filipinas
También,
como consecuencia de
Las
actividades de Falange se centraron desde un principio en el envío de ayuda, en
sus diversas formas, al campo nacional. Ignorando las edictos de neutralidad
promulgados en diversos países, se enviaron fondos de dinero[2],
además de ropas, tabaco y otros productos. Falange también sirvió para
movilizar la colonia española adicta a los nacionales, celebrando sus victorias
militares o las efemérides importantes y además creó algunas organizaciones
paralelas, como una Sección Femenina,
para agrupar a las mujeres, otra juvenil, otra infantil y el llamado Auxilio Social, dedicado a ayudar
caritativamente a aquellos españoles que no tenían casa o comida.
El
partido fundado por
La
intensidad de las actividades de Falange alcanzo su punto más alto en los
últimos momentos de
Hubo
ramas de Falange en Japón, China y las Filipinas. La primera tuvo solamente dos
miembros, en China sobrepasaron el medio centenar y en el último territorio
hubo unos 800 miembros en los momentos de mayor afiliación que bajaron a los
dos centenares durante la ocupación japonesa. Veamos su evolución por separado:
La
rama de Falange Exterior en este Imperio fue fundada desde España, donde el
delegado del Servicio Exterior de Falange, José del Castaño y Cardona, nombró
al antiguo Agregado Militar español, Eduardo Herrera de la Rosa, por iniciativa
propia, como Jefe Provincial, en Japón el 25 de noviembre de 1938. También
desde España se intentó crear una Sección Femenina y un denominado «Patronato
Nacional de Asistencia a Frentes y Hospitales», que habría de recoger fondos y
enviarlos al bando nacional, pero se fracasó.
Ya
hemos señalado los escasísimos militantes de esta sección, pero su importancia
no ha de ser infravalorada, puesto que la gran mayoría de los religiosos
hispanos la apoyaron y asistieron a algunos de sus actos, aunque su dispersión
-Formosa, Micronesia, o la isla de Shikoku en Japón- impidió un apoyo más
activo. Además. el coronel Eduardo Herrera de la Rosa, la persona a su cargo.
se dedicó plenamente a ello tras aceptar el nombramiento inesperado y tras 30
años viviendo en Japón como Agregado Militar, tenía unas excelentes conexiones
en un aparato estatal favorable -en teoría- hacia este tipo de organizaciones
totalitarias.
La
contribución de Herrera de la Rosa ya fue clave para lograr el complicado
reconocimiento del Gobierno de Franco por Tokio (1 de diciembre de 1937), entre
otras razones por su larga amistad con el entonces primer Ministro, Konoc
Fumimaro. Después, tras recibir el nombramiento desde la península y siguiendo
instrucciones, hizo un trabajo paralelo de [88]
alguna manera al de
No
obstante, la actividad paralela a la de la Legación diplomática desempeñada por
Herrera de la Rosa fue más allá de la dedicación a la Colonia española en
Japón, informando a la sede central de Falange sobre cuestiones
propagandísticas e incluso sobre la situación política en
Su
trabajo, sin embargo, no fue sencillo. A pesar de las similitudes ideológicas
en la lucha anticomunista de los regímenes español y japonés, las relaciones
con los estamentos oficiales no siempre fueron fáciles, en parte por las
propias diferencias en el propio gobierno japonés, donde el Ministerio de
Asuntos Extranjeros o Gaimushô tenía
una tendencia más moderada frente a los militares con los que se identificaba
Herrera. Así, el periódico controlado por aquel departamento, The Japan Times and Advertiser, no lo
pudo usar Herrera para sus propósitos propagandistas y sólo Tokyo Nichi-Nichi, el más decidido
partidario del Eje, insertó ocasionalmente [89]
información provista por él. Tampoco su cargo oficial como Delegado de un
partido amigo del régimen japonés como lo era la Falange evitó que, desde poco
antes de comenzar la Guerra del Pacífico, le controlaran y censuraran su
correspondencia, su cuenta bancaria, sus llamadas telefónicas.
Sus
problemas con las autoridades se agravaron tras comenzar la Guerra del Pacífico
y después de sufrir él mismo un registro domiciliario como ya habían recibido
otros extranjeros anteriormente, finalizó totalmente la actividad de Falange.
De esta forma acabó este partido en Japón: la evolución política japonesa acabó
perjudicando su actividad y sus propios objetivos, a pesar de las simpatías
mutuas. También a Herrera de la Rosa le tocó sufrir el sentimiento
antioccidental que invadió Japón en esos años, al igual que a todos los
alemanes o italianos que se habían alegrado de los triunfos nipones.
En
conclusión, como resultado de la labor personal de Herrera, parece que la
propaganda falangista fue equiparable de algún modo con la de italianos o
alemanes, a pesar de la inferioridad en medios y personal. Herrera,
indudablemente, exageraba al afirmar que el himno de Falange, Cara al Sol, «hoy
se conoce por todo el Japón»[6]
o que «España, nuestro Caudillo (Franco), nuestra Falange y lo más importante
del trabajo regenerador de nuestro gobierno, se hallan bastante difundidos en
Japón, muy especialmente en las esferas gubernamentales, en las cuales, quizás
más que en ningún otro país, nuestra obra ha sido cuidadosamente estudiada»[7];
pero el hecho de expresar tales exageraciones indica que, de algún modo, estaba
cumpliendo con los objetivos para los que había sido designado. Las actividades
de Falange fueron mayores que las de la representación diplomática. Y, de
hecho, en un país abierto a este tipo de actividades, funcionó como una
representación alternativa de España.
La
Falange en China fue también fundada tras el estallido de
Entre
sus actividades estuvo el envío a España de dinero (incluso, después de acabada
La
evolución de Falange tomó una nueva dirección en 1941, tras la llegada en 1941.
de Álvaro de Maldonado, juntando en una misma persona los cargos de Cónsul y
Ministro de España en Shanghai. Ya había participado intensamente en su antiguo
destino como Cónsul en Manila en las luchas de la Falange, tal como veremos más
adelante, y al llegar a China hizo lo mismo, mostrando un interés especial en
la protección de los pelotaris y enfrentándose por ello a la compañía que
operaba el negocio, dirigida por Jáuregui.
Maldonado
dividió internamente la Falange en China al ganarse el favor de los pelotaris
de Shanghai tras conseguir una fuerte mejora de las condiciones laborales
(entre ellas un fuerte aumento de su salario y del dinero para su «Montepío» o
Fondo de Pensiones), mientras los de Tientsin siguieron dominados por Jáuregui.
Para evitar esta insubordinación en uno de sus frontones, Jáuregui intervino
para nombrar al líder falangista en Tientsin, Julio Ybarrolaza, como Jefe
Regional en China, y por tanto con mando desde Shanghai. Pero tal nombramiento
debía ser hecho por los jefes de Falange en Madrid y ante ellos Maldonado
presionó en su contra, acusando a Ybarrolaza de «persona inculta, pelotari y
asociado con las casas de juego»[8],
(87) en una referencia clara a la compañía de Jáuregui y proponiendo,
a cambio, a un familiar suyo Armando Zaldivar, para el cargo.
Los
enfrentamientos internos entre la colonia, en consecuencia, se incrementaron
hasta el punto de obligar a intervenir a las autoridades de Madrid, que
nombraron a
Así
finalizó la Falange en China: había sido creada por un conflicto entre
españoles y de la misma forma desapareció, por un conflicto que sólo tuvo una
relación marginal con
Más
allá de este hecho, la evolución del conflicto interno entre españoles muestra
claramente las limitaciones de la actuación de Falange fuera del territorio
peninsular, en cuanto le faltó un medio de comunicarse independientemente
puesto que había de depender para ello de la infraestructura propia del
Ministerio de Exteriores. Este departamento fue el que finalmente se hizo cargo
del problema de los pelotaris, tanto por esa incapacidad de la Falange para
comunicarse o actuar independientemente como por la incapacidad de sus cuadros.
Las razones de por qué Exteriores se hizo cargo del problema, sin embargo,
tienen que ver más con la situación política del otoño de 1943. En el ánimo del
Ministro español de Exteriores, Jordana, no podían faltar algunos de los
recientes acontecimientos internacionales que hacían cada vez más delicada la
posición de Madrid: en el escenario oriental, concretamente, la precariedad de
la concesión italiana en Tientsin tras la caída temporal del gobierno de
Mussolini o el denominado «Incidente Laurel», un telegrama enviado desde
Exteriores al gobierno colaboracionista filipino de José Laurel reconociéndolo
de hecho, que condujo a uno de los momentos más críticos en las relaciones con
Washington y a una campaña internacional contra el régimen de Franco. En estos
momentos, el régimen de Franco necesitaba desesperadamente disipar sus antiguos
lazos de amistad con Japón y lo último que podía desear era que el ejército
japonés como autoridad en China interviniera en un conflicto entre españoles y
que con ello se interfiriera en el proceso de neutralidad de la política
exterior española. La orden de Madrid al recién [92]
nombrado representante en Shanghai resume esa política: «Evite la intervención
de la policía colonial»[9].
La
documentación existente no muestra claramente los entresijos de este problema
interno que acabó definitivamente con la Falange en China, pero aparenta estar
motivado más por intereses económicos que por diferencias ideológicas. El
estallido de la Guerra del Pacífico parece haber sido, de hecho, un vitalizador
del negocio de los frontones de pelota vasca, precisamente porque permitía la
procedencia de dinero ilegal, y con ello los beneficios rápidos y
La
historia de la Falange en Filipinas es la más importante de todas las ramas
implantadas en el Extremo Oriente, ya que los problemas dentro de la colonia
española tuvieron una fuerte repercusión en el mantenimiento de sus lazos con
Falange
en las Filipinas estaba asentada principalmente en Manila, con organizaciones
también en Iloilo y algunos afiliados en lugares como Cebú o Camarines. Debido
al mayor número de militantes, no era tan importante como en China la
participación de los pelotaris en ella, ni tampoco la de los misioneros, aunque
las órdenes religiosas colaboraron más que en China o Japón, en parte porque
sus conventos principales estaban en Manila. Había una Sección Femenina y un
Auxilio Social, y se fundaron también un «Hogar
Sobre
sus actividades, las vamos a estudiar separando los tres principales períodos
en su desarrollo, en cuanto las condiciones para su lucha política cambiaron
dramáticamente debido a la situación general.
Un
famoso aviador español emparentado con
Fue
entonces cuando un joven abogado mallorquín que estaba en las Filipinas en
visita privada, Martín Pou y Roselló, fue nombrado como jefe de la Delegación
en Filipinas, para evitar el «curso profundamente conservador y anti-falangista»
(González Calleja, 121) de la colonia española y, con ello, conseguir una
hegemonía de la Falange, al igual que ocurría en
Pou
no toleró bien este control y mostró una cierta independencia de actuación:
convenció al grupo dominante pro-franquista de la necesidad de lograr una
Falange más subordinada a ellos, menos «revolucionaria». Y como para ello era
necesaria la dimisión de Pou, intentaron conseguirla por medio de sus asociados
en España, tanto social como ideológicamente. Convencieron para ello al
encargado del Gabinete Diplomático del general Franco, Miguel Ángel de Nuguiro,
quien envió el telegrama destituyendo a Pou. Pero al llegar a Filipinas no fue
aceptada por él, ya que no había sido ordenada por su inmediato superior, el
Jefe de Falange Exterior, José del Castaño, quien al enterarse de lo sucedido,
apoyó sin reservas a Pou. El conflicto estaba abierto y así permaneció durante
cerca de un año, sin posibilidad de llegar a un acuerdo en España. [95]
Aunque
las relaciones entre la Falange y el consulado oficioso mejoraron por un
tiempo, volvieron a empezar con la marcha de Soriano a España y la entrada en
escena del Presidente del Casino Español y de la Tabacalera, Adrián Got, como
cónsul oficioso franquista. La falta del sentido de compromiso que había
presidido la relación de Soriano hizo que las diferencias entre Falange y el
grupo conservador fueran conocidas públicamente y, que, por ejemplo, el 18 de
julio de 1938, fuera celebrado por separado: el consulado oficioso, por la
mañana, y la Falange, por
El
Consulado venció finalmente en esta disputa gracias a esta prioridad en el
rango, pero también por sus mejores medios, como el hecho de que Soriano
viajara a España y con ello pudiera influir en la caída de Martín Pou. Llama la
atención también el buen número de comunicaciones codificadas que le fueron
enviadas y que aparentemente llegaron en perfecto estado frente a los
telegramas cruzados entre Castaño y Pou que fueron conocidos por sus enemigos.
En definitiva, en el otoño de 1938 finalmente llegó a Filipinas una nueva orden
destituyendo a Martín Pou, a la que los falangistas ya no pudieron sino
resignarse puesto que vino desde el Cuartel General de Franco. Martín Pou
partió finalmente hacía España el 4 de diciembre de 1938.
Así,
los conservadores lograron descabezar a la Falange en Filipinas y las tensiones
se calmaron temporalmente. Tras la salida de Pou, los restantes líderes de
Falange se reunieron con Soriano como representante oficioso nacional
prometiéndole su subordinación y la colaboración más fiel. Ésta era la
situación cuando
Consideramos
que hay tres ejes en el conflicto entre los españoles que apoyaban la
sublevación franquista, el socio-económico, el ideológico-político y el interno
de la propia colonia española como tal y de su posición hacia el exterior en
esos momentos. El conflicto socio-económico aparece claro en cuanto que las
familias poderosas se alinearon frente a las clases medias o media-bajas que
apoyaban principalmente a Falange. Las familias poderosas como los Soriano,
Zóbel de Ayala o Elizalde, eran las que siempre lo habían manifestado y lo que
la Falange de Martín Pou representaba era la no-resignación a este hecho.
Falange intentó de alguna manera sustituir ese liderazgo conservador por uno
falangista o, por lo menos, equipararse en su influencia dentro de la colonia,
como reflejo de esa fuerza poderosa y crecientemente independiente que la
Falange se estaba convirtiendo en España. Obviamente, el grupo liderado por
Soriano era el que había de salir más perjudicado si los falangistas conseguían
sus objetivos, y por ello, desde su puesto en el consulado oficioso franquista,
los conservadores habían de hacer lo posible para limitar las posibilidades de
que aquellos ganaran la partida.
En
las actividades de Falange se puede percibir claramente ese intento de
erosionar el liderazgo -indisputado, indisputable- que hasta entonces habían
mantenido las familias poderosas. En su intento de dar un «toque falangista» a
las actividades de la colonia española, Pou quiso «desarrollar el comercio y la
exportación de acuerdo con los intereses del nuevo Estado», (González Calleja,
124), es decir, crear una alternativa a la labor que hasta entonces estaba
desarrollando
Las
diferencias ideológicas entre los dos grupos también diferían radicalmente,
aunque ambos estaban en el mismo grupo anti-republicano. Las familias poderosas
o esa «oligarquía hispano-filipina», bien pueden ser consideradas como
derechistas, ya fueran conservadoras, reaccionarias o monárquicos (se
celebraron misas por el alma de Alfonso XIII tras su fallecimiento y en los
aniversarios), pero difícilmente pueden ser consideradas fascistas o
filo-nazis, ni por clase social ni por intereses propios. La Falange, por el
contrario, tal como ocurría en Italia con el partido fascista o con los nazis
en Alemania, tenía una militancia principalmente compuesta por miembros de las
clases medias y medias-bajas. Estos estratos sociales [97]
daban a la ideología totalitaria de esos tiempos un claro componente
anticapitalista y de revolución social que nunca podrían tener los Sorianos o
los Zóbel, ni aun como mero slogan propagandístico. Falange siempre declaró que
los viejos partidos de la derecha eran sus principales enemigos y ciertamente
un triunfo total suyo había de ser temido no sólo por la izquierda, sino
también por el resto de los partidos establecidos.
El
contexto internacional también influyó en el conflicto, en cuanto Falange se
alineaba con italianos o alemanes, mientras que los otros habían de sentir una
mayor gratitud hacia el país colonizador, Estados Unidos de Norteamérica.
gracias al cual sus fortunas habían aumentado de tan gran manera desde el fin
del período español. Y el fin previsto de la tutela estadounidense para el año
1945 tuvo también relación con estas luchas. por el papel que un gobierno de
Madrid pudiera jugar en ello: la oligarquía española estaba ya controlando una
buena parte del poder en las Filipinas y sus sentimientos hacia España podían
ser de afinidad e incluso de una estrecha relación, pero nunca de dependencia.
Madrid podría intentar una influencia de tipo cultural sobre una república
independiente filipina, pero nunca de tipo político. Falange, por su lado, con
unos afiliados que tenían que ser predominantemente emigrados desde España en
los años anteriores, podría haber aceptado de alguna manera una mayor
influencia desde España; algunas declaraciones de Pou muestran claramente esa
idea, en parte porque él mismo había sido nombrado desde la antigua metrópoli:
«Aquí se ha de cumplir todo lo que pide la Falange (desde España), cueste lo
que cueste, y a pesar de que los adversarios tratan de desvirtuarnos»[14]
.
En
el tipo de relación hacia España, por tanto, había un obvio conflicto, pero
esto no creemos que pueda llevar a simplificar el problema entre los españoles
como una lucha entre «insulares» y los «peninsulares» (Bacareza, 127), entre
otras razones porque esas clases sociales que apoyaban a los falangistas,
luchando por un cambio frente a las familias poderosas tenían que recibir con
los brazos abiertos cualquier tipo de apoyo, independientemente de dónde
viniera.
En
definitiva, había una oligarquía que no estaba dispuesta a compartir sus
privilegios con unos advenedizos, ni a debilitar sus excelentes lazos con
Washington, ni a aceptar ningún tipo de dependencia con la antigua metrópoli. A
ésta situación parece referirse el Cónsul interino, Adrián Got, cuando le
reprochaba a Martín Pou no haber comprendido «la idiosincrasia de la Colonia
española en las islas»[15].
No podemos saber si Pou la comprendió bien o no, pero lo que sí intentó fue
cambiarla. [98]
El
período desde el fin de
En
el Archipiélago Filipino, la Falange salió del fin de
La
llegada de García Albéniz al puerto de Manila -vestido de Falangista y alzando
la mano- fue el comienzo de una nueva etapa en la lucha entre españoles, además
de una renovada atención del espionaje norteamericano. Venganzas y anónimos
acusatorios fueron parte de otra «guerra civil» entre españoles nacionales que
aparece más enconada que [99] la que se supone
debían de mantener contra los republicanos. Con ella, la Falange se ganó la oposición
no sólo de las familias poderosas sino también de elementos que habían
permanecido neutrales en el conflicto durante
Desde
entonces la Falange no volvió a hacer demostraciones de fuerza. En la
documentación falangista no aparece una clara razón para ello, aunque
posteriormente se afirma que fue una decisión propia. Probablemente fue
ordenado desde España con la intención de apaciguar los ánimos de Washington,
ya que era el único país que podía ayudar financieramente a una España
destrozada por tres años de guerra y probablemente, también, la Falange siguió
persiguiendo unos mismos objetivos, aunque intentando obtenerlos por otros
medios. El hecho de que el poder del Eje estuviera en su momento cumbre, una
vez que Francia había caído ante las tropas alemanas, contribuye a esta última
posibilidad, a la que se puede añadir el hecho de que en Madrid se decidió a
unificar la acción y acabar las disputas entre el Consulado de España y la Jefatura
de Falange en Filipinas, nombrando a una misma persona José del Castaño, el
anterior Jefe del Servicio Exterior de Falange, fue el designado para ambos
cargos. Desde su anterior puesto había tomado parte en las disputas durante
Pero
poco tiempo tuvo Castaño para actuar en Filipinas. Tras haber sido nombrado en
noviembre de 1940, llegó al Archipiélago en julio de 1941, pocos meses antes
del comienzo de las hostilidades en el Pacífico. La Falange se vio cada vez más
envuelta en la situación bélica mundial, con una posición estadounidense cada
vez más recelosa, en parte por el cargo de Castaño de representar los intereses
alemanes e italianos en el archipiélago. El ambiente para la actuación de
Falange no era el más apropiado y por tanto Castaño tuvo cuidado de no levantar
recelos en las autoridades coloniales y de no dejar nada escrito que pudiera
causarles problemas, preparando además una revista menos ideologizada, que se
llamaría Amanecer, tras haber
declinado el número de ejemplares vendidos por Yugo, que se publicó por última
vez en noviembre de 1941.
En
este período, los posibles objetivos perseguidos por Falange son los más
interesantes, ya que fueron más allá de los que buscaron durante
Hasta
qué punto lucharon para conseguirlo y las consecuencias que pudo tener es
difícil de afirmar, pero ello puede ser una de las motivaciones de uno de los
procesos que más han influido posteriormente en la pérdida de los lazos de
Filipinas con España, a saber, la oleada de renuncia a la nacionalidad española
que se produjo en el año 1941, principalmente en el último semestre. Esta
situación de cambio de la nacionalidad española, principalmente a la filipina,
tuvo una motivación económica oportunista primordial, la defensa del
patrimonio. En Filipinas se temía que las propiedades de los españoles serían
embargadas una vez que Madrid entrase en guerra (tal como se creía que iba a
pasar), al igual que pasaba en las Indias Orientales holandesas o en las
posesiones británicas de los estrechos con las propiedades de italianos o de
alemanes. A ello hay que añadir la [101]
perspectiva de una independencia filipina que dificultaría los negocios a los
súbditos de naciones extranjeras.
No
obstante, este cambio masivo tuvo también un componente político y a largo
plazo evidente; en primer lugar porque el propio presidente de la Mancomunidad,
Manuel Quezón, apoyó ese paso de la élite española a la ciudadanía filipina
como una forma de ayudar a la formación de una clase alta nacional con vistas a
En
definitiva, la mayoría de los miembros prominentes de esa «oligarquía
hispano-filipina» a la que nos hemos referido, como Andrés Soriano, Antonio
Brías o los hijos de Enrique Zóbel, tomaron la nacionalidad filipina[21].
Es difícil dar cifras concretas, en parte por ese mestizaje característico de
los españoles -y los portugueses- con la población que hace tan difícil
establecer claramente su pertenencia a un grupo nacional en concreto, y en
parte porque es difícil sabor cuántos ciudadanos españoles había en Filipinas,
puesto que difícilmente se podían cumplir con rigor las obligaciones con el
Consulado para aquellos que vivieran fuera de Manila: un viaje a la capital se
podía aprovechar, de hecho, para inscribir varios hijos, por ejemplo. La
disminución previa a la Guerra del Pacífico
Otros
dos aspectos de la actuación de falangistas españoles en estos años fueron
ampliamente dados a conocer por la propaganda norteamericana: [102] los deseos de retomar, volver a poseer o
dominar de nuevo las Filipinas y la participación de la Falange como «Ejército
secreto del Eje», tanto en el continente americano como en Filipinas. Ambos
merecen ser matizados, aunque fueron aceptados sin mayor crítica tanto antes
como después de la Guerra del Pacífico, a pesar de que la información aportada
sobre ello vino principalmente de reportajes periodísticos y desde entonces no
se ha hecho una investigación seria sobre su veracidad.
La
primera de estas acusaciones se refería al presunto deseo español de dominar el
mundo como en los tiempos de Felipe II, en cuyos dominios también podía ser
contemplado el Archipiélago Filipino (Hamilton, 467). Esa acusación ciertamente
estaba basada en las consignas propagandísticas que proliferaban en esos años,
con una Falange militantemente fervorosa tras su victoria en España, donde se
proclamaba triunfalmente «Por el Imperio hacia Dios» y en un momento en el que,
como ya hemos visto, había la esperanza de implantar un nuevo orden en el
mundo. El papel de las Filipinas y los Estados Unidos en los ánimos
expansionistas españoles no está aún claro, pero la progresiva ayuda de este
país a Gran Bretaña le puso cada vez más en el punto de mira falangista.
Probablemente algunos de éstos soñaron con la vuelta de las Filipinas -o de
Cuba, o de ambos territorios- a la dominación española, pero lo que no sabemos
es hasta qué punto esa idea fue representativa o si hubo algo más allá de las
campañas propagandísticas.
Entre
la documentación española se encuentran indicios de que se contempló también a
las Filipinas como posible escenario en la batalla por el dominio del mundo: el
rotativo de Madrid, El Alcázar,
sacó un artículo sobre una supuesta conquista del Archipiélago por España,
provocando una polémica en Manila que no consiguió atajar de forma alguna el
desmentido oficial e inmediato (sin consultar antes con Madrid) del Cónsul
Maldonado[22].
Además, la revista que ya hemos señalado que expresaba las opiniones exteriores
del régimen, Mundo, comenzó a
publicar artículos históricos en los que se ponía de relieve el papel de España
en la conquista y descubrimiento de los nuevos mundos, concediendo especial
atención al Pacífico y a las Filipinas. Ciertamente la atención en España hacia
el área del Pacífico (desatendida completamente desde 1898) se incrementó en
buena medida y esto obviamente tenía un significado político: «La
SobreEspaña... del Pirineo a las Filipinas; la España grande y renacida de
Franco que no se siente ajena alguna de las que conmueven el planeta en la
honra actual, mira hacia el Pacífico y hacia América con redoblada atención»[23].
Pero
de ahí a la existencia de planes expansionistas respecto a Filipinas es un paso
que no ha podido ser confirmado. Todavía no se ha encontrado [103] documentación que demuestre que esas posibles
intenciones sobre Filipinas hubieran sido asumidas de alguna manera por el
régimen franquista. De la misma forma que puede haber indicios que indican la
posible existencia de esos sueños, otros pueden ayudar a negarlos, como es el
libro «Reivindicaciones de España» que, publicado de manera oficiosa en 1941,
expresaba las ansias territoriales españolas ante una posible victoria del Eje.
Dividido el libro en capítulos según los territorios reclamados por España, en
los que se justificaban las razones para ello, no aparece ninguna referencia a
Filipinas; la referencia más cercana es la de expedición a Cochinchina de
Quizás,
sin embargo, más importante y más asimilado por el régimen franquista que los
sueños de algunos falangistas de volver a plantar la bandera española en el
Archipiélago, fuera el deseo de ganar una mayor influencia para España en el
Archipiélago tras la planeada independencia de 1945; algo para lo que sí se
veía un gran futuro, a juzgar por cómo se había mantenido hasta entonces la
hispanización en el Archipiélago. Por último, las apariciones en la prensa
mostrando un deseo expansionista sobre las Filipinas podían muy bien haber sido
motivadas por la propaganda alemana con el objetivo de evitar la cada vez mayor
implicación de Washington en el conflicto europeo por medio de una amenaza por
una puerta trasera como era el Asia Oriental simplemente para consumo interno.
El propio servicio norteamericano daba este valor a las informaciones
españolas. (Chase, 34-35)
La
presunta colaboración de la Falange en Filipinas para una victoria de Alemania
en
El
libro de Chase acusa a la Falange en Filipinas de ser dirigida por el agente
nazi para la expansión en Iberoamérica, Wilhelm von Faupel, que presuntamente
habría enviado a Castaño órdenes secretas desde que fue nombrado. Una de estas
órdenes habría sido la de infiltrarse en la Administración de
Ante
el estallido de la Guerra en el Pacífico y hasta que llegaron las tropas
japonesas, la Falange cerró su local y solo tuvo tres detenidos en Cebú
acusados del «quintacolumnistas». No quedan testimonios contemporáneos de lo
que pasó entonces, pero sí parece que Falange participó de alguna manera en las
luchas callejeras que se dieron en esos días; en mayo de 1942, en una de las
primeras cartas que Castaño escribió a sus superiores en el Ministerio de
Asuntos Exteriores, afirmó que «si aquellas circunstancias [105] hubieran durado más de las tres semanas que
tardaron los japoneses en apoderarse de Manila, algunos de nuestros camaradas
hubieran sido objeto de atención, o por lo menos hubieran sufrido más molestias
de las que se les causaron»[27].
La
victoria temporal del ejército japonés fue un «Beso de la muerte» para
Las
actividades de Falange, por tanto, se limitaron a algunas reuniones sin
significado político, como conferencias o misas. Auxilio Social siguió
trabajando, pero con una falta de fondos que hizo que pasara a entregar los
alimentos semanalmente en vez de forma diaria y además sin condimentar. El
único cambio frente a los gobernantes americanos fue la posibilidad de exhibir
tres películas traídas desde España que antes habían sido prohibidas como propaganda
fascista, siendo la de mayor contenido político una sobre el entierro de
Quizás
los principales beneficios para los falangistas durante la ocupación fueran de
carácter indirecto, por no haber sido perjudicados por la [106] llegada de los nuevos ocupantes, mientras que
el líder del grupo contrario, Andrés Soriano, salió del país tras alistarse en
el ejército filipino. Ello les ayudó a tener un aparentemente definitivo
predominio sobre la comunidad española, consiguiendo el control de
instituciones como el Hospital de Santiago o el Casino Español. También,
Castaño intentó aprovechar esa amistad con los japoneses para deshacerse de
algunos izquierdistas españoles cuando las autoridades militares le pidieron
nombres, pasando a ser aparentemente el único representante extranjero que lo
hizo. Esta denuncia puede ser demostrada gracias a una carta escrita a su
superior en Tokio, el Ministro Santiago Méndez de Vigo, en la que le informó:
|
|
«poco tiempo después de la ocupación
de las fuerzas japonesas, el Jefe de |
Los
que duraron más tiempo detenidos fueron Benito Pabón y
Otro
hecho claramente colaboracionista aireado tras el fin de la guerra puede ser
confirmado en este mismo Archivo, la felicitación al Comandante en Jefe del
Ejército Imperial Japonés en Filipinas tras la toma de Corregidor:
|
|
«On behalf of the Spanish Community of Manila I have the honor to
extend to your Excellency our most sincere congratulations on the recent and
decisive victories of Mindanao and |
Esta actuación
claramente colaboracionista de Castaño en los primeros momentos de la ocupación
japonesa suscita la pregunta de si los españoles en general también fueron
colaboracionistas. Es obvio señalar que dependió de cada persona, pero lo
cierto es que entre las clases populares filipinas (no entre las élites, porque
colaboraron con los japoneses en un primer momento, tanto para salvaguardar sus
intereses como para evitar el surgimiento de una nueva clase social que los
desplazara) se percibió una mayor afinidad de los españoles hacia los
japoneses. Hay constancia de casos particulares en que se beneficiaron
económicamente proveyendo materiales o alimentos a las tropas ocupantes, así
como de algunos que fueron ejecutados o asesinados por los movimientos
guerrilleros en Camarines o en Visayas. En muchas ocasiones los motivos predominantes
fueron los personales y no tiene sentido buscar excusas ideológicas para
justificar la violencia y también, para las rivalidades de la Falange con las
familias poderosas es necesario tener en cuenta también el enfrentamiento entre
las familias Soriano y Ferrer. No obstante, el propio cónsul español, Castaño,
en un informe secreto al Ministerio de Exteriores español escrito durante la
guerra y que pudo ser pasado a Madrid sin censura japonesa, señala que la
actitud en Filipinas contra los españoles era política y no racial: para esta
afirmación se basa en el hecho de que ningún español había sido asesinado por
las guerrillas en la isla de Negros. Ciertamente, la colonia de españoles en
esta isla estaba compuesta principalmente de hacenderos vascos, cercanos al
moderado Partido Nacionalista Vasco, algunos de los cuales incluso estuvieron
luchando con la guerrilla.
El
colaboracionismo de Castaño se puede decir que acabó en octubre de 1942, no
sólo por la creciente sensación de que la ocupación japonesa [108] no iba a ser eterna, sino también porque notó
una actitud diferente de sus superiores tras ser reemplazado Serrano Suñer por
Jordana. También los norteamericanos hubieron de percibir el cambio y poco
después de este cambio en la cúpula en el palacio de Santa Cruz su embajada en
Madrid envió una Nota Verbal de protesta, señalando que Castaño «estaba
implicado en actividades inapropiadas a su posición como Cónsul de España».
Tras señalar que a causa de Castaño habían sido encarcelados un estadounidense,
tres filipinos y cuatro españoles y que de ellos aún seguía en prisión Benito
Pabón, acaba la nota de Washington afirmando que esperaba que el cónsul «...se
comportará como representante de un país neutral y, en particular, usará su
posición para aliviar, más que para incrementar, los sufrimientos de los
norteamericanos y de otras personas internadas en Manila». La nota no tuvo un
efecto inmediato, en parte porque Pabón ya estaba libre, pero en parte también
porque los nuevos altos cargos en el ministerio español de exteriores no sabían
del caso y el texto de la nota fue considerado como una intromisión en asuntos
propios.
No
obstante, Castaño fue informado de ello y la advertencia de Washington no se
olvidó. A finales del mes de abril de 1943, cuando Madrid decidió cortar todo
tipo de colaboración con Japón (como negarse a renunciar al derecho a la
extraterritorialidad en China o a elevar el rango de las legaciones mutuas en
Tokio y Madrid al rango de Embajadas), una de las medidas tomadas fue ordenar
urgentemente a Castaño solicitar la libertad para Pabón. Si las Filipinas
habían estado antes en un área de hegemonía japonesa dentro de las coordenadas
del Ministerio de Exteriores, a partir de entonces se consideró fuertemente la
importancia de los hechos ocurridos allí en relación con Washington. Con ello,
el cambio de la política española hacia la neutralidad hizo a los funcionarios
españoles olvidar las antiguas intenciones de extraditar desde Manila a Madrid
a estos izquierdistas.
La
lánguida existencia de Falange en Filipinas finalizó completamente con la
llegada de las tropas norteamericanas, las cuales detuvieron domiciliariamente
a Castaño durante 11 días y después a Ferrer, dando al caso bastante
publicidad. Tras ser liberado, Castaño volvió inmediatamente a la península y
Patricio Hermoso quedó como responsable de Falange sólo para certificar su
defunción, pues el mismo Castaño prohibió que se llevara a cabo actividad
alguna. La única organización que supervivió temporalmente fue Auxilio Social,
cuya estructura de distribución de alimentos fue utilizada en el año 1945 para
socorrer a la colonia española.
Es
difícil definir la importancia de la Falange dentro de la colonia española en
el Asia Oriental, pero no cabe duda de su importancia tanto cualitativa [109] como cuantitativa, pues agrupó en torno al
régimen de Franco a una buena parte de los españoles no republicanos o no
misioneros. Las cifras de afiliados, sin embargo, no son muy fiables, en cuanto
algunos de ellos fueron usados simplemente como parte del capital político de
algunos personajes; los pelotaris en China o los empleados de la Compañía de
Tabacos recibieron la orden de afiliarse o salirse de la Falange cuando les
convenía a sus jefes.
Los
conflictos que hemos visto muestran el «talón de Aquiles» de Falange al
intentar una acción independiente: la falta de una forma segura de comunicarse.
Sin dinero para muchos telegramas codificados, tenía que depender para ello
frecuentemente del Ministerio de Exteriores y además muchas de sus
comunicaciones fueron conocidas por sus enemigos. En la primavera de 1941 se
cortó la única vía relativamente fiable de comunicación -irónicamente, por vía
de Siberia- y ello tuvo una dramática influencia para dificultar fuertemente,
si no finalizar, sus actividades.
El
conflicto entre la Falange y los conservadores pro-franquistas no fue exclusivo
de Filipinas y ocurrió también, a un nivel menor, en Japón o China, pero
también se dio entre las comunidades hispanas en el continente americano o en
España, como hemos señalado ya. El ejemplo más claro de esta tensión es el
atentado en la localidad vasca de Begoña en el verano de 1942, cuando un
falangista arrojó una bomba al conservador Ministro de la Guerra, General
Varela, falleciendo una persona. El conflicto en Filipinas fue un episodio de
lucha social entre las clases altas de la sociedad y aquellas que aspiraban a
sustituirlas, al igual que ocurrió en Italia o Alemania, pero no en el caso de
Japón, donde no ocurrió tal tipo de disputa a lo largo del proceso de
progresivo autoritarismo. Un proceso típicamente europeo, por tanto, ocurrió en
un país asiático.
No
hay prueba de que Soriano u otro representante de esa oligarquía se adhiriera a
Falange pagando cuotas, aunque es probable que sí lo hiciera o que alzaran la
mano en alguna ocasión. No obstante, si ocurrió, la ayuda de Soriano a la
Falange en los primeros momentos de
El
ejemplo de Soriano puede ser considerado emblemático del resto de las familias
poderosas españolas. Cuando estalló
Ya
hemos señalado que la coalición que elevó a la presidencia a Manuel Quezón en
1935 había sido un grupo caracterizado en parte por el mestizaje con lo
hispano; una década después, en la primera elección presidencial tras la
independencia, fue esencialmente el mismo grupo (liderado por Andrés Soriano de
nuevo y en el que podríamos incluir a Douglas MacArthur) uno de los principales
que apoyó a Roxas y le ayudó a ganar la presidencia frente a Osmeña. Roxas, no
obstante, supuso un cambio en la tendencia anterior; él personalmente suponía
un relevo generacional, pero también de educación, porque fue el primer
presidente educado en inglés y que había estudiado en
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1937-1945. Universidad Complutense, Madrid 1993. (Tesis Doctoral no
publicada.) [112] [113]
[1] ABREVIATURAS
AEET: Archivo de
AGA-AE-: Archivo General de
AGA-SGM-: Archivo General de
AMAE-R-: Archivo del Ministerio de Asuntos
Exteriores. Sección Renovada.
PRO-FO-:
Public Record Office. Sección Foreign Office. El autor agradece a José
Eugenio Borao Mateo, José del Castaño Leyrana, Pedro M. Picornell y
[2] Hubieron de ser importantes, aunque no sabemos la cifra exacta. En Filipinas, tras ser promulgados los decretos de Neutralidad en Estados Unidos el dinero pasó a ser enviado a Juan T. Figueras, hermano político de Andrés Soriano y residente en Biarritz (sur de Francia), quien entregaba después el dinero a los nacionales por medio del diplomático Federico Oliván. Despacho de Andrés Soriano, representante oficioso, al Ministro de Asuntos Exteriores del gobierno nacional, Manila, 4 de abril de 1938. AMAE-R-1004-7.
[3] Carta de Herrera al Servicio Exterior de Falange. Katase (Kanagawa, Japón), 29 de enero de 1941. AGA-SGM-76.
[4] Para una narración de la experiencia en prisión del que más tarde sería superior de la Compañía de Jesús, Arrupe, Pedro. S. J.: Este Japón Increíble... Memorias del P. Arrupe. Ed. Mensajero, Bilbao, s. f. pp. 108-122.
[5] Informe de Herrera a la Legación de España, Katase, 18 de julio de 1941. AGA-AE-5177.
[6] Carta de Herrera al Delegado de Falange Exterior, Katase 29 de enero de 1941. AGA-SGM-76.
[7] Ibíd.
[8] Nota (en base a un telegrama de Maldonado) de Doussinague (Ministerio de Asuntos Exteriores) a Genaro Riestra (Delegado nacional de Falange Exterior), Madrid, 26 de enero de 1943. AGA-SGM-76.
[9] Telegrama de Jordana (Ministro de Asuntos Exteriores) a González de Gregorio, Madrid, 30 de octubre de 1943. AMAE-1736-13.
[10]
El Acta de Neutralidad promulgada por el gobierno estadounidense
impedía Una terminología más explícita. Fue fundada el 20 de julio de 1936 y
con Ignacio Jiménez figuraban en
[11] Actas de las reuniones de 8, 13 y 25 de enero y 10 de febrero, en Informe de Soriano al Secretario de Relaciones Exteriores.
[12] Despacho de Adrián Got a Secretario de Relaciones Exteriores. Manila, 8 de julio de 1938. AMAE-1004-7.
[13] Telegrama de Castaño a Martín Pou, San Sebastián, 29 de julio de 1938. AGA-SGM-27.
[14] Discurso de 18 de julio de 1938.
[15] Discurso de 18 de julio de 1938. Adrián Got a Secretario de Relaciones Exteriores. Manila, 27 de julio de 1938. AMAE- 1004-7.
[16] Despacho de Maldonado a Ministro de Asuntos Exteriores, Madrid, 1 de enero de 1941. AMAE-1736-26.
[17] Despacho de Maldonado a Ministro de Exteriores de España, Manila, 1 de enero de 1941. AMAE-1736-37.
[18] «La Falange en la diplomacia», Arriba, 5 de enero de 1940.
[19] «Falanges españolas en el Archipiélago Filipino», 20 de mayo de 1940.
[20] Discurso de García Albéniz a los jóvenes de Falange, en Mundo, 20 de mayo de 1940.
[21]
Informaciones contemporáneas a los hechos enviadas a
Exteriores se pueden encontrar en Despachos de Castaño a MAE desde Manila de 10
de septiembre, 8 de octubre y 12 de noviembre de 1941. AMAE-R-1736-14. Sobre
Soriano, ver la carpeta titulada «Soriano. Commowealth, 1942-1945». Entrada 2, Caja 52: «Office of the
U.S. High Commissioner to the Philippine
[22] Despacho de Maldonado a Ministro de Asuntos Exteriores, Manila
[23] La Guerra en el Pacífico», Mundo, 20 de octubre de 1940.
[24]
El informe de la unidad califica a la Falange
principalmente como un movimiento propagandista, aunque para la redacción no
creemos que hubieran podido tener acceso a documentos descifrados. «The Falange in the
[25] Carta de Sandoval (Delegado Nacional de Falange Exterior) a Castaño, Madrid, 27 de julio de 1941. AGA-SGM-76.
[26] Telegrama de Castaño a Serrano Suñer, Manila, 8 de septiembre de 1941, AMAE-R1736-28. El número, de una excelente calidad, apareció en el año 1942 sin ninguna referencia a Falange, tal como solicitó Castaño.
[27] Despacho de Castaño a Santiago Méndez Vigo (Ministro de España en Japón), Manila,20 de mayo de 1942. AMAE-R-1737-16.
[28] Telegrama de Hoare (Embajador británico en España) a Foreign Office, Madrid, 213 de enero de 1942. PROTO-371-31264.
[29] Informe al Delegado Nacional de Servicio Exterior de Falange, Madrid, 19 de julio de 1945. AGA-SGM-76.
[30] Despacho de Castaño (sin firma) a Santiago Méndez Vigo, Manila. 14 de julio de 1942. AEET.
[31] Telegrama de Serrano Suner a Méndez Vigo, Madrid, 9 de febrero de 1942 (reenviado a Castaño desde Tokio el 9 de febrero). AEET.
[32]
Manila, 7 de mayo de 1942. Según el hijo de José del Castaño, fueron los
japoneses los que solicitaron la felicitación y las dudas de Castaño las disipó
el canciller del Consulado y antiguo director de