Falange en Extremo Oriente, 1936-1945

Florentino Rodao, PH. D. [1]

Universidad de Tokio

Revista Española del Pacífico

Nº 3, Año 1993

 

 

  Spanish Falange in the Philippines, 1936-1945

 Philippine Studies  (Manila), Ateneo de Manila University,

Volume 43, 1, First Quarter, pp.3-27



 

 

La Falange Española de las J.O.N.S.

Agrupaciones en Asia Oriental

Japón

China

Islas Filipinas

La Guerra Civil española

De la Segunda Guerra Mundial a la Guerra del Pacífico

La ocupación japonesa de Filipinas

Conclusión

Bibliografía

 

 

     La Guerra Civil española de 1936-1939 repercutió en el Asia Oriental, enfrentando también a los españoles partidarios del gobierno republicano y a los del bando nacional. Estos últimos progresivamente llegaron a ser mayoritarios, tanto por las noticias que indicaban el avance de las tropas franquistas como por la propia composición de esta colonia, donde en su gran mayoría eran empleados de rango medio o misioneros, además de un porcentaje significativo de la élite económica y social de Filipinas.



LA FALANGE ESPAÑOLA DE LAS J.O.N.S.

     También, como consecuencia de la Guerra Civil, se fundaron agrupaciones del servicio exterior de Falange Española de las JONS, llamada normalmente la Falange Exterior, que perduraron hasta el final de la Guerra del Pacífico, a través de cuya historia se puede estudiar la presencia hispana en estos años en la región. Especialmente en el caso de Filipinas, se puede trazar también el declive definitivo de «lo hispano», entendiéndose por esto tanto los lazos que unieron al archipiélago con España después de 1898, [86] como por la huella social y cultural que había penetrado durante los más de trescientos años de dominación desde México o desde Madrid, en un proceso con ciertos rasgos semejantes a los de las repúblicas iberoamericanas tras su independencia en el siglo XIX, o al de Cuba después de 1898.

     Las actividades de Falange se centraron desde un principio en el envío de ayuda, en sus diversas formas, al campo nacional. Ignorando las edictos de neutralidad promulgados en diversos países, se enviaron fondos de dinero[2], además de ropas, tabaco y otros productos. Falange también sirvió para movilizar la colonia española adicta a los nacionales, celebrando sus victorias militares o las efemérides importantes y además creó algunas organizaciones paralelas, como una Sección Femenina, para agrupar a las mujeres, otra juvenil, otra infantil y el llamado Auxilio Social, dedicado a ayudar caritativamente a aquellos españoles que no tenían casa o comida.

     El partido fundado por José Antonio Primo de Rivera experimentó en España un progresivo incremento en popularidad y afiliación de militantes, y con ello se hizo con buena parte de los resortes del poder. Ello, no sin cambiar buena parte de su identidad tras imponer el general Franco una unificación por decreto, en abril de 1937, de todos los grupos que le apoyaban, añadiendo una «T» a la denominación original y formando la llamada Falange Española Tradicionalista y de las JONS. En este grupo, por tanto, se intentó manu militari que convivieran los diferentes partidos o grupos de opinión del bando nacional, como carlistas, tradicionalistas, monárquicos, reaccionarios o requetés, aunque tenían unas diferencias entre sí tan grandes como las que en el bando republicano tenían anarquistas, republicanos de izquierda, socialistas o comunistas. La Falange alcanzó una progresiva hegemonía sobre el resto de esos grupos en España, y en Filipinas se intentó también «establecer un mayor control sobre el colectivo español» (González Calleja, 121), pretendiendo dar cada vez más un «toque falangista» a las actividades de la colonia en general. Las actividades del Auxilio Social son un ejemplo de ello, así como los intentos de controlar de alguna manera la actividad económica de las empresas españolas o la educación ideológica. Con ello, era inevitable un conflicto de competencias con la otra institución española dedicada a la colonia: los consulados y las representaciones diplomáticas. Pero no fue solamente un conflicto ideológico sino también social, en cuanto que la Falange representaba a las clase media y media-baja, o lo que el mismo José Antonio llamaba antes de que la guerra empezara «la modesta clase media» (Payne, 63). [87]

     La intensidad de las actividades de Falange alcanzo su punto más alto en los últimos momentos de la Guerra Civil hasta el verano de 1941, cuando el poder de Ramón Serrano Suñer, denominado por el entonces ministro de exteriores italiano, Galeazzo Ciano, como «nuestro hombre en España», comenzó a declinar. Después del ataque a Pearl Harbor, sus actividades se restringieron aún más y se quedaron principalmente en la organización de misas o Te Deum. Los vestigios de la organización dejaron de existir tras la derrota de Japón por las fuerzas aliadas.



AGRUPACIONES EN ASIA ORIENTAL

     Hubo ramas de Falange en Japón, China y las Filipinas. La primera tuvo solamente dos miembros, en China sobrepasaron el medio centenar y en el último territorio hubo unos 800 miembros en los momentos de mayor afiliación que bajaron a los dos centenares durante la ocupación japonesa. Veamos su evolución por separado:



Japón

     La rama de Falange Exterior en este Imperio fue fundada desde España, donde el delegado del Servicio Exterior de Falange, José del Castaño y Cardona, nombró al antiguo Agregado Militar español, Eduardo Herrera de la Rosa, por iniciativa propia, como Jefe Provincial, en Japón el 25 de noviembre de 1938. También desde España se intentó crear una Sección Femenina y un denominado «Patronato Nacional de Asistencia a Frentes y Hospitales», que habría de recoger fondos y enviarlos al bando nacional, pero se fracasó.

     Ya hemos señalado los escasísimos militantes de esta sección, pero su importancia no ha de ser infravalorada, puesto que la gran mayoría de los religiosos hispanos la apoyaron y asistieron a algunos de sus actos, aunque su dispersión -Formosa, Micronesia, o la isla de Shikoku en Japón- impidió un apoyo más activo. Además. el coronel Eduardo Herrera de la Rosa, la persona a su cargo. se dedicó plenamente a ello tras aceptar el nombramiento inesperado y tras 30 años viviendo en Japón como Agregado Militar, tenía unas excelentes conexiones en un aparato estatal favorable -en teoría- hacia este tipo de organizaciones totalitarias.

     La contribución de Herrera de la Rosa ya fue clave para lograr el complicado reconocimiento del Gobierno de Franco por Tokio (1 de diciembre de 1937), entre otras razones por su larga amistad con el entonces primer Ministro, Konoc Fumimaro. Después, tras recibir el nombramiento desde la península y siguiendo instrucciones, hizo un trabajo paralelo de [88] alguna manera al de la Legación Diplomática, volcando su atención hacia la colonia hispana y ofreciéndose como «agente servidor de ellos (los residentes en el Imperio Japonés) para cuanto les interesara o necesitaran en relación con la Nueva España»[3]. Ciertamente lo consiguió, pues llegó a actuar como intermediario para sus connacionales en sus tratos tanto con las autoridades japonesas como con las españolas y entre sus luchas estuvieron desde la consecución de permisos de viaje por el país a la excarcelación de los detenidos al principio de la Guerra del Pacífico.[4] Además, trató de adoctrinar a los españoles allí, distribuyendo la prensa recibida desde la península y organizando reuniones y encuentros, a pesar de la dispersión de la colonia. En 1941, por ejemplo, el aniversario del levantamiento del 18 de julio, lo celebró con una misa y un discurso sobre la historia de la Falange a los siete españoles que asistieron, que repartió después por escrito al resto de la Colonia «no sólo para refrescar los sentimientos hacia nuestra patria, sino también para unificar nuestros pensamientos y nuestro espíritu»[5].

     No obstante, la actividad paralela a la de la Legación diplomática desempeñada por Herrera de la Rosa fue más allá de la dedicación a la Colonia española en Japón, informando a la sede central de Falange sobre cuestiones propagandísticas e incluso sobre la situación política en la región. Ante las autoridades japonesas también ensombreció a la Legación Diplomática, donde el diplomático conservador Santiago Méndez de Vigo rehusaba participar en actividades a favor del Eje, y la Falange llegó a ser la institución española invitada más asiduamente a los mítines de exaltación anticomunista o informando a los japoneses interesados en la «Nueva España». Herrera también usó a personalidades japonesas para sus propios propósitos propagandísticos, como la organización de un «Festival Hispánico» en la Universidad de Keiô por la Sociedad Hispano-Japonesa.

     Su trabajo, sin embargo, no fue sencillo. A pesar de las similitudes ideológicas en la lucha anticomunista de los regímenes español y japonés, las relaciones con los estamentos oficiales no siempre fueron fáciles, en parte por las propias diferencias en el propio gobierno japonés, donde el Ministerio de Asuntos Extranjeros o Gaimushô tenía una tendencia más moderada frente a los militares con los que se identificaba Herrera. Así, el periódico controlado por aquel departamento, The Japan Times and Advertiser, no lo pudo usar Herrera para sus propósitos propagandistas y sólo Tokyo Nichi-Nichi, el más decidido partidario del Eje, insertó ocasionalmente [89] información provista por él. Tampoco su cargo oficial como Delegado de un partido amigo del régimen japonés como lo era la Falange evitó que, desde poco antes de comenzar la Guerra del Pacífico, le controlaran y censuraran su correspondencia, su cuenta bancaria, sus llamadas telefónicas.

     Sus problemas con las autoridades se agravaron tras comenzar la Guerra del Pacífico y después de sufrir él mismo un registro domiciliario como ya habían recibido otros extranjeros anteriormente, finalizó totalmente la actividad de Falange. De esta forma acabó este partido en Japón: la evolución política japonesa acabó perjudicando su actividad y sus propios objetivos, a pesar de las simpatías mutuas. También a Herrera de la Rosa le tocó sufrir el sentimiento antioccidental que invadió Japón en esos años, al igual que a todos los alemanes o italianos que se habían alegrado de los triunfos nipones.

     En conclusión, como resultado de la labor personal de Herrera, parece que la propaganda falangista fue equiparable de algún modo con la de italianos o alemanes, a pesar de la inferioridad en medios y personal. Herrera, indudablemente, exageraba al afirmar que el himno de Falange, Cara al Sol, «hoy se conoce por todo el Japón»[6] o que «España, nuestro Caudillo (Franco), nuestra Falange y lo más importante del trabajo regenerador de nuestro gobierno, se hallan bastante difundidos en Japón, muy especialmente en las esferas gubernamentales, en las cuales, quizás más que en ningún otro país, nuestra obra ha sido cuidadosamente estudiada»[7]; pero el hecho de expresar tales exageraciones indica que, de algún modo, estaba cumpliendo con los objetivos para los que había sido designado. Las actividades de Falange fueron mayores que las de la representación diplomática. Y, de hecho, en un país abierto a este tipo de actividades, funcionó como una representación alternativa de España.



China

     La Falange en China fue también fundada tras el estallido de la Guerra Civil, siendo su número de afiliados mucho mayor que en Japón por su conexión con la principal empresa que empleaba españoles: los frontones de pelota vasca, un espectáculo en el cual pelotaris venidos desde España jugaban diariamente, originando apuestas que eran las que daban la popularidad (y los beneficios) al negocio. Teodoro Jáuregui, antiguo pelotari, falangista desde los primeros momentos y director de los dos frontones [90] en China (en la concesión italiana de Tientsin -Frontón Forum- y en francesa de Shanghai -Jai-Alai-, además del Jai-Alai de Manila), creó una sección en cada frontón y la controló después nombrando un delegado en cada ciudad. Tenía más miembros y rango la de Shanghai, donde estaba también el Jefe Provincial o delegado en China. Los misioneros también eran mayoría entre los súbditos españoles y por tanto poco propensos a afiliarse, pero no obstante no estuvieron tan dispersos y colaboraron más con la Falange, sin limitarse a ofrecer misas.

     Entre sus actividades estuvo el envío a España de dinero (incluso, después de acabada la Guerra Civil) y para la colonia en China se fundó también la rama de Auxilio Social. La falta de documentación hasta el año 1943 nos impide saber conocer mejor su evolución, pero el hecho de que se organizaran actos conmemorativos del 18 de julio por separado por la organización en Tientsin y por la representación oficial en Pekín -situadas ambas ciudades a escasos kilómetros- indica también unas relaciones frías entre algunos diplomáticos y los falangistas.

     La evolución de Falange tomó una nueva dirección en 1941, tras la llegada en 1941. de Álvaro de Maldonado, juntando en una misma persona los cargos de Cónsul y Ministro de España en Shanghai. Ya había participado intensamente en su antiguo destino como Cónsul en Manila en las luchas de la Falange, tal como veremos más adelante, y al llegar a China hizo lo mismo, mostrando un interés especial en la protección de los pelotaris y enfrentándose por ello a la compañía que operaba el negocio, dirigida por Jáuregui.

     Maldonado dividió internamente la Falange en China al ganarse el favor de los pelotaris de Shanghai tras conseguir una fuerte mejora de las condiciones laborales (entre ellas un fuerte aumento de su salario y del dinero para su «Montepío» o Fondo de Pensiones), mientras los de Tientsin siguieron dominados por Jáuregui. Para evitar esta insubordinación en uno de sus frontones, Jáuregui intervino para nombrar al líder falangista en Tientsin, Julio Ybarrolaza, como Jefe Regional en China, y por tanto con mando desde Shanghai. Pero tal nombramiento debía ser hecho por los jefes de Falange en Madrid y ante ellos Maldonado presionó en su contra, acusando a Ybarrolaza de «persona inculta, pelotari y asociado con las casas de juego»[8], (87) en una referencia clara a la compañía de Jáuregui y proponiendo, a cambio, a un familiar suyo Armando Zaldivar, para el cargo. La Jefatura Central de Falange, sin información independiente desde China, no pudo hacer otra cosa sino aceptar la propuesta del diplomático Maldonado y nombró a Zaldívar como su Delegado en China, tras lo cual éste destituyó a Ybarrolaza y a la Junta directiva de Tientsin, la leal a Jáuregui, sustituyéndola por una de partidarios suyos. [91]

     Los enfrentamientos internos entre la colonia, en consecuencia, se incrementaron hasta el punto de obligar a intervenir a las autoridades de Madrid, que nombraron a José González de Gregorio, encargado de negocios ante el gobierno pro-japonés del Manchukuo, como nuevo Cónsul en Shanghai, con poderes para acabar con el conflicto de la Falange. González de Gregorio destituyó inmediatamente a Zaldívar y a la Junta que éste había nombrado en Tientsin. Los problemas, no obstante, continuaron y el 19 de enero de 1944, 35 pelotaris ocuparon el Consulado en Shanghai, tomando a González de Gregorio como rehén en defensa de Zaldívar. Aunque pudiera parecer que los pelotaris tenían objetivos principalmente de carácter político, no eran más que económicos, como lo demuestra el hecho de que la ocupación acabó cuando el empresario Jáuregui depositó 150.000$ como fianza para la liberación del diplomático y para la solución de su problema laboral. Después, las presiones desde Madrid, con un telegrama del Ministro de Exteriores, Jordana, lograron que los pelotaris devolvieran la fianza, a cambio de la simple promesa de solucionar su problema laboral al acabar la guerra.

     Así finalizó la Falange en China: había sido creada por un conflicto entre españoles y de la misma forma desapareció, por un conflicto que sólo tuvo una relación marginal con la Segunda Guerra Mundial o con la Guerra Chino-Japonesa. A nadie más pareció preocuparle su desaparición.

     Más allá de este hecho, la evolución del conflicto interno entre españoles muestra claramente las limitaciones de la actuación de Falange fuera del territorio peninsular, en cuanto le faltó un medio de comunicarse independientemente puesto que había de depender para ello de la infraestructura propia del Ministerio de Exteriores. Este departamento fue el que finalmente se hizo cargo del problema de los pelotaris, tanto por esa incapacidad de la Falange para comunicarse o actuar independientemente como por la incapacidad de sus cuadros. Las razones de por qué Exteriores se hizo cargo del problema, sin embargo, tienen que ver más con la situación política del otoño de 1943. En el ánimo del Ministro español de Exteriores, Jordana, no podían faltar algunos de los recientes acontecimientos internacionales que hacían cada vez más delicada la posición de Madrid: en el escenario oriental, concretamente, la precariedad de la concesión italiana en Tientsin tras la caída temporal del gobierno de Mussolini o el denominado «Incidente Laurel», un telegrama enviado desde Exteriores al gobierno colaboracionista filipino de José Laurel reconociéndolo de hecho, que condujo a uno de los momentos más críticos en las relaciones con Washington y a una campaña internacional contra el régimen de Franco. En estos momentos, el régimen de Franco necesitaba desesperadamente disipar sus antiguos lazos de amistad con Japón y lo último que podía desear era que el ejército japonés como autoridad en China interviniera en un conflicto entre españoles y que con ello se interfiriera en el proceso de neutralidad de la política exterior española. La orden de Madrid al recién [92] nombrado representante en Shanghai resume esa política: «Evite la intervención de la policía colonial»[9].

     La documentación existente no muestra claramente los entresijos de este problema interno que acabó definitivamente con la Falange en China, pero aparenta estar motivado más por intereses económicos que por diferencias ideológicas. El estallido de la Guerra del Pacífico parece haber sido, de hecho, un vitalizador del negocio de los frontones de pelota vasca, precisamente porque permitía la procedencia de dinero ilegal, y con ello los beneficios rápidos y la especulación. El poder económico y los contactos del que mantenía la exclusiva de las casas de juego, Teodoro Jáuregui, no hubieron de ser ajenos a este negocio, quien fue el único español que pudo viajar de Manila a Shanghai -debido a estos problemas en los frontones- durante la Guerra del Pacífico. La defensa apasionada de Maldonado de las condiciones laborales de los pelotaris, enfrentándose a los intereses de las casas de juego y acusando también a sus otros dos compañeros diplomáticos en China, ilustra claramente el amplio espectro de gente que había entrado en la Falange en esos años. El diplomático falangista Maldonado intentaba poner en práctica unos ideales de defensa de los trabajadores defendidos por la Falange y el resto de los partidos autoritarios de entonces, pero también parece que otras personas con intereses opuestos, como Jáuregui, no eran extraños en las filas del Partido. No cabe duda de que la destitución de Maldonado fue una pérdida para los pelotaris, que al final de la guerra mundial seguían sin haber cobrado parte del dinero que su jefe, Teodoro Jáuregui, les había prometido.



Islas Filipinas

     La historia de la Falange en Filipinas es la más importante de todas las ramas implantadas en el Extremo Oriente, ya que los problemas dentro de la colonia española tuvieron una fuerte repercusión en el mantenimiento de sus lazos con la Península Ibérica y, en definitiva, en la propia historia del Archipiélago Filipino, donde después de casi cuatro décadas de dominación norteamericana perduraba buena parte de la influencia hispanizante que se había ido asentando durante más de 300 años. En lo económico, las empresas españolas estaban en su «Edad de Oro», gracias a las exportaciones privilegiadas a Estados Unidos; en lo político, uno de los principales grupos de apoyo a Manuel Quezón, presidente de la Mancomunidad, o Commonwealth, estaba caracterizado por la afinidad hacia España, hasta el punto de ser llamado ocasionalmente «Partido Español», y en lo social, había un gran número de filipinos -mestizos, cuarterones, etc.- que se sentían orgullosos de sus ascendientes [93] hispanos. Dos facetas del período español permanecían profundamente implantados en la sociedad filipina desde 1898: el idioma y la religión. El primero de ellos, la lengua castellana, seguía siendo ampliamente utilizada entre la élite filipina, en la administración o en el mundo de los negocios. En cuanto a los medios de comunicación, si bien la difusión general de la prensa en inglés era mucho mayor que la de la prensa en español, en Manila ese predominio no era tan claro; en 1935, los periódicos en español, El Debate y La Vanguardia, con 18.129 y 13.606 ejemplares respectivamente, superaban juntos al más vendido en inglés, Herald o al más vendido en tagalo, Mabuhay, con 23.241 y 21.492 ejemplares respectivamente. (McCoy y Roces, 17) Con cerca de un total de 5.000 ciudadanos españoles en el archipiélago, los cerca de 81.000 ejemplares de la prensa en español vendidos diariamente en el Archipiélago en 1939 eran comprados principalmente por filipinos. Los datos de los Censos arrojan datos interesantes sobre estos filipinos hispanohablantes: en 1918 hablaban el español 757.463 personas mayores de 10 años y en 1939, 417.375 de todas las edades, o el 2'6 por 100 de la población total, siendo superado ampliamente por el inglés. El declive parece obvio, sin embargo, el español superaba al inglés en una franja de edad, la de los niños menores de cinco años. Ello parece indicar que este idioma era más hablado que el inglés entre las familias y que por lo tanto contaba con una base más estable que el inglés, idioma que era aprendido cuando se llegaba a la escuela.

     Falange en las Filipinas estaba asentada principalmente en Manila, con organizaciones también en Iloilo y algunos afiliados en lugares como Cebú o Camarines. Debido al mayor número de militantes, no era tan importante como en China la participación de los pelotaris en ella, ni tampoco la de los misioneros, aunque las órdenes religiosas colaboraron más que en China o Japón, en parte porque sus conventos principales estaban en Manila. Había una Sección Femenina y un Auxilio Social, y se fundaron también un «Hogar José Antonio» y dos organizaciones para los miembros más jóvenes. Falange publicó dos revistas, Yugo, de 1938 a 1941 y Legazpi, para los niños.

     Sobre sus actividades, las vamos a estudiar separando los tres principales períodos en su desarrollo, en cuanto las condiciones para su lucha política cambiaron dramáticamente debido a la situación general.



La Guerra Civil española

     Un famoso aviador español emparentado con la familia Elizalde, Ignacio Jiménez, fue el fundador de la Falange en Filipinas, presidiendo lo que entonces se llamó