
Cada dos años la Asociación de Historia del Pacífico (PHA) tiene
una reunión, y en esta ocasión se decidió que fuera en Kiribati (pronunciado quiribás),
tras haber tenido lugar anteriormente en Guam y Christchurch (Nueva Zelanda).
Un sitio tan alejado (cerca de donde se juntan las líneas del Ecuador y del
cambio de día) y un país con problemas de funcionamiento típicos del Tercer
Mundo hacían suponer que el entorno del Congreso iba a ser diferente del
habitual. No fallaron las expectativas: se cambiaron las fechas en dos
ocasiones por obras en el aeropuerto, los conferenciantes quedaron reducidos a
una treintena (frente a los casi dos centenares de congresos anteriores) y el
marco fue el único hotel del país que puede llevar tal nombre, del que
desalojaron a los anteriores ocupantes para hacernos hueco. Los problemas
fueron grandes para llegar, pero una vez allí pudimos disfrutar de la isla
principal de Kiribati, Tarawa. Las conferencias se celebraron parcialmente en
una casa tradicional de reuniones o Maneaba, refrescada por la brisa y
frente a la laguna; además, la escasez de gente hizo que el trato fuera más
relajado, no se desdoblaron las conferencias en sesiones simultáneas ni el
reloj fue un elemento central, por otra parte, lo alejado del lugar (Bikinibeu,
a 30 kilómetros de la capital, Bairiki) hizo que la gente no se desperdigara.
Hubo
cinco diferentes paneles: Biografías, Historia de Kiribati, Enredos Confusos (Messy
Entanglements), Trabajo e Historia del Siglo XX. El primer día se dedicó
completamente a las biografías y se comenzó teorizando sobre las dificultades
de asimilar los tipos de personalidades occidentales a las de los isleños del
Pacífico, para pasar a estudiar casos más particulares como los textos
históricos samoanos, la vida de Adalbert von Chamisso, las antropólogas Mead,
Powdermaker y Wedgewood en Papúa-Nueva Guinea, la primera generación de
políticos en este mismo país y las fotografías de Damien Parer y T. J. McMahon.
[136]
La
sesión sobre «Enredos Confusos» fue realmente una confusión «satisfactoria»,
por todas las ideas que surgieron, en una sesión dirigida por el profesor de la
Universidad de Guam, Vicente Díaz. Se comenzó con otro trabajo teórico sobre el
empirismo y la conciencia de la contradicción en nuestras narrativas. Se habló
después de los problemas de Ebeye, un sector del atolón marshallés de
Kwajalein, donde Estados Unidos prueba sus misiles intercontinentales y donde
hay gran cantidad de isleños ganándose la vida en trabajos de servicios
relacionados con estas bases militares; se habló también de la complicada
naturaleza de la situación política en Hawaii en el siglo XIX, de la obsesión
de los misioneros con la poligamia de los fidyianos y, también en relación con
el tema de la sexualidad, sobre algunas referencias a estrangulaciones de
viudas.
El
último día llegamos desde Majuro (Marshall) el que suscribe y Hiroshi Nakajima,
presidente de la Asociación del Pacífico de Japón. Se comenzó por la mañana con
las relaciones laborales en el siglo XX, analizando la difícil separación entre
el trabajo pagado y el no pagado (es decir, el trabajo de las mujeres en los
pueblos, el dominical, etc.) y otras cuestiones de este tipo. La sesión de la
tarde fue la más dispersa en temas; Grant McCall hizo una divertida y crítica
exposición de las políticas coloniales de Francia en sus posesiones y de Chile
con respecto a Rapa Nui (Pascua) y de los problemas que aún hay para acceder a
Archivos en Aix-en-Provence. Roger Thompson trató de las políticas
descolonizadoras del Reino Unido tras la II Guerra Mundial. El que suscribe,
según refiere Peter Hempenstall en la última Newsletter de la PHA, «presentó
una visión revisionista sobre el impacto continuado de España en la identidad
Micronesia que fue vigorosamente controvertido por los participantes
chamorros»; el maorí Roger Maaka presentó una visión alternativa de la historia
de este pueblo y se acabó hablando sobre la nueva política de Australia hacia
el Pacífico tras el fin de la Guerra Fría.
Si
con la narración de las discusiones y los temas de las conferencias se completa
la crónica de un congreso, no ocurre lo mismo con éste. También hubo una
reunión con profesores kiribateños en la que cada uno comentó sus experiencias
y dificultades en la enseñanza de la Historia del Pacífico; David Hanlon habló
de los alumnos que en su Universidad (Hawaii) le advierten que la historia que
se enseña no la sienten como la suya por no estar realizada por los propios
hawaiianos. Max Quanchi se refirió a las diferentes formas de aprender la
Historia del Pacífico, asegurando que pintar un mapa en la pared o hacer una
canoa es tan válido como las clases de la Universidad. Los profesores locales
no profundizaron tanto; prefirieron referirse a los problemas del día a día y
su respuesta fue invitarnos a una última fiesta a la que nos referimos más
adelante.
También
hubo una excursión turística, como ocurre en muchas conferencias, pero en este
caso fue de dos días y dormimos todos en el convento de las Hermanas del
Sagrado Corazón, excelentes anfitrionas de la Conferencia dirigidas [137] por la Hermana Alaima Talu. La excursión
consistió en ir al norte de Tarawa, en el mismo atolón de la capital, pero
separado por un brazo de agua que lo comunica por tierra. De esta forma pudimos
conocer el Kiribati tradicional. En dos playas de coral pudimos comprobar la
alta temperatura de las aguas cuando no están en mar abierto y lo diferente que
son las playas de coral de su imagen idílica: había que bañarse con zapatillas
si se quería salir con los pies sanos. En el norte de Tarawa, la vida
tradicional se mantiene, se puede ver cómo se seca el pescado, cómo se planta
el taro cavando hoyos que puedan recoger el agua marina, cómo vive la gente en
las cabañas o cómo se arrancan los tomates de las plantas cuando alguien va a
comprarlos. Los cambios hacia la modernidad también son perceptibles, la radio
es constante, los jóvenes dicen que quieren ir a vivir a Tarawa Sur y ya se ven
algunos paneles solares para la luz (no tienen suficiente fuerza para ventilar),
aunque su precio (unas 6.000 pesetas por la instalación y mil mensuales por el
mantenimiento) hace que hasta ahora sólo diez familias lo tengan, según nos
comentaron. Hay la misma densidad de iglesias por metro cuadrado que en el
resto de Oceanía.
Las
danzas también formaron una parte esencial en la Conferencia. Y en esta ocasión
no sólo presenciamos durante tres días bailes con sus respectivos banquetes de
comida, sino que confraternizamos con los bailarines y con los grupos. El
congreso finalizó con un precioso discurso con voz ronca del secretario de la
Asociación Max Quanchi y con otro de la hermana Alaima sobre lo que había
querido hacer de ese congreso.
Los
congresistas no fuimos simplemente testigos, nos pidieron que participáramos con
canciones nuestras y ahí se demostró el retraso de nuestras culturas
occidentales en este tipo de actividades colectivas. El que suscribe echaba de
menos la compañía de un compatriota y en esos momentos resultó que me encontré
con un amigo de Tokyo, Mauricio García Franco, Doctor por la Universidad de
Keiô, que está encargado allí de un proyecto de piscifactorías. Encontrarle en
medio de la preocupación por las letras de la famosa canción e invitarle a la
fiesta de la noche fue inmediato. No sólo estaba Mauricio en Kiribati, también
José Sánchez Rábago, piloto madrileño trabajando en Air Tungaru (las
líneas aéreas de Kiribati).
Florentino Rodao