
Revista Española del Pacífico,
Número monográfico sobre
"Relaciones contemporáneas entre España y Japón",
Vol. 5 (1995): 233-241.
Japón y Extremo Oriente en el marco de las Relaciones
Hispano-Norteamericanas,
1945-1953.
Florentino Rodao García
1.- Ventajas
de Extremo Oriente para la diplomacia franquista
2.- Aspectos
de los contactos con Estados Unidos en Asia Oriental
a.- Relaciones con el cuartel general
estadounidense
b.- Relaciones con estados del Asia
Oriental
3.-
Resultados de unos movimientos diplomáticos.
a.- España hacia Extremo Oriente
b.-
Extremo Oriente hacia España
Dentro del escaso margen de maniobra con que contaba la diplomacia franquista
desde las postrimerías de la II Guerra Mundial hasta los acuerdos de 1953, que
significaron el fin definitivo del aislamiento del régimen, el Asia Oriental
fue un campo de actuación para lograr el cambio de actitud de los principales
actores de la sociedad internacional hacia Madrid. A lo largo del presente
trabajo intentaremos demostrar que, si bien la importancia concedida hasta
ahora a Asia dentro de la política exterior española ha sido mínima, el éxito
de las iniciativas en esa parte del mundo durante la postguerra mundial
contribuyeron al cambio de actitud hacia la llamada «cuestión española»,
principalmente por parte de Washington. Esta influencia de Asia en la política
internacional del régimen tuvo su importancia para el fin del aislamiento del
régimen a partir de 1953; no obstante, hasta qué punto llegó esa influencia aún
es difícil de determinar[1].
España y Japón compartieron en los primeros años de la II Guerra Mundial unas
buenas relaciones políticas, expresadas por la presencia de ambos países en el
Pacto Anti-Comintern. No obstante, estas relaciones nunca fueron excesivamente
intensas por diversas razones sobre las que no es conveniente extenderse en
este estudio, aunque quizás cabe destacar, por escasamente mencionados, los
perjuicios que la invasión japonesa en China ocasionó a los misioneros
españoles, causa de múltiples protestas formales de sus representantes ante las
autoridades imperiales.[2] Estas
relaciones de amistad y de solidaridad anticomunista, no fueron óbice para que
Franco se planteara romper las relaciones diplomáticas con Tokio durante el
conflicto mundial en dos ocasiones, según le aseguró el propio General
Francisco Franco al propio embajador norteamericano, Carlton J. Hayes. Franco
también le afirmó en 1944 estar preparado para romper las relaciones
diplomáticas con Japón en el momento adecuado[3],
pero hasta que el general no estuvo seguro de la victoria Aliada, no se pasó de
la crítica velada y de las sugerencias en privado. Una vez se supo que la
derrota nazi era irreversible, "(...)Franco intentó aproximarse a los
aliados tanto cuanto se lo pemitía la propia estructura interna del
régimen"[4].
Ese acercamiento a los Aliados y, especialmente, con los Estados Unidos, tenía
un campo más fácil por medio de Asia. El teatro de operaciones donde la postura
española había resultado más aceptable para los vencedores en el conflicto
mundial era el de la Guerra del Pacífico. Ni las tropas japonesas habían
concedido durante el conflicto un trato especial a los súbditos españoles ni,
por su parte, la colonia española en Asia Oriental había dado muestras de
projaponismo (salvo escasas excepciones) y era una más entre las occidentales
que, como tal, había deseado la victoria aliada. Las matanzas de españoles
durante la retirada de los soldados nipones de Manila fueron tratadas por la
prensa española con gran alarde de titulares y fueron la razón alegada por
Madrid para dejar de defender los intereses japoneses en América el 23 de marzo
de 1945 y para romper relaciones diplomáticas el 12 de abril del mismo año[5]. Los españoles, una vez decantados
claramente a favor del campo aliado, pasaron a ensalzar principalmente la
campaña del general MacArthur y sus victorias militares en el Pacífico, en un
cambio de actitud que suscitaba extrañeza a algunos extranjeros que
contemplaban la situación española. El cónsul francés en Barcelona, declaraba
"(...)Hoy en día, los Estados Unidos, que los periódicos criticaron con
fuerza, son persona grata en España. La Guerra que mantienen contra
Japón les atrae la simpatía de los españoles, e incluso, se podría decir,
felicitaciones"[6].
Una vez finalizado el conflicto mundial, Extremo Oriente siguió siendo un buen
marco para que el régimen franquista tratara de rentabilizar ese pedigrí
anti-nipón de la guerra e intentara conseguir una mayor aceptación ante los
Estados Unidos. Pero además de hechos pasados, otros factores se conjuntaron
para permitir una actividad de Madrid en Asia Oriental por medio de diversos
frentes: la posición hegemónica del Mando Supremo estadounidense sobre el resto
de las potencias (Gran Bretaña, China y la Unión Soviética) dentro del SCAP
(Supreme Command of the Allied Powers), los servicios de la colonia española en
beneficio de las tareas de ocupación aliadas y la ausencia de una opinión pública
en la región crítica hacia el régimen de Franco.
La posición de predominio del General Douglas MacArthur dentro del Cuartel
General aliado, su gran carisma en Estados Unidos, su relativa independencia
frente al poder político en Washington, su equipo fuertemente anticomunista y
las excelentes relaciones de los representantes españoles con el resto de la
colonia occidental, facilitaron la difusión de la propaganda franquista y la
labor de los representantes diplomáticos por una especie de puerta trasera hacia
los Estados Unidos. El trabajo realizado por estos representantes y,
especialmente, por los adscritos a la Misión Diplomática en Tokio, tuvo un gran
valor en un plazo medio, tal y como señala Mariano Vidal:
"La importancia y eficacia de esta labor no es naturalmente inmediata,
pues el Japón no tiene relaciones internacionales, pero el número de
personalidades y técnicos americanos que a su regreso a Estados Unidos deberán
tener prestigio e influencia y que, aquí, son fácilmente accesibles al contacto
personal, hace deseable y ventajoso, a mi juicio, el no escatimar ningún
esfuerzo por ganar todas las vías de simpatía, respeto y comprensión"[7].
Madrid, poco a poco, se dió cuenta de las posibilidades de la región por el
"ambiente francamente favorable[...] para ganar simpatías"[8] y es posible perciber en la documentación
la creciente la atención prestada por el Ministerio a los telegramas y
despachos de los representantes diplomáticos en Asia Oriental.
Por otro lado, las relaciones del equipo de MacArthur con los españoles,
incluyendo al propio general, se pueden calificar de excelentes; las
deferencias del Cuartel General Estadounidense supusieron la solución de
múltiples problemas referentes a la colonia española de forma amistosa. Quizás
ello fuera la razón por la que el representante español en Tokio demuestra en
su documentación estar bien informado de la situación política. Las personas
con las que mantuvo una intensa relación fueron muchas, destacando el
presidente del Consejo de la Cuatro Potencias, Dean Acheson, el Consejero
Político y Jefe de Prensa, Sebald Brines, o los generales Star y Whitney. Sin
embargo, el personaje que más ayuda dio a la causa franquista en Extremo
Oriente fue el general Charles A. Willoughby, Jefe del Servicio de Información
de MacArthur, quien mantuvo, además, una estrecha amistad con todos los
representantes españoles acreditados en la capital japonesa hasta su dimisión
en este destino, un mes después de la salida de MacArthur del archipiélago.
Las autoridades españolas estuvieron atentas a los sugerencias de Willoughby a
través de los representantes, pidiendo, por otra parte, la ayuda de su equipo
en Japón para lograr un cambio de la actitud norteamericana hacia el régimen en
1948[9], una vez se percibían ya ciertas probabilidades
de aliviar el aislamiento diplomático de España, y el valor estratégico de la
península Ibérica se cotizaba más alto. La ayuda propagandística se hizo con
los escasos medios de que disponía España por aquel entonces, pero cumpliendo
siempre las peticiones formuladas por los diplomáticos acreditados.
FILIPINAS.
Las relaciones entre España y las Filipinas fueron cordiales desde su comienzo,
en 1946, cuando el Archipiélago obtuvo su independencia de los Estados Unidos,
a cuya celebración Madrid envió una Embajada extraordinaria. La importancia
cualitativa de la colonia española influyó decisivamente para que al año
siguiente, a pesar del boicot de las Naciones Unidas, se establecieran
legaciones en ambos países, así como para la firma del tratado de Amistad
bilateral de 27 de septiembre de 1947. Ante una decisión tan disconforme con la
directriz adoptada por la antigua metrópoli, el secretario filipino de Asuntos
Exteriores tuvo que dar explicaciones a Washigton sobre el hecho[10].
La posición de este país como amigo de Madrid favoreció durante este período la
posición internacional del régimen franquista, pues siempre votó a favor de las
resoluciones en que se pedía la admisión española en las Naciones Unidas
y su reincorporación a la comunidad internacional.
THAILANDIA.
A causa de la información remitida por la, escasa pero influyente, colonia de
misioneros españoles en el antiguo Siam[11],
llegó en febrero de 1949 el primer representante español con residencia
permanente en Bangkok, Fernando Vázquez Méndez. Después de doce años en los que
ni siquiera había habido comunicaciones ni informaciones de representantes
sobre este país, se iniciaron unas relaciones realmente privilegiadas entre las
dos capitales, motivadas por la simpatía política del régimen franquista hacia
la monarquía anticomunista del Reino.
A partir de este mismo año de 1949, Thailandia se convirtió también en
plataforma de apoyo a la causa franquista y de sus relaciones con los Estados
Unidos, con cuya Embajada se mantuvieron excelentes contactos: "(...) sin
temor a equivocarme, se puede afirmar que es la Embajada que mantiene mejores
relaciones con esta Legación"[12].
Las relaciones entre España y Thailandia tomaron un gran incremento, como
consecuencia de esta vinculación anticomunista[13];
firmándose un Tratado de Amistad, Comercio y Navegación en 1952, y elevándose
la Legación al rango de Embajada cuatro años después de la llegada de Vázquez
Méndez.
CHINA NACIONALISTA.
Las relaciones con este país constituyeron una excepción en el favorable trato
ofrecido a Madrid por otros gobiernos anticomunistas de la región. Durante la
Guerra del Pacífico, a pesar de los deseos de Madrid de establecer relaciones
con Pekín y de su disposición a renunciar durante la guerra al régimen de
extraterritorialidad en China, las autoridades del Kuomintang se mostraron
reacias a mantener relaciones con España. Así, en 1946, la Legación Española se
cerró oficialmente, aunque se mantuvo al personal diplomático español en una
situación oficiosa, tolerados por el gobierno sólo en virtud de su estancia sur
place en el país, sin posibilidad de ser sustituidos. Sus funciones estaban
dedicadas principalmente a la atención de los múltiples problemas de la colonia
de misioneros en China, y el aislamiento en que trabajaban, tanto en relación
con la península como con sus colegas en Japón, se les hacía agobiante[14]. Las relaciones del gobierno franquista
con el Kuomintang siguieron siendo tensas, incluso tras la victoria del Partido
Comunista en el continente en 1949, y no comenzaron a mejorar hasta después de
haber estallado la Guerra de Corea, cuando el gobierno nacionalista chino
modificó su política hacia Madrid, culminada con el establecimiento de
relaciones en 1952.[15]
La situación política existente en Extremo Oriente no podía ser más favorable
para su aprovechamiento propagandístico por parte del régimen de Madrid. Los
acontecimientos políticos en la zona parecían dar la razón al franquismo, en
sus argumentaciones sobre el "expansionismo comunista".
En el Sudeste de Asia, la situación era altamente conflictiva. Hô Chi Minh
instauró la Republica Democrática del Vietnam el 2 de septiembre de 1945,
estallando la guerra contra los franceses a fines de 1946. La declaración de
independencia de Indonesia fue proclamada por Sukarno el 17 de agosto de 1945 y
acto seguido estalló una guerra con los Países Bajos, que duró hasta septiembre
de 1949. En Malaysia, a mediados de 1948, el Partido Comunista abandonó la
confrontación en el marco constitucional y se lanzó a la lucha armada, junto
con el Ejército de Liberación Racial Malayo. En Singapur, el predominio de la
población china hacía temer también una sublevación comunista.
Más al Norte, en Japón, el período de posguerra fue conflictivo y la influencia
social del Partido Comunista desde 1947 a 1949 se reveló como fuertemente
desestabilizadora. En China, el Partido Comunista llegó al poder en 1949, con
Mao Ze-dong como líder del país mas poblado del planeta.
Pero el punto más cálido llegó a ser la península de Corea. La Guerra de Corea
(1950-53), por último, tuvo una gran importancia en la derechización de la
política exterior norteamericana, motivando allí una histeria anticomunista
ante la que capitularon los miembros más significados del Congreso. El papel de
ello fue clave en el inicio de la concesión de ayuda al régimen de Franco.[16] El régimen español vio muy clara la
importancia de este conflicto y llegó a proponer, incluso, el envío de tropas
españolas a Corea, con objeto de luchar contra el comunismo. La proposición no
podía ser aceptada, dado que Madrid aún no era miembro de las Naciones Unidas y
por tanto no podía formar parte del cuerpo expedicionario, pero nos demuestra
la importancia del fin propagandístico perseguido.
Sin poder establecer aún si existe una estrategia política o no, podemos hablar
de dos tipos de resultados posibles, refiriéndonos siempre a este área como
marco geográfico:
Es prematuro determinar la existencia ‑y, más aún, la importancia‑
de una ofensiva del franquismo en Extremo Oriente, desde el final de la guerra
mundial hasta 1953, cuyo objetivo sería ayudar al cambio de actitud
internacional hacia España. Por el momento, sólo podemos contar unos hechos que
sugieren la existencia de una mayor atención en España hacia acontecimientos
que surgen en la zona, aún cuando esta atención tuviera principalmente un
carácter indirecto.
Entre ellos, creemos, resultan significativos la creación de la Dirección de
Filipinas y Extremo Oriente dentro del Organigrama del Ministerio de Asuntos
Exteriores; el envío de un mayor número de diplomáticos a la zona en los
últimos años de la década de 1940 ‑dato que precisa de una mayor
confirmación y cuantificación‑, así como de periodistas[17].
Hay otros datos, como el estudio sobre la viabilidad de la reivindicación
jurídica de los archipiélagos en el Océano Pacífico que no habían sido cedidos
a Estados Unidos en el Tratado de París de 1899.
Además de los apoyos que Filipinas o Thailandia prestaron a España ante los
organismos internacionales, en cuanto países amigos, consideramos esencial el
papel indirecto que cumplió el llamado Extremo Oriente en el marco de
las relaciones con Estados Unidos y la propaganda ‑ en el sentido más
amplio de la palabra‑ que aprovechando la favorable coyuntura existente,
se dirigió hacia Washington, principalmente por medio de Tokio.
El contacto fácil con un grupo numeroso de altos funcionarios de la
administración estadounidense creó las condiciones para un apoyo a las tesis
franquistas sobre el valor estratégico de la península Ibérica, asi como para
su propagación en dirección a Washington y hacia otros centros de poder, a
pesar de las difíciles condiciones técnicas de las comunicaciones en la
posguerra.
Los superiores del Ministerio de Asuntos Exteriores no dejaron de sugerir a la Misión
Diplomática en Tokio esta petición de ayuda, con el fin de influir en un cambio
de actitud de los Estados Unidos (y, en menor medida, del Reino Unido) con
respecto a Madrid. Dentro de estos intentos, se puede tomar como un éxito la
promesa verbal de MacArthur de un futuro apoyo a España después de ser elegido
presidente de los Estados Unidos, aunque finalmente ni siquiera se presentó[18]. La lista de personas que traban
contacto amistoso con la misión diplomática española en Tokio, además de los
militares norteamericanos, ya hemos señalado que era larga.
Los esfuerzos realizados por el general Willoughby en su apoyo al régimen
autoritario español merecen capítulo aparte, por la dedicación tan encendida de
este general anticomunista hacia España. Dentro de sus actividades, podemos
destacar cuatro facetas:
1) Redacción y edición, por cuenta propia, de un pequeño libro titulado Bailén,
cabeza de puente hacia Europa, 1808-1948. Además de un encendido elogio de
las cualidades militares del General Franco, este libro era una completa
ratificación de las tesis mantenida entonces por Madrid sobre la importancia
estratégica de la Península Ibérica como retaguardia en caso de un ataque
soviético a Europa. Tras pagar el mismo Willoughby la edición de 1.000
ejemplares, éstos fueron entregados discretamente por el gobierno español con
el fin de ser distribuidos en Estados Unidos ‑también en el Reino Unido‑,
y en las Embajadas en España, Legaciones en el extranjero y centros militares.
2) Inclusión, en el número de mayo de 1949 de la popular revista norteamericana
Reader's Digest, del artículo "Why not a sensible policy toward
Spain?", escrito por el congresista Dewey Short, en el que se proponía un
cambio de actitud del gobierno estadounidense hacia España. La aparición del
artículo en esta revista es considerada por el Director de Filipinas y Extremo
Oriente, Ignacio de Mugiro, como "uno de los mayores éxitos que en materia
de propaganda se han tenido últimamente"[19].
3) Relaciones entre ciertos círculos militares y de prensa. Así, por ejemplo,
su contacto con los propietarios de las revistas Time o Reader's
Digest, del periódico Chicago Tribune, o de la productora Twentieth
Century Fox. Asimismo, entre el poder político, contaba con amistades en la
comisión de Asuntos Exteriores del Senado, incluido su presidente, así como en
otros centros de decisión[20].
4) Entrega de información confidencial al gobierno de Madrid, a través del Jefe
de la Misión Diplomática en Tokio. Nunca se mencionaba expresamente a
Willoughby como el informante, pero se intuía claramente. En este punto se
vuelve a destacar el valor estratégico de España y su importancia para los
Estados Unidos.
La pregunta esencial que surge al estudiar esta presencia de España en el Asia
Oriental en la posquerra es en qué sentido influyeron estos movimientos en el
cambio definitivo de la actitud estadounidense respecto a España y, más
concretamente, para la consecución del Acuerdo Hispano-Norteamericano de 1953.
Ángel Viñas y el profesor Marquina Barrio insertan en sus libros algunas
menciones sobre la importancia de la Guerra de Corea; el primero sobre el valor
propagandístico y el segundo sobre el militar[21].
Este impulso de la presencia en el Asia Oriental y su posible influencia en los
órganos de decisión estadounidenses es difícilmente mensurable y falta aún por
profundizar en su estudio. En 1950 se establecieron relaciones diplomáticas con
Vietnam; en 1952 se elevaron las relaciones con Japón, Filipinas y la China
Nacionalista a nivel de Embajada y se concluyó el Tratado de Amistad con
Thailandia; en 1953 ocurrió lo mismo con la representación en este país y el
Ministro de Asuntos Exteriores español, Alberto Martín Artajo, visitó
Filipinas. Concluidos los pactos con los Estados Unidos, los pasos dados hacia
la mejora de relaciones con los países del Asia Oriental no dejaron de ser
importantes, pero a partir de la fecha mencionada perdieron el vigor anterior.
Ya no parecían ser causa de un impulso político, sino simplemente fruto de la
acción exterior borocrático de un Estado. Hubo un "política de sustitución"
en Asia Oriental, pero fue breve.
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