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Historia 16,
año XX, 233 (1995): 17-24.
ESTADOS UNIDOS ESPIO A ESPAÑA DURANTE LA
GUERRA MUNDIAL
Florentino Rodao
La contrainteligencia
norteamericana y España
Razones para el espionaje a neutrales y Aliados
Funcionarios españoles
y códigos secretos
Desde enero de este mismo año se puede comprobar documentalmente lo que
ya era posible intuir desde hacía algún tiempo: Washington decodificó durante
la guerra mundial las comunicaciones de más de 30 naciones, tanto enemigas como
neutrales y aliadas.
Desde el año 1978, con la apertura parcial al público de unos boletines
llamados Magic Summaries o, mas tarde, Magic Diplomatic Summaries,
se supo que EE.UU. había descifrdo, sin apenas errores, las comunicaciones
secretas enviadas y recibidas por los diplomáticos japoneses durante la Guerra
Mundial a lo largo del mundo. Esos Magic Summaries se editaban
diariamente y eran una selección de las partes más interesantes de los telegramas
descifrados por el servicio de contrainteligencia norteamericano del
Departamento de la Guerra. Tuvieron una importancia clave en el desarrollo de
la guerra aunque el número de copias distribuidas no llegaba a 20.[1]
Una carta del Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Marshall sintetiza
esa importancia:
"[...]La Batalla del Mar del Coral estuvo basada
en los mensajes descifrados y por tanto nuestros pocos barcos estuvieron en el
lugar apropiado en el momento justo. Además, fuimos capaces de concentrar
nuestra fuerzas limitadas para enfrentarnos con su avance naval sobre Midway,
cuando de otra forma habríamos estado casi seguramente unas 300 millas fuera
del lugar[...] Las fuertes pérdidas de las que se informa de tiempo en
tiempo que ellos sufren a causa de nuestra acción submarina resultan
principalmente del hecho que nosotros sabemos las fechas de partida y
rutas de sus convoyes, y podemos notificar a nuestros submarinos que esperen en
los lugares apropiados"[2]
El revuelo propiciado al saberse la decodificación de
códigos japoneses afectó directamente a España, puesto que sus diplomáticos en Estados
Unidos fueron acusados de espiar a favor de Japón. Ciertamente, uno de los
descubrimientos más llamativos fue conocer la existencia de una Red de
espionaje, Tô (Oriente), compuesta por españoles y dirigida desde
Madrid, que recogía información para los japoneses, tanto desde Londres como
desde Estados Unidos, pero sólo un diplomático formó parte de esta red,
Francisco de Kobbe Chinchilla, y además desde territorio canadiense.[3]
Palabras,
líneas, párrafos y hasta páginas enteras siguieron censuradas en los Magic
después de 1978. En el caso de las palabras, la principal razón fue
mantener oculta la identidad de personajes sin carácter oficial y, por ejemplo,
el nombre del jefe de esta red Tô, Ángel Alcázar de Velasco, aparecía
siempre tachado, al contrario de los que ostentaban cargos públicos, como en el
caso de Ramón Serrano Suñer. Sobre el censura de líneas, la razón principal fue
el ocultamiento de cuestiones relativas al funcionamiento técnico del contraespionaje,
como eran las referencias a los mensajes decodificados completos.[4]
En el caso de los párrafos y las páginas completas, por el contrario, la razón
fue impedir que se supiera que la labor de contraespionaje no se había limitado
a los diplomáticos japoneses y a los alemanes (sus mensajes aparecen también en
ocasiones), sino que se hizo lo mismo con otros países. Esta conclusión se
podía intuir teniendo en cuenta algunos datos, como que la proporción de partes
tachadas en el boletín aumentaba según avanzaba la guerra y se iban cerrando
más y más legaciones diplomáticas japonesas. Los boletines editados desde la
primavera del año 1945 ya aparecían censurados en gran parte, aumentando
progresivamente hasta noviembre de 1945 (cuando Magic deja de editarse),
en que las partes permitidas a la consulta son mínimas. No se pueden aún
consultar estos boletines desde el fin de la guerra mundial, pero es de suponer
que, además de las estrategias de los diplomáticos japoneses ante su próxima
entrega a los aliados, también incluirían noticias sobre las estrategias para
la paz de muchos otros países. Por otro lado, resultaba extraño entender porqué
no constaba en los Magic ninguna comunicación italiana interceptada;
Mussolini y su gobierno no tienen fama de haber poseído una tecnología
especialmente avanzada en comunicaciones secretas.
La labor de censura de los boletines fue
realizada por archivistas de forma muy profesional y resultaba difícil
encontrar resquicios en las partes tachadas sobre qué razones habían llevado a
censurar los párrafos. Algunas referencias cruzadas en boletines indicaban
temas, pero no las razones concretas de la censura. Sólo en dos ocasiones
pudimos encontrar indicios que permitían suponer que también se incluían
comunicaciones españolas en los Magic, gracias a los encabezamientos de
los bloques de noticias, que señalaban el lugar de procedencia del, o los,
mensajes en relación con un tema. En los boletines de 30-XII-1942 (p. 9) y de
15-XII-1943 (p. 8) se podía ver el lugar de procedencia de un párrafo tachado
al aparecer: "Madrid; Washington". En el caso de la capital española
era posible leer la información, firmada por Suma Yakichirô (el nombre después
del apellido), Ministro nipón en España; pero en el caso de Washington, todo el
párrafo aparecía censurado. Era difícil que ninguna agencia del Eje pudiera
enviar información desde el mismo corazón de Estados Unidos, por lo que sería
factible pensar que proviniera de un país con representación allí. Siguiendo
esa idea, la temática sugería que esa otra información procedente de Estados
Unidos podía provenir de la Embajada Española en Washington, precisamente
porque Madrid estaba implicado en esos asuntos; en el primer caso la
información era sobre la desaparición de unas perlas enviadas desde Tokio, por
medio de la valija diplomática española, aparentemente con el objeto de pagar
actividades de espionaje y en el segundo caso, la noticia era sobre el tratamiento
a los detenidos japoneses en Estados Unidos, tarea que estaba encargada a
España como representante de los intereses japoneses en todo América del Norte.
La principal prueba que podía demostrar que se conocían las comunicaciones
diplomáticas españolas, no obstante, era un telegrama del Ministro español en
Tokio, Santiago Méndez de Vigo, de 26 de octubre de 1943, que se refería a sus
dificultades para seguir una normalidad durante la guerra y en el que
mencionaba también una atmósfera derrotista en Japón, así como una fuerte
insatisfacción hacia el primer ministro, Tôjo Hideki. Lo interesante de este
telegrama es que se leyó tanto en Londres como en Washington. En Magic
de 16 de Octubre de 1943, aparecía este telegrama de una forma extraña, quizás
por eso salvando la censura del archivero: "El 7 de octubre el embajador
norteamericano [Carlton H.] Hayes informa desde Madrid que el Ministro español
en Japón [Méndez de Vigo] ha avisado a su gobierno de...", apareciendo
después varias páginas tachadas. El texto pudo haberse modificado para no
parecer una interceptación[5] o incluso alguien del Ministerio de
Exteriores español podía haberlo entregado de motu propio, pero las
sospechas van dirigidas a la interceptación por parte de Estados Unidos,
gracias al hecho que este mensaje se puede encontrar también en el Public
Record Office de Londres, en donde aparece el mismo telegrama de Méndez Vigo,
recibido por medio del Comité de Inteligencia Conjunto (Joint Intelligence
Commitee).[6]
A partir de 1993, estas sospechas sobre la cobertura del espionaje americano se
pudieron comprobar gracias a Gar Alperowitz, investigador del Institute for
Policy Studies de Washington, DC. Alperowitz presentó un pleito a la
Agencia de Seguridad Nacional (NSA) bajo la Ley de Libertad de Información
(Freedom of Information Act) argumentando que las consideraciones políticas
fueron mucho mayores que las militares en la decisión de usar la bomba atómica.
Para comprobar su hipótesis, alegaba, necesitaba poder consultar enteros los
boletines del año 1945. La NSA se negó durante tres años afirmando que la
difusión de esa información causaría un "grave daño" a la seguridad
nacional, hasta que tuvo que rendirse a la decisión de los tribunales y abrir
al público sin censura los boletines Magic, desde enero de 1945 hasta el
fin de la guerra mundial. Así, a partir de Agosto de 1993 se pudo saber que
Estados Unidos había interceptado las comunicaciones de, al menos, 33 países:
Bélgica, Bolivia, Bulgaria, Chile, China, Colombia, Dinamarca, Ecuador, Egipto,
Finlandia, Francia, Grecia, Irán, Italia, Liberia, Luxemburgo, México, Holanda,
Noruega, Paraguay, Perú, Polonia, Portugal, Arabia Saudí, España, Suiza, Siria,
Turquía, Uruguay, Venezuela y Yugoslavia, así como las de Japón y Alemania.[7]
Después, a partir de enero de 1995, se ha facilitado la consulta de todo el
boletín Magic, sin censura; desde su comienzo, en marzo de 1942, hasta
el final de la guerra, aunque quedando aún en penumbra esas partes censuradas
desde el final de la guerra mundial hasta finales de noviembre de 1945.
Gracias a ello se han podido leer completamente las partes censuradas del
boletín, tanto los nombres anteriormente ocultos como los párrafos que,
efectivamente, correspondían a telegramas procedentes de países diferentes a
Japón o Alemania.
La lógica en la interceptaciones no dejaba
de tener sentido dentro de su esfuerzo de guerra: Washington sabía que los
diplomáticos aliados o neutrales podían dejar pasar información confidencial al
enemigo, tanto inadvertidamente como a propósito. Durante la guerra, por
ejemplo, los controles de las valijas diplomáticas fueron normales a pesar de
que teóricamente debían de contener únicamente mensajes oficiales y tanto
España como Suiza, Suecia, Portugal y otros países tuvieron que pasar la
humillación durante la guerra de tener que abrir su correspondencia oficial a
la inspección militar. No iban descaminados estos controles; uno de los
telegramas a los que nos hemos referido antes era sobre el intento de financiar
la red de espionaje en España por medio de unas perlas de la firma Mikimoto,
las cuales fueron introducidas en la primera valija española que salió de
Extremo Oriente durante la guerra, aparentemente sin saberlo los diplomáticos
hispanos.[8] En el caso de los mensajes, Estados
Unidos desconfiaba que el Eje pudiera descifrar informaciones enviadas a sus
gobiernos por representantes como el Mexicano.[9]
Por otro lado, tanto en tiempos de guerra como en los de paz, las naciones
tratan de conocer lo que piensan o planean los demás y los límites para recoger
información confidencial no están en la ética, sino en la capacidad
tecnológica. El especialista norteamericano en inteligencia, Thomas Polgar,
declaraba al New York Times: "Tú espías donde tienes intereses. El
espionaje está limitado únicamente por la disponibilidad de los recursos. Si
tienes recursos para hacerlo, lo haces" (11 de agosto de 1993) Los Estados
Unidos ya habían reconocido anteriormente que no habían esperado al ataque a
Pearl Harbor para intentar descifrar lo que pensaban y planeaban los que serían
después sus enemigos japoneses: al tiempo que se abrió Magic fue
publicado un informe realizado en 1944 sobre la información que poseía Estados
Unidos previa al comienzo de la Guerra del Pacífico, titulada The
"Magic" Background of Pearl Harbor (Los antecedentes Magic
de Pearl Harbor). Eran un total de cuatro volúmenes de texto más otros tres con
comunicaciones diplomáticas japonesas descifradas desde 1940 y en el prologo se
señala que a partir de otoño de ese año el contraespionaje norteamericano
habían conseguido desentrañar algunos de los sistemas criptográficos de mayor
nivel del Ministerio de Exteriores Japonés o Giamushô. Obviamente,
Washington no había esperado a que cayesen las bombas en Pearl Harbor para
preocuparse por decodificar los mensajes japoneses. El único dato nuevo sobre
el comienzo de esta decodificación a los japoneses es que hay que remontarse
más temprano, hasta 1934, fecha desde la que también se descifraron algunas
comunicaciones diplomáticas japonesas con la llamada Red Machine, que
había sido introducida por la Marina Japonesa en 1931 y cuyos fondos
también se pueden consultar en los Archivos Nacionales de Estados Unidos desde
1994.[10]
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Ante la nueva documentación surgen preguntas adicionales; ¿Queda más material
para ser abierto a la investigación? ¿Porqué estuvo tanto tiempo funcionando Magic
sin darse cuenta, aparentemente, los japoneses? ¿Los españoles sabían que
les estaban espiando sus comunicaciones? ¿Cómo utilizó Estados Unidos esta arma
con España?. Sobre la documentación que puede seguir esperando a la
autorización para ser consultada, ha de ser bastante aún, y esperemos que se
haga lo antes posible. La apertura podría seguir con esos documentos que ya
fueron incluidos en Magic cuando la paz estaba recién inaugurada.
También se podría permitir pronto la consulta de las comunicaciones de los
militares japoneses (en Magic aparecen solo las de diplomáticos) que,
tal como nos muestra la carta del general Marshall, también fueron
decodificadas. Su consulta puede ser menos emocionante, pero también puede
ayudar a responder casos concretos, como la muerte del General Yamashita o la
misma necesidad militar, o no, de utilizar la bomba atómica, tal como suponemos
que Gar Alperowitz desea saber. Además, es de desear que el mayor número
posible de países sigan el ejemplo de los Estados Unidos y de sus archiveros,
que ahora parece planea autorizar la consulta de material en lengua alemana;
Gran Bretaña ya ha dado el paso de permitir el acceso a documentos en los que
también se puede comprobar que las comunicaciones españolas también fueron
interceptadas por su contraespionaje. España, donde los Archivos militares aún
no se sabe oficialmente dónde están localizados, podría tomar también alguna
iniciativa.
Volviendo al espionaje durante la Guerra Mundial, habría que preguntarse si los
actores de estas historias, y más concretamente los diplomáticos japoneses,
eran conscientes del doble y triple vigilancia a la que se estaban sometidos.
Evidentemente, era difícil saber hasta qué punto los Aliados sabían sobre sus
actividades; no obstante, una de las principales incógnitas que aún quedan
sobre la guerra es porqué los japoneses confiaron tan ciegamente en su sistema
de comunicaciones y no cambiaron el sistema de códigos durante casi siete años
(la Máquina Red fue sustituida gradualmente por la Magic a partir
de 1938). No es lugar este estudio para extenderse en un tema tan complicado,
pero si es remarcable señalar que a los nipones no les faltaron indicaciones
para dudar de la fiabilidad de su sistema. Desde el verano de 1941, incluso,
los alemanes ya les informaron que sabían perfectamente sobre sus
conversaciones secretas con Estados Unidos para evitar la entrada en la Guerra;
tras enterarse del hecho, el Gaimushô preguntó a su representación en
Washington y el propio Embajador, Nomura Kichisaburo, reconoció tras una
investigación que, efectivamente, habían sido descubiertos algunos códigos,
pero no se hizo nada. Después, en 1943, Francisco José de Cárdenas (embajador
hispano en Washington, que debía tener una cierta simpatía a Japón por haber
sido destinado allí con anterioridad) se lo comentó a su colega Suma en una
entrevista personal durante un viaje a España; el japonés relata que "por
dos veces sus párpados bajaron y dijo meditadamente, considerando con un
cuidado especial, en una voz suave y medio preguntándose: "Es extraño lo
rápido que los Estados Unidos descubren sobre asuntos como éste [La
interceptación del envío de perlas por medio de la valija española]. Me
pregunto si los códigos japoneses son seguros"".[11]
La contestación vino a los pocos días, cuando desde Tokio respondió su
Ministro, Shigemitsu Mamoru: "He estudiado el asunto desde diferentes
puntos de vista, pero no puedo creer que esto sea el resultado de que ellos
hayan descifrado nuestros códigos".[12]
Meses mas tarde, Morishima Morito, Ministro japonés en Lisboa, envió un informe
en el que se afirmaba: "Estados Unidos está usando unos 200 expertos en
japonés para preguntas a prisioneros de guerra y descifrar mensajes en
código".[13] Tampoco fue tomada medida alguna.
Desde
una perspectiva actual es difícil comprender porqué no cambió Tokio el sistema
de comunicaciones tras estos avisos, pero es necesario quizás situarse en esos
momentos y en esa situación. Para explicar de una forma racional el
comportamiento japonés habría que tener en cuenta el costo que debía suponer
poner en marcha un nuevo sistema de comunicaciones, así como las tretas que
hicieran los norteamericanos para mantenerlos engañados (Tokio, por su parte,
parece que también interceptó algunos documentos secretos de Washington).[14]
Sin embargo, para comprenderlo mejor hay que remitirse a la mentalidad nipona
de entonces (y de ahora, de alguna forma) que consideraba tan difícil que un
extranjero pudiera conocer bien el japonés; un occidental que habla bien su
idioma es un henna gaijin o extranjero extraño. Esta idea de la
imposibilidad de descifrar sus códigos y de conocer su lenguaje perfectamente
tuvo que estar en el fondo de los escasos esfuerzos por rehacer el sistema de
comunicaciones, además de ser escasamente comprensible en el ambiente
ultranacionalista del Tokio de la guerra que japoneses viviendo en Estados
Unidos pudieran servir de motu propio en la lucha contra "su propio
Imperio". El ambiente xenófobo del país en aquellos tiempos había de
ayudar a dudar de afirmaciones que ahora nos parecerían palpables.
Los
diplomáticos españoles, por el contrario, bien hubieron de saber que sus
comunicaciones podían acabar también en Washington, Berlín o Londres. Ya
desde antes de la Guerra del Pacífico, el Ministro en Tokio, por ejemplo,
añadía a lápiz los comentarios más interesantes de sus despachos y Cárdenas, en
Washington, bien había de saber que sus pasos eran considerados sospechosos. En
marzo de 1942 ya salieron unas informaciones en la prensa afirmando que la
Embajada de Japón en Madrid era un centro de propaganda para difundir noticias
tendenciosas por los Estados Unidos.[15]
Después, esa desconfianza hacia la legalidad de las actividades gobierno de
Franco la hizo pública el propio Secretario de Estado, Summer Welles, al
afirmar, en un discurso celebrado en Boston en octubre de 1942, que agentes de
Eje en Chile y Argentina estaban enviando información por medio de Cuba y
Barcelona.[16] En los archivos del Ministerio de
Exteriores se pueden también encontrar referencias a la fragilidad en las
comunicaciones; en el caso de Tokio, el propio Agregado Militar, enviado en
1943, solicitó se le enviaran nuevas códigos secretos: "indispensable
sustituir [la] clave [de la] legación [de España en Tokio, que]
seguramente [es] conocida [por lo que] no ofrece garantía".[17]
La respuesta fue que no era posible por razones técnicas, entre otras la
imposibilidad de enviar otra persona más de Japón a España en plena guerra, y
por tanto se le instruyó a "decir discretamente cuanto crea oportuno y no
resulte comprometido para el ejercicio de su misión allí, si los despachos
fueran descifrados."[18]
Por último, sería interesante saber cómo utilizó Washington esa presunta
ventaja sobre España (quizás el gobierno franquista también fue capaz de
descifrar alguna comunicación de Washington, aunque parece difícil que llegara
a tal nivel). Obviamente, el principal perjudicado había de ser el
funcionamiento de la Red de Espionaje y todo traspaso de información
confidencial a Japón; desde fines del mes de junio de 1942, aunque aún no se
conocía la existencia de la Red Tô, ya se sabía en Washington
detalladamente cómo los japoneses recogían información en España por medio de
los telegramas y despachos de los diplomáticos españoles, de los informes del
servicio secreto español desde Inglaterra y de cualquier otra información
confidencial que le llega a Suñer. Saber por adelantado lo que opinaban los
españoles e incluso las notas que se les iba a presentar oficialmente,
obviamente, tenía que ser una ventaja para Washington en todo tipo de
negociaciones con Madrid. A pesar de ello, en ocasiones se envanecía el
Embajador Cárdenas de sorprender a los americanos.
Los americanos fueron los que pudieron sacar mejor partido al "elemento
sorpresa", gracias a esta calidad de sus fuentes de información,
puesto que no puede haber fuente de inforación confidencial mas fiable que las
propias comunicaciones secretas de los otros países. El ejemplo más claro de
utilización norteamericana del contraespionaje en su relación con España,
quizás, fue con el llamado Incidente Laurel, durante el que se vivieron
los momentos más tensos en las relaciones hispano-estadounidenses durante la II
Guerra Mundial. El Incidente se originó en octubre de 1943, cuando José P.
Laurel, Jefe del Gobierno filipino apoyado por los japoneses, envió un
telegrama informando de la proclamación de la independencia. Fue contestado
después de varios días con un texto muy diplomático en el que no se reconocía
explícitamente la independencia, pero que iba dirigido a "José Laurel,
Presidente de la República de Filipinas". El Eje utilizó el telegrama
propagandísticamente y después de ello, pasados unos días, el Departamento de
Estado mostró una dureza inusitada ante Madrid: prohibió a su Embajador Hayes
que conversase con el Ministro de Exteriores, Jordana y en Washington impidió
que Cárdenas pudiera visitar a ningún funcionario con responsabilidades,
mientras que la prensa renovaba sus acusaciones al gobierno de Franco y se
disparaban los rumores sobre un posible desembarco aliado en España. Todo ello,
en un momento especialmente tenso para España por la celebración de la
Conferencia de Teherán entre los Aliados y no saberse aún qué se había
decidido. La reacción de Washington no estuvo motivada solamente por ese
presunto reconocimiento (los propios americanos tuvieron claro desde un
comienzo que ese telegrama estaba redactado de tal forma que no incurría a
España a hacer nada; de hecho, los ingleses también conocieron el envío del
telegrama, pero no hicieron nada), sino por haber captado un telegrama de Suma
Yakichirô a su ministro en Tokio en la que informaba de una advertencia del Jefe
de Inteligencia del Ministerio de Exteriores, el Marqués de Rialp, para que el
telegrama no se utilizara de forma propagandística: El telegrama [a Laurel]
"muestra la real preocupación de los funcionarios españoles y la población
sobre las Filipinas, por lo que les aconsejo a ustedes japoneses que vayan con
tiento".[19]
Conocer las dudas del gobierno español hubo de ser
crucial para que inmediatamente después de decodificarlo estallara el Incidente
(diez días después del telegrama de Jordana) con la orden a Hayes para
evitar todo contacto con el Ministerio de Exteriores. El "Incidente
Laurel" consiguió poner al régimen franquista contra las cuerdas y minarle
la moral para acceder a la celebración de unas conversaciones que acabarían,
casi medio año más tarde, con la aceptación por España de no vender mas
wolframio a Alemania. Visto desde la lejanía, el aprovechamiento del Incidente,
aparentemente gracias a la intercepción de mensajes, fue excelente: las fuertes
tensiones ya existentes entre España y Japón, que los americanos conocían
-tanto por los mensajes descifrados como por las conversaciones de Hayes con
Franco y Jordana- fueron traspasadas a las relaciones entre España y Alemania,
algo que interesaba mucho más a los aliados. Así, una vez que Madrid accedió a
comenzar estas negociaciones, después de dos semanas de tensión, el presunto
enfado norteamericano por ese telegrama a Laurel se diluyó inmediatamente y
Washington contribuyó a echar tierra sobre él. El objetivo se había
conseguido.