Publicaciones académicas Principal

Revista
Iberoamericana
Seúl:
Instituto de Estudios Iberoamericanos, Universidad Nacional de Seúl,
Núm.
7: 186-191.
Estudios en Asia y Corea en la Universidad
Complutense de Madrid
Estimados
congresistas,
Es un honor poder
participar en este foro, no solo por la alegría de estar con ustedes, por hacer
nuevos amigos y por volver a ver antiguas caras, sino también por hablar de
algo complementario a lo que están realizando ustedes en su carrera
profesional.
Me explico: si bien
ustedes están impulsando el conocimiento de España en Asia, yo quisiera hablar
de lo contrario, de los intentos de conocer Asia en España. No solo hay
asiáticos hispanistas sino españoles asianistas, aunque no se si esta palabra
me la admitirán los filólogos aquí presentes.
España, como muy
bien saben, es poco conocida en Asia si la comparamos con la continua presencia
de Estados Unidos. No obstante, bien sabemos también que la presencia de lo
hispánico se incrementa a marchas forzadas en este continente. Este congreso
donde estamos reunidos, de hecho, demuestra que España está viva en Asia.
Japón, Corea, Taiwan, Filipinas, Tailandia; todos ellos son países donde la
enseñanza del español está en auge desde hace bastantes años. Más aún, tras
esta labor se han venido desarrollando iniciativas que no son sino expresión de
este creciente interés por los hispano, como es el creciente número de libros
traducidos o la creación de un Museo en la isla japonesa de Shikoku dedicado
exclusivamente al arte español.
No ocurre lo mismo
con Asia en España. La sociedad española ha vivido muy alejada del llamado Extremo
Oriente y lo ha sentido lejano, tanto física como mental o culturalmente.
Hay más asiáticos hispanistas que españoles asianistas.
Si analizamos las
razones con una visión histórica podremos percibir varias: la problemática
política interna ha obligado a centrar la atención hacia dentro, América Latina
ha concentrado los intereses españoles hacia el exterior y, además, la
presencia en Filipinas hasta 1898 fue tan desastrosa que supuso un obstáculo,
más que un acicate, a los contactos hispanos con el resto de Asia.
Pero además de
estos factores, creo que hay otra razón, muy importante, que no sólo ha
influido en el pasado, sino que permanece en la actualidad: la imagen de Asia
como algo exótico. Lo exótico es aquello que para conocerlo basta con oir
algunas costumbres y ver unas fotos. No se necesita sino conocer de forma
superficial y, de hecho, la amplia utilización en España de la palabra Extremo
Oriente denota que el distanciamiento no sólo se puede medir en kilómetros
sino también en el escaso grado de interés por conocerlo a fondo. Infinidad de
ejemplos hay de ello, pero me vienen a la memoria los comienzos de la enseñanza
de lenguas asiáticas y africanas en el Colegio Mayor NS de África, a fines de
la pasada década. Entonces, todos los reportajes periodísticos resaltaron esa
faceta exótica del aprendizaje de lenguas: se ofrecían cursos para entretener,
desde indonesio o japonés hasta papiroflexia o ikebana. El mensaje aparecía
claro, al menos para mi: aprender idiomas "minoritarios" podía ser
una satisfacción personal, pero no un mérito a la hora de buscar trabajo. Es
como si se asemejara la enseñanza del español con la de las sevillanas,
pongamos por caso.
El reciente auge
económico de Asia ha introducido un nuevo factor en esa percepción de su
exotismo: son avanzados, modernos incluso, luego algo hay que aprender de
ellos. El campo de interés por Asia se ha ampliado: ya no sólo se miran las
fotos, también se consultan las estadísticas. Es un adelanto, pero el problema
de esa percepción exótica continúa, porque Asia sigue siendo un continente que
se sigue viendo como algo casi imposible de conocer. Y es que el auge no es sólo
económico, sino también político y cultural.
La sociedad
española sigue sin darse cuenta de ello y aquí es donde el papel de la
Universidad, creo, es fundamental. Porque para borrar esa imagen exótica (tanto
la de la fotografía buscando tipismo como la más reciente de un lugar donde
ganar dinero fácilmente a raudales) Asia debe pasar a las aulas de las
Universidades. La Universidad discrimina lo que es científico de lo que no lo
es, pero en el caso de Asia no se ha hecho aún. Es difícil discernir los libros
serios sobre Budismo o sobre religiones asiáticas de los que no lo son, entre
otras razones porque en ninguna universidad hay asignatura alguna dedicada a
esta parte tan importante de la cultura asiática. La Universidad, en
definitiva, ha de cumplir la labor de liderazgo ante la sociedad: el japonés,
el chino, etc, han de enseñarse en sus aulad, pero para aprender ikebana o judo
hay que acudir a otros centros.
Con esta idea
estamos intentando poner en marcha en España los estudios de Asia. La mejor
forma de mejorar las relaciones a largo plazo es aumentar el número de personas
con un conocimiento profundo, los especialistas. De la misma forma que ustedes
son los mejores abogados de España en Asia, faltan españoles que aboguen por un
mejor conocimiento de su región en España.
Hasta fechas
recientes, las posibilidades de formar especialistas han sido muy escasas. El
repertorio de asignaturas sobre Asia ha sido muy limitado y principalmente se
ha concentrado en la Universidad Complutense: "Arte de Extremo
Oriente", "Expansión Europea en Africa y Asia" o "Historia
de la Expansión Ibérica en el Pacífico". Los nuevos planes de estudios han
mostrado una evolución siguiendo las nuevas tendencias: esa asignatura de Arte de
Extremo Oriente no sólo ha perdido ese nombre, sino que se ha desdoblado en
Arte Indio, Chino, Japonés y del Tibet, además de generar otra sobre la
influencia del arte asiático en Occidente. Las asignaturas de Historia cuyo
título implicaba que lo más importante de la vida de Asia habían sido los
occidentales que habían pasado por allí han dejado paso a títulos mas
"políticamente correctos". Además, se han creado nuevas asignaturas
optativas en los planes de estudios que, poco a poco, posibilitan esa deseada
formación de especialistas: "Geografía de Extremo Oriente" y
"Relaciones Internacionales y procesos de integración en Asia
Oriental" son dos asiganturas que van a ser impartidas por primera vez en
el curso 1996-97, una vez que los nuevos planes de estudios entran en el
segundo ciclo. Otra asignatura, Lengua y Cultura Japonesa, ha sido introducida
en el curso y esperamos que permanezca a raíz del éxito de alumnos.
Por otro lado, la
enseñanza de chino y japonés en el Instituto de Idiomas proyecta convertirse en
asignatura optativa con créditos para el curriculum del estudiante y por tanto
con validez académica. Con ello, podrá llegar a ser posible que sean
recompensados oficialmente los esfuerzos de los estudiantes que al tiempo que
estudian una carrera se esfuerzan por aprender chino, japonés o coreano. No es
una cuestión banal, porque conocer estos idiomas es necesario para cualquier
sociólogo, historiador o economista que se quiera especializar en estos países.
En otoño de 1993,
por otro lado, se fundó el Instituto Complutense de Asia o ICA. Desde este
centro, además de servir de consultoría para empresas que pensaban en invertir
en China, se han impulsado los estudios de postgrado en la Universidad,
surgiendo las primeras titulaciones en España exclusivas sobre Asia. El
Diploma-Certificado de Estudios Asiáticos, el programa de Doctorado
"Perspectivas Económicas de Asia Oriental: un enfoque
interdiscipliar" y el I Master sobre Asia. Al mismo tiempo, han aparecido
dos publicaciones con objetivos diferentes, pero complementarios: Revista de
Estudios Asiáticos, con números monográficos de artículos de investigación,
y Memoria de Asia, boletín cuatrimestral para la difusión de las
actividades sobre Asia en España, con el objeto de servir de conexión entre los
numerosos, pero dispersos, asianistas españoles. Desde el ICA, también,
se está impulsando la coordinación de los profesores de la Universidad
Complutense en relación con Asia y la creación de grupos de investigación,
muestra de ello es uno dedicado a la comparación del estudio de la evolución
del Medio Ambiente y el Desarrollo y otro en ciernes para investigar sobre
Sistemas Políticos en Asia.
Corea no está
olvidada en estos impulsos, no solamente por su importancia cualitativa en si
(mayor aún será tras la unificación con el Norte) sino por tener algunos de los
principales especialistas españoles en este país, Alfonso Ojeda y Pablo
Bustelo. Así, se han ofrecido en el Diploma de Estudios Asiáticos las
primeras clases específicas sobre la economía y la situación política del país,
incluyendo una leve introducción al coreano. También, por primera vez, se
envían estudiantes de doctorado a estudiar coreano de forma intensiva para
conseguir formar especialistas que puedan investigar para su Tesis Doctoral en
este idioma. Por último, el Rector Rafael Puyol vendrá a Corea el próximo otoño
con el fin de incrementar los contactos. En definitiva, se puede pensar que en
algunos años comenzarán a escribirse Tesis Doctorales y trabajos sobre Corea,
que la enseñanza del coreano pasará al programa de estudios de esta universidad
y que habrá una mayor colaboración para incrementar los estudios de Corea, tal
como ya ha acordado la Universidad Autónoma de Barcelona gracias a los
esfuerzos de la agregada Cultural de la Embajada. Quizás podamos pensar, para
un futuro, en la creación de un Centro de Estudios Coreanos dentro de un
Instituto Complutense de Asia.
Las perspectivas
son halagüeñas, es cierto, pero más bien a un plazo medio-largo. La Universidad
tiene escasos presupuestos y múltiples prioridades urgentes que impiden planear
para un futuro. Las subvenciones de empresas siguen siendo muy escasas, puesto
que todavía no se considera necesario hablar un idioma para trabajar con este
país, menos aún conocer su cultura. Siguiendo con los negocios, esta imagen
reciente de Asia como lugar para enriquecerse rápidamente ha dañado los
esfuerzos a largo plazo para conocer la región. En definitiva, aún no se ha
logrado cambiar la percepción de Asia y la sociedad sigue sin pedir un
conocimiento profundo.
Esperemos, no
obstante, que el futuro nos depare un mayor acercamiento mutuo, en el que el
esfuerzo no venga sólo por la parte asiática. Esperemos ir haciendo camino al
andar, pero, en vez de echar la vista atrás sería quizás más conveniente pensar
en el futuro a construir: una reunión de asianistas españoles tan nutrida como
el congreso de Hispanistas asiáticos que tenemos aquí. Será mejor para todos.
El camino es largo
pero, como dice Machado, se va haciendo al andar. Y en vez de mirar hacia
atrás, debemos de pensar en el futuro que nos espera: un congreso de españoles
asianistas tan nutrido como el que tenemos aquí. Será mejor para todos.
La Universidad
Complutense también ha sufrido de esa imagen de Asia como tierra del dinero a
manos llenas y de las oportunidades para hacerse rico. En un principio, se
fundó el Instituto Complutense de Asia con objetivo de hacer negocios con
China: las grandes cifras impedían ver la necesidad de una labor previa de
conocimiento. Sin embargo, poco a poco nos queremos ir convirtiendo en el
principal centro para el conocimiento de Asia. La labor, por tanto, se está
desarrollando en varias direcciones: impulsando al enseñanza y investigación y,
por otro lado, como centro coordinador de los asianistas españoles.
La prensa es un exponente claro de ese
interés: ahora interesan mucho los aspectos económicos, pero no hay ningún
corresponsal enviado residente en Asia. El País tenía uno en Tokio, pero se
cerró por el coste. Precisamente, y perdonen por el inciso, es interesante ver
cómo señala el Libro de Estilo del País los nombres geográficos. A los nombres
árabes y a los rusos se indican unas normas para adecuar su pronunciación a la
escritura del español, independientemente de cómo se hace en otros idiomas. Sin
embargo, en el caso de nombres chinos hay un rasero distinto: "con el fin
de evitar confusión en los nombres tan parecidos es necesario usar el sistema
pinyin". Con el japonés, ni siquiera hay normas, por lo que lo que hacen
los corresponsales está claro: seguir la ortografía extranjera. Se
escribe Gorbachov o Jomeini, en vez de Gorbachev o Khomeini, pero se escribe
Hata. No digo con esto que haya que escribirlo con J, sino que debía de haber unas
normas para transliteración al español como lo hay en otros idiomas y como, de
hecho, está hecho en México.
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