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Revista Española del Pacífico, Vol. 7 (1997):
31-42.
LA CULTURA ESPAÑOLA EN OCEANIA DESPUÉS DE 1898
Florentino Rodao[1]
Universidad Complutense de Madrid
1.- Una potencia colonial desaparece en el pacifico
2.- la evolución de lo hispano en Filipinas
3.- la ligera huella hispana en Micronesia
4.- Guam. indigenización, americanización, des-hispanización.
5.- La Guerra del Pacífico y sus consecuencias
Después de la Guerra Hispano-norteamericana de 1898, ningún país parecía tener
interés en mantener los restos de los más de tres siglos de presencia hispana
en Filipinas y Micronesia. Los Estados Unidos deseaban lograr la confianza de
la población en su dominio y, obviamente, prefirieron resaltar los valores
negativos de los anteriores gobernantes españoles y las virtudes que ellos
aportaban. Por su parte, tampoco el gobierno español tuvo excesivo interés en
mantener esos lazos con sus antiguos dominios en el Pacífico por un cierto
sentimiento de hartazgo y por los acuciantes problemas internos. No obstante,
lo mas extraño es que la herencia española se mantuvo relativamente bien
durante las primeras cuatro décadas del siglo XX.
En este estudio intentaremos explicar las razones para el mantenimiento de esa
herencia española en Micronesia centrándonos en Guam, su principal baluarte.
Para ello, comenzamos con una visión preliminar del caso filipino para poder
compararlo, siguiendo con un estado de la cuestión de esta presencia en el
conjunto de los antiguos territorios españoles en Oceanía para centrarnos en
Guam en los años previos a la Guerra del Pacífico. Para acabar, estudiamos este
conflicto y sus consecuencias inmediatas como período clave en el punto de
no retorno en la des-hispanización de Oceanía
Al contrario que con Cuba, la denominada "Joya del Imperio", la
pérdida de los territorios del Pacífico fue un cierto alivio para España, entre
otras razones porque tanto las Filipinas como Guam habían supuesto desde un
principio una fuerte carga para el Erario. Madrid era claramente incapaz de
mantener unos territorios tan alejados de la metrópoli y la derrota ante
Washington fue la mejor señal de que era necesario abandonarlos. Tras las malas
noticias referentes a la derrota de la armada en Cavite, siguió la idea de la
necesidad de asumir un tipo de relación diferente, después una reacción de
alivio y por último vinieron las prisas, incluso, por abandonar las islas definitivamente.
Así, una vez Estados Unidos decidió que quería mantener bajo su jurisdicción a
Filipinas y a Guam, España decidió que no tenía sentido mantener el resto de
Micronesia. En consecuencia, vendió al Imperio alemán no sólo las tres islas productoras
de copra que éste deseaba, sino el "paquete" entero e inmediatamente
se llegó a un acuerdo; tan pronto, que hubo que mantenerlo en secreto hasta que
acabaran las conversaciones entre España y Estados Unidos y se firmara el
Tratado de París. España fue también, de esta forma, liberada del Océano
Pacífico, al igual que sus antiguos dominios se libraban de ella. Tras ello,
los antiguos territorios quedaron completamente olvidados en la consciencia de
la sociedad española y, con el cambio de siglo, tanto las Filipinas como
Micronesia pasaron a ser algo del pasado.
¿Qué pasó en las Filipinas con la herencia hispana, o con la hispanización
después de que las últimas tropas peninsulares abandonaran Manila? El fenómeno
de "deshispanización" en estas islas, con ser una población numerosa
y un aspecto importante para su historia, aún está poco estudiado. Se considera
generalmente que el proceso de pérdida de la herencia española, tal como el
lenguaje o la cultura, fue uniforme a partir de 1898; a saber, que los lazos
culturales o el uso del idioma español fueron desapareciendo según fallecían
las personas educadas en el período español.
No estamos de acuerdo con ese razonamiento para explicar la presente desaparición
de lo hispano en Filipinas y, al contrario, pensamos que se mantuvo
relativamente sano hasta la guerra del Pacífico. Para ello, veamos algunos
datos sobre este país a lo largo de la década de 1930. En el plano político, la
parte de la élite identificada con España (el denominado Spanish Party en
la documentación norteamericana, integrado tanto por los mestizos como
por ciudadanos españoles) tenía una importancia como grupo, tanto a nivel
nacional como local, y precisamente el presidente de la Mancomunidad
(1935-1941), Manuel L. Quezon, había sido apoyado por ellos. A nivel económico,
las empresas españolas tenían una importancia clave; la Compañía General de
Tabacos de Filipinas, o Tabacalera, con sede en Barcelona, era la que empleaba
a mayor número de personas en todo el Archipiélago y su participación y la de
las empresas de los Elizalde, Roxas, Zóbel de Ayala, etc, era decisiva en la
economía filipina, principalmente en sectores de exportación, como el azúcar o
el tabaco.
El aspecto socio-cultural de lo que permanecía del período hispano
probablemente era lo más importante. La comunidad española puede ser
calificada por tener un carácter expansivo, puesto que cualquier
antepasado (aunque fuera muy lejano o inclusive un religioso) parecía ser
excusa suficiente para identificarse con su cultura y para sentir apego a lo
hispano. Este hecho fue una gran sorpresa para los gobernantes norteamericanos,
quienes señalan en sus escritos la dificultad de diferenciar entre los súbditos
españoles y los ciudadanos filipinos: "La comunidad española en
Filipinas incluye españoles, muchos mestizos españoles y ciudadanos filipinos
con antepasados españoles. Los mestizos y los filipinos de antecedentes españoles,
socialmente y por afinidad de sentimientos, son miembros de este grupo, se
consideran ellos mismos como españoles y participan activamente en las
actividades de la comunidad"[2].Tal sentimiento de orgullo de la sangre española les hacía sentirse
más unidos a España en general, y prueba de ello es la forma en que la Guerra
Civil se sintió entre ellos, tomando parte intensamente tanto a favor de los
nacionales como de los republicanos, prueba de los cual son los cerca de
ochenta jóvenes que viajaron a la península a incorporarse al campo de batalla.
El idioma español, por su parte, seguía teniendo un uso extenso en el
archipiélago. El Censo de 1939 muestra alrededor de 416.000 personas capaces de
hablarlo, frente a 4.237.000 que sabían la lengua inglesa. A pesar de la
abrumadora proporción de angloparlantes frente a la de hispanoparlantes, es
curioso constatar una franja de edad en el que estos últimos eran los más
numerosos, y no precisamente la de los más mayores: la de los niños entre 0 y 5
años. Este dato lleva a pensar que el español era, más que el inglés, una
lengua hablada por los filipinos en su casa, frente al inglés que se aprendía
tras la escolarización. El estudio introductorio del propio Censo afirma:
"El español aún tiene una base más estable que el inglés, particularmente
si la enseñanza del inglés en las escuelas se paralizara"[3].
Estos datos del Censo apoyan la persistente importancia de la lengua de la
antigua potencia colonial. No sólo entre los 5.000 ciudadanos españoles sino
también entre los propios filipinos, en cuanto seguía teniendo varios papeles
en la sociedad: prestigio, una lingua franca entre sectores de la clase alta y
media-alta y el deseo de mantener la identidad propia frente a los
colonizadores. Este último papel es interesante de resaltar, puesto que el
castellano, lengua de la antigua potencia colonial, llegó a ser una lengua
utilizada con un cierto significado anticolonial[4]. El español había sido asumido, de alguna manera, como algo propio.
Por otro lado, pasando a un plano más antropológico, había un cierto
sentido de orgullo por haber sido colonizado por una potencia europea, lo que
hacía mirar con una cierta superioridad (o, al menos, sin sentimiento de
inferioridad) a los norteamericanos. La cultura española tenía, como las
europeas, la característica de lo clásico o, por expresarlo de alguna manera,
de ser "La Cultura", frente a la modernidad representada por los
Estados Unidos, vista de una forma peyorativa.
La religión católica ha quedado para lo último, no sólo por ser la principal
influencia en la actualidad, sino también por su posición clave para mantener
la identificación con lo español. La idea de la religión era el trampolín que
unía a las Filipinas con España, puesto que en esos tiempos este país y su
período de dominio significaban la religión católica[5]. Una religión que segun el punto de vista de muchos filipinos de
aquellos tiempos era la verdadera. La religión católica, desde este punto de
vista, era también el baluarte de la identidad propia frente a la de Estados
Unidos, caracterizado en ocasiones por la falta de moralidad[6]. Los grupos protestantes habían tenido un
mayor predicamento desde la colonización estadounidense y parte de ese éxito se
debía al argumento usado para ganar conversos: los filipinos serían mas ricos y
más prósperos si seguían el camino estadounidense, una de cuyas
características principales era el protestantismo. La importancia de este
mensaje, sin embargo, no ha de ser sobrevalorada en cuanto nunca superaron el
3% de fieles entre la población total en esos años.
La conclusión de esta serie de datos, en definitiva, es que la herencia hispana
-o, por decirlo de otra forma, las contribuciones hispanas a la identidad de la
nación filipina-, se había mantenido relativamente bien durante cuatro décadas.
Además, es necesario resaltar que el mantenimiento de esta herencia había sido
gracias al impulso desde las mismas Islas Filipinas, no desde la Península
Ibérica: lo hispano había comenzado a andar por su pripio pie desde 1898. El
trampolín de esa identificación era la religión católica y tras ello estaba
también el sentimiento, con claros tintes elitistas, de oposición anticolonial.
Para estudiar la huella hispana en Micronesia es necesario distinguir primero
según el espacio de tiempo bajo la colonización española, ya que mientras la
colonización efectiva en Guam duró mas de dos siglos, en las Marianas del Norte
o en Micronesia se limitó a unas décadas a lo sumo, y en algunas regiones, como
en el actual estado federado micronesio de Kosrae, ni siquiera llegaron a pasar
más que marinos en el siglo XVI.
Poco se recuerda de España en las Islas Carolinas. Un ponapeño probablemente
expresó la idea más extendida sobre los colonizadores que han ido pasando por
la isla: "los españoles nos enseñaron a rezar, los alemanes a plantar
cocoteros, los japoneses a pescar y los americanos a ser soldados"[7]. La idea está extendida, pero no parece que vaya mucho más allá el
recuerdo del período español, porque no supo elaborar sobre ella aunque lo
pedimos. Aparte de ello, siempre hay la posibilidad de recurrir a curiosidades:
el nombre de las Marianas y de las Carolinas, los cimientos de la casa del
gobernador hispano y un pueblo llamado Madrich en Yap y algunos detalles
más. En Chuuk (Truk) y Belau (Palaos) no se puede encontrar traza alguna de
esta presencia.
De nuevo, la religión queda como la influencia más duradera. Los misioneros
españoles han sido los más numerosos durante un buen período de tiempo. En el
siglo XIX fueron los agustinos y, a partir de la I Guerra Mundial (durante el
período alemán, desde 1898 hasta 1917), los jesuitas y las hermanas
mercedarias. El apogeo de su presencia fue a principios de los años treinta y
su número osciló entre las tres y las cuatro decenas de religiosos[8].
Guam ha sido un caso diferente, tanto por esas raíces hispanas profundas,
ancladas anualmente por el Galeón de Manila, como por la importancia que
siempre ha tenido la Historia, inclusive en los tiempos actuales. El dominio
español modificó profundamente la isla, tanto por el masivo declive de la
población tras los primeros momentos -enfermedades nuevas y luchas contra los
españoles, principalmente- como por el mestizaje que se dio a raíz de la
llegada de la paz. Laura Souder afirma a este respecto: "Este proceso de
adaptación y asimilación finalmente produjo una tradición cultural híbrida y
estable que persistió con escasas modificaciones hasta los comienzos del siglo
XX"[9]. La identidad hispana pasó a formar parte de la cultura chamorra en
un proceso de mestizaje parecido al que ocurría en otros lugares de América
Latina o Filipinas, aunque quizás mas intenso que en éste último lugar por la
disminución tan radical de la población y por su concentración en una sola
isla.
Llegado el fin de la presencia española e instalados los americanos, el proceso
y las razones de la pervivencia de lo español fue parecido a Filipinas. La
iglesia católica había sido adaptada como algo propio y había adoptado los
símbolos de la identidad local. No ser católico, de alguna manera, significaba
apartarse de la sociedad, tanto por las creencias generales como por los ritos
y costumbres que pertenecían a esa identidad. la misa o las novenas, por
ejemplo, eran tanto actos religiosos como sociales. El uso del idioma, a pesar
de los escasos ciudadanos españoles[10] era una lengua de prestigio y, como tal, ampliamente usada. Aunque en
Guam no hay estadísticas como las mencionadas más arriba sobre las Islas
Filipinas, parece que los miembros de la elite todavía usaban entre ellos el
español hasta la Guerra del Pacífico, parte por sentirse mejor que hablando
inglés, parte por ese sentido anticolonial y parte, obviamente, por demostrar
su pertenencia a las clases elevadas de la sociedad. Estas familias
"aristocráticas" en la sociedad chamorra, o manal kilo, eran
los Martínez, Torres, Calvo, Pérez y Herrero, aunque el español también era
usado por los Bordallo o los Artero para encumbrarse en esa escala social[11].
La comunidad española parece haber sido tan expansiva como en Filipinas.
Un solo español era laico entre los residentes permanentes a fines de los años
1930 (Pascual Artero, un antiguo soldado establecido en las islas tras casarse
con una joven Torres), pero consigió ser uno de los más prominentes hombres de
negocios de la isla a pesar de hablar muy poco inglés. Negociaba con terrenos,
criaba ganado y tenía otros negocios, empleando en total alrededor de cien
personas[12]. A pesar de su
humilde origen social en Almería, su procedencia le ayudó mucho a ser aceptado
en una sociedad en la que "la forma más fácil de plantar una petición
sobre la posición social era "probar el linaje español""[13].
En el caso de la religión, los gobernantes americanos mostraron desde muy pronto
su deseo de remover la influencia de los religiosos. Sacarles de la isla a los
agustinos españoles fue la primera medida tras tomar posesión los nuevos
gobernantes, en 1899. Después, los capuchinos pudieron permanecer hasta la
Guerra del Pacífico; todos aprendieron chamorro en menos de un año[14], la mayoría fueron vascos y,
según comentaba la antropóloga norteamericana Laura Thompson, estaban
propagando "un tipo de catolicismo y cultura sureuropea"[15].
Esta influencia "sureuropea" fue desafiada por sus superiores
católicos, por los protestantes y desde el poder político. El propio Vicario
Apostólico de Guam, alemán, intentó reemplazar con religiosos de su mismo país
a los españoles y a los nativos, pero acabó siendo expulsado y, aparentemente,
al año siguiente se envió un telegrama al Papa pidiendo únicamente religiosos
españoles[16]. Los
protestantes, por su parte, no consiguieron un número significativo de fieles,
750 baptistas frente a 22.000 católicos, según un censo posterior a la Guerra
del Pacífico. No obstante, el ataque desde el poder político fue el más difícil
de evitar. En 1933 hubo, aparentemente, un cambio en la política de la Marina respecto
a estos capuchinos a raíz de la visita de un almirante norteamericano, quien
concluyó que "la influencia del Sr. Obispo en Guam superaba a la del
Gobernador"[17]. De nuevo se
decidió el envío de capuchinos de procedencia alemana y se promovió, además,
una suscripción de firmas para enviar a Roma contra la permanencia de los
españoles[18]. La experiencia
alemana falló, aparentemente, y desde entonces se siguió una política de enviar
capuchinos americanos, que acabó dejando a los españoles en minoría en los
momentos anteriores al estallido de la Guerra del Pacífico: diez
norteamericanos y dos sureuropeos.
El nombramiento de un alemán como Vicario Apostólico recuerda al del irlandés
O'Doherty como Arzobispo de Manila: ostentaban los cargos más elevados a pesar
de la mayoría abrumadora de religiosos españoles. Es difícil saber certeramente
las relaciones de la población con los religiosos anglosajones, pero Thompson
incluye en su libro un comentario de un líder nativo de la iglesia: "Los
misioneros norteamericanos no saben la lengua nativa, no se mezclan con la
gente y no están tiempo en la isla. Cuando ellos mueran, no será llorada su
pérdida"[19].
También hubo diferencias importantes entre la evolución filipina y la de Guam.
El idioma español, por ejemplo, nunca había tenido en Guam una función de lingua
franca porque todos los chamorros ya hablaban la misma lengua y, por otro
lado, la élite chamorra (la más hispanizada y dispuesta a utilizar el español
como forma de jactarse de su cultura) había sufrido una disminución importante
a raíz de una epidemia en los años 1920[20]. Los gobernantes americanos, por otra parte, tenían una procedencia
diferente: la Marina y pueden ser calificados como mas rudos y menos
inteligentes que los Gobernadores, civiles, de Manila[21]. En el caso de la religión, hacerse protestante no tuvo las connotaciones
de crítica a los frailes o al retraso de España frente a la modernidad de
Estados Unidos. No es una afirmación basada en bibliografía y es necesario
investigar más a fondo sobre esta cuestión, pero parece que, al contrario que
en Filipinas, pudo ser una forma de protestar frente a ese catolicismo
norte-europeo recién llegado. El mensual Guam Recorder, la única revista
editada en la isla durante los años previos a la Guerra del Pacífico, ofrece un
semblante del reverendo Joaquín F. Sablán que da a pensar este hecho, además de
ser la única persona que mantiene los acentos en su nombre[22].
Guam, en definitiva, también mantuvo lo hispano hasta los años
anteriores a la Guerra del Pacífico de una forma semejante a lo ocurrido en
Filipinas. Parte de la cultura chamorra había sido asimilada como tal por los
chamorros guamanianos, el catolicismo era practicado con fervor por una mayoría
aplastante de la población, siendo el eslabón principal en los lazos de Guam
con España y, por último, la lengua española seguía ostentando un papel en la
sociedad y no sólo entre la colonia española. Era hablada por un pequeño pero
influyente segmento de la población, entre los cuales estaba el que quizás era
el más importante empresario de la isla, Pascual Artero.
La Guerra del Pacífico parece haber sido el punto de no retorno en el
declive de lo español en el Pacífico. Cuatro son las razones principales:
A. Tanto en Filipinas como en Guam, las sociedades fueron extremadamente
alteradas por la experiencia bélica. La ocupación japonesa fue devastadora y
aceleró el proceso de cambio en la personalidad y cultura chamorras. De nuevo siguiendo
a Laura Thompson, ésa autora afirma que a partir de la colonización americana
comenzó una segunda crisis histórica de la cultura chamorra y las condiciones
de la isla durante la posguerra hicieron que este cambio asumiera agudas
proporciones[23]. El papel de lo
español en esta transformación tuvo un papel escaso.
B. La política de los Estados Unidos cambió después de la guerra: el área había
de ser considerada un Lago Americano y, por ello, cualquier influencia
externa era considerada sospechosa. Las vidas públicas y privadas de los
guamanianos (chamorros e inmigrantes) fueron cada vez más reguladas a
consecuencia de la Guerra Fría y de la importancia estratégica de la
isla, entre otras razones[24].
C. La vida económica de la isla cambió radicalmente. Los trabajos par el
ejército o la marina pasaron a hegemonizar la oferta laboral de la isla y las
industrias nativas quedaron paralizadas. A primero de enero de 1946, un total
de 4.971 guamanianos estaban empleados a tiempo completo, ya fuese por la
unidades militares o por esta industria[25].
D. La imagen de España empeoró. Su imagen internacional se debilitó después de
ser aislada internacionalmente por razón de sus antiguas amistades con el Eje y
con Japón. Con ello, la idea de filipinos y probablemente de chamorros sobre el
período español evolucionó; si antes los aspectos positivos y los negativos
estaban balanceados, en la posguerra pasaron a dominar los negativos. La
dictadura de Franco y su descalificación como estado paria enfatizaron
la imagen de retraso de España y, consecuentemente, de la influencia que dejó
sobre la isla. Lo hispano perdió ese símbolo de enorgullecimiento. Esta idea ha
de ser elaborada más en profundidad, no obstante, porque el gobierno filipino
defendió al régimen de Franco en las Naciones Unidas en esos momentos de mayor
aislamiento internacional, junto con otros países latinoamericanos. Aparece
innegable, no obstante, que la idea negativa de España no había estado tan
extendida en la preguerra.
El comportamiento pro-Eje del régimen franquista y de los españoles en Europa
también tuvo su correlación en el Pacífico. El régimen de Franco tuvo un
comportamiento claramente pro-japonés en los años anteriores al estallido de la
hostilidades. En Filipinas, la comunidad española, mayoritariamente
pro-franquista, había apoyado (o se había acomodado mejor) a los japoneses,
parte por pro-germanismo, parte por anti-americanismo, país al que todavía se
recordaba por haber robado las últimas colonias en el Pacífico y en América a
España[26]. Washington,
por tanto, es normal que tuviera dudas sobre la lealtad de la comunidad
española en las Filipinas, aunque buena parte de ellos habían siempre
demostrado sentimientos pro-americanos.
En el caso de Guam, no obstante, Washington no podía tener dudas sobre la
lealtad de los españoles. Ni había habido afiliados a Falange, ni había habido ningún
tipo de politización y ni siquiera los religiosos habían predicado en
castellano desde 1916[27]. Además, su comportamiento durante la
guerra no puede ser considerado en absoluto como pro-japonés. En el caso
de Pascual Artero, su hijo escondió en sus tierras al único marino
norteamericano no localizado por las tropas japonesas tras la ocupación de la
isla, George R. Tweed y fue por ello el único condecorado tras acabar el
conflicto, aunque mucha más gente hizo posible que estuviera escondido durante
tres años. En el caso del Obispo Olano y su secretario, Jáuregui, fueron
llevados a Japón a la fuerza al mes de ser ocupada la isla. De Tokio pudieron
salir por medio de un intercambio y llegar a Goa, en la India. En este enclave
portugués, Olano recibió el ofrecimiento de volver a España, pero lo rehusó
para ir a Australia, desde donde pudo regresar a Guam poco después de la
liberación[28]. En Yap y
Belau, además, seis jesuitas españoles fueron asesinados por las tropas
japonesas en 1944[29].
No obstante, el declive de lo español en Guam fue semejante al de Filipinas.
Quizás los norteamericanos no desconfiaran de los españoles como en Manila,
pero las penalidades tras la guerra no se redujeron. Pascual Artero,
probablemente, fue el hombre de la isla con una mayor proporción de tierras
confiscadas por las fuerzas norteamericanas, en parte porque siendo extranjero
podía ser amenazado de deportación en caso de acceder a las demandas. En el
caso del Obispo Olano, se le conminó de nuevo a abandonar la isla con unas
horas de antelación; al contrario que en enero de 1942, en octubre de 1945
fueron los norteamericanos[30]. La razón par
esta orden no aparece clara en los diarios publicados tras la guerra, aunque se
puede leer entre líneas cuando se refiere a la visita del Arzobispo de Nueva
York, Francis Spellman, con una carta del Papa aconsejándole que renuncie a la
Vicaría y un consejo de un obispo norteamericano referente a Nimitz, quien se
había opuesto a su anterior entrada en Guam[31]. La explicación más directa puede ser encontrada en un manuscrito no
publicado del padre Román de Vera sobre la Misión Capuchina en Guam que se
encuentra, al igual que el otro que hemos citado anteriormente, en los archivos
de la Orden en Burlada (Navarra). De Vera se refiere también a las órdenes de
Spellman a Olano para que embarcase el mismo día y después se puede leer una
frase que ha sido tachada: "Además, el Almirante (Nimitz) no quiere aquí
españoles, que son franquistas y fascistas, y basta ya"[32].
La herencia española pasó a la historia, quedó como una memoria del pasado. Los
sueños chamorros de independencia, como afirma Van Peenen, prácticamente se
acabaron[33]. En la sociedad
guamaniana de posguerra se difuminó la idea de comunicarse en castellano para
oponerse indirectamente al poder americano: la lealtad a las barras y las
estrellas alcanzó proporciones fanáticas, según refiere Paul Carano en su
Historia de Guam[34].
Tampoco tenía ya mucho sentido hablarlo para mostrar un status privilegiado
porque el inglés invadió este papel en la sociedad, al igual que muchos
otros; las familias que antes habían usado el español en las casas dejaron de
usarlo y los niños ya no lo aprendieron más. Si lo hispano había tenido
un significado anticolonial, lo mantuvo pero reducido a la mínima expresión. La
única protesta en Guam con un posible tinte antinorteamericano fue organizada
por el padre Oscar Luján Calvo, quien había estado muy asociado con Olano
durante su estancia en Guam, cuando el marinero Tweed volvió a Guam, a causa de
unos comentarios denigratorios hacia los chamorros en su libro[35]. El padre Calvo
Estos hechos no indican que Estados Unidos tuviera una política definida contra
España en el frente de batalla del Pacífico. El régimen de Franco o la propia
España no poseían suficiente fortaleza para plantarse ante la nueva potencia
hegemónica o para llevar a cabo una política estadounidense, si así se
decidiera. Si España era débil entonces, más aún lo era en el Pacífico. Caso de
existir una política por parte de Estados Unidos en esos momentos, no tenía que
ser eminentemente anti-española o anti-algo, sino más bien pro-norteamericana.
Había que fortalecer esa lealtad hacia Washington, por lo que era necesario
cercenar las identidades alternativas.
Esta es la cuestión principal, a saber, el hecho de que la cultura española
hubiera sido aceptada por los nativos como la propia, "localizándola"
o "indigenizándola", y que hubiera llegado a formar parte de la
identidad chamorra como tal. Si, al empezar la Guerra del Pacifico, la cultura
chamorra era una especie de balance entre las aportaciones propias indígenas,
las del pasado hispánico (filipinas, mexicanas y españolas peninsulares) y las
del presente norteamericano, la mezcla fue recompuesta partir de 1945. A
favor de la última parte.
ABREVIATURAS:
AMAE-R: Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores. Sección Renovada.
MARC: Micronesian Area Research Center. Universidad de Guam.
NARA: National Archives and Records Administration.
Washington.
RG: Record Group (NARA)