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El Japón Contemporáneo,

Salamanca, Ediciones de la Universidad de Salamanca, 1998, pp. 73-88.

        Japón ante el auge asiático

Florentino Rodao[i]

Japón como ejemplo para Asia

Liderazgo en Asia y Japón

Instrumentos de la diplomacia japonesa

Objetivos y puntos de vista de la diplomacia

El dilema exterior japonés

Bibliografía

Citas

                En la última década, la confirmación de la mejora en la economía de los países asiáticos, junto con la consolidación democrática y la creciente estabilidad de sus sociedades, ha demostrado que el progreso japonés está siendo seguido por un buen número de países. Su papel en el mundo es creciente y, si ahora destaca su auge como poder económico o financiero, en un futuro ocurrirá lo mismo también en un plano político. Ello esta obligando a Japón a redefinir su posición ante el mundo, tanto por ser percibido como un líder natural de esa región como por su deseo de aprovechar en beneficio propio el auge de una zona de la que, ante el resto del mundo, aparece como su líder.

                Para estudiarlo, en este trabajo deseamos referirnos en primer lugar a la posición nipona como prototipo frente al resto de las naciones asiáticas así como las limitaciones y resultados de esa situación ejemplar. Después, estudiaremos los instrumentos utilizados para beneficiarse indirectamente de ese auge, tanto en la diplomacia bilateral, la económica o la multilateral. Por último, estudiamos las opciones para la propia política exterior japonesa  sobre la primacía entre los dos frentes  en los que se dirime su posición internacional, el regional y el global.

1. Japón como ejemplo para Asia

La influencia de Japón en los países de la región  podría ser dividida en tres partes diferentes, una primera como ejemplo para la confianza en las propias posibilidades como nación asiática, una segunda como ejemplo de creación de un modelo político estable y próspero, pero también adaptado a las características propias y una tercera en considerar los valores propios como válidos de la modernidad.

1.1. Para comprender la importancia del ejemplo japonés para la autoconfianza cultural en Asia, convendría remontarnos ligeramente al siglo pasado, cuando en la época del colonialismo los países europeos fueron capaces de gobernar el mundo entero, casi con la única excepción de Japón.  Para conseguir este dominio, la superioridad militar occidental fue clave, pero también lo fue la justificación ideológica: la raza blanca era superior y los países del Tercer Mundo serían beneficiados por su dominio, puesto que le guiarían por el camino del progreso y la modernización ya alcanzada en Europa. Eran los tiempos en que la idea de la superioridad de la raza blanca era machaconamente repetida y las teorías de Darwin eran aceptadas sin discusión[ii]. Pero no sólo fueron los dominadores occidentales los que asumieron esa idea, también los propios pueblos dominados creyeron en ella. La gran mayoría de los llamados ‘naturales’ llegaron a pensar así por razones muy complejas sobre las que no conviene insistir: falta de elites propias, destrucción consciente por los europeos de los valores propios, disensiones o inestabilidad interna que provocaron el deseo de una solución impuesta desde fuera, etc.

Los japoneses compartieron esa visión de Occidente como meta de la civilización y de la modernidad y, como otros muchos pueblos, anhelaron seguir su camino. Pero aportaron una diferencia importante: ellos (más concretamente, sus elites) habían de dirigir su andadura. Nadie sino los propios japoneses debía de ser los dueños de su propio camino hacia la “universalización”, como consideraban ellos, u “occidentalización”, como prefiere denominarse en otros lugares. Wakon Yôsai, ‘Espíritu Japonés, Tecnología Occidental’, es el slogan, entre los muchos usados entonces, que mejor define una idea de poder seleccionar de Occidente lo que podía ser conveniente y lo que no. Obviamente, Japón no fue el único país que utilizó esta consigna (en China también se coreó “Ciencia Occidental, Espíritu Chino”) pero sí fue el único que la mantuvo durante el período álgido del colonialismo.  La razón de la permanencia de esta política durante la época de esplendor colonial es compleja, pero quizás el hecho que mejor puede ayudar a comprenderlo es la confianza nipona (y de sus elites) en el propio sistema y en la propia cultura como base para esos cambios. La necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos no llevó a romper totalmente con el pasado[iii] y la figura del Emperador[iv] ayudó mucho para asimilar esa necesidad de dirigir su propio destino, aunque fue más por la utilización como símbolo que por su propia actividad: siguió la tradición de evitar implicarse en las tareas de gobierno y, al contrario que el rey Chulalongkorn en Siam, su participación directa en el proceso de modernización fue muy ligera. Japón se modernizó, occidentalizó o universalizó pero, a diferencia de otros países, los nipones tuvieron siempre en sus manos la dirección del proceso de cambio y discernieron ellos mismos lo que más convenía[v]: Fue, en definitiva, el país que mejor supo aprovechar en beneficio propio el auge de occidente.

Y si al igual que otros pocos países supo mantener su independencia, fue el único no-occidental que se consiguió convertir en una potencia imperialista. En Japón predominó el afán por actuar, ante el mundo, como una potencia occidental más y, en China, sus moldes de actuación buscaron asemejarse a los de otros países europeos. Su primera guerra moderna con este Imperio (1994-95) fue justificada por la necesidad de ayudar al país a modernizarse, buscando las ganancias territoriales en compensación. Como vemos, Tokio argumentó lo mismo que podían haber alegado Francia o el Reino Unido para una intervención y con ello no hizo sino incorporarse a una corriente de pensamiento tan dominante en Occidente que apoyaban incluso personajes como el propio Karl Marx: consideraba el sistema de relaciones internacionales como legítimo, aunque no le favorecía en un principio[vi]. El imperialismo japonés fue, en definitiva, asimilable con el de Occidente y su principal diferencia con otras naciones europeas fue en aspectos aparentemente formales: su ámbito de actuación estuvo reducido a los países más cercanos y su propaganda remachaba una identidad cultural a la que no se podían referir los europeos.[vii] En la década de 1930, de nuevo tomó el camino militar para convencer al resto de orientales de las presuntas maldades cometidas por Occidente. Primero en China (1937) y después en el Sudeste Asiático y en el Pacífico (1941), llegaron soldados con la idea de destruir la mentalidad colonial impuesta por Occidente, intentando crear una comunidad de naciones dirigida por Japón que vino en llamarse Daitôakyôeiken o Esfera de Co-Prosperidad del Gran Asia Oriental. Y aunque proclamara esa identificación con Asia, las verdaderas razones de Japón para entrar en guerra fueron más equiparables con las de otras naciones occidentales, sobre todo con las del Eje: asegurar unas fronteras cada vez más extendidas y una mayor cuota de poder en el mundo en unos momentos en los que el status de los países se medía por la extensión del territorio bajo su bandera. Después quedó más el aspecto propagandista que la búsqueda de poder. Aunque en un buen número de casos los japoneses demostraron ser peores que los antiguos dominadores occidentales, lo que más importa para el futuro de Asia es lo que creían los propios soldados japoneses y lo que fueron propagando a los pueblos dominados, tanto con la palabra como con los hechos. Además de las críticas a la dominación colonial, en los asiáticos quedaron las percepciones de que los blancos no eran superiores y los recuerdos de sus derrotas ante otros ‘amarillos’[viii].

                Después de la derrota de 1945,  esa semilla que dejaron esas actitudes y esa propaganda dio su fruto. Las luchas anti-coloniales se intensificaron en Asia como en ninguna otra región: Indonesia se emancipó de Holanda definitivamente en 1948, Vietnam comenzó una larga guerra en la que derrotó primero a Francia y luego a Estados Unidos, China vio la victoria del Partido Comunista y las guerrillas fueron especialmente activas en los antiguos territorios británicos o en Filipinas. La relación directa entre las tropas japonesas y el imparable deseo de independencia de Asia fue escasa, pero la indirecta fue importante:  la derrota de los colonizadores europeos había creado una nueva situación que hizo imposible volver a la “pax colonial” del período de entreguerras como si nada hubiera ocurrido. Sin habérselo propuesto, Japón proveyó al resto de  Asia  de un ejemplo en el que autoafirmarse y convencerse de sus propias capacidades: los asiáticos sabían que ellos también podían vencer al colonialista, puesto que otros asiáticos ya lo habían hecho. El concepto occidental de modernidad dejó de ser la única referencia.

1.2.- En la posguerra, el ejemplo japonés también ha sido clave en un aspecto más positivo: la existencia de un sistema de gobierno estable y capaz de ofrecer una prosperidad material. Sus logros han sido envidiables, tanto en cantidad como en calidad y, aunque de nuevo ha estado presente y aunque el ejemplo occidental ha sido imitado en lo posible, también ha sabido adaptarlo a sus características propias, tal como les gusta definir a los japoneses. El resultado es haber sido el modelo de democracia más imitado dentro del continente, aunque haya habido otros ejemplos; en Filipinas, ha habido más intención por calcar el modelo occidental y en el caso de India se puede hablar de un orgullo más profundo por mantener la democracia. Al igual que en Japón, los partidos gobernantes en Asia tienden a permanecer en el poder períodos de tiempo inusuales en Occidente (Singapur tiene al mismo partido en el gobierno desde su independencia, al igual que la UMNO en Malasia, y el Kuomintang sigue gobernando en Taiwan desde su derrota ante los comunistas) y la corrupción forma una parte esencial de los procesos electorales. Al igual que en Japón, el voto no se decide por programas políticos sino dependiendo de las redes de apoyo y en función de los beneficios que pueda ofrecer cada candidato para su circunscripción, ya sea por medio de regalos o de contactos con el poder central, por ejemplo, para conseguir una carretera. Los casos de Singapur, Taiwan o Corea son los ejemplos más claros(Scalapino 1993). La democracia en la región, por tanto, está adaptada de Occidente, pero el sello de la validez para Asia está estampado en Japón. Durante la postguerra, por tanto, el ejemplo político japonés  ha pasado de tener principalmente una función negativa, que podría denominarse de anti-imperialismo occidental, a ofrecer una imagen positiva que se podría denominar  autoconfianza asiática. Ahora supone más un ejemplo a favor de los logros propios que en contra de los de otros, occidentales o no.

1.3.- En el plano cultural, la seguridad en los valores propios es algo de lo que Japón también ha sido pionero. Esta confianza en los valores propios se ha reflejado en el giro en su auto percepción. Tras la derrota en la Guerra del Pacífico, esa visión sobre ellos mismos era tremendamente negativa y buscaron en su propia cultura para explicar el porqué del camino erróneo que les había llevado al desastre; quizás la frase que mejor lo exprese es el título de un libro aparecido por esos años, titulado Una Teoría de las deformidades de los Japoneses (Kishida, 1947).[ix] No obstante, pasado el tiempo, esa visión sobre ellos mismos ha pasado a ser la opuesta como consecuencia de su éxito económico, y  de ahí ha surgido la llamada Nihonjinron  (Tesis sobre los Japoneses) como ejemplo de nacionalismo cultural que ha buscado explicar  las razones del auge japonés en las propias características culturales más que en  los préstamos adaptados de Occidente. En boga a lo largo de las décadas de 1970 y 1980, la Nihonjinron no puede ser calificada de teoría científica ni ha sido verificada por métodos científico; antes bien, sus principales articuladores han sido principalmente empresarios y periodistas (con una inestimable aportación de políticos) y las páginas de los periódicos y las revistas su principal vehículo, no las publicaciones académicas.  Por ello, la Nihonjinron puede ser calificada como el precedente más claro de la actual argumentación sobre los valores asiáticos. Quienes se avergonzaban hasta fechas recientes y observaban las tradiciones como la causa de su retraso, ahora las miran como la base de su progreso. Al igual que en Japón, la situación ha cambiado: hace años era difícil que un malasio señalara principalmente aspectos positivos en su propia cultura, pero ahora su primer ministro, Mahathir Mohamad, fomenta el orgullo por ello s hasta el punto de haber afirmado que los valores europeos son europeos, pero los asiáticos son universales. Quizás se ha pasado a un extremo opuesto, pero observando esas declaraciones en un contexto temporal, muestran un momento de reflujo que, ateniéndonos a lo que pasó con la Nihonjinron, es de prever que discurran en un futuro por cauces menos chovinistas y más reflexivos.

Y aunque el nacionalismo cultural japonés y los valores asiáticos provienen de una misma base conceptual, el énfasis de cada teoría ha cambiado, porque hay fuertes diferencias entre Japón y el resto de Asia. Mientras los nipones han preferido hablar del sentimiento de grupo y el interpersonalismo como base del éxito, en la actualidad se reivindican más el confucianismo y otros valores religiosos. También existen  en Japón, pero no se han mencionado muy repetidamente porque la penetración de la religión en su sociedad es muy escasa. En definitiva, los países asiáticos han seguido el ejemplo japonés, consciente o inconscientemente, tanto en un plano político como en uno cultural. La satisfacción de parte japonesa, no obstante, es ambigua, tal como veremos más adelante, aunque es fácil encontrar personas que alientan encendidamente esta preeminencia.[x]

2. Liderazgo en Asia y Japón

                Japón, como hemos visto, es un ejemplo para Asia que ha abierto el camino y ha sido seguido, más o menos conscientemente, con mayor o menor simpatía, por el resto de los países del continente. Pero no ejerce el liderazgo político que corresponde a una gran potencia.  Dos razones principales podemos achacar a esta aparente falta de correlación entre un hecho y otro: los problemas de imagen y la propia alianza con Estados Unidos desde la posguerra.

2.1.- Los problemas de imagen derivados de as críticas a Japón coartan fuertemente su actuación internacional, en parte por razones culturales que ayudan también a explicar la popularidad de los libros sobre la Nihonjinron y en parte por lo repetido de los reproches. Si bien todos los países han de soportar críticas a su pasado y a su presente, Japón viene a sufrir más que otros países con las quemas de banderas o los slogan en contra; el conflicto de 1994 en la fábrica de Suzuki en Jaén, por ejemplo, sigue siendo un obstáculo insalvable para la implantación de empresas japonesas en Andalucía e incluso provocó la cancelación de la visita de los Emperadores a Andalucía, que estaba programada para medio año mas tarde. El recuerdo de las  atrocidades cometidas por los soldados nipones durante la Guerra del Pacífico, por otro lado, sigue tan vivo en algunos países como al día siguiente de acabar el conflicto y, después de tantos años, ya no tiene mucha semejanza con las críticas que pueda soportar Alemania por las atrocidades del Nazismo. La mención o supresión de los hechos más oscuros de ese período en los libros de texto sigue siendo noticia de periódico, al igual que la compensación para las ianfu (mujeres de confort o, de una forma mas clara, esclavas sexuales) u otras víctimas de guerra. Además, estas críticas han sobrepasado con mucho el aspecto puramente humanitario o personal y su utilización con motivos políticos es cada vez mayor; China deja surgir las críticas en los momentos previos a las negociaciones para la renovación de créditos, el presidente coreano Kim Dae Jung ha ordenado el derribo de un edificio histórico como era el antiguo Palacio del Gobernador japonés y, en el Congreso de Estados Unidos, ha sido presentada en el verano de 1997 la propuesta Lippinski para que Japón asuma el pago de las indemnizaciones personales de guerra. No parece, en definitiva, que estos problemas de opinión pública vayan a acabar pronto, aunque el fin del recuerdo que supone el cincuenta aniversario y la decaída situación económica de Japón atemperan los recuerdos y (aunque éste no es el único motivo) la esperanza de una indemnización.

                2.2- La Alianza de Japón con Estados Unidos ha provocado que restringiera sus propias ansias de liderazgo. Ha sido una de las situaciones de complementariedad mejores que se han podido dar entre dos países miembros de la Sociedad Internacional. Ha sido un matrimonio de intereses difícilmente disoluble (Rodao 1995: 74) aglutinado por los deseos japoneses de rehacerse económicamente de la guerra y por las apetencias americanas de dominio estratégico. Sólo ha venido a ponerse en duda a partir del final de la Guerra Fría: la llamada Doctrina Yoshida, consistente en centrarse en la recuperación económica siguiendo fielmente la política de Estados Unidos, ha dado unos resultados excepcionales tanto para el progreso económico de Japón como para la hegemonía política estadounidense, como es bien sabido y sus fundamentos sólo han necesitado de un replanteamiento radical a parir de la Guerra Fría. Pero la complementariedad se ha dado también en otros aspectos como el cultural, porque a las ansias de Washington por mostrar liderazgo y determinación se ha adaptado perfectamente el deseo japonés de evitar aparecer en las primeras páginas de los periódicos (Kôsaka 1995: 54). Mientras uno, aparentemente, ha llevado la batuta, el otro ha luchado calladamente por el objetivo que más le interesaba, el económico. Y aunque Japón no ha suprimido las iniciativas diplomáticas, como veremos más adelante, ha preferido evitar en la medida de lo posible aparecer como el promotor de un excesivo número de iniciativas políticas. Posiblemente las apariencias han engañado a los ojos occidentales.

3. Instrumentos de la Diplomacia Japonesa ante Asia

                A partir de los llamados “Shocks de Nixon”[xi] y, sobre todo desde la década de 1980, el creciente poderío económico de Japón y la cada vez mayor desconfianza hacia Estados Unidos han multiplicado las iniciativas autónomas de Tokio en política exterior así como los intentos de ejercer un mayor liderazgo. Entre esas primeras iniciativas autónomas estuvo la visita a Japón del líder palestino Arafat durante la crisis del petróleo de 1973, pero sería interesante hablar de tres instrumentos principales para esta búsqueda de un espacio propio: las iniciativas diplomáticas, la diplomacia económica y la política hacia las Organizaciones Multilaterales aunque, no olvidemos, predomina el factor económico sobre el político (Yahuda 1996: 277).

                 

3.1- Entre las iniciativas diplomáticas, destacan las distintas doctrinas que han ido auspiciando los primeros ministros japoneses: Tanaka, Fukuda, Kaifu, Miyazawa o Hashimoto han dado su nombre a diferentes esfuerzos por mejorar la posición de Japón en Asia. La Doctrina Fukuda (Manila, 1977, fue llamada también “heart-to-heart”) es interesante porque proponía conversaciones mutuas ‘sinceras’ asegurando que Japón había renunciado a aventuras militares, mientras destinaba un total de un billón de dólares a cinco grandes proyectos industriales en países de la ASEAN.(Vogel 1994: 165-66; Yahuda 243-44) La Doctrina Miyazawa (Bangkok, 1993), que se podría denominar de regionalismo realzado es un precedente claro de la última iniciativa, la “Doctrina Hashimoto” (enero de 1997) en la que propuso reuniones anuales entre los miembros de la ASEAN con Japón y reuniones bilaterales sobre seguridad.

3.2- La diplomacia económica se ha visto reflejada en la Ayuda Oficial al Desarrollo (ODA), que en esta década llegó a sobrepasar a la de Estados Unidos, aunque después se ha reducido[xii]. Independientemente de la cantidad, quizás lo más destacable es la mentalidad de complementariedad que subyace en la concesión de esa ayuda entre las diversas organizaciones estatales en el exterior, como JETRO (Japan External Trade Office), el Banco de Tokio, el Japanese Export-Import Bank o la Japan International Cooperation Agency (JICA, dependiente del ministerio de exteriores o Gaimushô). La coordinación se da en mayor medida que en los países occidentales, tanto con las empresas japonesas como con las economías de los países receptores. En el caso de las empresas niponas, éstas  han conseguido unas condiciones para operar sin las cuales habría sido muy difícil tanto su penetración como la posibilidad de ganar una mayor cuota de mercado en economías con  falta de infraestructuras. Respecto a las economías asiáticas en general, hay una diferencia fundamental de mentalidad frente a otros países donantes occidentales, a saber, que los japoneses consideran el auge de los países en vías de desarrollo como una oportunidad para el futuro y no como unos competidores en potencia. Japón ha estado interesado en el desarrollo de Asia por lo que percibe como interés propio: un mercado más rico generará unas mayores compras, aunque también mayor competición en un principio. La propaganda de tiempos de la Guerra del Pacífico nos puede hacer entender esta mentalidad; cuando se hablaba de la antes mencionada “Esfera de Co-prosperidad del Gran Asia Oriental” se pensaba en un grupo de países que se beneficiarían mutuamente del progreso de los demás, en los que el desarrollo sería autosostenido por esa prosperidad conjunta. Nunca se puso en marcha esta idea, en parte por la situación bélica y en parte porque la presunta dirección de Japón implicaba un masivo drenaje de recursos a un país extremadamente pobre y cada vez más obsesionado por las aventuras militares. No obstante, al igual que en el plano político, expresaba una mentalidad de la cultura japonesa que se ha podido ver en iniciativas posteriores como la de “Partners for Progress”:  se busca que los países más desarrollados en cada estadio cooperen como partners con los que aún no han llegado a ese nivel. Thailandia, por ejemplo, está cooperando estrechamente para la ayuda japonesa a Africa. Japón, en definitiva, desea el progreso de los países asiáticos porque sabe que también resultará beneficiado en un plazo medio-largo.[xiii]

3.3.- Por último, la política de Japón en Asia también ha ido encaminada a la creación de organismos multilaterales que faciliten el desarrollo de sus objetivos, pero los resultados están muy lejanos aún. Al contrario que Europa, Africa, el Mundo Arabe o América, Asia ni tiene una organización propia para resolver los problemas internos ni ninguna de las que se crearon durante la Guerra Fría podría evolucionar en este sentido. Las razones son en buena medida geográficas: no hay una delimitación clara de los bordes del continente, Rusia es tan asiática como europea, China pesa excesivamente, el subcontinente indio es una subregión de carácter continental y los países árabes e islámicos del Asia menor o el Asia Central, aunque son asiáticos, tienen escasas concomitancias culturales con el resto. Una organización regional liderada por Japón, por otra parte, no podría comenzar con un núcleo pequeño que se expandiera progresivamente como el caso de la Unión Europea; sus vecinos (Rusia, Corea -cualquiera de ellas- y China) nunca estarían dispuestos a formar una alianza bilateral con Tokio y el marco para cualquier organización multilateral en la que Japón ejerza el liderazgo ha de abarcar el Sudeste de Asia. En Asia, no es posible que Japón organice una organización regional parecida a la Unión Europea caso de se quisiera poner en marcha: su base poblacional debería ser varias veces mayor, habría una excesiva descompensación entre el poderío de cada estado y su diversidad racial excesivamente amplia. Fuera del noreste de Asia, esa homogeneidad basada en los ideogramas (la región con una misma escritura cuya ámbito de actuación fue la Tôadôbunkai) sólo es importante en Vietnam y su propia característica como región se basa en haber asimilado las influencias más diversas, desde la proveniente del Subcontinente Indio, incluyendo el Islam, al Cristianismo. Y si el marco de esa organización regional se ampliara para evitar las connotaciones negativas de esa identificación racial, la mezcla sería mucho más diversa y casi imposible de manejar, tanto cultural como territorialmente para conseguir una comunidad más unificada. Australia y Nueva Zelanda, el subcontinente Indio, Papúa Nueva Guinea y los países americanos ribereños del Pacífico serían posibles alternativas, que ya están presentes en las organizaciones regionales donde participa Japón activamente, pero escasamente factibles.

El enfoque de Washington, además, no ha sido favorable al predominio de los contactos multilaterales en la región. Durante la Guerra Fría su estrategia ha estado basada en relaciones y acuerdos bilaterales con los países que le han servido de apoyo en su política en Asia (el propio Japón, Filipinas, Corea del Sur, Australia y Nueva Zelanda o Thailandia) y hasta el final de la Administración Bush se veían a estos organismos multilaterales como plataformas en las que su influencia política se podía diluir (Curtis 1994: 237-238). En el plano económico, no obstante, fue Washington el país que impulsó a Japón a participar en organizaciones multilaterales que definirían el orden económico, como GATT, OCDE, FMI y, después, promovió a  Tokio para fundar el Banco Asiático de Desarrollo (ADB).

Las dificultades de Japón para encontrar un marco por medio del cual ejercer un liderazgo más allá del económico son grandes, como hemos visto, pero por esta misma razón es necesario realzar la importancia de sus iniciativas para impulsar organismos multilaterales, en las que ha predominado el cálculo a largo plazo y la búsqueda de soluciones en las que participen también los posibles rivales.

               

3.3.1. La fundación de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) ha sido uno de los logros más importantes de la diplomacia japonesa. Se constituyó en 1989 como un foro consultivo, principalmente de carácter económico y dedicado a abrir las barreras al comercio mutuo entre las dos orillas del Pacífico, en el que están teniendo un peso fundamental los países de la ASEAN. Estos, desde el principio pusieron condiciones para que no compitiera con su Asociación (Yahuda 1996: 278) y actualmente están intentando evitar una excesiva hegemonía de Estados Unidos. La influencia japonesa, no obstante, se está dejando notar detrás de las bambalinas, tanto en los modos de actuación como en la velocidad del proceso de integración. Más aún, su fundación se debe a Tokio, aunque Australia aparece como el país que lo impulsó, fue el Primer Ministro nipón Ôhira Masayoshi, el que se lo propuso a su colega australiano, Robert Hawke. La fama quedó para éste, argumentando la necesidad de incorporar su economía a la de la región. Pero Japón también consiguió el éxito de una iniciativa necesaria para la región, aunque seguramente habría sido rechazada si hubiera partido de Tokio.

3.3.2. Otro foro en cuyo nacimiento ha tenido Japón un papel fundamental ha sido el ASEAN Regional Forum o ARF, como lugar de encuentro para hablar de cuestiones de seguridad. De nuevo la idea original ha sido japonesa y fue propuesta por el ministro de Exteriores Nakayama Tarô en Kuala Lumpur (1991). ARF se compone de los miembros de la ASEAN con una serie de miembros observadores entre los que se incluyen las potencias con intereses estratégicos en la región, tales como la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, China, junto con otros países como Papúa Nueva Guinea, y se complementa con órganos consultivos como el CSCAP (Council for Security Cooperation in the Asia Pacific), uno al nivel de gobiernos y otro entre expertos, hombres de negocios y académicos. Puesto que actualmente la seguridad en el continente depende de la alianza nipo-norteamericana y ésta se mantiene firme, no hay una necesidad imperiosa en la actualidad de un organismo de seguridad, pero la situación actual es atípica por basarse en una potencia ajena a la región (en teoría, porque a lo lago de la Historia han sido más frecuentes estos períodos) y en un futuro que, a medio-largo plazo, habrá de cambiar.

4. Objetivos y Puntos de Vista en la Política Exterior Japonesa

                Resulta difícil aseverar el futuro de estas relativamente recientes iniciativas japonesas.  En el caso de las doctrinas impulsadas por los Primeros Ministros, es factible suponer que el objetivo principal va dirigido a la propia opinión pública japonesa, en buena parte porque la poca duración de los primeros ministros en sus cargos reduce en gran medida la necesaria continuidad de una política denominada con el nombre de una persona. No obstante, cada una de ellas ha sido lanzada acorde con los tiempos y la de Fukuda ayudó en un plazo medio a mejorar la percepción y reducir las animosidades frente a Japón en el sudeste asiático. La más reciente, la de Hashimoto, no parece que vaya a cumplir sus objetivos aparentes porque algunos países temen una descompensación en las relaciones de la ASEAN si se da un status especial a su conexión con Tokio. No obstante, esta iniciativa de Hashimoto no puede ser evaluada aún por las reticencias a las propuestas concretas de reuniones entre la ASEAN y Japón; la política exterior japonesa piensa en un plazo más largo y se ha lanzado preparando la futura disminución de dinero japonés y una relación que vaya mas allá del donante / destinatario[xiv]. Sus verdaderos objetivos pueden ser cumplidos con futuros primeros ministros.

                Algunos autores afirman que es notable el éxito japonés en las relaciones con la ASEAN (Curtis 1994: 222) pero aún es pronto para conocer los resultados de estas estrategias a largo plazo. Las posibilidades futuras de la APEC permanecen inciertas, tanto por su carácter tan amplio (que previsiblemente se ampliará más aún) como por  la escasa entidad que aún tiene la organización, sin recursos burocráticos ni posibilidades de establecer directivas específicas para sus miembros. El futuro de la APEC no está claro a medio-largo plazo, en parte porque otras ideas alternativas pueden eclipsar su futuro. Tanto la iniciativa europea centrada en la ASEM (Asia-Europe Meeting, desde 1996 que, aunque tenga porqué ser excluyente sí que supone un enfrentamiento de influencias dominantes en competencia (Rodao 1996)) como por la opción más restringida de un área de libre comercio centrada en Asia, el East Asian Economic Caucus (EAEC, propuesto por Malasia, proponiendo un bloque compuesto por los países de ASEAN, que tienen su propia área de libre comercio, AFTA, más Corea del Sur, China y Japón) tienen opciones para ganarle terreno. Tanto la ASEM-2, prevista en Londres, como las sucesivas como el EAEC como una reunión o contacto informal que en un futuro podría expresarse con una sola voz (García Segura 1996: 217-218), aunque en un principio ha sido rechazada por Japón son opciones susceptibles de un desarrollo mucho mayor dependiendo de la situación. Las opciones para una mayor unificación en Asia, siquiera económica, permanecen en el aire y Japón, desde su posición, no ha de temer mucho. Ni ha rechazado la ASEM ni ha puesto demasiada carne en el asador de la APEC ni la posición crítica hacia la EAEC “por la imagen anti-americana asociada con el concepto” (Masuzoe 1995: 8) pueden considerarse como definitivas

                Lo mismo ocurre con las perspectivas de conseguir un organismo para velar conjuntamente por la seguridad regional. ARF es aún un órgano consultivo que puede ser calificado, en el mejor de los casos, de “diplomacia preventiva” (Yahuda 1996: 275) y no ha probado su eficacia aún en ningún conflicto. Inclusive, es difícil que éste sea el marco donde los países interesados lleven sus problemas de seguridad con la esperanza de resolverlos y para asuntos candentes como el de Corea no tiene ninguna capacidad. No alternativa a ARF para la seguridad regional hasta ahora. O ARF, o el mantenimiento de la  ya probada alianza de Japón con los Estados Unidos, por lo que prácticamente todos los países asiáticos[xv] la apoyan o consienten, a pesar de que para un futuro adquiriría una imagen excesiva de plataforma de contención del avance chino[xvi]. El avance del foro de ARF, a falta de alternativas viables a largo plazo, es continuado: ha conseguido que China acepte discutir sobre el conflicto de las Spratly (las islas en el Mar de la China que reclaman seis países, en todo o en parte) dando alas a la posibilidad de una política de “compromiso constructivo” con Pekín (Itô 1995:17) e incluso se ha llegado a un acuerdo para solicitar a Estados Unidos que continúe su presencia en la región (Yahuda 1996: 274). El principal desafío, no obstante, vendría ante la perspectiva de una retirada norteamericana, no sólo por solucionar posibles conflictos sino por disminuir la carrera de armamentos.[xvii]

                Actualmente, la región vive un período de transición, tanto por el fin de la Guerra Fría como por otras situaciones que se habrán de resolver en los próximos años: Corea del Norte, el fin del régimen comunista en China y y la previsible continuación del auge actual acompañado de una creciente visión de Estados Unidos como el principal obstáculo para su hegemonía[xviii]. Ello impide hacer previsiones con una perspectiva a largo plazo sobre el futuro regional así como de sus perspectivas de integración, tanto económicas o financieras como políticas. Los esfuerzos diplomáticos nipones, por tanto, son más difíciles de valorar con una perspectiva temporal, pero habrá otros cambios importantes en el propio país; uno de ellos será la resolución de su crisis política y, lo que más nos interesa, el otro será la resolución de un dilema producto de esa nueva situación política creada por el auge asiático: Asianización o Globalización.

5.- El Dilema Exterior Japonés

                No es un problema nuevo. Ya hemos visto que desde el siglo XIX ambas tendencias han estado presentes en las relaciones hacia el exterior: mientras que Japón actuaba como una potencia imperialista más, siempre hubo sectores que apoyaron las luchas anticoloniales de los países asiáticos y así ocurrió, por ejemplo, en la Revolución Filipina contra España (Ikehata 1995; Goodman 1995). Después del Japón militarista, tampoco se han olvidado ambos objetivos para la política exterior japonesa, tal como muestra el primer Libro Azul editado por el Gaimushô (1957), en el que los tres principios básicos anunciados mostraban esa busqueda de la globalización sin perder de vista a su continente: 1) Centrarse en la ONU. 2) Cooperar con las democracias Liberales. 3) Fortalecer el status de  Japón como país asiático (Kitaoka 1994: 64) 

Japón, nunca ha considerado excluyentes el reforzamiento de su posición en Asia y en el mundo al mismo tiempo, jugando con la idea de una tercera vía para permitir una cooperación más estrecha entre Occidente y Asia, que obviamente sería liderada por Japón (Takenaka 1995; Kôsaka 1995:54)[xix]. Se desea un liderazgo en Asia, pero se intenta conseguir igualmente una posición de superpotencia mundial, como puede demostrar la pugna por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas: no se descartar ninguna de las dos opciones(Curtis 1994: 228; Masuzoe 1995: 9). Ambos objetivos, no obstante, tienen un significado diferente para Tokio, mientras el liderazgo asiático les parece una opción al alcance de la mano, ser una de las superpotencias mundiales es el más anhelado. El desinterés hacia el resto de asiáticos y la admiración cultural hacia Occidente muestran el mantenimiento de una ambivalencia como característica principal, ya iniciada en la época Meiji. Las encuestas de opinión señalan que los japoneses siguen considerando a su país perteneciendo al campo occidental y que Asia sigue siendo considerada más bien como un accidente geográfico. (Curtis 1994:174-175; Holloway 1991: 15-20). Occidente parece seguir siendo el objetivo anhelado.

Pero no esta claro si, por mucho abarcar, Japón será capaz de apretar lo suficiente. En un futuro, Japón tendrá que decidir por qué frente dedica más recursos. Actualmente la prioridad está en ese liderazgo global y en esas relaciones con los Estados Unidos,  pero desde hace algunos años “el concepto del carácter nacional japonés esta en una fase de evolución y dinámica” (Pyle 1989: 486). En ello influyen fuertemente el auge asiático desde la década de 1980 y la creciente confianza de Japón en sus vecinos. Si antes estaba rodeado de un entorno de países pobres, ahora vuelve su mirada en una dirección antes desatendida (Drifte 1996: 153-154), ya no tiene motivos para mirarles con desdén. Las espadas están en alto y lo que ocurra en el futuro es una incógnita en la que tanto pueden predominar las opciones globalizadoras como las asiáticas. En el propio ministerio de Exteriores japonés es posible observar estas disputas entre las diferentes opciones y, por ejemplo, en cuestiones de seguridad se da entre los “realistas políticos” y “realistas militares”(Mendl 1995:33). La oficina de Asia se muestra  más a favor de las tendencias asianistas, mientras que la oficina de Asuntos Económicos tiene unos puntos de vista más favorables a Occidente. Aunque los asianistas están en alza, los pro-occidentales han conseguido quedarse a cargo de la política en relación con la APEC, a costa de la Oficina de Asia[xx]. Parece obvio prever que la política del futuro Japón se enfoque más en los vecinos asiáticos que en los Estados Unidos, pero las opciones están abiertas. Lo difícil ahora es saber hasta qué punto llegará el actual flujo pro-asiático o si este se mantendrá y bajo qué condiciones. Pero, sobre todo, importa saber a qué estará dispuesto a renunciar Japón.


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Citas

[i] Doctor en Historia Contemporánea por la Universidad Complutense y Candidato a Doctorado por la Facultad de Estudios de Area de la Universidad de Tokio (1990-95). Actualmente es profesor asociado del Depto. de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales (Estudios internacionales), Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, Universidad Complutense.

[ii] Aunque la Alemania de Hitler fue el abanderado más fanático, una buena parte de movimientos sociales y políticos compartían algunas ideas básicas. El amplio número de esterilizaciones obligatorias llevadas a cabo a personas con malformaciones en Suecia muestra que tal idea de mantener la pureza de la raza (y evitar las contaminaciones de elementos inferiores, ya fueran no-blancos como enfermos hereditarios) era algo asimilado también por los partidos progresistas de Occidente hasta fechas tan recientes como la década de 1970. La socialdemocracia sueca, ciertamente, tampoco miraba en los ejemplos del Tercer Mundo como fuente de inspiración aplicables para el progreso de su sociedad; antes bien, su influencia la veía  exclusivamente unidireccional. El ejemplo más reciente de esa mentalidad de la necesidad de la ‘guía occidental’ para el progreso asiático aparece en la película El Paciente Inglés: el protagonista rememora los textos escritos por el autor que mejor refleja esa época del colonialismo, Rudyard Kipling, y le asegura a un soldado sij que lo mejor para la India es que sea gobernada por los ingleses. Edward Said, en su última publicación, Cultura e Imperialismo (Anagrama, 1996), llama la atención sobre el significado de la escena.

[iii] Hubo un breve período, no obstante en que parecía posible. Ernest Fenollosa, por ejemplo, compró joyas del arte japonés a precio de saldo y a otras las evitó directamente de ser tiradas a la basura y el intelectual Nishi Amane, por ejemplo, propuso escribir japonés en alfabeto occidental. Se puede ver un artículo suyo en Meiroku Zasshi (Revista del Año 6 de la Era Meiji, 1874). Journal of the Japanese Enlightment, Harvard University Press, Cambridge, MA, 1976, pp. 3-16.

[iv] En los primeros años de la época Meiji, la palabra japonesa para definir al Emperador era Kyôtei, un término que le asemejaba con otros emperadores contemporáneos, tales como Maximiliano de Austria; el término actual, Tennô, fue adaptado progresivamente a  partir de un término chino clásico ya no utilizado, e intentaba mostrar la falta de parangón con otros gobernantes hereditarios en la Tierra. Miwa s.f.: 13.

[v] Las instrucciones a los estudiantes que iban a estudiar al exterior fueron en la misma dirección: aprender de los puntos fuertes de las instituciones y de los países europeos, pero desechar  sus “debilidades”. Instrucciones del líder Meiji, Etô Shimpei a Inoue Kowashi al ser enviado a Francia a aprender sobre el código civil francés. Hirakawa Sukehiro (1989): 476-477.

[vi] Los objetivos finales planteados por él eran, obviamente, muy diferentes.

[vii] Una de las asociaciones más activas en Japón fue la Tôadôbunkai, o Asociación de los Países del Este de Asia con una Cultura Común.

[viii] Hubo muchos asiáticos que, por primera vez, vieron a los blancos llevarse sus propias maletas, limpiarse su propia casa por no disponer de servicio o, lo que era peor, ser abofeteados por el capricho de un soldado japonés, sin poder responder. Los japoneses trataron a los occidentales como a muchos otros asiáticos, con lo que les igualaron en status.

[ix] Irónicamente, entre la literatura de entonces, un libro escrito por una antropóloga norteamericana que nunca estuvo en Japón, El Crisantemo y la Espada (Benedict 1946), aparece como el más benevolente hacia los japoneses.

[x] El libro publicado por Morita Akio e Ishihara Shintarô, “No” to ieru Nihon (El Japón que puede decir “No” (1989, en la edición autorizada en inglés y firmada sólo por Ishihara, Simon & Schuster, New York, 1991)  ha tenido su continuación tanto en China, Song Qiang: China puede decir No y en Asia, en coedición entre Ishihara y Mahathir. Quizás el último ejemplo de la utilización de los valores propios como arma antioccidental puede ser el libro del famoso arquitecto Kurokawa Kisho, que inserta las ideas  de su libro Each One a Hero: The Philosophy of Symbiosis (Kodansha International, Tokio, 1997) en unos valores y unas criticas a Occidente muy semejantes a las proclamadas por Mahathir.

[xi] El presidente de Estados Unidos tomó varias iniciativas para aislar a la Unión Soviética sobre las que no se informó a Japón con anterioridad, a pesar de ser un aliado. La principal de ellas fue el establecimiento de relaciones con la China Popular, un movimiento ante el que Japón no estaba en desacuerdo en sí (pronto siguió el camino de Washington), pero que le hizo comprender la escasa confianza mutua y amistad entre los dos países: Estados Unidos había demostrado fehacientemente que buscaba sólo sus propios intereses.

[xii] En 1998, la contribución se reducirá un 10% respecto al año anterior. Sobre esta cuestión, ver el artículo de Angeles García-Grüter en este mismo volumen.

[xiii] Sobre la política africana de Japón, “Govt. to push for Asian support of African Nations”, Daily Yomiuri, 19/IV/1997

[xiv] “Fears of Influence”, Far Eastern Economic Review (FEER), 30/I/1997.

[xv] El presidente del Japan Policy Research Institute, Chalmers Johnson, aparece como la voz más crítica frente a la alianza entre Estados Unidos y Japón. Aparte de la muy recomendable página web de su Instituto (www.nmjc.org/jiap/), se puede consultar el manifiesto y un articulo recientemente publicado en The Japan Times: “Old Military Repackaged Threatens Asian Stability. While China prepares for Commerce, Japan and the U.S. Prepare for War”, 25/XI/1997, ambos distribuidos en la Lista de discusión H-Japan.

[xvi] Sobre la reticencia china, “Not to Our Liking”, FEER, 26/VI/1997.

[xvii] David Harries, “Asia’s New Arms Race”, FEER, 17/VII/1997.

[xviii] También para Washington la percepción de China ha tendido a buscar elementos para un conflicto futuro, sustituyendo a Japón como principal amenaza para su hegemonía; un interesante debate a cargo de Richard Bernstin, Ross Munro y Robert Ross se puede encontrar en el dossier “The China Threat”, Foreign Affairs, vol. 76, 2: 18-45. El titulo del libro de los dos primeros es suficientemente provocativo: The Coming Conflict with Asia.

[xix] Conferencia de Kakizawa Hiroharu, miembro de la Cámara Baja del Partido Liberal Democrático, en el simposium “21 seiki sekai ni okeru nihon no yakuwari” (El papel de Japón en el mundo del siglo XXI), organizado por el Japan Forum on International Relations, 11/VII/1997. SSJ-Forum, 12/VII/1997.

[xx] The Economist, 19/XI/1994

 

 

 

 

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