DISCURSO SEMINARIO FLETCHER
23 de mayo de 2001
Sr. Secretario de Estado, Srs.
Embajadores, distinguido público
A mí me
toca hablar de cómo surgió este XIV
seminario y de la parte española al organizarlo, la Asociación del Pacífico.
Desde que contactamos por primera vez hace ya casi tres años, a través de
Pekín, donde un antiguo alumno de Fletcher, Agustín Escardino,
preguntó en la Embajada de España por quien podría colaborar en la organización
del seminario anual de la Escuela Fletcher. Santiago Chamorro, un
miembro de la Asociación, le habló de nosotros y desde entonces estuvimos
luchando por conseguir fondos. Ellos por su lado y nosotros por el nuestro, no
se pudo llevar a cabo el año pasado, puesto que en las fechas previstas, el
pasado mes de diciembre, era imposible por el curso escolar. Por fin lo
realizamos ahora, cuando el curso acaba de finalizar en Estados Unidos y,
recordémoslo, hoy mismo está acabando la Copa de Europa.
La
AEEP es la principal asociación en España de gente interesada trabajando
sobre Asia y el Pacífico. Fundada hace quince años, la AEEP ha realizado ya
cinco congresos y tiene en preparación el sexto, ha publicado once números de
su Revista Española del Pacífico, además de tres cuadernos monográficos
y otros seis libros sueltos, acaba de sacar su Boletín AEEP número 25, que se
distribuye a unas mil direcciones electrónicas, tiene una página web que supera
las 1000 visitas semanales, organiza cursos de divulgación y colabora en
numerosas actividades para dar a conocer Asia-Pacífico en la sociedad española,
tales como la semana de cine taiwanés que acaba de realizarse en el Círculo de Bellas Artes.
Con más
de doscientos socios al corriente de pago y un número creciente de socios
institucionales, la AEEP tiene una diferencia con otras asociaciones
académicas en Europa o Estados Unidos, que estos socios no son sólo profesores
universitarios sino también todos aquellos interesados en impulsar el
conocimiento de Asia-Pacífico en España y viceversa. Una de las principales
razones de ello es obvia, porque sin que Asia esté presente en la enseñanza
universitaria, con un número de profesores dedicados a ella completamente que
se pueden contar con los dedos de las manos, la AEEP no sólo no tendría apenas
socios, sino que carecería de sentido. Ello obliga a que la Asociación Española
de Estudios del Pacífico no sólo sea una agrupación para impulsar el
conocimiento científico sobre Asia-Pacífico, sino que también haya de asumir un
papel con respecto a la sociedad española y es la razón de la doble
satisfacción de la AEEP al organizar este congreso.
Por un
lado, porque al colaborar con Fletcher estamos ayudando al conocimiento de
Asia-Pacífico como creemos que debe hacerse. En el estadio en el que se
encuentran los estudios de Asia en la actualidad, es crucial aprender de los
lugares donde están más adelantados estos estudios. Es necesario el intercambio
de ideas con especialistas de otros países, nosotros aportando nuestra
experiencia y ellos la suya. Al realizar los congresos hemos colaborado con
distintas universidades, la Complutense de Madrid, la Universidad de Valladolid
o el CSIC y en esta ocasión lo hacemos por primera vez con una extranjera,
aunque ya en 1990 organizamos dos seminarios con la London School of
Oriental and Asian Studies (SOAS), de la Universidad de Londres. Somos
conscientes de que esta labor quizás la debiera haber realizado una institución
universitaria, pero si Fletcher ha contactado con nosotros no ha sido por una
casualidad. Cuando el Ministro Santiago Chamorro le dio nuestro nombre a
Agustín Escardino, éste ya nos conocía, porque había usado nuestro primer libro
“Estudios sobre Filipinas y las Islas del Pacífico (1989) para su Tesis “Spanish Oceanic
Expansion in the Pacific” que presentó en 1997. Nuestra labor a lo
largo de los años está siendo reconocida.
La otra satisfacción a la que me refiero es
por ese papel adicional que tenemos ante la sociedad española. Ayudar a que
España tenga una mayor proyección hacia Asia, en una labor que pertenece más al
campo del sentido común que a la militancia pro-Pacífica. No es este el momento
de señalar porqué España tiene tan escasa proyección en Asia, aunque tiene
razones históricas, por la experiencia en las Filipinas, que hizo que 1898 se
viera como una liberación, al contrario que con Cuba. Lo cierto es que esta
Asociación fue fundada con una idea que recientemente ha pasado a ser asumida
también por la administración: el plan Asia-Pacífico. No soy yo quien tenga que
hablar de este Plan porque doctores tiene la iglesia, que están en estos
momentos a mi lado, pero si puedo decir que la Asociación desea hacer
propuestas para que ese Plan Asia-Pacífico no olvide una serie de contenidos y,
además, perdure. En el primer aspecto, nuestra principal preocupación es en el
campo de la educación, en la imagen y en el conocimiento profundo de Asia,
además de intentar que el esfuerzo no sea sólo en el plano económico: debe
servir no sólo para que cuadren las estadísticas de comercio sino para que haya
un conocimiento más intenso. En el segundo, para que si este plan se queda sin
apoyo político o presupuestario, o para que cuando se acabe este plan, se sigan
manteniendo las ideas que lo han impulsado.
Si la sociedad española aún está tan alejada de
Asia-Pacífico, no sólo es por la integración en Europa, o la atracción cultural
hacia el mundo Iberoamericano, o la cercanía con los países árabes, sino
también porque sigue considerando a Asia como un lugar de donde hay poco que
aprender. Los éxitos económicos nipones han hecho cambiar algo el esquema
anterior y ahora se considera que hay algunos aspectos económicos o
tecnológicos de los que aprender, pero seguimos influidos por la mentalidad
creada durante los tiempos del colonialismo: unos son los que enseñan y otros
los que aprenden. Por eso hemos lanzado recientemente la campaña para impulsar
el acercamiento a Asia, haciendo un manifiesto a la sociedad en general (más
atención a la educación, cuidado de evitar el exoticismo, etc.) con propuestas
específicas en el plano académico (más asignaturas, planes de estudios
específicos, que los propios profesores no la olviden dentro de los programas
de sus asignaturas, etc).
El lenguaje es parte importante de este esfuerzo por
acercarnos a Asia. Hemos insistido en la necesidad de evitar palabras que
reflejen los tiempos en los que los asiáticos eran colonizados y los europeos
los colonizadores. Definirles como “amarillos”
es un ejemplo de ello, porque este
término se les aplicó en el siglo XIX, cuando se necesitaba señalar a una sola
raza como la dominadora, con un color que además sugiere pureza y, por tanto,
apuntar que todas las demás eran de color. Ninguna referencia de los primeros
contactos entre españoles o portugueses o holandés en los siglos XVI o XVII se
refiere a los asiáticos como amarillos. La definición de “amarillo,” además,
generó conceptos posteriores que tanto dañaron la imagen de los asiáticos, como
“peligro amarillo.” Fue un concepto muy ambivalente porque se utilizo tanto
para evitar que los japoneses vendieran productos suyos en las colonias
europeas, como para hablar de las amenazas de “hordas” contra la civilización
europea, las cuales, según el momento, fueron rusas, chinas, japonesas o
“orientales” en general.
Oriental es otra de las palabras
provenientes de los tiempos del colonialismo. Desde el famoso libro de Edward
Said, “Orientalism” (que no se ha publicado en castellano, por
cierto), ha quedado demostrado que a
los “orientales” se les ha visto primero como tales “orientales” y luego por
sus características propias. El caso de la Asociación Española de
Orientalistas, una asociación mucho más antigua que la nuestra, con la que
tenemos muy buena relación, es otro ejemplo. Abarca especialistas desde el
Maghreb hasta Corea. Es decir, que no están agrupados por el conocimiento de
algo definido por sus propias características, sino por compartir el no ser “occidentalistas”
que es, en realidad, el principal significado de Oriente.
Esta
palabra, por supuesto, tiene unas acepciones geográficas que son obvias y el
término no tiene porqué suprimirse completamente. Uno de nuestros libros,
precisamente, se titula “Oriéntate en Oriente” y, si lo reeditamos, no tenemos
pensado en cambiar su nombre. Pero es conveniente cuidar su uso.
Algo
parecido ha ocurrido con el ciclo de cine chino organizado en el Círculo de
Bellas Artes con el que hemos colaborado, en cuyo folleto de presentación se
repite en varias ocasiones el término “cultura oriental” o “arte oriental.” Es
un chasco, porque nuestro membrete está ahí como colaboradores, y ese uso
frecuente de la palabra oriental viene a sugerir que nuestra propuesta
para un mejor acercamiento a Asia no es aceptada por los mismos asiáticos.
Tiene una justificación, por los ideogramas que se usan, pero también señala la
necesidad de esta campaña no sólo entre nosotros sino entre los propios
asiáticos. Tan perjudicial puede ser la vaguedad que denota la connotación en
Occidente como el intento de hegemonizarse como alternativa a la cultura
occidental, olvidando otras culturas, tal como denota esta asimilación del
término oriental a la cultura china. Es relativamente indiferente que esa
hegemonía de lo Oriental esté a cargo de la cultura árabe, como el libro de
Said implica, o a cargo de la cultura sínica, como ocurre con este folleto de
cine de Taiwán. Hay muchas más culturas en el mundo, y cada una de las grandes
civilizaciones se subdividen en un sinfín de culturas y en ese sentido nuestra
campaña también tiene significado porque trata de evitar la simplificación.
En este mundo globalizado, ciertamente, entender mejor Asia es también entender
mejor el mundo, incluidos nosotros mismos.
Esta
mención al lenguaje tiene que ver con esa segunda satisfacción por la
conferencia. Porque con este congreso no sólo estamos criticando el uso de
palabras superficiales que reflejan un deseo de mantenerse alejado de “lo
chino,” sino que también estamos aportando posibles soluciones.
En el
campo de la historia, también el etnocentrismo ha hecho de las suyas y
ha provocado una categoría de las Eras históricas en función de acontecimientos
ocurridos en Europa: el Renacimiento, la Revolución Francesa, la industrial, la
Inglesa, o con una perspectiva euro céntrica: los descubrimientos, o las
exploraciones geográficas, tal como se dice en el mundo anglosajón. Por eso, parece necesario también cambiar
esos términos o, cuando menos, adaptarlos a una realidad más amplia y más
plural de la que han tenido hasta ahora.
Así, para entender el paso del mundo pre-moderno o Medieval en Europa,
al mundo moderno, en el que por primera vez el mundo pasó a ser un solo mundo,
una de las opciones es llamarlo Revolución Oceánica. Confieso que al
principio, cuando escuché este término,
me pareció un nuevo intento por aparentar cambiar algo sin ser más que
un esfuerzo por hacer ruido, pero analizándolo más con detalle, el término me
va cautivando. Estaremos discutiendo sobre ello varios días y a raíz de esto
esperamos sacar un libro. Será una propuesta, más o menos exitosa, más o menos
coherente, pero con el objetivo claro de que este acercamiento de España a Asia
y al mundo sea más permanente. No sólo en beneficio de los asiáticos, sino en
el de nosotros mismos.
Por
último, quiero agradecer a las personas e instituciones que nos han
ayudado en este Simposio. Quiero agradecer el esfuerzo que está realizando
Beata Wojna para organizar este congreso, así como al buen número de gente de
la Asociación que se está movilizando en su organización, así como al profesor
John Curtis Perry, a quien conocía desde
hace años por ser coeditor del libro Sentimental Imperialists. American
Experience in East Asia (1981), que utilicé también en mis clases en
Estados Unidos. Tanto el Ministerio de Cultura, como el de Exteriores,
por medio de la Agencia Española de Cooperación Internacional no han brindado
un apoyo necesario, al igual que esta Casa de América. Pero he querido
dejar para lo último el agradecimiento a la Universidad de Alcalá por
haber recogido el guante en la idea no sólo de organizar una conferencia, sino
de intentar avanzar en un camino, como son los Estudios de Asia, en el que el
concurso de las universidades es crucial. Esta actividad es simplemente la
primera de las actividades que la Universidad organiza con la Asociación,
siendo la siguiente la próxima Conferencia Europea de Estudios Filipinos,
Europhil, que se celebrará el próximo septiembre. Muchas gracias por este
apoyo, esperemos que se acaben implantando los estudios de Asia-Pacífico, no
solo en beneficio de la Asociación o de la Universidad, sino de toda la
sociedad española.
Florentino
Rodao