Presentación ante
el Tribunal
Concurso de Acceso
a Cuerpos Docentes Universitarios
Facultad de
Ciencias de la Información, UCM.
5 Noviembre 2007
Siguiendo la normativa vigente, he de
referirme a mi historial académico, docente e investigador. Lo haré por este
orden.
Historial
Académico (20’)
La idea básica que ha
guiado mi especialización académica e investigadora ha sido la Historia de Asia
Contemporánea, siendo también consciente de que mis contribuciones han de
estar, al menos en una primera etapa, el ámbito de la interacción de España en
Asia. En 1981, tras licenciarme en Geografía e Historia, solicité una beca a
Thailandia que me sugirieron podría recibir y comencé, bajo la dirección del
profesor José U. Martínez Carreras, una Tesina sobre Relaciones
Hispano-Thailandesas durante la época contemporánea hasta la II Guerra Mundial. Resultó falsa la promesa de
concederme esa beca, como también salió mal el intento de estudiar en la
Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres (SOAS),
en parte porque entonces España todavía no pertenecía a la CEE y la matrícula
era prohibitivamente cara. Ante ello, y siguiendo el consejo de algunos
profesores, hube de retrasar los planes de salida y asistir a los cursos de
Doctorado, en donde aprendí, además de con Martínez Carreras, con Leoncio Cabrero, Ángel
Bahamonde, y el geógrafo Joaquín Bosque Sendra. Esta Tesina fue presentada el
11 de octubre de 1985 y de esta experiencia no sólo aprendí la metodología de
la investigación, sino también tuve la suerte de conocer, como miembro del
tribunal a quien ahora está presidiendo
éste, Juan Carlos Pereira, en lo que tiene
trazas de ser un círculo vital. Además, empecé una relación sinuosa y
complicada con la aplicación de la informática a la investigación histórica.
Aprendí sobre ello en el curso del profesor Bosque Sendra (Aplicación
informática a las ciencias sociales) pero, sobre todo, practicando con un
Sinclair QL y sus (escasamente fiables) microdrives que me permitieron entregar
la primera tesina elaborada con un programa de tratamiento de textos en el
departamento de Historia Contemporánea de la UCM aunque, también es verdad, los
problemas ocasionaron varios meses de retraso.
Las relaciones con Thailandia fueron
abandonadas al acabar la Tesina, aunque tuvieron una etapa muy interesante y
merecedora de mayor estudio en la época Moderna, pero para la Tesis Doctoral
quería seguir investigando sobre relaciones de España con un país del Asia
Contemporánea. Teniendo en cuenta la necesidad ineludible de leer la
documentación del país asiático que escogiera y de acuerdo con mi director de
la Tesis, antes de decidir el tema indagué la documentación del AMAE relativa a
China y Japón, además de estudiar estos idiomas en el Centro de Estudios
Africanos y Orientales de la Universidad Autónoma.
Decidí las relaciones entre España y Japón durante el primer
franquismo por razones prácticas. En primer lugar porque el idioma me pareció
menos difícil que el chino y, en segundo lugar, porque encontré documentación
muy sugerente sobre las relaciones con este país, especialmente del año 1945.
La información de partida era muy escasa y ese título con un período tan vagamente
delimitado era para modificar el período de la Tesis Doctoral en
función del material. Por ello, recopilé documentación primero hasta el año
1956, después sólo hasta 1953 y por último, la Tesis se redujo al año 1945. Con
esa documentación recogida entonces relativa a la posguerra mundial, publiqué
después un artículo sobre el significado de Asia Oriental para el franquismo
como puerta trasera hacia Estados Unidos, tanto porque los
acontecimientos allí reforzaban los argumentos del franquismo como porque era
un escenario muy conveniente para acercarse a funcionarios estadounidenses,
mientras que los misioneros jugaron un papel esencial. De hecho, considero que
la relación de Madrid con Asia también puede ser denominada una “política de
sustitución” parecida a las que se refería el Ministro Fernando Moran en relación con el
mundo árabe o con Latinoamérica.
El estudio para la Tesis Doctoral
precisaba, ante todo, conocer profundamente la historia, la política
exterior de Japón y, en definitiva, su idioma y su cultura, para poder
contextualizarlo correctamente. Era necesario vivir en este país y mientras
solicitaba becas, mi carrera laboral en el ámbito universitario comenzó con un
proyecto para la automatización del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores,
gracias al que puedo considerarme un buen conocedor de esta dependencia, y que
plasmé en un artículo sobre sus fondos relativos a Asia Oriental (en las actas
del Congreso El Extremo Oriente Ibérico)
que este Archivo sigue utilizando como referencia. En relación con dependencias
de este tipo, también he catalogado y ordenado para su envío a España los
fondos de la Embajada en Tokio que no
habían sido remitidos a España en 1953. Son cruciales para mi investigación
puesto que incluyen todas las comunicaciones entre España y Filipinas durante
la ocupación japonesa, que hubieron de hacerse a través de Tokio y en inglés.
Antes de salir a Japón tuve dos años muy
intensos como subdirector del CMUNSA con una labor enfocada tanto al
alumnado como a las actividades culturales. Tengan en cuenta que era el Colegio
Mayor más internacional del campus, con aproximadamente 20 nacionalidades
diferentes, problemas raciales importantes y además un lleno total en el mes de
julio con becarios árabes para asistir a los cursos de la Escuela Diplomática.
Por otro lado, el “África” era quizás el de mayor número de
actividades culturales, reconocido por el propio rectorado de la Universidad Complutense,
a las cuales contribuí con semanas culturales de países asiáticos, congresos
académicos, etc. El mas significativo ha sido el Extremo Oriente Ibérico.
Investigaciones históricas y Estado de la Cuestión, en 1988, organizado por
el Centro de Estudios Históricos del CSIC, bajo la dirección de Francisco de
Solano, que ha significado un salto cualitativo en los estudios de Asia. En
este Mayor, me cabe el orgullo del reconocimiento fehaciente de mi labor, al
contar por primera vez con un contrato laboral (ningún predecesor mío lo tuvo).
Al poco, solicité media jornada, para poder dedicarme a preparar mi viaje a
Japón y en abril de 1989 presenté mi renuncia al cargo al día siguiente de
recibir la carta de aceptación de la embajada de Japón para la beca en Tokio a
partir del octubre siguiente. Un mes antes de salir me avisaron que no habían
encontrado ninguna universidad que me aceptara y, aunque presenté de forma
inmediata una carta de aceptación en la Universidad de Tokio, hube de esperar
una nueva aprobación, saliendo definitivamente a Japón en abril de 1990.
Llegue a la Universidad de Tokio con la
categoría de investigador o kenkyusei (研究生) para un período
de dos años. A excepción de
los seis primeros meses intensivos dedicados al idioma, esta categoría no
obligaba a asistir a ninguna clase y gracias a ello pude avanzar con la Tesis Doctoral.
También, asistir por primera vez a los congresos de
historiadores de la región, tales como los de la International
Association of Historians of Asia (IAHA), la Pacific History
Association (PHA) o los de historiadores japoneses y,
también, dar un curso sobre Historia de
España en los Siglos XIX y XX en la Universidad del Ateneo de Manila,
con lo que también pasé un verano entero en Filipinas. Conseguí el grado de doctor en enero de 1993,
con la máxima nota, Cum Laude con
unanimidad, en buena parte gracias
a los esfuerzos del profesor Pereira por solventar los problemas burocráticos.
Permítanme un segundo excurso sobre la
aplicación de la informática a la investigación histórica, porque creo que ya
entonces plantee algunas innovaciones en este aspecto. Fui consciente de la
necesidad de un programa de base de datos para manejar la información tan
ingente que se genera y en especial todas las fichas, que para la Tesina había
escrito de forma manual. En esos años, sin embargo, no era posible; los programas
en castellano, como el Dbase, eran Bases de Datos y estaban pensados para
oficina, no para la introducción masiva y recuperación de texto libre, mientras
que los programas extranjeros no admitían eñes o acentos. Ello significó
esperar tres años hasta la aparición de un programa suficientemente
desarrollado de gestión documental, como ha sido el Knosys, que sigo utilizando
continuamente en la
actualidad. Al presentar la Tesis Doctoral,
así, disponía de aproximadamente 5.300 fichas de texto que fueron claves para
el manejo de la información. Actualmente tengo 16.000 fichas,
pero la gran mayoría de los textos ahora están tomados directamente de
internet.
En Tokio, la necesidad de profundizar en
la especialización me llevó a optar por un segundo doctorado en la Universidad
de Tokio, con una propuesta de Tesis sobre la Comunidad Española
en Filipinas en el siglo XX, dirigida por el profesor Tsunekawa Keiichi (常川恵一) en el Departamento
de Estudios Culturales de Area (chiiki bunka kenkyuka, 地域文化研究科) de la Facultad
de Humanidades. Aunque allí es obligatorio realizar previamente el Master, la
Universidad contabilizó el año adicional que se estudia en España y otro más
por la Tesina, por lo que pude pasar directamente al Doctorado, tras examinarme
ante un tribunal de una decena de profesores. Tras ello, la beca del Ministerio
de Educación japonés fue renovada por los tres años del programa. Durante este
tiempo, conseguí un total de 20 créditos, con clases impartidas en japonés (la
universidad de Tokio no ha comenzado a programar clases en inglés hasta el año
2000), a cargo de especialistas de primera línea. También en japonés, pero sin
créditos, la
profesora Ikehata
Setsuho (池端雪浦), de la Universidad
de Estudios Extranjeros (東京外国語大学), en donde actualmente es rectora, nos
dio al gran experto en la ocupación japonesa de Filipinas, Rico T. Jose, y a mi
un curso en exclusiva sobre la ocupación japonesa en Filipinas.
Gracias a una ayuda de la Fundación Toyota,
pude viajar a Filipinas y Estados Unidos, tanto para consultar documentación en
Archivos y Bibliotecas como para entrevistas personales por el archipiélago
filipino. Además de las clases en la Universidad y de la asistencia a nuevos
congresos internacionales, pasé un total de cinco meses en la LOC y en los
National Archives de Washington, tanto en la Plaza de la Marina como en otros
edificios, puesto que en esos momentos estaban en proceso de traslado. También
visité centros de documentación situados en las Universidades de Stanford,
Berkeley y las Bibliotecas presidencias de Truman (Kansas) y Roosevelt (Estado
de Nueva York) y he consultado los papeles de Embajador Hayes en la Universidad
de Columbia.
Durante estos años en Japón, también fui
profesor de la Universidad de Keio (慶応大学), una de las mas
prestigiosas entre las privadas, impartiendo dos cursos de lengua española. El
visado de estudiante permite allí esta posibilidad, puesto que autoriza a
trabajar un máximo de 20 horas semanales, que nunca sobrepasé y ni siquiera
llegué a la mitad, aunque también enseñé en el centro cultural de la televisión
estatal, el NHK Bunka Senta (NHK文化センタ-). Así, en marzo
de 1995, al acabar los tres años con los créditos requeridos, obtuve el Katei
Shuryo (課程修了) traducido
como Ph. D. Candidate, aunque es mas exacto asemejarlo al DEA.
En 1995, el regreso a España me mostró
que la parte más difícil no sería aprender o investigar, sino enseñar todo lo
que había aprendido en la estancia de cinco años. Tras haber conocido al Rector
Gustavo Villapalos en un viaje a Tokio, fui designado Director Adjunto de
Estudios de Japón en el Instituto Complutense de Asia (ICA), aunque sin
salario, sin un director de Estudios de Japón y en un centro cuyo interés
estaba enfocado en sacar réditos económicos al auge asiático. Finalmente,
conseguí un contrato y de ese período de algo más de un año me puedo
enorgullecer de haber sido el impulsor de la primera titulación de postgrado
sobre Asia en España, el Diploma de Estudios Asiáticos. Además, realicé
otras actividades, como editar la Memoria de Asia, un boletín de
actividades sobre Asia en España, organizar una encuesta de Asianistas
realizada por encargo del IIAS, o servir de soporte para el estudio sobre la
enseñanza de Japón en España, realizado por el profesor Hiroto Ueda, de la
Universidad de Tokio, por encargo de la Fundación Japón,
perteneciente al Ministerio de Asuntos Exteriores.
Fue precisamente gracias un programa de
esta Fundación, el de expansión de personal, por el cual abona los dos
tercios del salario de un profesor durante tres años, por el que me incorpore a
la docencia por primera vez en España, en 1996. El departamento de Derecho
Internacional Público y RR.II. de la Facultad de Ciencias Políticas aceptó
recibirme y allí estuve adscrito durante cuatro años. En el primer cuatrimestre
de 1998, tras ser nombrado profesor Tinker, por la Fundación de este nombre,
impartí dos seminarios (Iberia in the Pacific y Axis Alliance and
WWII) en la Universidad de Wisconsin-Madison. Llegué invitado por el
CSEAS, y además tuve la suerte de conocer a los profesores George Mosse, Francisco Scarano, Alfred W. McCoy y Stanley Payne, cuyo
despacho estaba enfrente del mío.
En el año 2000, aunque el departamento
pidió mi continuidad y la solicitud de la UCM al programa de la Fundación Japón conllevaba el compromiso de crear una plaza
permanente, la UCM canceló mi contrato, tras saber que la Fundación Japón
ya no pagaba mis salarios. Quedarme sin plaza en la universidad me permitió
dedicarme a la presidencia de la AEEP, que ostenté durante tres años, además de
a seguir investigando. Ya antes de mi partida a Japón había sido secretario
(1989-90), cargo que retomé a mi vuelta, pasando luego a ser vicepresidente y,
elegido en 1999, presidente. Con esta asociación he organizado varias
actividades científicas, en 1988 y 1989 ya organicé su primer y segundo
simposios, después he sido uno de los vicepresidentes de la Comisión Organizadora
del Cuarto (1998) y en 2002 he sido coordinador del sexto De estas conferencias
han sido publicados libros, algunos de los cuales he coordinado, como Estudios
sobre Filipinas y las Islas del Pacífico, España y el Pacífico o
incluso The Philippine Revolution of
1896-1898, en este caso una selección de los mejores artículos presentados
al IV Congreso, seguida por una revisión a raíz de las críticas de los
dictaminadores.
Además de ello, durante mi presidencia en
la AEEP me siento orgulloso de haber realizado actividades muy diversas. Entre
ellas, impulsar la coordinación de los asianistas en España. En cuanto al
conocimiento de Asia en España prefiero destacar dos hechos. En primer lugar,
organizamos un congreso con la Escuela Fletcher de Relaciones Internacionales,
adscrita a TUFS, en Massachusets, indagando sobre la validez del término
“Revolución Oceánica” como un equivalente no-eurocéntrico para los términos que
señalan la separación entre la
Edad Media y la Moderna, tales como “Descubrimiento,”
“Renacimiento,” o “Grandes Navegaciones.” En segundo lugar, fui también el organizador
de la IV Conferencia
Europea de Estudios Filipinos, Europhil, en la Universidad de Alcalá de
Henares, por lo que tuvo lugar en España por primera vez, una reunión académica
internacional sobre Filipinas. Vinieron alrededor de 160 especialistas y su
repercusión mediática aumentó al celebrarse del 10 al 12 de septiembre de 2001.
Me enorgullezco que algunas de estas
ideas sigan vigentes. La idea de la coordinación a través de un boletín, de
hecho, continúa a través del boletín distribuido por correo que edito
mensualmente desde hace ya casi tres años, el Boletín Casa Asia,
siguiendo unas pautas parecidas y, en inglés y en exclusiva para el mundo
académico, el Boletín MedAsia, la organización de instituciones
académicas dedicadas a impulsar los Estudios de Asia en Portugal, Francia,
Italia, Grecia y España, que también me han encargado a mi. La idea de un
congreso académico de la AEEP que fuera básicamente el marco de pequeños
paneles temáticos organizados de forma autónoma y por tanto que la Asociación sirviera
de punto de encuentro periódico entre los especialistas de la región también ha
continuado de alguna forma. Se puso en marcha en ese VI congreso de la AEEP en
Junio de 2002 (durante el que dimití,
puesto que a la semana salía a Japón para una estancia de un año) y continúa con el Foro de Investigación sobre
Asia y el Pacífico (FEIAP) promovido por la Universidad de Granada y que el
próximo año en Valencia tendrá su siguiente edición.
Mi investigaciones creo que muestran una línea
de continuidad pero también ese devenir imprevisible que Luis Gil Fernández comentaba
hace unos días al recibir el Premio Nacional de Historia: "La
investigación histórica es como la policíaca: uno va buscando un robo y se
encuentra con un alijo de drogas". Siguiendo una metodología de la
Historia de las Relaciones Internacionales, junto con el objeto preferente de
estudio, he debido profundizar en temas inesperados. En el caso de mi Tesina,
la publiqué en 1997 como Españoles en
Siam (1540-1939) Una contribución al estudio de la presencia hispana en Asia
Oriental (1997), pero resulta un tema inacabado y por ello sigue como
proyecto pendiente. Además de dos significativas expediciones de conquista
desde Manila en 1590 y 1593, el estudio de las relaciones resultó ser antes bien
el de las actividades de individuos con vínculos casuales con la administración
-el Estado no llegó allí. Además, es posible reinterpretar su escasa
importancia, porque la existencia de unos poderes políticos en Filipinas y Siam
desinteresados en la relación mutua limitó extraordinariamente su existencia,
pero por otra posibilita un estudio a más largo plazo de los esfuerzos
recurrentes de impulsar las relaciones. En definitiva, pretendo continuar con
el estudio planteando la existencia de
una región, como es el Sudeste de Asia, antes de que existiera el concepto, que
surgió tras la II
Guerra Mundial. Anteriormente, la división era según los
países colonizadores o bien entre la zona marítima y la continental. El
espionaje y las percepciones fueron los temas inesperados a lo largo de la
tesis doctoral de la UCM y para la de la Universidad de Tokio lo está siendo el
tratamiento metodológico de la comunidades de emigrantes, con conceptos tales
como la doble lealtad y los liderazgos internos.
Permítanme que me centre en el papel de las imágenes.
Progresivamente me fui haciendo consciente de su rol crucial entre España y
Japón, teniendo en cuenta que estos dos países apenas tenían contactos
políticos o económicos, especialmente en el período bélico que estudiaba. Entre
1936 y 1945, no obstante, las relaciones sufren el mayor vuelco, desde un
momento de amistad y de participación en alianzas conjuntas hasta otro en que
España está a punto de declarar la guerra a Japón, y por eso las percepciones
pueden entenderse como el único hilo conductor entre el período de admiración y
el de odio. Sólo el papel central de las imágenes en la investigación permitía
contextualizar hechos extraños, como una noticia en primera página del ¡Arriba! en febrero de 1944 reconociendo
los propios falangistas que habían sido demasiado ilusos con los japoneses (y
que el Times la calificó de Eye-opening news) o una respuesta
extrañísima de Franco al presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, (p.
519) en 1965, cuando le informó del inicio de las conflagraciones en Vietnam,
en donde le aseguraba, militar como era, que el problema de Vietnam era
político y no militar, y que era normal que esos “pueblos jóvenes” fueran
comunistas. La adaptación metodológica en que me embarqué, ayudado por Juan Carlos
Pereira, tuvo resultados adicionales, como un número dedicado
a las visiones mutuas en la Revista Española del Pacífico, o unos cursos de
Doctorado: Imágenes y Percepciones en la Política Exterior
Japonesa. Los conceptos que han permitido explicar mejor
el devenir de las relaciones han sido el de Orientalismo
de Edward Said
“un estilo occidental que pretende dominar, reestructurar y tener autoridad
sobre Oriente”), el de poder-saber de Foucault y sobre todo la obra del
profesor de Columbia, Robert
Jervis: Perceptions and
Misconceptions in International Relations. Jervis define y codifica los
“atajos a la racionalidad” que denomina Herbert Simon, tales como la
congruencia cognitiva, la reducción de la disonancia o la satisfacción
perceptual. Tengan en cuenta que los generalistas (“enterados”) como Carrero
Blanco, los ministros de exteriores o el propio Franco fueron los principales
decisores sobre Japón en estos años y de ahí el título del libro Franco y el imperio japonés. Imágenes y
propaganda en tiempos de guerra. Tras un nuevo proceso de redacción de
siete meses en el que fue crucial mi estancia en Wisconsin y poder aprovechar
sus excelentes bibliotecas, entregué el manuscrito al Fondo de Cultura Económica, que no lo pudo publicar por razones coyunturales.
Así, el manuscrito hubo de esperar varios años hasta que Plaza & Janés se
decidió a publicarlo, en el año 2001. Al poco de su publicación, el programa
Baltasar Gracián de Japón concedió una ayuda a la editorial Shōbunsha
(晶文社) para su publicación en japonés, y espero que
aparezca en el año 2008.
Aunque no he conseguido publicar los
libros con la celeridad que me hubiera gustado, creo que la calidad de las
editoriales compensan esta carencia. Ateneo de Manila University Press es la
más prestigiosa de Filipinas, con gran diferencia, con un acuerdo de compartir
mercados con la Hawai’i University Press que ha significado una difusión por
Estados Unidos como si hubiera sido publicado en este país. En el caso de las
revistas que han publicado mis artículos, Philippine
Studies y el Journal
of the Siam Society son las más prestigiosas en estos
países, Parallel Press es una
editorial de la Universidad de Wisconsin-Madison, Nichigai Associates es
la editorial de Kinokuniya, la librería que ustedes seguro visitarán si van a
Tokyo y el Micronesian Journal, donde salió el artículo del obispo Olano, por
último, es la única revista académica dedicada en exclusiva a esta región,
online, una vez que la Universidad de Guam dejó de publicar ISLA.
En este esfuerzo de especialización he
colaborado o me he integrado en un buen número de organizaciones. Fuera de la
AEEP, he colaborado con la puesta en marcha de la Asociación
Española de Estudios Japoneses, de la que soy
miembro fundador, con la Asociación de ExBecarios del Ministerio de
Educación Japonés (AEM), de la que también miembro fundador y de la Junta Directiva
hasta el año 2003. Del extranjero,
también soy miembro desde hace años de la Association for Asian Studies
(AAS), de la Asociación de Historia de España de Japón (supein shigakkai) y de la Philippine Historical Association. En España, de la Asociación de
Historia Contemporánea y de la Comisión Española de Historia de las Relaciones
Internacionales (CEHRI). He ocupado cargos en algunas de ellas, como ser miembro
de la Junta Directiva
de Euroseas (2000-2003),
del Overseas Committee de la PHA, representante español del Overseas Committee
de Philippine Studies, que decide los congresos internacionales sobre
Filipinas, y del Philippine Studies Group en la AAS.
En cuanto a grupos de investigación, soy
miembro del Grupo de Investigación de Historia de las Relaciones
Internacionales en la UCM, adscrito al Contrato Programa en el marco del IV
Plan Regional de la Investigación de la CAM, dirigido por Juan Carlos
Pereira.
En cuanto a publicaciones, soy Miembro
del Consejo Asesor (Advisory Board) de Pilipinas, la única revista en
exclusiva dedicada a Filipinas fuera de este país (publicada en CD-Rom), y del Bulletin of Portuguese-Japanese Studies,
en donde me acaban de nombrar
miembro del Consejo Editorial (Editorial Board). En Portugal también me
han propuesto ser miembro de la Comisión Científica de la Enciclopedia de la Expansión Portuguesa,
a cargo de la Universidade Nova de Lisboa y de la Universidad de las
Azores.
Me siento especialmente orgulloso de los
nombramientos como Visiting Professor en la ANU (RSPAS), el centro mas
activo en los Estudios de Asia, especialmente en los últimos tiempos, o el MARC,
el único dedicado a Micronesia, adscrito a la Universidad de Guam, pero también
del nombramiento como Tinker Profesor en la Universidad de Wisconsin, el
primer español que ha sucedido a Juan Pablo Fusi, que estuvo allí antes de ser nombrado
director de la
Biblioteca Nacional, y tras haber cancelado Javier Tusell a
última hora su estancia. Y, sobre todo, de las discusiones que he mantenido con
historiadores de primera fila como John Dower, Anthony Reid, Victor Liebermann, Louise Young o Daniel Doeppers. Algunos de ellos los hemos
traído a España, como ha ocurrido con el matrimonio Andaya (Barbara ha sido
presidenta de la Asociación de Estudios Asiáticos), o Vicente Rafael y Reynaldo
Ileto. Y, finalmente, estoy también ilusionado en la próxima visita de Benedict
Anderson.
Volviendo a la Tesis Doctoral, en
julio de 2002 volví al departamento de Estudios culturales de área de la
Universidad de Tokio, esta vez como Visiting Professor y con financiación de la Japan Foundation.
Avancé en la Tesis Doctoral ya de forma definitiva, aunque
también necesité de un verano adicional cuya estancia fue pagada con dinero
propio y mi esfuerzo de especialización ha culminado de alguna forma el pasado
7 de diciembre, fecha en la que me examiné para el grado de Doctor en
Humanidades en la Universidad de Tokio. No hay nota, y el título indica sólo
que soy el doctor número 16.713 de la Universidad, un número muy bajo porque en
este país sólo los profesores japoneses que han estudiado en el extranjero son
los que ostentan, por lo general, el título de Doctor. La gran mayoría de los
profesores, de hecho, sólo tienen el título que conseguí en 1995, el de Katei
Shuryo. Permítanme de nuevo un excurso referente a la utilización de la
informática, porque para esta Tesis he presentado un texto con vínculos a los
documentos originales, realizado gracias a la facilidad con que actualmente se
pueden tomar y almacenar las fotografías de los documentos, y que tendré la
oportunidad de mostrárselo caso de poder acceder al último ejercicio de este
Examen de Habilitación. Creo que para el futuro será una opción de trabajo
muchos historiadores. Por un lado para la publicación, porque junto con las
versiones en papel, estos links ofrecen la posibilidad de consultar los
documentos originales, pero también para el trabajo de elaboración del texto
final, porque permite comprobar el original en todo momento y eviten errores.
Hay problemas para ello, como la forma artesanal que se hace, la posibilidad de
que una editorial o un archivo impida la difusión de un texto sobre el que
posee copyright o la cantidad adicional de megabites que supone, pero estoy
convencido de que estoy trabajando de la forma en que se tendrá que hacer en el
futuro.
A la vuelta de Japón en 2003, mi objetivo de
regresar a la Universidad española fue favorecido por la evaluación positiva de
ANECA, tanto para la categoría de Contratado Doctor, como para la de Profesor de
Universidad Privada. Al poco tiempo comencé mi actividad en la Universidad Carlos III, donde he impartido dos
Cursos de Humanidades, sobre “La visión del Otro: Imágenes mutuas entre Japón y
España” y sobre “Revolución, Nacionalismo y Capitalismo en Vietnam,” y está
prevista que siga impartiéndolos. En esta universidad, tuve la fortuna de
encontrarme con el catedrático Ángel Bahamonde, que me informó de la
convocatoria de su plaza de Catedrático interino en el departamento de Historia de la Comunicación Social
de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad
Complutense. En el concurso de méritos, celebrado en febrero
de 2005, obtuve el primer puesto y desde entonces estoy adscrito a este
departamento, donde he tenido la suerte de conocer a Juan
Francisco Fuentes,
el otro profesor adscrito al área de Historia Contemporánea, pero también a un
grupo de compañeros entre los que me siento afortunado de estar entre ellos,
empezando por la directora, Ingrid Schultze, pero también por la secretaria
académica, María Antonia
Fernández, que tanto papeleo ha solucionado. La Comunidad de
Madrid, por otro lado, me ha valorado con un 8,75 en la última evaluación para
el complemento retributivo. No me queda más que agradecimiento a esta facultad,
de la que tanto he recibido.
Con esto paso a un breve excurso por la
docencia impartida. He ofrecido un total de seis cuatrimestres (es decir,
compartidos en curso completo) y dos cursos completos de Historia del Siglo XX,
un cuatrimestre de Historia de la Comunicación Social.
En mi período anterior en la UCM, también impartí un total de
ocho cursos cuatrimestrales de Cultura Japonesa, dos de Política Exterior Española,
dos cursos de Doctorado sobre Imágenes y
Percepciones en la
Política Exterior Japonesa, y en el
extranjero he impartido de forma oficial un seminario sobre Iberia in the Pacific (History 600), Axis Alliance and World War II (History
600) y Lengua Española I (Universidad
de Keio) Es una experiencia
relativamente breve pero que estoy ilusionado en ampliar próximamente por medio
de cursos de postrado, tales como uno que empiezo próximamente sobre Política
de Masas en Asia en el POP de esta Facultad, y otros dos que impartiré en un
futuro más lejano pero para los que ya estoy comprometido, como es uno sobre La Política Exterior
de España en Asia-Pacífico en el MAO de la Universidad de Salamanca y otro
sobre Política Exterior en Asia Oriental en el Master Interuniversitario de
Historia Contemporánea.
He realizado un breve recorrido sobre los
realizado y sobre los trabajos aún pendientes, tales como ese libro sobre las
relaciones con Siam, del que tengo dos capítulos escritos en inglés desde hace
años; el de los Misioneros, el Anticomunismo y Estados Unidos para el que tanta
documentación recopilé durante la Tesis Doctoral; sobre las relaciones entre España
y Japón durante la Guerra Civil
Española, que retiré a última hora del trabajo publicado en
Plaza & Janés o sobre el que espero se titule Franquistas sin Franco, sobre
las disputas internas de la comunidad española en Filipinas durante la Guerra Civil, en
especial entre los aplastantemente mayoritarios, los pro-franquistas, con
bastantes similitudes a las que tuvieron los republicanos en la península. La
carencia de un elemento aglutinador, es decir, los militares, permitió que las disputas internas llegaran a mayores.
No obstante, aprovechando el privilegio de que me escuchen cinco historiadores
cuyos trabajos admiro profundamente, quería referirles los trabajos en los que
estoy embarcado en la actualidad, porque son de nuevo parte de ese botín
inesperado que me ha ido apareciendo.
Por un lado, estoy ahora embarcado en un
artículo sobre la el resultado más visible de la coincidencia de la Guerra Civil
Española y la Chino-japonesa. El reconocimiento del bando
franquista provocó importantes tensiones dentro del gobierno japonés entre los
más militaristas, favorables, y los sectores diplomáticos opuestos a un acercamiento
excesivo a las potencias del Eje, siendo aprobado en tres consejos de ministros
y obstaculizado por Hirota Koki, el ministro de Exteriores nipón con excusas
varias. Uno de estos esfuerzos, no obstante, tuvo un resultado contrario,
porque Hirota puso como condición el
reconocimiento del Estado del Manchukuo, que hasta entonces sólo habían
realizado El Salvador, el Vaticano y el propio Japón y los franquistas se
mostraron dispuestos a realizarlo. Peor aún, porque cuando para detener a los
franquistas Hirota pidió a sus padrinos internacionales (nazis y fascistas),
Roma se mostró dispuesta a reconocer al Manchukuo y con ello abrió una nueva
separación con las potencias democráticas a la que acabó arrastrando a
Alemania. Roma reconoció al Manchukuo el 30 de noviembre de 1937, Tokio a
Salamanca al día siguiente y Salamanca y el Manchukuo lo hicieron mutuamente el
2 de diciembre. Son fechas importantes, porque el mismo día del reconocimiento
de Franco los militares se lanzaron a la toma de Nanjing, en donde cometieron
una masacre, producto del deseo de acabar con el ejército nacionalista
chino (es decir, de pensar que ya no
serían necesarias negociaciones adicionales), de la que se conmemoran ahora 70
años. Hirota, además, fue el único civil condenado a muerte en los Tribunales
de Tokio de posguerra, por lo que sus esfuerzos por evitar el reconocimiento de
Franco avivan el debate sobre la validez de esta “justicia de vencedores” y las
visitas oficiales al Santuario Yasukuni.
Por el otro, estoy tratando de vincular
el darwinismo social y la importancia de la ciencia como la gran ideología de
cambio a fines del siglo XIX con el declive de la legitimidad de la presencia
española en Filipinas y el fin de su dominio en 1898. Comprendo que es difícil
establecer un vínculo claro entre ese sentir generalizado del declive de las
“razas latinas” y las actuaciones en el ámbito político o militar que llevaron
a la independencia de Filipinas, pero creo que es necesario explorarlo
adicionalmente y en ese sentido agradezco mucho las ideas que ha planteado Charo de la Torre
tanto en un primer artículo sobre el famoso discurso de las Naciones Moribundas
de Lord Salisbury como en su libro posterior sobre Inglaterra y el 1898. En
este trabajo planteo la imposibilidad española de adaptar su legitimidad, desde
mediados del siglo XIX, a las nuevas ideas de superioridad e inferioridad de
razas, especialmente desde el punto de vista de los filipinos. Benedict Anderson ha
recalcado en un libro reciente su papel tan adelantado y la influencia de los
movimientos revolucionarios, en especial el anarquista, pero la sociedad
filipina también estaba abierta a las nuevas ideas de categorización de razas.
La antigua legitimación como portadores de la religión verdadera perdió
importancia y es un factor que, considero, debe ser más investigado.
Esto
es todo, muchas gracias por su atención y un agradecimiento especial a Teresa,
con quien los lazos que me unen comenzaron, precisamente en esta universidad.
También a Flochan, que no esta aquí, pero sabe de la importancia de este día,
aunque no tiene claro hasta qué punto.