Presentación ante el Tribunal

Concurso de Acceso a Cuerpos Docentes Universitarios

Facultad de Ciencias de la Información, UCM.

5 Noviembre 2007

 

Siguiendo la normativa vigente, he de referirme a mi historial académico, docente e investigador. Lo haré por este orden.

Historial Académico (20’)

         La idea básica que ha guiado mi especialización académica e investigadora ha sido la Historia de Asia Contemporánea, siendo también consciente de que mis contribuciones han de estar, al menos en una primera etapa, el ámbito de la interacción de España en Asia. En 1981, tras licenciarme en Geografía e Historia, solicité una beca a Thailandia que me sugirieron podría recibir y comencé, bajo la dirección del profesor José U. Martínez Carreras, una Tesina sobre Relaciones Hispano-Thailandesas durante la época contemporánea hasta la II Guerra Mundial. Resultó falsa la promesa de concederme esa beca, como también salió mal el intento de estudiar en la Escuela de Estudios Orientales y Africanos de la Universidad de Londres (SOAS), en parte porque entonces España todavía no pertenecía a la CEE y la matrícula era prohibitivamente cara. Ante ello, y siguiendo el consejo de algunos profesores, hube de retrasar los planes de salida y asistir a los cursos de Doctorado, en donde aprendí, además de con Martínez Carreras, con Leoncio Cabrero, Ángel Bahamonde, y el geógrafo Joaquín Bosque Sendra. Esta Tesina fue presentada el 11 de octubre de 1985 y de esta experiencia no sólo aprendí la metodología de la investigación, sino también tuve la suerte de conocer, como miembro del tribunal  a quien ahora está presidiendo éste, Juan Carlos Pereira, en lo que tiene trazas de ser un círculo vital. Además, empecé una relación sinuosa y complicada con la aplicación de la informática a la investigación histórica. Aprendí sobre ello en el curso del profesor Bosque Sendra (Aplicación informática a las ciencias sociales) pero, sobre todo, practicando con un Sinclair QL y sus (escasamente fiables) microdrives que me permitieron entregar la primera tesina elaborada con un programa de tratamiento de textos en el departamento de Historia Contemporánea de la UCM aunque, también es verdad, los problemas ocasionaron varios meses de retraso.

Las relaciones con Thailandia fueron abandonadas al acabar la Tesina, aunque tuvieron una etapa muy interesante y merecedora de mayor estudio en la época Moderna, pero para la Tesis Doctoral quería seguir investigando sobre relaciones de España con un país del Asia Contemporánea. Teniendo en cuenta la necesidad ineludible de leer la documentación del país asiático que escogiera y de acuerdo con mi director de la Tesis, antes de decidir el tema indagué la documentación del AMAE relativa a China y Japón, además de estudiar estos idiomas en el Centro de Estudios Africanos y Orientales de la Universidad Autónoma. Decidí las relaciones entre España y Japón durante el primer franquismo por razones prácticas. En primer lugar porque el idioma me pareció menos difícil que el chino y, en segundo lugar, porque encontré documentación muy sugerente sobre las relaciones con este país, especialmente del año 1945. La información de partida era muy escasa y ese título con un período tan vagamente delimitado era para modificar el período de la Tesis Doctoral en función del material. Por ello, recopilé documentación primero hasta el año 1956, después sólo hasta 1953 y por último, la Tesis se redujo al año 1945. Con esa documentación recogida entonces relativa a la posguerra mundial, publiqué después un artículo sobre el significado de Asia Oriental para el franquismo como puerta trasera hacia Estados Unidos, tanto porque los acontecimientos allí reforzaban los argumentos del franquismo como porque era un escenario muy conveniente para acercarse a funcionarios estadounidenses, mientras que los misioneros jugaron un papel esencial. De hecho, considero que la relación de Madrid con Asia también puede ser denominada una “política de sustitución” parecida a las que se refería el  Ministro Fernando Moran en relación con el mundo árabe o con Latinoamérica.

El estudio para la Tesis Doctoral precisaba, ante todo, conocer profundamente la historia, la política exterior de Japón y, en definitiva, su idioma y su cultura, para poder contextualizarlo correctamente. Era necesario vivir en este país y mientras solicitaba becas, mi carrera laboral en el ámbito universitario comenzó con un proyecto para la automatización del Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores, gracias al que puedo considerarme un buen conocedor de esta dependencia, y que plasmé en un artículo sobre sus fondos relativos a Asia Oriental (en las actas del Congreso El Extremo Oriente Ibérico) que este Archivo sigue utilizando como referencia. En relación con dependencias de este tipo, también he catalogado y ordenado para su envío a España los fondos de la Embajada en Tokio que  no habían sido remitidos a España en 1953. Son cruciales para mi investigación puesto que incluyen todas las comunicaciones entre España y Filipinas durante la ocupación japonesa, que hubieron de hacerse a través de Tokio y en inglés.

Antes de salir a Japón tuve dos años muy intensos como subdirector del CMUNSA con una labor enfocada tanto al alumnado como a las actividades culturales. Tengan en cuenta que era el Colegio Mayor más internacional del campus, con aproximadamente 20 nacionalidades diferentes, problemas raciales importantes y además un lleno total en el mes de julio con becarios árabes para asistir a los cursos de la Escuela Diplomática. Por otro lado, el “África” era quizás el de mayor número de actividades culturales, reconocido por el propio rectorado de la Universidad Complutense, a las cuales contribuí con semanas culturales de países asiáticos, congresos académicos, etc. El mas significativo ha sido el Extremo Oriente Ibérico. Investigaciones históricas y Estado de la Cuestión, en 1988, organizado por el Centro de Estudios Históricos del CSIC, bajo la dirección de Francisco de Solano, que ha significado un salto cualitativo en los estudios de Asia. En este Mayor, me cabe el orgullo del reconocimiento fehaciente de mi labor, al contar por primera vez con un contrato laboral (ningún predecesor mío lo tuvo). Al poco, solicité media jornada, para poder dedicarme a preparar mi viaje a Japón y en abril de 1989 presenté mi renuncia al cargo al día siguiente de recibir la carta de aceptación de la embajada de Japón para la beca en Tokio a partir del octubre siguiente. Un mes antes de salir me avisaron que no habían encontrado ninguna universidad que me aceptara y, aunque presenté de forma inmediata una carta de aceptación en la Universidad de Tokio, hube de esperar una nueva aprobación, saliendo definitivamente a Japón en abril de 1990.

Llegue a la Universidad de Tokio con la categoría de investigador o kenkyusei (研究生) para un período de dos años. A excepción de los seis primeros meses intensivos dedicados al idioma, esta categoría no obligaba a asistir a ninguna clase y gracias a ello pude avanzar con la Tesis Doctoral. También, asistir por primera vez a los congresos de historiadores de la región, tales como los de la International Association of Historians of Asia (IAHA), la Pacific History Association (PHA) o los de historiadores japoneses y, también, dar un curso sobre Historia de España en los Siglos XIX y XX en la Universidad del Ateneo de Manila, con lo que también pasé un verano entero en Filipinas.  Conseguí el grado de doctor en enero de 1993, con la máxima nota, Cum Laude con unanimidad,  en buena parte gracias a los esfuerzos del profesor Pereira por solventar los problemas burocráticos.

Permítanme un segundo excurso sobre la aplicación de la informática a la investigación histórica, porque creo que ya entonces plantee algunas innovaciones en este aspecto. Fui consciente de la necesidad de un programa de base de datos para manejar la información tan ingente que se genera y en especial todas las fichas, que para la Tesina había escrito de forma manual. En esos años, sin embargo, no era posible; los programas en castellano, como el Dbase, eran Bases de Datos y estaban pensados para oficina, no para la introducción masiva y recuperación de texto libre, mientras que los programas extranjeros no admitían eñes o acentos. Ello significó esperar tres años hasta la aparición de un programa suficientemente desarrollado de gestión documental, como ha sido el Knosys, que sigo utilizando continuamente en la actualidad. Al presentar la Tesis Doctoral, así, disponía de aproximadamente 5.300 fichas de texto que fueron claves para el manejo de la información. Actualmente tengo 16.000 fichas, pero la gran mayoría de los textos ahora están tomados directamente de internet.

 

En Tokio, la necesidad de profundizar en la especialización me llevó a optar por un segundo doctorado en la Universidad de Tokio, con una propuesta de Tesis sobre la Comunidad Española en Filipinas en el siglo XX, dirigida por el profesor Tsunekawa Keiichi (常川恵一) en el Departamento de Estudios Culturales de Area (chiiki bunka kenkyuka, 地域文化研究科) de la Facultad de Humanidades. Aunque allí es obligatorio realizar previamente el Master, la Universidad contabilizó el año adicional que se estudia en España y otro más por la Tesina, por lo que pude pasar directamente al Doctorado, tras examinarme ante un tribunal de una decena de profesores. Tras ello, la beca del Ministerio de Educación japonés fue renovada por los tres años del programa. Durante este tiempo, conseguí un total de 20 créditos, con clases impartidas en japonés (la universidad de Tokio no ha comenzado a programar clases en inglés hasta el año 2000), a cargo de especialistas de primera línea. También en japonés, pero sin créditos, la profesora Ikehata Setsuho (池端雪浦), de la Universidad de Estudios Extranjeros (東京外国語大学), en donde actualmente es rectora, nos dio al gran experto en la ocupación japonesa de Filipinas, Rico T. Jose, y a mi un curso en exclusiva sobre la ocupación japonesa en Filipinas.

Gracias a una ayuda de la Fundación Toyota, pude viajar a Filipinas y Estados Unidos, tanto para consultar documentación en Archivos y Bibliotecas como para entrevistas personales por el archipiélago filipino. Además de las clases en la Universidad y de la asistencia a nuevos congresos internacionales, pasé un total de cinco meses en la LOC y en los National Archives de Washington, tanto en la Plaza de la Marina como en otros edificios, puesto que en esos momentos estaban en proceso de traslado. También visité centros de documentación situados en las Universidades de Stanford, Berkeley y las Bibliotecas presidencias de Truman (Kansas) y Roosevelt (Estado de Nueva York) y he consultado los papeles de Embajador Hayes en la Universidad de Columbia.

Durante estos años en Japón, también fui profesor de la Universidad de Keio (慶応大学), una de las mas prestigiosas entre las privadas, impartiendo dos cursos de lengua española. El visado de estudiante permite allí esta posibilidad, puesto que autoriza a trabajar un máximo de 20 horas semanales, que nunca sobrepasé y ni siquiera llegué a la mitad, aunque también enseñé en el centro cultural de la televisión estatal, el NHK Bunka Senta (NHK文化センタ-). Así, en marzo de 1995, al acabar los tres años con los créditos requeridos, obtuve el Katei Shuryo (課程修了) traducido como Ph. D. Candidate, aunque es mas exacto asemejarlo al DEA.

 

En 1995, el regreso a España me mostró que la parte más difícil no sería aprender o investigar, sino enseñar todo lo que había aprendido en la estancia de cinco años. Tras haber conocido al Rector Gustavo Villapalos en un viaje a Tokio, fui designado Director Adjunto de Estudios de Japón en el Instituto Complutense de Asia (ICA), aunque sin salario, sin un director de Estudios de Japón y en un centro cuyo interés estaba enfocado en sacar réditos económicos al auge asiático. Finalmente, conseguí un contrato y de ese período de algo más de un año me puedo enorgullecer de haber sido el impulsor de la primera titulación de postgrado sobre Asia en España, el Diploma de Estudios Asiáticos. Además, realicé otras actividades, como editar la Memoria de Asia, un boletín de actividades sobre Asia en España, organizar una encuesta de Asianistas realizada por encargo del IIAS, o servir de soporte para el estudio sobre la enseñanza de Japón en España, realizado por el profesor Hiroto Ueda, de la Universidad de Tokio, por encargo de la Fundación Japón, perteneciente al Ministerio de Asuntos Exteriores.

Fue precisamente gracias un programa de esta Fundación, el de expansión de personal, por el cual abona los dos tercios del salario de un profesor durante tres años, por el que me incorpore a la docencia por primera vez en España, en 1996. El departamento de Derecho Internacional Público y RR.II. de la Facultad de Ciencias Políticas aceptó recibirme y allí estuve adscrito durante cuatro años. En el primer cuatrimestre de 1998, tras ser nombrado profesor Tinker, por la Fundación de este nombre, impartí dos seminarios (Iberia in the Pacific y Axis Alliance and WWII) en la Universidad de Wisconsin-Madison. Llegué invitado por el CSEAS, y además tuve la suerte de conocer a los profesores George Mosse, Francisco Scarano, Alfred W. McCoy y Stanley Payne, cuyo despacho estaba enfrente del mío.

En el año 2000, aunque el departamento pidió mi continuidad y la solicitud de la UCM al programa de la Fundación Japón  conllevaba el compromiso de crear una plaza permanente, la UCM canceló mi contrato, tras saber que la Fundación Japón ya no pagaba mis salarios. Quedarme sin plaza en la universidad me permitió dedicarme a la presidencia de la AEEP, que ostenté durante tres años, además de a seguir investigando. Ya antes de mi partida a Japón había sido secretario (1989-90), cargo que retomé a mi vuelta, pasando luego a ser vicepresidente y, elegido en 1999, presidente. Con esta asociación he organizado varias actividades científicas, en 1988 y 1989 ya organicé su primer y segundo simposios, después he sido uno de los vicepresidentes de la Comisión Organizadora del Cuarto (1998) y en 2002 he sido coordinador del sexto De estas conferencias han sido publicados libros, algunos de los cuales he coordinado, como Estudios sobre Filipinas y las Islas del Pacífico, España y el Pacífico o incluso The Philippine Revolution of 1896-1898, en este caso una selección de los mejores artículos presentados al IV Congreso, seguida por una revisión a raíz de las críticas de los dictaminadores.

Además de ello, durante mi presidencia en la AEEP me siento orgulloso de haber realizado actividades muy diversas. Entre ellas, impulsar la coordinación de los asianistas en España. En cuanto al conocimiento de Asia en España prefiero destacar dos hechos. En primer lugar, organizamos un congreso con la Escuela Fletcher de Relaciones Internacionales, adscrita a TUFS, en Massachusets, indagando sobre la validez del término “Revolución Oceánica” como un equivalente no-eurocéntrico para los términos que señalan la separación entre la Edad Media y la Moderna, tales como “Descubrimiento,” “Renacimiento,” o “Grandes Navegaciones.” En segundo lugar, fui también el organizador de la IV Conferencia Europea de Estudios Filipinos, Europhil, en la Universidad de Alcalá de Henares, por lo que tuvo lugar en España por primera vez, una reunión académica internacional sobre Filipinas. Vinieron alrededor de 160 especialistas y su repercusión mediática aumentó al celebrarse del 10 al 12 de septiembre de 2001.

Me enorgullezco que algunas de estas ideas sigan vigentes. La idea de la coordinación a través de un boletín, de hecho, continúa a través del boletín distribuido por correo que edito mensualmente desde hace ya casi tres años, el Boletín Casa Asia, siguiendo unas pautas parecidas y, en inglés y en exclusiva para el mundo académico, el Boletín MedAsia, la organización de instituciones académicas dedicadas a impulsar los Estudios de Asia en Portugal, Francia, Italia, Grecia y España, que también me han encargado a mi. La idea de un congreso académico de la AEEP que fuera básicamente el marco de pequeños paneles temáticos organizados de forma autónoma y por tanto que la Asociación sirviera de punto de encuentro periódico entre los especialistas de la región también ha continuado de alguna forma. Se puso en marcha en ese VI congreso de la AEEP en Junio de 2002  (durante el que dimití, puesto que a la semana salía a Japón para una estancia de un año)  y continúa con el Foro de Investigación sobre Asia y el Pacífico (FEIAP) promovido por la Universidad de Granada y que el próximo año en Valencia tendrá su siguiente edición.

 

Mi investigaciones creo que muestran una línea de continuidad pero también ese devenir imprevisible que Luis Gil Fernández comentaba hace unos días al recibir el Premio Nacional de Historia: "La investigación histórica es como la policíaca: uno va buscando un robo y se encuentra con un alijo de drogas". Siguiendo una metodología de la Historia de las Relaciones Internacionales, junto con el objeto preferente de estudio, he debido profundizar en temas inesperados. En el caso de mi Tesina, la publiqué en 1997 como Españoles en Siam (1540-1939) Una contribución al estudio de la presencia hispana en Asia Oriental (1997), pero resulta un tema inacabado y por ello sigue como proyecto pendiente. Además de dos significativas expediciones de conquista desde Manila en 1590 y 1593, el estudio de las relaciones resultó ser antes bien el de las actividades de individuos con vínculos casuales con la administración -el Estado no llegó allí. Además, es posible reinterpretar su escasa importancia, porque la existencia de unos poderes políticos en Filipinas y Siam desinteresados en la relación mutua limitó extraordinariamente su existencia, pero por otra posibilita un estudio a más largo plazo de los esfuerzos recurrentes de impulsar las relaciones. En definitiva, pretendo continuar con el estudio  planteando la existencia de una región, como es el Sudeste de Asia, antes de que existiera el concepto, que surgió tras la II Guerra Mundial. Anteriormente, la división era según los países colonizadores o bien entre la zona marítima y la continental. El espionaje y las percepciones fueron los temas inesperados a lo largo de la tesis doctoral de la UCM y para la de la Universidad de Tokio lo está siendo el tratamiento metodológico de la comunidades de emigrantes, con conceptos tales como la doble lealtad y los liderazgos internos.

Permítanme que me centre en el papel de las imágenes. Progresivamente me fui haciendo consciente de su rol crucial entre España y Japón, teniendo en cuenta que estos dos países apenas tenían contactos políticos o económicos, especialmente en el período bélico que estudiaba. Entre 1936 y 1945, no obstante, las relaciones sufren el mayor vuelco, desde un momento de amistad y de participación en alianzas conjuntas hasta otro en que España está a punto de declarar la guerra a Japón, y por eso las percepciones pueden entenderse como el único hilo conductor entre el período de admiración y el de odio. Sólo el papel central de las imágenes en la investigación permitía contextualizar hechos extraños, como una noticia en primera página del ¡Arriba! en febrero de 1944 reconociendo los propios falangistas que habían sido demasiado ilusos con los japoneses (y que el Times la calificó de Eye-opening news) o una respuesta extrañísima de Franco al presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson, (p. 519) en 1965, cuando le informó del inicio de las conflagraciones en Vietnam, en donde le aseguraba, militar como era, que el problema de Vietnam era político y no militar, y que era normal que esos “pueblos jóvenes” fueran comunistas. La adaptación metodológica en que me embarqué, ayudado por Juan Carlos Pereira, tuvo resultados adicionales, como un número dedicado a las visiones mutuas en la Revista Española del Pacífico, o unos cursos de Doctorado: Imágenes y Percepciones en la Política Exterior Japonesa. Los conceptos que han permitido explicar mejor el devenir de las relaciones han sido el de Orientalismo de Edward Said “un estilo occidental que pretende dominar, reestructurar y tener autoridad sobre Oriente”), el de poder-saber de Foucault y sobre todo la obra del profesor de Columbia, Robert Jervis: Perceptions and Misconceptions in International Relations. Jervis define y codifica los “atajos a la racionalidad” que denomina Herbert Simon, tales como la congruencia cognitiva, la reducción de la disonancia o la satisfacción perceptual. Tengan en cuenta que los generalistas (“enterados”) como Carrero Blanco, los ministros de exteriores o el propio Franco fueron los principales decisores sobre Japón en estos años y de ahí el título del libro Franco y el imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra. Tras un nuevo proceso de redacción de siete meses en el que fue crucial mi estancia en Wisconsin y poder aprovechar sus excelentes bibliotecas, entregué el manuscrito al Fondo de Cultura Económica, que no lo pudo publicar por razones coyunturales. Así, el manuscrito hubo de esperar varios años hasta que Plaza & Janés se decidió a publicarlo, en el año 2001. Al poco de su publicación, el programa Baltasar Gracián de Japón concedió una ayuda a la editorial Shōbunsha (晶文社) para  su publicación en japonés, y espero que aparezca en el año 2008. 

Aunque no he conseguido publicar los libros con la celeridad que me hubiera gustado, creo que la calidad de las editoriales compensan esta carencia. Ateneo de Manila University Press es la más prestigiosa de Filipinas, con gran diferencia, con un acuerdo de compartir mercados con la Hawai’i University Press que ha significado una difusión por Estados Unidos como si hubiera sido publicado en este país. En el caso de las revistas que han publicado mis artículos, Philippine Studies y el Journal of the Siam Society son las más prestigiosas en estos países, Parallel Press es una editorial de la Universidad de Wisconsin-Madison, Nichigai Associates es la editorial de Kinokuniya, la librería que ustedes seguro visitarán si van a Tokyo y el Micronesian Journal, donde salió el artículo del obispo Olano, por último, es la única revista académica dedicada en exclusiva a esta región, online, una vez que la Universidad de Guam dejó de publicar ISLA.

En este esfuerzo de especialización he colaborado o me he integrado en un buen número de organizaciones. Fuera de la AEEP, he colaborado con la puesta en marcha de la Asociación Española de Estudios Japoneses, de la que soy miembro fundador, con la Asociación de ExBecarios del Ministerio de Educación Japonés (AEM), de la que también miembro fundador y de la Junta Directiva hasta el año 2003. Del extranjero,  también soy miembro desde hace años de la Association for Asian Studies (AAS), de la Asociación de Historia de España de Japón (supein shigakkai) y de la Philippine Historical Association. En España, de la Asociación de Historia Contemporánea y de la Comisión Española de Historia de las Relaciones Internacionales (CEHRI). He ocupado cargos en algunas de ellas, como ser miembro de la Junta Directiva de Euroseas (2000-2003), del Overseas Committee de la PHA, representante español del Overseas Committee de Philippine Studies, que decide los congresos internacionales sobre Filipinas, y  del Philippine Studies Group en la AAS.

En cuanto a grupos de investigación, soy miembro del Grupo de Investigación de Historia de las Relaciones Internacionales en la UCM, adscrito al Contrato Programa en el marco del IV Plan Regional de la Investigación de la CAM, dirigido por Juan Carlos Pereira.

En cuanto a publicaciones, soy Miembro del Consejo Asesor (Advisory Board) de Pilipinas, la única revista en exclusiva dedicada a Filipinas fuera de este país (publicada en CD-Rom), y del Bulletin of Portuguese-Japanese Studies, en donde me acaban de nombrar miembro del Consejo Editorial (Editorial Board). En Portugal también me han propuesto ser miembro de la Comisión Científica de la Enciclopedia de la Expansión Portuguesa, a cargo de la Universidade Nova de Lisboa y de la Universidad de las Azores.

Me siento especialmente orgulloso de los nombramientos como Visiting Professor en la ANU (RSPAS), el centro mas activo en los Estudios de Asia, especialmente en los últimos tiempos, o el MARC, el único dedicado a Micronesia, adscrito a la Universidad de Guam, pero también del nombramiento como Tinker Profesor en la Universidad de Wisconsin, el primer español que ha sucedido a Juan Pablo Fusi, que estuvo allí antes de ser nombrado director de la Biblioteca Nacional, y tras haber cancelado Javier Tusell a última hora su estancia. Y, sobre todo, de las discusiones que he mantenido con historiadores de primera fila como John Dower, Anthony Reid, Victor Liebermann, Louise Young  o Daniel Doeppers. Algunos de ellos los hemos traído a España, como ha ocurrido con el matrimonio Andaya (Barbara ha sido presidenta de la Asociación de Estudios Asiáticos), o Vicente Rafael y Reynaldo Ileto. Y, finalmente, estoy también ilusionado en la próxima visita de Benedict Anderson.

Volviendo a la Tesis Doctoral, en julio de 2002 volví al departamento de Estudios culturales de área de la Universidad de Tokio, esta vez como Visiting Professor y con financiación de la Japan Foundation. Avancé en la Tesis Doctoral ya de forma definitiva, aunque también necesité de un verano adicional cuya estancia fue pagada con dinero propio y mi esfuerzo de especialización ha culminado de alguna forma el pasado 7 de diciembre, fecha en la que me examiné para el grado de Doctor en Humanidades en la Universidad de Tokio. No hay nota, y el título indica sólo que soy el doctor número 16.713 de la Universidad, un número muy bajo porque en este país sólo los profesores japoneses que han estudiado en el extranjero son los que ostentan, por lo general, el título de Doctor. La gran mayoría de los profesores, de hecho, sólo tienen el título que conseguí en 1995, el de Katei Shuryo. Permítanme de nuevo un excurso referente a la utilización de la informática, porque para esta Tesis he presentado un texto con vínculos a los documentos originales, realizado gracias a la facilidad con que actualmente se pueden tomar y almacenar las fotografías de los documentos, y que tendré la oportunidad de mostrárselo caso de poder acceder al último ejercicio de este Examen de Habilitación. Creo que para el futuro será una opción de trabajo muchos historiadores. Por un lado para la publicación, porque junto con las versiones en papel, estos links ofrecen la posibilidad de consultar los documentos originales, pero también para el trabajo de elaboración del texto final, porque permite comprobar el original en todo momento y eviten errores. Hay problemas para ello, como la forma artesanal que se hace, la posibilidad de que una editorial o un archivo impida la difusión de un texto sobre el que posee copyright o la cantidad adicional de megabites que supone, pero estoy convencido de que estoy trabajando de la forma en que se tendrá que hacer en el futuro.

A la vuelta de Japón en 2003, mi objetivo de regresar a la Universidad española fue favorecido por la evaluación positiva de ANECA, tanto para la categoría de Contratado Doctor, como para la de Profesor de Universidad Privada. Al poco tiempo comencé mi actividad en la Universidad Carlos III, donde he impartido dos Cursos de Humanidades, sobre “La visión del Otro: Imágenes mutuas entre Japón y España” y sobre “Revolución, Nacionalismo y Capitalismo en Vietnam,” y está prevista que siga impartiéndolos. En esta universidad, tuve la fortuna de encontrarme con el catedrático Ángel Bahamonde, que me informó de la convocatoria de su plaza de Catedrático interino en el departamento de  Historia de la Comunicación Social de la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense. En el concurso de méritos, celebrado en febrero de 2005, obtuve el primer puesto y desde entonces estoy adscrito a este departamento, donde he tenido la suerte de conocer a Juan Francisco Fuentes, el otro profesor adscrito al área de Historia Contemporánea, pero también a un grupo de compañeros entre los que me siento afortunado de estar entre ellos, empezando por la directora, Ingrid Schultze, pero también por la secretaria académica, María Antonia Fernández, que tanto papeleo ha solucionado. La Comunidad de Madrid, por otro lado, me ha valorado con un 8,75 en la última evaluación para el complemento retributivo. No me queda más que agradecimiento a esta facultad, de la que tanto he recibido. 

 

Con esto paso a un breve excurso por la docencia impartida. He ofrecido un total de seis cuatrimestres (es decir, compartidos en curso completo) y dos cursos completos de Historia del Siglo XX, un cuatrimestre de Historia de la Comunicación Social. En mi período anterior en la UCM, también impartí un total de ocho cursos cuatrimestrales de Cultura Japonesa, dos de Política Exterior Española, dos cursos de Doctorado sobre Imágenes y Percepciones en la Política Exterior Japonesa, y en el extranjero he impartido de forma oficial un seminario sobre Iberia in the Pacific (History 600), Axis Alliance and World War II (History 600) y Lengua Española I (Universidad de Keio)  Es una experiencia relativamente breve pero que estoy ilusionado en ampliar próximamente por medio de cursos de postrado, tales como uno que empiezo próximamente sobre Política de Masas en Asia en el POP de esta Facultad, y otros dos que impartiré en un futuro más lejano pero para los que ya estoy comprometido, como es uno sobre La Política Exterior de España en Asia-Pacífico en el MAO de la Universidad de Salamanca y otro sobre Política Exterior en Asia Oriental en el Master Interuniversitario de Historia Contemporánea.

 

He realizado un breve recorrido sobre los realizado y sobre los trabajos aún pendientes, tales como ese libro sobre las relaciones con Siam, del que tengo dos capítulos escritos en inglés desde hace años; el de los Misioneros, el Anticomunismo y Estados Unidos para el que tanta documentación recopilé durante la Tesis Doctoral; sobre las relaciones entre España y Japón durante la Guerra Civil Española, que retiré a última hora del trabajo publicado en Plaza & Janés o sobre el que espero se titule Franquistas sin Franco, sobre las disputas internas de la comunidad española en Filipinas durante la Guerra Civil, en especial entre los aplastantemente mayoritarios, los pro-franquistas, con bastantes similitudes a las que tuvieron los republicanos en la península. La carencia de un elemento aglutinador, es decir, los militares, permitió  que las disputas internas llegaran a mayores. No obstante, aprovechando el privilegio de que me escuchen cinco historiadores cuyos trabajos admiro profundamente, quería referirles los trabajos en los que estoy embarcado en la actualidad, porque son de nuevo parte de ese botín inesperado que me ha ido apareciendo.

Por un lado, estoy ahora embarcado en un artículo sobre la el resultado más visible de la coincidencia de la Guerra Civil Española y la Chino-japonesa. El reconocimiento del bando franquista provocó importantes tensiones dentro del gobierno japonés entre los más militaristas, favorables, y los sectores diplomáticos opuestos a un acercamiento excesivo a las potencias del Eje, siendo aprobado en tres consejos de ministros y obstaculizado por Hirota Koki, el ministro de Exteriores nipón con excusas varias. Uno de estos esfuerzos, no obstante, tuvo un resultado contrario, porque  Hirota puso como condición el reconocimiento del Estado del Manchukuo, que hasta entonces sólo habían realizado El Salvador, el Vaticano y el propio Japón y los franquistas se mostraron dispuestos a realizarlo. Peor aún, porque cuando para detener a los franquistas Hirota pidió a sus padrinos internacionales (nazis y fascistas), Roma se mostró dispuesta a reconocer al Manchukuo y con ello abrió una nueva separación con las potencias democráticas a la que acabó arrastrando a Alemania. Roma reconoció al Manchukuo el 30 de noviembre de 1937, Tokio a Salamanca al día siguiente y Salamanca y el Manchukuo lo hicieron mutuamente el 2 de diciembre. Son fechas importantes, porque el mismo día del reconocimiento de Franco los militares se lanzaron a la toma de Nanjing, en donde cometieron una masacre, producto del deseo de acabar con el ejército nacionalista chino  (es decir, de pensar que ya no serían necesarias negociaciones adicionales), de la que se conmemoran ahora 70 años. Hirota, además, fue el único civil condenado a muerte en los Tribunales de Tokio de posguerra, por lo que sus esfuerzos por evitar el reconocimiento de Franco avivan el debate sobre la validez de esta “justicia de vencedores” y las visitas oficiales al Santuario Yasukuni.

Por el otro, estoy tratando de vincular el darwinismo social y la importancia de la ciencia como la gran ideología de cambio a fines del siglo XIX con el declive de la legitimidad de la presencia española en Filipinas y el fin de su dominio en 1898. Comprendo que es difícil establecer un vínculo claro entre ese sentir generalizado del declive de las “razas latinas” y las actuaciones en el ámbito político o militar que llevaron a la independencia de Filipinas, pero creo que es necesario explorarlo adicionalmente y en ese sentido agradezco mucho las ideas que ha planteado Charo de la Torre tanto en un primer artículo sobre el famoso discurso de las Naciones Moribundas de Lord Salisbury como en su libro posterior sobre Inglaterra y el 1898. En este trabajo planteo la imposibilidad española de adaptar su legitimidad, desde mediados del siglo XIX, a las nuevas ideas de superioridad e inferioridad de razas, especialmente desde el punto de vista de los filipinos. Benedict Anderson ha recalcado en un libro reciente su papel tan adelantado y la influencia de los movimientos revolucionarios, en especial el anarquista, pero la sociedad filipina también estaba abierta a las nuevas ideas de categorización de razas. La antigua legitimación como portadores de la religión verdadera perdió importancia y es un factor que, considero, debe ser más investigado.

        

         Esto es todo, muchas gracias por su atención y un agradecimiento especial a Teresa, con quien los lazos que me unen comenzaron, precisamente en esta universidad. También a Flochan, que no esta aquí, pero sabe de la importancia de este día, aunque no tiene claro hasta qué punto.