Pruebas de Habilitación Nacional

Área de conocimiento: Historia Contemporánea

Tercer ejercicio

 

Alicante, Mayo 2007

 

 

La Deshispanización de Filipinas, 1935-1939

 

Contexto

 

Tiempo y lugar

      

El Trabajo que presento en esta prueba se enmarca dentro del estudio sobre qué ocurrió a la identidad hispana en Filipinas después de 1898. Se ha considerado normalmente que el declive de lo hispano en este archipiélago fue paulatino a partir de la derrota frente a Estados Unidos, siguiendo el hilo del progresivo envejecimiento de la población filipina que había vivido durante el período español.

 

       Considero que no es cierto. ® Ni que esa evolución del declive de lo hispano en Filipinas haya sido paulatina, ni que ese declive haya tenido básicamente factores internos. Antes bien, mi hipótesis se basa en señalar que la identidad hispana en Filipinas (su “hispanización”) se mantuvo relativamente dinámica durante las primeras cuatro décadas de la colonización norteamericana, básicamente por ser adoptada por los filipinos como propia, adquiriendo así, irónicamente, un sentido anticolonial como herramienta de resistencia frente al nuevo colonizador, Estados Unidos. ® [Esta viñeta muestra los temores a una americanización de Filipinas si se perdiera el idioma español, señalando a los filipinos dominados por ese Tio Sam montado en la cuádriga, pero también adocenados con un bate de béisbol  un guante de boxeo y unas botellas de güisqui]  En segundo lugar, la importancia decisiva de los factores exógenos, esto es, ajenos a la propia evolución de esta identidad hispana en Filipinas, tales como la Guerra Civil en España (1936-39), la Mancomunidad (el comienzo de un período transitorio a la independencia, desde 1935), el estallido de la II Guerra Mundial  y la ocupación japonesa en Filipinas.

 

       La deshispanización, por tanto, vivió un período de inflexión de aproximadamente una década, entre 1935 y 1946, a partir del cual la identidad hispánica de Filipinas pasaría a ser residual e imposible de ser recuperada. Esto era algo factible con anterioridad; los censos de 1939 apuntaban, por ejemplo, que el castellano tenía todavía una base más estable que el inglés, particularmente si la enseñanza del inglés se interrumpiera, gracias a que era más hablado en las casas.  Se puede hablar de tres períodos dentro de esta década, uno (1935-39) marcado por la división interna entre la comunidad española, otro (1940-41) marcado por la magnificación de la amenaza falangista, y uno último (1942-46) por el declive económico, material e incluso demográfico, tanto por los daños causados a raíz de la ocupación japonesa como por la propia independencia de Filipinas.

 

       Considero a la identidad hispana en Filipinas como las contribuciones provenientes de España y América Latina (especialmente México), que habían pasado a ser asimiladas por los filipinos como un pilar de su propia identidad nacional, junto con los valores inculcados y asumidos durante la colonización americana y todo el resto de identidades locales. Las percepciones juegan en ello un papel crucial y la comunidad hispana cumplía un rol metonímico, porque se evaluaba el conjunto de esa identidad hispana a través de ella. Utilizo el término “Deshispanización” en buena parte por considerar mi trabajo como complementario al de William Henry Scott, The Hispanicization of the Philippines.

 

 

Mi trayectoria investigadora

 

Ya señalé que comencé este estudio a raíz de mi incorporación a los cursos de doctorado en Japón, en el año 1992, que estoy conectado con grupos de investigación en Japón y Filipinas y para el que además he recibido financiación de las Fundaciones Toyota (1993-94) y Japón (2002-2003)

 

 

Marco de la investigación

 

       El presente trabajo estudia, en definitiva, el primero de estos períodos anteriormente mencionados, básicamente influido por la labor legislativa de la Mancomunidad en preparación de la independencia prevista para 1946 y, en segundo lugar, por el estallido de la Guerra Civil en España. Por ello, permítanme antes de nada una breve introducción sobre la situación de esta comunidad cuando empieza este período.

 

Lo primero, especificar qué entiendo por la Comunidad Española en Filipinas. Constituía un grupo con diferentes ámbitos de implicación personal, formado en primer lugar por los españoles con la cédula de nacionalidad y después por los filhispanos.

1) El número de españoles con cédula de nacionalidad estaba en esos momentos cercano a las cinco mil personas, un número en ligero declive desde comienzos de siglo, pero con una movilidad muy superior a lo que indica la cifra, puesto que la comunidad española se había ido renovando a lo largo del siglo con llegadas de inmigrantes mientras que por el otro lado iba perdiendo efectivos a causa de la filipinización, especialmente fuera de las capitales y a partir de la segunda generación. Las estadísticas indican un nivel alto de educación entre sus miembros y una tendencia a casarse dentro de la comunidad, lo que explica el importante porcentaje de jóvenes que mantenían la nacionalidad, cosa que no ocurría cuando eran matrimonios mixtos. La comunidad alemana era la más asemejable a la española, frente a una comunidad norteamericana basada principalmente en antiguos soldados que no elevaban su status social en Filipinas, ni el de sus descendientes, al contrario que los españoles.

2) Los filhispanos era ciudadanos filipinos, en buena parte con ascendientes españoles, pero caracterizados por su hispanismo; es decir, además del nacimiento, habría una decisión personal. Dentro de ellos habría dos grupos, 2.1.) los cuasi-hispanos, tal como los denominaban en la documentación norteamericana, que sólo se diferenciarían de los españoles de Cédula por no tener la nacionalidad y los 2.2.) filipinos hispanistas, que hablaban español (según los censos de 1938, 417.000) y que podían sentir aprecio en diferentes grados por la herencia hispana. El papel que concedieran al legado español se podrían agrupar en torno a dos polos, uno más conservador y más exclusivista, en torno al Casino español y otro más proclive a considerar también otras contribuciones, incluidas las americanas, en torno al Casino Filipino, fundado por la familia Roces.

       La peculiaridad principal frente a otras comunidades en América Latina era vivir en un país donde el castellano era minoritario, por lo que españoles y filhispanos tendieron a concentrarse en barrios de las principales ciudades en donde se podía hablar en castellano normalmente. ® [Este es el mapa de la zona hispanizada de Manila, en donde Intramuros era ya desconsiderado por sus edificios antiguos y con una población concentrada en Malate y Ermita, en donde los censos de 1938 indican  una proporción cercada al 40% de hispano hablantes (22% en Intramuros), frente al 2’7% a nivel nacional. También existía un barrio semejante en Cebu e Iloilo, mientras que los vascos estaban concentrados en cinco poblaciones de la isla de Negros] En cuanto a los mestizos españoles (los hay también chinos), su número es difícil de conocer, aunque podrían ser unas 200.000 personas; pero destaca su diversidad, tanto por la proporción de esa sangre hispana, por su origen (en algunos casos, como el propio presidente Quezón, descendían de religiosos) y por la multitud de mezclas de ascendientes. En mi estudio, trato de mantener la consideración de mestizo en un segundo plano (aunque la zona donde se concentraban en Manila era llamada la “mesticería,”) puesto que los filipinos educados hispano-hablantes, desde luego habrían de ser en muchos casos mestizos españoles, pero no necesariamente.

El poder económico de esta comunidad española en un país oligárquico como Filipinas era extremadamente importante. Algunas de las personas más ricas eran de nacionalidad española, como ®Andrés Soriano, dueño de la Cerveza San Miguel y de un total de 59 empresas, tanto en bebidas como en minas y otros ámbitos. Además, otras familias españolas de renombre habían aprovechado la colonización americana para incrementar sus fortunas en una diversidad de empresas, tales como la ®familia Elizalde (pinturas, textiles, destilería, buques, transportes marítimos, seguros, minas, tierras), ® los Zóbel de Ayala, ®las fabricas de tabaco o ® los Roxas. ®Incluyo también a uno de los empresarios que apoyaron la República, un soldado llegado antes del 98 que  se había hecho con una flota de barcos y que era propietario de la principal flota de taxis de Manila. Las órdenes religiosas, por su parte, estaban manejando importantes fortunas, conseguidas gracias a la venta forzosa de tierras al llegar los colonizadores americanos. Los agustinos recoletos, por ejemplo, eran los principales accionistas de la San Miguel. La principal empresa de Filipinas, además, era la ®Compañía General de Tabacos de Filipinas, dedicada a todos los productos de exportación de Filipinas, es decir, vendiendo ®cantidades importantes de azúcar y tabaco a Estados Unidos, aunque también tenía el monopolio de la venta a España de tabaco en rama y otros muchos, como el cabotaje. Las remisiones de dinero a España eran importantes hasta el punto de compensar el déficit comercial. ® El ejemplo más claro son los edificios de la CGTF en Las Ramblas o el edificio más significativo de Madrid en esos momentos, el Capitol, en la plaza del Callao, inaugurado en 1935 y que durante muchos años se llamó edificio Carrión, por Enrique Carrión. Este poderío económico posibilitaría que la mayor librería de Manila, Manila Gráfica, recibiera 50 ABCs diarios y 10 La Vanguardia. Esta librería solicitó 500 ejemplares del número de la revista falangista Fotos por un dossier sobre la Falange Exterior donde se mencionaba la de Filipinas y salían en portada unos jóvenes alzando la mano sobre unos carabaos.

 

       El ámbito cultural de la relación de la comunidad con el resto de la sociedad era crucial. Las noticias desde España tenían una mayor impronta de este tipo que las de carácter político y la muerte de Valle-Inclán, por ejemplo,  mereció foto en primera página de los periódicos. Lo hispano, además, tenía un significado concreto para la identidad filipina, porque si bien los periódicos en las lenguas vernáculas eran los más nacionalistas y que los de lengua inglesa eran los más pro-americanos, los 80.000 diarios publicados en español en 1938 tenían una postura intermedia. Esa cifra indica que llegaban a esos 417.000 filipinos que, según los censos de 1938, hablaban castellano. Hubo iniciativas desde España, como el envío de conferenciantes, ® Lo más significativo, no obstante, es que la iniciativa del impulso al hispanismo estaba a cargo de los propios filipinos. Así, el primer viaje de aviadores filipinos acabó en España, en 1936 ®  y una productora filipina produjo en 1937 la primera película realizada íntegramente en español, Secreto de Confesión. ®

 

        El liderazgo esa comunidad española fue ejercido básicamente por eclesiásticos y por miembros de las familias poderosas, con una creciente influencia de estas últimas, basado en parte por los ataques de la sociedad filipina a los frailes.  Pero también porque el creciente poderío financiero de las familias poderosas, permitiéndoles estudiar y viajar a la península con frecuencia, les hacía intermediarios natos. Además, se dotaron de una serie de instituciones desde donde se podía ejercer ese liderazgo, tales como el Casino Español, las instituciones de beneficencia o el patrocinio de festividades, como la Fiesta del 25 de julio o el Premio Zóbel. Así, el poder de los cónsules diplomáticos estaba muy disminuido frente a los representantes de esas familias oligárquicas, en buena parte porque el Consulado se alojaba gratuitamente en el Casino, que además pagaba gastos de representación y fiestas. El vicecónsul honorario Enrique Zóbel de Ayala aparece como el principal líder hasta esos años, para lo que le sirvió ser un gran promotor de la cultura española y fundador del Premio Zóbel, que sigue teniendo lugar en la actualidad.  Los Elizalde también eran líderes naturales, con el Hospital Español de Santiago o el Hogar San Joaquín como su principal obra de beneficencia, así como otras familias oligárquicas. Tenían un papel fundamental los rectores de la Universidad de Santo Tomás y los altos cargo de la Compañía General de Tabacos de Filipinas. La única persona ajena a la Comunidad con ascendiente importante era el obispo irlandés Michael O’Doherty, que había estudiado en Salamanca. Además, es importante recalcar que el liderazgo sobrepasaba la comunidad y era una referencia para todo el país, con líderes claramente reconocibles y con una importancia decisiva a la hora de conseguir que los candidatos tuvieran medios para salir victoriosos. No es extraño que Quezón tuviera el sobrenombre de Kastila.

      

Su característica principal fue el conservadurismo. Filipinas fue un baluarte del monarquismo durante el reinado de Alfonso XIII, tal como le fue mostrado a Vicente Blasco Ibáñez durante su visita a las islas, pero también tras la proclamación de la República, cuando se dieron claras pruebas de desafección al nuevo régimen aprovechando ese ascendiente financiero.  Las vitolas de los cigarros de la GCTF, por ejemplo, siguieron portando la bandera monárquica. El liderazgo oligárquico-religioso, además, parece que fue el responsable de que no surgieran Casas Regionales, aún cuando la proporción de montañeses fuera muy elevada, del predominio de vascos en la isla de Negros y de que existieron grupos como el Orfeó Catalá,  a principios del siglo XX. Según Llordán Miñambres, es la principal característica de la comunidad en Filipinas frente a otras españolas en el extranjero.

 Tal como ya señalé en el primer ejercicio, hay tres marcos temáticos generales que se desarrollan en este período, como son la identidad nacional de Filipinas, en la cual el legado español estaba presente, la presencia hispana en Asia y la comunidad española en Filipinas, cuyos problemas internos destacan especialmente en estos momentos.

Considero que mi estudio, por tanto, tiene tres objetivos principales

1)  Establecer los hechos, pero reflejando la comunidad como un ente dinámico.

2)  Analizar cual fue el tipo del conflicto que vivió la comunidad

3)  Estudiar el impacto de estos conflictos en los procesos de larga duración

Información y documentación consultada y prevista

 

       Una vez señalado el contexto en el que se desarrolla la investigación, quería seguir con los estudios previos y con la documentación necesaria para la investigación. No hay estudios académicos centrados en el proceso de deshispanización de Filipinas y los trabajos en relación con la comunidad o sus instituciones son escasos, tanto en el siglo XX como, mas sorprendente, durante el período colonial, con la excepción de las órdenes religiosas y las biografías de las familias oligárquicas y sus empresas. Por supuesto, las disputas internas que estudio han sido mencionadas en trabajos, pero con comentarios apresurados, el más difundido de todos ellos ha sido considerar a Andrés Soriano como un falangista,  o bien interpretar las disputas como un conflicto entre españoles de primera y de segunda generación. Considero, por tanto, que es necesario un estudio centrado en la propia evolución de la comunidad, especialmente importante para este período de la deshispanización de Filipinas, por estar caracterizado, como ya he dicho, por la división interna, pero sin olvidar el progresivo solapamiento con el resto de la sociedad filipina.

 

       La documentación consultada para ello ha sido la referente a Filipinas en el Ministerio de Exteriores, así como la escasa documentación sobre la Secretaria General del Movimiento, en AGA. Esta documentación se complementa con la de la Compañía General de Tabacos de Filipinas generada en España, actualmente en el Arxiu General de Catalunya, aunque la generada en Filipinas está desaparecida. Los archivos de la Mancomunidad están probablemente guardados en un edificio, pero no he conseguido confirmar la noticia, ni siquiera con preguntas oficiales. He consultado la documentación personal del presidente Manuel L. Quezon y algunos otros dirigentes en el Archivo Nacional y otros archivos personales, como en el Vargas Museum o en la Universidad de las Filipinas, donde esta la colección de quien fuera poeta, candidato derrotado a la presidencia en la posguerra y abogado de Tabacalera, Claro M. Recto.  En Estados Unidos, hay bastante documentación sobre Filipinas entre la generada por el Bureau of Insular Affairs, organismo del que dependía Filipinas, y la del Departamento de Estado, aunque también tengo constancia de cajas específicas en los archivos militares sobre la comunidad española que no están abiertas a la consulta. En el mismo Washington, en la Librería del Congreso se pueden consultar numerosos papeles personales de altos cargos americanos. Para la izquierda, la Tamiment Library de Movimientos Sociales es Nueva York contiene la documentación entregada por el enviado de la Comintern a Filipinas, James Allen, que coincidió con el estallido de la Guerra Civil. Allen tiene una doble papel en este estudio. Por una parte labró una intensa relación con el candidato a la presidencia filipina en 1935, Gregorio Aglipay, el fundador de la Iglesia Filipina Independiente y por la otra fue el primero en acusar a los españoles en Filipinas de prácticas feudales, en Pacific Affairs.

       He consultado prensa en la Hemeroteca Municipal de Madrid, en la Librería del Congreso, en la Biblioteca de la Universidad del Ateneo de Manila y en el Centro de Documentación Ortigas, en Manila. Gracias a ello he podido completar dos series completas de las revistas en castellano, la pro-republicana decenal Democracia Española y la pro-franquista mensual Excelsior, considerada por algunos la mejor de Filipinas, pero no  he podido encontrar aún una copia completa de los dos principales periódicos en castellano, La Vanguardia y El Debate, de Manila, que vendían 18 y 13.000 ejemplares respectivamente, menos aún de los periódicos publicados en provincias.

       Por último, las entrevistas a miembros de la comunidad o sus sucesores me han aportado unas explicaciones adicionales y alguna documentación, aunque no he podido consultar los archivos oficiales de las familias Soriano o Zóbel de Ayala, temerosos quizás a que remueva un pasado sobre el que no les interesa mucho excavar. 

 

Metodología

 

       En un plano metodológico, teniendo en cuenta que las disputas intra-comunidad son las determinantes en este período, utilizo el concepto de doble lealtad como el que considero más apropiado para captar la diversidad y las dinámicas de la comunidad, así como su imbricación en la sociedad. Mientras que los recién llegados serían un extremo de ciudadanos españoles al 100%, sus nietos serían el otro extremo de personas integradas totalmente en la comunidad. Entre medias, una evolución variable según las personas, pero también según las circunstancias, ya sea la victoria del bando opuesto durante la guerra civil, una legislación que obligara a solicitar la nacionalidad filipina o, simplemente, el matrimonio con una persona de nacionalidad diferente. Con ello, sigo las ideas ya trabajadas por investigadores como Richard T. Chu o Andrew Wilson o Wigan Salazar, que evitan los esquemas bipolares y resaltan el papel crucial de estos emigrantes o descendientes en proceso de cambio, como los tsinoys en el caso de los chinos, además de prestar escasa atención al 1898.

       Para el caso de las disputas internas y su significado, me centro en analizarlas desde una perspectiva del fascismo europeo, es decir, como una lucha entre unas clases medias-bajas representadas por los partidos totalitarios, frente a unos grupos conservadores-reaccionarios que tienen una posición económica y social superior, representados por los partidos tradicionales, tales como los carlistas, la CEDA o Renovación Española. Hubo varios casos de partidos fascistas en Asia, pero el caso de la Falange en Filipinas no puede ser considerado, metodológicamente, como una variante asiática de Fascismo. Algunos comportamientos de sus adversarios, al contrario, si pueden entenderse dentro de un marco cultural más filipinizado.

 

Investigación

 

       La investigación comienza en noviembre de 1935, cuando se proclamó la Mancomunidad como un período transitorio hacia la independencia de diez años durante el cual el gobierno filipino sería independiente de facto, a excepción de aspectos como la política exterior. El gobierno de Manuel Quezón, de esta forma, se preparó para la independencia. Por un lado, el congreso fue elaborando nuevas leyes, asignando en exclusiva a los filipinos (y a los norteamericanos de forma provisional por un período de tiempo) la exclusiva de la propiedad de las tierras, las industrias o las minas, pero también sería necesario decidir cuál sería el idioma nacional filipino. Por el otro, el gobierno buscó reforzar su autonomía frente a Estados Unidos, bien recalcando su carácter como único país católico en Asia, bien por medio de viajes internacionales donde, para enfado de su metrópoli, Quezón recibió honores de Jefe de Estado, bien pergeñando relaciones alternativas, como ocurrió con las visitas a México y otros países latinoamericanos y como habría ocurrido con España caso de no haber tenido lugar la Guerra Civil. Ya tuvo previsto visitar España incluso antes de la proclamación de la Mancomunidad, pero coincidió con la Revolución de Asturias y hubo de cambiar el itinerario.

       La Guerra Civil tuvo un impacto importante, vivida intensamente tanto por los ciudadanos españoles como por los cuasi-hispanos. La rebelión fue apoyada mayoritariamente debido a dos razones principales, por un lado el conservadurismo de su bienestar económico (apenas había obreros, por ejemplo) y por el otro que muchos de ellos eran empleados de los más poderosos. La Tabacalera, por ejemplo, ordenó a sus empleados en 1937 afiliarse a Falange para después darles la orden contraria.

Los hechos más significativos se produjeron a partir de noviembre de 1936, cuando la Guerra ya parecía que tardaría tiempo en dilucidarse y se hizo clara la necesidad de fondos. Los franquistas buscaron sacar el mayor rendimiento posible de sus simpatizantes en Filipinas y para ello nombraron como su cónsul oficioso a Andrés Soriano, primo de José Antonio Sangróniz, del Gabinete Diplomático. Enrique Zóbel, antiguo vicecónsul honorario con la República y tío de Soriano, pasó a tener el mismo cargo para los franquistas y el consulado oficioso pasó a estar en el edificio Soriano. En poco tiempo, se hicieron con el control de las instituciones españolas, especialmente el Casino Español, al que declararon a favor de la rebelión, a pesar de sus estatutos que prohibían entrometimientos políticos. El principal bastión de los republicanos fue el Consulado General reconocido legalmente, ocupado por el antiguo vicecónsul, Andrés Rodríguez Ramón, y cuya lealtad le llevó también a financiar el mayor éxito de los republicanos en estos años, la revista decenal Democracia Española, que consiguió una gran difusión entre la intelligentsia filipina con unos mensajes fuertemente anticlericales. En la primavera de 1937, la República, consciente de la necesidad de aplacar las ayudas desde Filipinas, nombró un Embajador Extraordinario, Antonio Jaén Morente, antiguo diputado que no tenía ningún vínculo previo con este país.

       La principal peculiaridad de la Guerra Civil en Filipinas llegó en el otoño de 1937 cuando se hizo necesario nombrar desde España a un líder de Falange, una vez que las divisiones internas y la radicalidad habían dejado al llamado Centro Falange Española (fundado por el famoso aviador Ignacio Jiménez, casado con la única hermana Elizalde, que al poco salió a luchar a España) en una situación de inanidad política. La recién inaugurada Delegación Nacional del Servicio Exterior de FET hubo de nombrar un Jefe y su responsable, José del Castaño, en contra de las recomendaciones del Consulado oficioso, nombró con plenos poderes a un falangista mallorquín recién llegado, Martín Pou y Roselló, cuñado del principal asesor militar del presidente Quezón, el general Basilio Valdes.

       Pou consiguió un liderazgo capaz de resistir, incluso, los ataques del mismísimo Zóbel de Ayala, Don Enrique. A escasas tres semanas de ponerse a cargo de la Falange, Zóbel de Ayala, entonces la autoridad máxima entre los rebeldes por viaje de Soriano, solicitó a España que lo cambiaran por no haberle consultado algunas decisiones, pero con ello provocó una ola de solidaridad nunca vista, incluyendo la Compañía General de Tabacos de Filipinas y la Cámara Española de Comercio. Obviamente, apoyar a Pou permitía resarcirse agravios contra el líder tradicional de la comunidad y Don Enrique dimitió en cuanto regresó Soriano a Manila.

       Tras volver a ocupar Andrés Soriano el cargo de cónsul oficioso y recibir ambos bandos llamadas al orden desde España, la estrategia de Soriano se centró en controlar a Falange. Soriano, por tanto, obligó a Martín Pou a informarle diariamente de sus actividades, pero también ordenó a sus cuatro empleados dedicados en exclusiva a la comunidad española (uno, especializado en espionaje) a que le acompañaran en todos los actos, mientras que para disminuir su poder instituyó la Junta Nacional de Manila, siguiendo el ejemplo de otras en América Latina.  Esta Junta agrupaba a las instituciones españolas y diluía el creciente poder de Falange entre otras instituciones que él controlaba, tales como el Casino Español (dirigido por su familiar Roxas), una orden religiosa por turno (los Agustinos Recoletos, con los que tenía más relación comercial), la UST, la Cámara de Comercio (en cuyas elecciones  el candidato falangista había sido derrotado), y el español de mayor edad. Además, ante su nueva salida de Filipinas, Soriano nombró como vicecónsul honorario al secretario general de Tabacalera, Adrián Got, con lo cual se aseguraba la fidelidad de esta compañía, buenos contactos con el poder (era amigo personal de Quezón) y evitaba tentaciones de falangismo, porque Got los calificaba de “turba anárquica e indisciplinada”.

       Got carecía de cualquier tipo de tacto político y en cuanto se quedó como responsable de la comunidad española en la primavera de 1938,  negó tajantemente cualquier petición a Falange de dejar parte en Filipinas parte de las recaudaciones para crear el Hogar Jose Antonio e instalar la sede del Auxilio Social de Manila. Frustrado, Pou calificó a Got de cínico, traidor y calumniador a su superior, Castaño, en un telegrama privado que fue conocido inmediatamente por sus adversarios y que desencadenó nuevas tensiones internas que sacaron a la luz el conflicto interno, especialmente al celebrar cada grupo por separado el segundo aniversario del 18 de julio. Fue en esos momentos cuando el ministro de Exteriores Jordana, tras recibir informes que calificaban esta tensión como la más grave de todas las existentes entre las comunidades en el exterior, habló con Franco sobre ello. Franco decidió la sustitución de Pou el 18 de agosto, pero la Delegación Nacional del Servicio Exterior de Castaño se resistió y Pou, de hecho, siguió en el cargo tres meses y medio.

       Pasado este tiempo, el mes de diciembre de 1938 parecía que la situación en la colonia volvía a la normalidad. Pou regresaba a España, Soriano volvía a Manila, Got dejaba el cargo (reprendido desde la península por no haber celebrado el 20-N) y a cargo de Falange pasaba a estar Patricio Hermoso, el líder más aceptable para las “extremas derechas”, tal como definía el propio Got a su grupo. Pero duró poco, porque tras la celebración de la caída de Barcelona, ® Falange (a instancias de Castaño) atacó nuevo a Got con ánimos revanchistas, haciendo que el propio Soriano entrara, por primera vez, en la refriega de recriminaciones. Así, el final de la Guerra Civil  sirvió de poco para aliviar la tensión. Soriano, de hecho, rechazo poco después la propuesta de ocupar el viceconsulado cuando llegó a Manila el primer diplomático franquista, pero también, aparentemente, promovió una publicación anónima repleta de críticas personales a la Junta Falangista (“Cara al sol, cueste lo que cueste”) que llevó a sopesar la disolución de Falange en Manila.

      

1)  La primera conclusión sobre el impacto de la Guerra Civil en la colonia es dejarla exhausta. La comunidad mostró su gran vitalidad a través de la fundación de nuevas instituciones y multitud de actividades: Auxilio Social o la Casa de la República, que buscó también una actividad alternativa promoviendo la enseñanza del castellano, publicaciones actividades culturales,®  o la popularización del juego de pelota vasca. ® Pero el esfuerzo fue excesivo. En el plano económico, Soriano señaló un objetivo de enviar 50.000 pesos mensuales, en buena parte siguiendo las instrucciones desde la península, que solicitaron un 40% de los ingresos de sus partidarios. Esta cifra es la mitad de la que se propusieron los pro-rebeldes en Cuba, con una colonia total cercana a los 300.000 ciudadanos, y he calculado que se llegó a los nueve millones de pesetas. Aunque Soriano aportó aproximadamente el 20%, pero aún así el esfuerzo de cada pro-franquista fue importante. La cifra de 110 voluntarios rebeldes también llama la atención, porque Filipinas llegó a ser el tercer país en número de voluntarios, y sólo encontramos dos razones adicionales para explicarlo: 1) Tabacalera y otras compañías pagaron los billetes de aquellos que deseaban viajar a la península y 2) las crítica de Martín Pou contra los ricos de la comunidad por limitarse a enviar dinero. ® Por parte republicana, los envíos fueron mucho menores, decididos a utilizar la baza de la Neutralidad, pero la ayuda sobre todo llegó por parte de ese grupo de filhispanos en desacuerdo con la oligarquía y con los padres españoles, tal como muestra que la mayoría de los brigadistas fueran filipinos.®

 

Este esfuerzo relegó la atención que debían prestar a adaptarse a los cambios en Filipinas, porque las vacas gordas de esos años fueron causadas por unas expectativas en el valor del oro en Filipinas que se mostraron falsas. El futuro de las fortunas de la comunidad en Filipinas, así, se vio dañado por el desvío de la atención a temas políticos alejados de Filipinas, a lo que se sumó la mala imagen que la militancia política dio a sus empresas, especialmente desde que el comunista James Allen acusara a Tabacalera (y a la Iglesia) en la revista Pacific Affairs de ser la gran opresora de los trabajadores agrícolas filipinos utilizando prácticas feudales, una acusación repetida en el discurso del representante norteamericano en 1946, en la proclamación de la Independencia Filipina (el 4 de julio, por cierto) para justificar la pobreza en Filipinas.

 

2) La singularidad del conflicto de Falange contra la oligarquía en Filipinas, aunque las disputas entre líderes falangistas y representantes diplomáticos fueron generalizadas, se debe en buena parte a la lejanía, tanto física como mental. Los líderes franquistas sólo estaban interesados en los fondos remitidos desde Filipinas y la amenaza de cortarlos parece ser la razón principal de que el ministro Jordana hablara sobre las disputas con Franco, cuyo interés por Filipinas era marginal, a pesar de la estancia de su padre allí y del hermanastro de cuya existencia hubo de tener ya constancia. Martín Pou, así,  fue libre de elaborar un programa y proferir unas críticas sin excesiva intromisión exterior, por eso sus planteamientos ideológicos resultan llamativos: obligación de ayudar en lugar de limitarse a hacer caridad, aceptación de izquierdistas renegados, oposición expresa al capitalismo monopolista o desprecio a la monarquía. Además, haciendo uso del slogan “Falange es España”, levantaron una estructura independiente y paralela a la existente entonces que buscaba ocupar la vida entera del afiliado, tales como ese Auxilio Social, o esas organizaciones femenina y juvenil a través de las cuales se organizaron todo tipo de reuniones.® Pero también levantó una actividad paralela al Consulado oficioso, desde un registro alternativo de todos los españoles o el nombramiento de sus propios delegados en provincias, al deseo de controlar las donaciones de sus simpatizantes, de tal forma que se llegaron a especificar a quién estaban adscritas. Falange en Filipinas puso en práctica, considero, el típico proceso fascista europeo de desafío a la autoridad tradicional. Si lo pudo conseguir fue porque, aunque había la misma diversidad de grupos derechistas de la península previa al golde de Estado, en Filipinas faltó el papel de los militares como elemento vertebrador del bando rebelde. Al no estar presentes, las disputas internas recuerdan mucho a las del bando republicano, porque los falangistas se convirtieron en el eje del debate, reagrupando a todos los demás en su contra, pero sobre todo porque aportaron un liderazgo diferente. Frente a la figura de Andrés Soriano, poderoso económicamente, joven y con carisma fue emergiendo la de Martín Pou como representante de un grupo nuevo que ansiaba ascender social y políticamente dentro de su marco  principal de referencia, esto es, la comunidad hispana en Filipinas.

La Guerra Civil en Filipinas, ciertamente, tuvo consecuencias que van más allá del conflicto.

 

las disputas internas la dejaron fuertemente tocada como para pensar en promover ideas más allá de su ámbito. En esos momentos, se estaba debatiendo la elección de una lengua nacional y quizás el castellano perdió en esos momentos las posibilidades de ser escogida como tal; tenía la doble ventaja de no suscitar una dominación mayor de la metrópoli (la razón por la que Timor Este ha preferido escoger al portugués frente al bahasa indonesio o el inglés), y no provocar el rechazo por ser la lengua vernácula de una de las etnias del país (como he hecho suscita el tagalo y que fue la razón por la que Indonesia evitó el javanés como lengua nacional y escogió el bahasa, una lengua externa).

Los republicanos intentaron cambiar el tipo de relación tradicional basada en el legado colonial por una laica y equitativa, entre dos países a un nivel semejante. Ensalzaron a Rizal, fusilado por las tropas españolas en 1896, resaltaron las luchas conjuntas de filipinos y españoles y, sobre todo, tuvieron en su punto de mira a las órdenes religiosas, con una radicalidad (hablado de degollinas) que no mostraron políticamente, puesto que predominaba Izquierda Republicana. Pero fracasaron porque sólo supieron destruir: al contrario que en México, en cuanto acabó la guerra civil, desaparecieron de la escena (llegó poca gente y además fue acosada al máximo, como el abogado de anarquistas Benito Pabón o el embajador Antonio Jaén, que se marcharon de Filipinas en cuanto pudieron, mientras que otros se fueron a provincias, como el presidente del comité de Apoyo a la República, el vasco Buenaventura de Urquiaga o se alejaron de la comunidad aunque siguieron su labor antifascista, como Rafael Antón, uno de los participantes en el juicio que condenó a muerte a José Antonio, que se convirtió en látigo de los fascismos desde la prensa filipina, pero utilizando el seudónimo de Ramiro Aldave.) Las órdenes religiosas españolas también sufrieron un progresivo alejamiento del resto de católicos, incluidos sus colegas misioneros, que no podían sino observar con extrañeza su politización y su radicalidad en temas alejados de la vida religiosa.

Y a las discusiones internas con una intensidad y una bajeza inimaginable anteriormente en el propio archipiélago, se sumó el daño a la imagen del país a través de las noticias de la Guerra Civil, que también pasaron a centrarse en visiones antes desdeñadas. ® Como resultado final, puede decirse que si bien la visión de España había estado equilibrada entre los aspectos positivos y los negativos, a partir de estos años estos último pasaron a predominar en la percepción de los filipinos.  

 

 

 

 

Primeras conclusiones

 

1) Éxito de Falange como herramienta de una tensión social previa, como ocurrió en Europa

a.   Fue la primera organización de españoles no dominada por la oligarquía

b.   Empezó como un instrumento de lucha faccional, de plataforma de los Elizalde frente a Soriano

c.    Conflicto interno, sin repercusión fuera de la comunidad.

d.   Soriano no era fascista y no hubo tal peligro para Filipinas

e.   Aspecto 1ª y 2ª generación: secundario

2) Aceleración hacia el polo de la filipinización: se pasa de los motivos particulares a los generales

a.   Republicanos pasan a pensar en Filipinas como su lugar definitivo

b.   Ruptura de lazos internos comunitarios (gasto, tensión, etc.)

c.    Legislación y apoyo Quezón a la nacionalización