Estrada, el presidente encausado en Manila
Fragilidad
de una democracia
,
Vol. XV, num. 79, pp. 44-55.
p.44
Durante muchos años, Filipinas fue un país líder en su región. En 1898, los
filipinos fueron los primeros asiáticos en proclamarse independientes, poco después
de la derrota de los españoles. Su colonización fue envidiada por sus vecinos,
tanto por la capacidad de decisión sobre algunos aspectos de su propio país
como por gozar de una libertades - elecciones incluidas
- que otros pueblos colonizados ansiaban. La existencia de una educada clase
media y sus ansias independentistas obligaron a los Estados Unidos a
fijar en 1935 un período previo a la independencia, la Mancomunidad, y después,
a cumplir con las promesas de concederla en su totalidad, en 1946, aunque el
país salía de la ocupación japonesa.
Filipinas fue hasta la década de los 1970 la nación independiente más rica de
Asia, después de Japón. Estados Unidos, mientras tanto, se ufanaba por esa
fidelidad hacia los “valores occidentales”, por la debilidad de las guerrillas procomunista, y por unas elecciones periódicas que
mostraban la existencia de democracia. Los filipinos eran conscientes de
ello y no sólo se preciaban de ser el único país cristiano en Asia, sino
también de ser un puente entre Oriente y Occidente, una idea poco original que
se basaba en esa aparente superioridad política y económica respecto a sus
vecinos.
Filipinas, sin embargo, no era tan ejemplar como se presentaba. Su prosperidad
estaba basada en una venta asegurada a Estados Unidos de azúcar y de
otros productos con precios poco competitivos, que acabó cuando esos
privilegios desaparecieron. La capital, Manila, era casi la única ciudad con
clase media, mientras que los ingresos por las exportaciones estaban
concentrados en una pequeña elite, que prefería derrocharlos antes que invertir
en empresas y producir, acostumbrados a que los beneficios empresariales
vinieran más de las ayudas gubernamentales que de la propia gestión. [p.45]
La democracia, además, funcionaba sólo de forma aparente. Los gobernadores
provinciales tenían un poder casi soberano, con ejércitos propios con los que
las autoridades de Manila difícilmente se entrometían. Las campañas electorales
rebosaban de noticias de muertes por enfrentamiento entre los seguidores de los
candidatos, quienes sabían que debían ser agresivos para captar
electores, con discursos lo más populistas posible e incluso con la
compra directa del voto o la extorsión violenta.
Como el Estado era incapaz de cumplir con las funciones de un país democrático,
desde la justicia independiente hasta la ayuda para los momentos difíciles,
otras instituciones como las familias poderosas, las relaciones
personales o las diferentes iglesias lo hacían. Ganar las elecciones
significaba el carpetazo a todas las anteriores violaciones a la ley en
pos de esa victoria, a no ser que alguien más poderoso quisiera apoyar al
rival. La democracia era frágil como su clase media.
Las victorias de Ferdinand
Marcos en las elecciones presidenciales de 1965 y 1969 fueron un ejemplo de
cómo las extorsiones eran válidas para alcanzar el triunfo. Habría ganado
fácilmente una nueva convocatoria de no ser por el impedimento constitucional
de presentarse a más de dos elecciones consecutivas, pero para solventarlo
declaró una ley marcial “para salvar al país de la insurgencia comunista y de
los codiciosos oligarcas” que luego, por medio de una nueva Constitución, le
permitió seguir presentándose a nuevas elecciones, como las de 1981, en la que
fue elegido por tercera vez.
Marcos se mantuvo en el poder apañando las leyes a sus propios intereses, pero
nadie se sorprendió de la jugada y muy pocos de sus principales aliados le
dejaron de apoyar por la violación a sus principios democráticos, incluido
Washington, que le dio el beneplácito sabiendo bien que esas críticas al
necesitar un país estable y un aliado seguro. En los peores
momentos de la guerra Vietnam y con la amenaza de la “teoría del dominó”
en la región, EEUU prefirió desdeñar la importancia de los tintes
dictatoriales del régimen de Marcos y por comprobar por comprobar que en ese
país había paz, aunque fuera a golpe de represión y de unos caciques
provinciales cuyos poderes sobrepasaban con mucho los límites democráticos.
Marcos se mantuvo durante trece años más, hasta 1986, cuando
encubrimiento de la muerte de un opositor, Benigno Ninoy
Aquino, supuso que la oposición ganara unas elecciones a
La historia posterior ha sido más democrática: Cory Aquino traspasó el poder de forma pacífica, y su
sucesor,
El progreso ha sido claro, pero la fragilidad de la
democracia de posguerra sigue presente. No sólo siguen existiendo los
ejércitos privados en el campo, sino que las elecciones son todavía
considerados por muchos como [p.46] el momento en que los votantes
esperan un regalo o un dinero para saber a quien deben votar: entre cien pesos
en el campo y doscientos en las ciudades para las elecciones presidenciales, en
las que se ofrecen las mayores cantidades. Los partidos políticos continúan
siendo un mero apéndice de lealtades personales y las últimas elecciones fueron
un nuevo ejemplo de saltos de candidatos de unos partidos a otros, con
tal de obtener las mejores posiciones, junto con las consiguientes adhesiones
al partido del ganador tras saberse el resultado.
Estrada es un ejemplo de este legado. Tras
abandonar sus estudios y trabajar como actor en numerosas películas de acción
en las que le solía tocar defender a los pobres contra los poderosos,
Joseph Ejército Estrada, Erap (colega, en
tagalo) para todos, comenzó su carrera política en 1967, sin un partido
político ni ideas perfiladas, compitiendo por la alcaldía de San Juan, una
municipalidad del área de la capital, Manila. Sin conseguirlo, a falta de 44
votos, dos años de juicios y numerosas presiones hicieron que la alcaldía le
fuera adjudicada en 1969, mismo año que Marcos era reelegido. En 1987 se
convirtió en senador y en 1992 en vicepresidente, con muchos más votos
que el propio Presidente
El salto hacia Malacañang (el palacio de los
gobernadores españoles hoy residencia del presidente) no fue difícil. Un
antiguo ministro del gabinete de Ramos ha afirmado recientemente no acordarse
de ninguna reunión a
Erap
tampoco necesitó esforzarse. Aparecer ocasionalmente junto a criminales
detenidos, realizar algunas labores de relaciones públicas (tomar a broma los
chistes sobre su inglés, por ejemplo, con un libro sobre sus errores) y
pronunciar unos discursos de corte populista, fue suficiente. Su fuerza estaba
en su imagen de político antiestablishment, su
desdén por la formalidad, y en ser un duro luchador contra el crimen. Por ello,
Estrada salió elegido en 1998 por más de diez millones de votos y un porcentaje
superior al cuarenta por cien, con gran diferencia sobre los demás.
El
país que heredó estaba en un momento difícil. La declinante situación
económica junto con una tasa de natalidad muy alta durante décadas han deteriorado el nivel de vida de sus aproximadamente 75
millones de habitantes. Ya no están por encima del resto de los países
sino que la renta per capita se sitúa en la media de
la región del Asia-Pacífico, unos mil dólares, según cifras del Banco Mundial.
Pero otros indicadores muestran una situación aún peor. La expectativa media de
vida (68) años es semejante a
Al tomar posesión Estrada, Filipinas vivía los peores momentos de la crisis
financiera más grave que haya [p.47] sufrido el sudeste asiático, causante de
una devaluación del peso filipino cercana al cuarenta por cien, una inflación
que había llegado a dos dígitos, y de una caída de la renta per capita de un dos por cien. Pesaban también la gran
deuda externa, que en 1997 era de 45.433 millones de dólares y la escasa
tasa de cobertura de las exportaciones, un 88 por cien.
Así, el primer año de Presidencia de Erap fue tranquilo, en parte por la reforma
heredada, por unas decisiones económicas adecuadas y unas condiciones
climatológicas favorables, Filipinas superó pronto la crisis: recuperó las
exportaciones, aumentó su producción agrícola en un seis por cien y bajó de los
dos dígitos tanto la inflación como los tipos de interés. El índice de
popularidad también le fue favorable y se mantuvo por encima del sesenta por
cien; mientras hacía cumplir la primera condena a muerte en veintitrés
años en el país para un violador, dando de esta forma expresión a su campaña
electoral basada en perseguir el crimen.
En política exterior, Estrada también afrontó
decisiones difíciles. En diciembre de 1998, China aprovechó dos estructuras
prefabricadas en el arrecife Mischief, a escasos
kilómetros de la costa de Palawan, para levantar un
edificio que parecía dedicarse a actividades militares. Las protestas de Manila
fueron ignoradas y las patrullas filipinas se decidieron a controlar el paso y
estancia de buques, hasta el punto de haber causado el hundimiento de un
pesquero chino en una colisión. Malasia también ignoró las protestas de Manila
y construyó también un edificio en otro arrecife.
Estos incidentes reafirmaron la imagen de país
ninguneado e hicieron cambiar la opinión de un Estrada que, a pesar de su
nacionalismo en 1991 contra las bases norteamericanas, acabó firmando un
acuerdo con Washington en 1999 que ha permitido no sólo realizar los ejercicios
militares conjuntos previstos en el antiguo pacto de seguridad mutuo, algo
imposible desde 1996, sino dotarse de una mayor seguridad en las
relaciones con sus vecinos.
Respecto a los movimientos de protesta internos,
Estrada ha mostrado menos sutileza y uno de los problemas más acuciantes son las
relaciones con los musulmanes bangsamoro de Mindanao.
La violencia en esta isla, la más septentrional del archipiélago, ha sido
endémica desde la llegada de los españoles, sin ser posible que ningún
gobernador la sometiera militarmente, a pesar de las campañas que esquilmaban
buena parte de los presupuestos. [p.48]
En el último siglo, la emigración de filipinos
cristianos desde el norte les ha convertido en minoría, a excepción de cinco
provincias, mientras que la administración les ha tenido marginados, como
muestra el índice de estudiantes que ni siquiera han acabado un año de
escolarización, el 27,8 por cien, frente al 3,7 por cien nacional.
En 1996,
Al marginar a grupos cruciales como el Frente
Islámico de Liberación Nacional (FILN), que quiere una república islámica en
esas provincias, el proceso se ha radicalizado, en beneficio de grupos cada vez
más extremistas, tanto de cristianos decididos a apoyar nuevas campañas
militares como del sanguinario Abu Sayyaf (“El que lleva la espada”), que ha conseguido una
importante base social en las pequeñas islas de Sulu
y Basilan.
Estrada parece no comprender las dificultades
inherentes a
Estrada, aplicando la vieja fórmula de la represión
y de considerar a todos por igual, ha atacado tanto los
campos del FILN, incluida su base principal de Abu Bakar, el pasado julio, como las posiciones de Abu Sayyaf en Sulu,
una vez que liberaron a la mayoría de los secuestrados. Esta dureza le ha dado
más popularidad, pero las perspectivas de paz duradera han disminuido, en parte
porque las ofensivas, han tenido unos resultados militares poco importantes y
porque la posibilidad de negociar es cada vez más
remota.
Para este año es previsible que el conflicto en Mindanao se recrudezca, y que
también el resto del archipiélago filipino vea una extensión de la actividad
guerrillera, tal como muestran las crecientes importancia del grupa comunista
del New People’s Army (NPA)
que vuelve a implantarse en regiones donde estaba inactivo desde hace
muchos años.
El otoño pasado, las acusaciones contra Estrada
aumentaron cualitativamente. A estas acusaciones de dureza sobre cómo tratar un
problema de difícil solución, siempre opinables, se han sumado otras más
fáciles de probar, como es la corrupción a gran escala. Descontento por haberle
marginado en futuros negocios frente a [p.49 (foto de Estrada)] un rival
político, un antiguo asociado suyo y gobernador de la provincia de Ilocos Sur,
Luis Chavit Singson,
le ha acusado ante el Senado de haber recibido un total de cuatrocientos
millones de pesos (unos 1.600 millones de pesetas) por comisiones en juego (jueteng), y haber malversado 130 millones de
pesos de los impuestos provinciales del tabaco.
El jueteng
(una especie de lotería primitiva de dos números), era ilegal y [p.50] desde
hace años ha estado financiando buena parte de las campañas políticas. Singson era quien lo controlaba desde la década de los
setenta. El dinero recibido de los impuestos del tabaco, además, aunque menor
en cantidad, tiene un significado más importante, porque procede de los contribuyentes
y, según la constitución filipina, quedarse con mas de
cincuenta millones de pesos de las arcas del Estado es saqueo. Las
acusaciones de Singson, ante el Senado, han sido
imposibles de desdeñar, ya que llovía sobre mojado y se sumaron a las anteriores
críticas que apuntaban a una necesidad imperiosa de dinero de Estrada, ejemplo
de lo cual fue una orden ejecutiva que requería la norma presidencial para
cualquier contrato superior a un millón de dólares.
Ya había sido acusado de intervenir en el mercado
de valores en beneficio de un amigo, así como de evadir impuestos por no
declarar compañías y casas a Hacienda, lo que significaría perjurio. Sus
amistades no han ayudado a disipar esa imagen. Uno de sus más allegados es
Eduardo Danding Cojuanco,
uno de los magnates que más se benefició de la dictadura de Marcos, con
quien se exilió a Hawai. Otro es Lucio Tan, el dueño de San Miguel Corporation y de Philippine
Airlines (PAL), empresa que ha recibido un masivo
apoyo gubernamental. Otro, como Dante Tan, un operador de casinos acusado de
uso indebido de información privilegiada o Lucio Co,
propietario de una cadena de tiendas libres de impuestos, acusado de
contrabando, son objeto de citaciones judiciales.
Los intentos para conseguir que
La
dinámica generada en este tiempo ha dado un nuevo ímpetu a las críticas contra
su estilo de gobierno. Su falta de política es notoria y los ministros han
estado discutiendo ante la prensa sin que el presidente haya impuesto una norma
clara. Pánfilo Lacson, el principal encargado de
luchar contra el crimen se ha enfrentado con el jefe de
Más que la inexistencia de una dirección coherente en el gobierno, la acusación
más grave contra Estrada es su falta de dedicación a las tareas propias de su
cargo. Sus antiguos aliados pasados al bando opositor han confirmado que las
extrañas inasistencias a actos públicos, incluso los programados con tiempo, no
eran una casualidad, ya que lo mismo hace con las reuniones del gabinete, e
incluso con los periódicos, revistas y los informes propios de su cargo, que
apenas lee. Su sistema de decisiones resulta caótico, con más de cien
nombramientos oficiales que no han pasado [p.51] por el consejo de ministros y
una miríada de órdenes caprichosas que han sido dictadas en una mesa
donde se apiñan papeles oficiales junto con sus platos favoritos.
Sus pasatiempos parecen irreconciliables con sus responsabilidades. Además de
las atenciones a su mujer, sus tres queridas y sus once hijos, Estrada ha
llevado también a Malacañang su pasión por jugar,
apostar, beber acompañado de amigos. Su jefe de gabinete, Aprodicio Laquian llegó a afirmar
que, durante esas timbas, era el único que quedaba sobrio a las cuatro de la
mañana, para tomar nota de las decisiones tomadas para trasmitírselas a los
ministros a la mañana siguiente. Es una forma de gobierno atípica, que ha
provocado no sólo suspensiones de actos o llamadas a sus ministros, a horas intempestivas,
para darles órdenes, sino situaciones que, sino no fuera por su trascendencia,
serían calificadas de tragicómicas.
Las previsiones no fallaron. Sus muchos enemigos políticos han aprovechado las
declaraciones de Singson, comprobadas en buena
parte, para forzar su sustitución por la vía legal acusándolo de soborno,
corrupción, traición y violación de
El
campo anti-Estrada cuenta con importantes bazas para conseguir sus objetivos.
Destacan los dos anteriores presidentes, Corazón Aquino y
Los empresarios llegaron al consenso de que era mejor afrontar unos meses de
enfrentamiento antes que aguantar a Estrada en la presidencia durante los
más de tres años que le quedan de mandato. El peso filipino ha bajado de
cuarenta por dólar hace unos meses a cincuenta; el mercado de valores ha pasado
del máximo de 2.600 puntos en junio-julio de
A estos grupos de oposición se han unido un buen número de personas con
objetivos diversos, principalmente de la izquierda, descontenta por el
incumplimiento del programa contra
El presidente, sin embargo, conserva un buen número
de ases bajo
Estrada conserva un carisma personal y sabe
hacer gestos que han hecho que un alto porcentaje de la población le haya
idolatrado. Aislado, parece que ya no organiza los gabinete
ni las timbas de medianoche de su primer año de mandato y, además, ha ido
ganando en la convocatoria de mítines, porque si la oposición reunió a 80.000
personas, su Día Nacional de Ayuno y Rezo convocó a un millón de personas y el
apoyo de las iglesias evangélicas. Por otro lado, Estrada sigue jugando la baza
de ser el defensor de los pobres y ha hablado de una oposición entre
“peninsulares e insulares”, identificando a sus opositores con las familias
españolas de clase alta, en una asociación que surgió a partir de la guerra del
Pacífico (antes, lo español estaba relacionado con la gente educada, sin
especiales connotaciones políticas), a pesar de que la vida de esos “peninsulares”
está, en todo caso, más identificada con Estados Unidos que con una ascendencia
hispana que ya es sólo un recuerdo.
Acosado, Estrada ha pasado al
ataque directo contra sus oponentes. Ha reconocido su derrota en aspectos de
propaganda y de percepción, pero no en hechos reales, y ha aprovechado su
posición para difundir machaconamente su propia versión y sacar los trapos
sucios de sus contrincantes. Un documental televisado poco antes del juicio, Halal ng Masa
(Elegido por las masas) es un ejemplo de ello. Además de criticar a los dos
testigos principales en el caso de destitución, Perfeco
Yasay y Chavit Singson, el documental recordaba los aspectos turbios de
las anteriores presidencias. Sobre Cory Aquino,
señalaba los cortes de luz diarios, las acusaciones a periodistas, los golpes
de estado y el bajo crecimiento económico, pero sobre todo se encizañaba con la
masacre de Menciola y el fracaso de sus intentos por
implementar el programa de Reforma Agraria Comprensiva.
En la masacre, ocurrida en enero de 1987,
murieron trece campesinos en
Estrada ha visto a muchos alcaldes, gobernadores,
senadores y diputados beneficiarse también del dinero público y sabe que es
posible ocultar todo tipo de corrupciones y de delitos, ya que el sistema
judicial sigue aún dominado por intereses extraprofesionales.
La herencia de esa frágil democracia de posguerra y de esa violencia
institucional que permitió la dictadura de Marcos permanece todavía en
Filipinas porque muchos candidatos piensan en las elecciones como un paso para
asegurarse el beneficio personal. El Estado sigue siendo débil.
El proceso de destitución, de hecho, está viciado
porque algunos de los senadores que le tienen que juzgar están tan
comprometidos como el presidente en corruptelas, necesarias para poder
mantenerse a flote en un sistema donde hay que tener una base personal de
poder. Esperemos que sirva para que la democracia se refuerce en Filipinas.
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