Los Bangsa Moros de Filipinas

www.enciclonet.com (2001)

 

Florentino Rodao

 

1. Localización

2. Islamización

3. Resistencia y adaptación durante el período español

4. La dominación norteamericana en Manila

5. Los Bangsa Moros desde la Independencia de Filipinas

6.- Después de los Acuerdos de Malacañang

 

 

         Bangsa Moro es la forma de autodenominarse los musulmanes del sur de Filipinas, tanto a ellos mismos como a lo que consideran su nación. Se convirtieron al Islam antes de la llegada de los españoles y han predominado en las islas del sur del archipiélago filipino, aunque en el último siglo la inmigración les ha relegado a la condición de minoría, excepto en algunas regiones.

 

1. Localización:

El territorio ocupado actualmente por los musulmanes filipinos está en el llamado “Sector Mindanao.” Geográficamente, es  una de las tres grandes unidades en que se divide el archipiélago Filipino, junto con Luzón y el sector central con las islas Visayas. El Sector Mindanao comprende, además de dicha isla, el llamado archipiélago de Sulú,  con las islas de  Basilan, Joló y Tawi tawi, junto los grupos insulares de Tausug, Samales, Bajau o Sarangani.

La isla de Mindanao está recorrida por las Cordilleras Central y Pacífica, que tienen una orientación norte – sur, una altura media  que no sobrepasa los 1000 metros de altitud y  cuentan con varios volcanes jóvenes que llegan a 2800 – 2900 metros. El extremo occidental, denominado como península de Zamboanga, es principalmente llano. La palabra Mindanao procede de “magindanao” (lo que ha sido inundado), tras haber sido abreviada por los españoles.

 

Los Bangsa Moros, étnicamente, pertenecen a  los grupos malayos que llegaron al archipiélago filipino en una segunda oleada, después de los negritos, considerados como la población autóctona de las islas. En la actualidad existen cinco grupos principales de Bangsa Moros: Maranao, Maguindanao, Tausug, Samal, Yakan. Otros grupos, menos importantes son: Bajao, Sanglis, Melebugnon y Palawi. Unidos por sus creencias religiosas, los Bangsa Moro constituyen una comunidad heterogénea y cada grupo presenta sus características propias. Hablan distintas lenguas, aunque algunas de ellas presentan gran similitud como ocurre con la lengua Maranao y Maguindanao, que a menudo se considera como lengua oficial de Mindanao.

        

2. Islamización

 

La islamización del sur de Filipinas es producto de la expansión del Islam por el Océano Indico y el Sudeste Asiático, comenzada en los siglos XII y XIII. Un lugar clave para ello fue la ciudad de Malaca, en el estrecho de Singapur. Su  actividad comercial, la base de su economía, ayudó en la expansión del Islam, que se convirtió en predominante en los lugares portuarios del actual archipiélago Indonesia, especialmente en los territorios de Sunda (en la isla de Java), en las Molucas y en la isla de Borneo.

 

      La llegada del Islam a Filipinas  dio paso a la creación de entidades burocráticas más complejas que, bajo el mando de un sultán, sustituyeron a las comunidades poco organizadas que existían hasta entonces.  En Mindanao, los musulmanes  se instalaron en algunos lugares del norte de la isla, para extenderse después al sur y pasar a la zona de las lagunas centrales. Los Bangsa Moro han convivido con algunos de los grupos étnicos residentes en Mindanao, que se mostraron refractarios tanto a la influencia musulmana como a las posteriores española o norteamericana y han sufrido una aculturación menor. Después. El Islam llegó hasta otros lugares del archipiélago Filipino, como Cagayán de Sulú, la costa de Palawan y otras islas del entorno. 

 

         La islamización en el Archipiélago Filipino tiene tres zonas principales. El Archipiélago de Sulú, el primero en hacerlo, la isla de Mindanao, y el resto de islas, donde siempre ha sido minoritario, como Palawan.  En el Archipiélago  Sulú, el Islam comenzó a conocerse a partir del siglo XIII por medio de comerciantes, y sus enseñanzas se inculcaron en la población desde la segunda mitad del siglo XIV, a cargo de misioneros sufíes, según las crónicas musulmanas de Filipinas, llamadas Tarsilas. El primer gobernante musulmán de Joló fue Sharif Ul–Hashim, llegado desde la lejana isla de Sumatra, que gobernó hasta 1480 y ayudo a integrar a Sulú dentro de las rutas comerciales de la región.

 

La isla de Mindanao pasó a islamizarse desde la zona más cercana a la ciudad de Cotabato, también con la llegada de líderes desde la isla de Sumatra, donde estaba el reino de Johore, siendo  Sharif Kabungsuwan, el primer sultán de esta isla gracias al matrimonio con las hijas de los líderes locales. Las relaciones, sin embargo, fueron más estrechas con los sultanatos de las Molucas, ante los que mantuvieron una cierta relación de dependencia, y se extendieron después por ciudades como Zamboanga y Lanao.

El resto de las islas del archipiélago que después pasó a llamarse Filipinas también tuvieron sultanatos temporalmente, aunque no consiguieron estabilizarse, por la llegada de los españoles. Así ocurrió con la isla de Palawán, que fue conquistada temporalmente por el sultán de Borneo, y con los sultanes o rajás que gobernaron en Manila (Maynilad) y Tondo, en la isla de Luzón, así como en algunas zonas de las islas de Visayas.

 

El islamismo profesado por los Bangsa Moros ha tenido importantes rasgos propios provenientes del fuerte sincretismo religioso local, al igual que en el resto del sudeste de Asia. A pesar de ser musulmanes, ni hablaban la lengua árabe, ni podían leer El Corán, o rezar con las mismas palabras que sus hermanos de religión.  Entre las celebraciones más importantes destacaba la fiesta de la Pascua llamada Sambayang, que duraba siete días  a lo largo de los cuales se realizaba un ayuno de día y sólo se podía comer una vez a lo largo de la noche. Finalizados los ayunos se procedía a la purificación ritual por medio de un baño común y se celebraba un banquete. Las practicas religiosas se completaban con los diferentes rezos, un bautizo con agua y algunos rituales en los que se realizaban sacrificios. La compra de varias copias del Corán a partir del siglo XIX, indica que fue esa época cuando empezó a existir un número de expertos que llegaron a poder leer y a adaptar el árabe  en sus escritos.

 

2.1 La organización socio – política

 

En la época prehispánica existían ya las unidades administrativas complejas conocidas como sultanatos, cuyo jefe era el sultán o el rajá, bajo cuya autoridad actuaban los datus. Las cuestiones administrativas estaban al cuidado del panglima, encargado de supervisar diferentes asuntos del sultanato. Un grupo de nobles desempeñaba el papel de los consejeros del sultán. El  kadi le asesoraba en los temas religiosos. Los conflictos legales se resolvían en los agama. El sultanato era hereditario, pero no se respetaba el derecho de la primogenitura.

 

La sociedad musulmana giraba en torno al clan, que estaba dirigido por un jefe, conocido con el nombre de datu. Su estructura social es piramidal y se basa en la existencia de diferentes categorías sociales. En la cúspide se encontraba el sultán y los datus, que constituían el grupo dominante y formaban una especie de aristocracia, aunque se dividían en los que tenían y no tenían el parentesco con el sultán. Los ulancayas y los panglima, que intervenían en el régimen administrativo y participaban en las actividades políticas, formaban el siguiente escalón de la pirámide social.

 

El estamento de los hombres libres estaba formado por dos grupos – los maradhiaos (los que se habían distinguido por su buena conducta y el acatamiento de las normas) y los sakops (la gran mayoría de la población libre, en régimen de dependencia de los datus).

En Sulú hubo distinción clara entre dos tipos de esclavos. Los banyaga, que procedían de las correrías, y los kiapangdilihan, habitantes de Sulu, libres,  convertidos en esclavos por las deudas. Los bangayas en teoría no poseían personalidad legal, tener propiedades y podían ser vendidos, castigados y recibir castigos más severos, pero en la práctica se distinguían poco de la población libre. Su dueño estaba obligado a proporcionarle ropa y comida porque, en caso contrario, el banyaga podía reclamar cambio de dueño, y además podía conseguir la manumisión por medio de la conversión y el matrimonio. Su importancia social era grande porque el número de esclavos que poseía el datu  hablaba de su importancia y le daba prestigio, pero también económica

 

2.2 El sistema económico.

Existe una relación muy estrecha entre el comercio desarrollado históricamente por el sultanato de Sulú, el más conocido, y el auge de la esclavitud en la zona. La existencia de los esclavos era necesaria para el mantenimiento del sistema económico (recogida y elaboración de los productos de intercambio, pesca de perlas, cultivo de la tierra, etc.) y porque las islas que pasaron al poderío de los datus tuvieron que pagar el tributo de vasallaje a los sultanes de Borneo, Malaca o de las Molucas en forma de esclavos, que se conseguían en expediciones organizadas por grupos étnicos originarios de las islas de Samales.  La esclavitud no era importante sólo como fuente de acumulación de riqueza, sino para la transmisión del poder  y del privilegio en Sulú. Es difícil de calcular el número de los esclavos en Sulú. Se habla de entre 750 a 4.000 esclavos capturados anualmente entre 1775 – 1848 que procedían solamente de Filipinas. Además, se calcula en alrededor de 200 a 300 mil el total de esclavos que fueron capturados entre los años 1770 y 1870, la fecha de la que hay estudios más detallados  (ver mapa 1. Warren).

 

El sultanato Sulú era percibido por los europeos como el estado de piratas y esclavos. La realidad era, sin embargo, mucho más compleja. El sistema económico de los Bangsa Moros  se basaba en el comercio, en buena parte favorecido por las condiciones geográficas de las islas que se encuentran entre China, Filipinas y Mindanao en el norte; Borneo al sudoeste; y Sulawesi y Molucas hacia el sudeste. Los productos exportados desde este archipiélago Sulú eran tripang (especie de madreperla) y diferentes tipos de otras perlas, nidos, cera, carey y otros productos, tanto marítimos como de la selva. Los principales productos importados de otras regiones en Sulu han sido, a lo largo de la historia, latón británico, cristal, loza y cerámica china, muselinas finas, seda, prendas de satén, tabacos y vinos españoles, opio indio y armas de todo tipo, así como materiales para producirlas. Fue a partir del siglo XIX cuando la creciente presencia de europeos y la demanda del té chino influyeron en el aumento de las transacciones comerciales con el resto de la región y fortalecieron el papel del sultanato Sulú como intermediario y redistribuidor entre India, sudeste de Asia y China. Ello supuso una mayor demanda de esclavos, imprescindibles para asegurar la producción y extracción de materias exportadas desde Sulú.

 

3. Resistencia y adaptación durante el período español

 

         La llegada de los españoles al archipiélago filipino supuso un cambio de tendencia dentro de la paulatina expansión islámica hacia el norte del  archipiélago de Filipinas. Al llegar la expedición de Magallanes, en su primera circunnavegación al globo, en el año 1521, el Islam estaba establecido en algunos lugares de Mindanao, Joló, en comarcas tagalas de Luzón, en Palawan y en las islas Calamianes, pero de una forma muy laxa, sobre todo en los tres últimos lugares. Fue con la primera expedición destinada a asentarse en el archipiélago, en 1565, dirigida por Miguel López de Legazpi, cuando comienzan los primeros contactos de importancia, los españoles comenzaron apoderándose de la ciudad gobernada por el rajá Soliman, Manila, que también se autopercibía mucho más adelantado culturalmente que los habitantes del campo. Después, un prolegómeno de las expediciones punitivas fue el envío de frailes agustinos para detener la implantación del Islam en la ciudad de Cagayán de Oro, al norte de la isla de Mindanao. Tras la llegada de los frailes agustinos, la Santa Sede intentó facilitar la conversión al Cristianismo concediéndoles a los habitantes de la isla unos privilegios que no tenían otros humanos, tales como quedar exentos de la jurisdicción del Tribunal de la Santa Inquisición, no estar sujetos a muchos impedimentos matrimoniales legislados, y no tener que pagar diezmos ni primicias.

 

 

 

3.1. 1ª etapa: 1578 – 1596

 

Está caracterizada por los esfuerzos de los españoles por convertir en vasallos a los sultanes de Mindanao y de Jolo por medio de expediciones militares. La principal de estas expediciones fue la de Esteban Rodríguez de Figueroa, de 1578, que atacó la ciudad de Borneo, aparentemente como consecuencia de la petición del sultán Sirela de Borneo que quería recuperar su trono. No conquistaron la ciudad-estado, pero dañaron para siempre su auge y debilitaron sus conexiones con los sultanatos en la isla de Mindanao. A esta expedición la siguió otra de 1579 por la que Gabriel de Rivera estableció una base fija y a la que siguió otra a Borneo en 1581, bajo el mando de Gabriel de Rivera, tras la que el sultán Sirela recuperó su trono de forma temporal. Les siguieron otras expediciones en 1596, en las que las tropas españolas salieron derrotadas en sus luchas contra el sultán Buhisan. La táctica de “divide y vencerás,” que tan buenos resultados les dio a los españoles tanto en América como en el resto de Filipinas, no tuvo excesivo efecto en los territorios islamizados.

 

3.2. 2ª etapa: los primeros años del siglo XVII

Se caracteriza por las luchas entre musulmanes de Mindanao y los españoles por el cobro de los tributos y control de la parte este de las islas Visayas. Hubo avances españoles debido a la expedición a Joló de 1602 dirigida por Juan Juárez Gallinato., pactos con sultanes y datus (datu Sirongan, datu Buisan, rajá Mura), establecimiento de los misioneros Agustinos Recoletos en los territorios de los musulmanes y la firma de una paz, en 1609, que duró dos años. Fue un período que significó una victoria para los españoles, porque si bien no les derrotó en su feudo sureño, consiguieron detener su crecimiento..

 

3.3. 3ª etapa: Del declive español a la caída de los Austrias

Una vez que el poderío español en Filipinas entra definitivamente en declive, los esfuerzos españoles por conseguir el control de Mindanalo y Sulu ya no se podían mantener. Así fue reconocido con los pactos de los españoles con el sultan Kudarat de Mindanao y con el sultan de Jolo a mediados del XVII. Las expediciones belicosas del gobernador general Juan Niño de Tavora a Mindanao (1628) y Joló (1630) consiguieron arrasar territorios musulmanes y hacerles daños económicos, pero fueron victorias efímeras, porque no fue posible mantenerse tras la retirada. En 1634 se fundó la primera fortaleza española, en Zamboanga, en el extremo sur de Mindanao y frente al archipiélago de Sulu. Esta fortaleza significó un apoyo crucial para las sucesivas expediciones organizadas por el gobernador Sebastián Hurtado de Corcuera (1635-44)  a Joló y contra los gobernantes de Mindano enfrentados con el sultán Kudarat, así como del ataque posterior a Joló y Tawi Tawi, dirigido por Pedro de Almonte. 

 

El conflicto entra en vías de solución en 1645, cuando el sultán Kudarat y los demás jefes de Mindanao cedieron parte de su territorio a los españoles y permitieron la labor de los misioneros en su territorio, mientras que los españoles reconocieron la soberanía de los líderes musulmanes, e incluso prometieron  una cierta ayuda militar. A ello siguió un tratado al año siguiente, 1546, con el sultán Paguían Bactial de Joló. Manila también le reconoció su soberanía, aunque bajo el protectorado español, y además se delimitaron los territorios ocupados por los musulmanes y los cedidos a los españoles, además de permitió predicar a los misioneros cristianos en los territorios de los musulmanes, así como cumplir la retirada de las tropas españolas de Joló.

 

La segunda mitad del siglo XVII comenzó también con una nueva guerra, que se produjo entre los años 1659 y 1663, pero dio pronto paso a un período de relativa paz. Manila era incapaz de seguir dedicando recursos a Mindanao por el declive del envío anual de dinero desde México para el gobierno de Filipinas, o situado, razón por la que se suprimieron los fuertes en las islas Molucas y los soldados fueron reenviados a Zamboanga y Cavite (en la bahía de Manila), motivando la creación del idioma chabacano en estas dos ciudades. La época de paz duró hasta los comienzos del siglo XVIII, ya que en 1712 los sultanes de Joló y Mindanao formaron una alianza y sitiaron la ciudad cristiana de Zamboanga durante dos meses, para acabar con la influencia de Manila

 

 

3.4. 4ª etapa. Desde 1718 hasta la década de 1830

         La victoria de los Borbones frente a los Austrias en la península Ibérica, a raíz de la Guerra de Sucesión, supuso la llegada de nuevos bríos en la dominación española, pero los cambios fueron pequeños y poco duraderos.  El ejemplo más claro de estas nuevas ambiciones es la llegada del nuevo Gobernador de Manila, Manuel Bustamante y Bustillo, que reconstruyó la fortaleza de Zamboanga y logró firmar un convenio de paz con los musulmanes mientras que, por otro lado, promovió una expedición a Siam y otra  a la península Indochina con el objetivo de incrementar el comercio y los contactos con las regiones vecinas a Filipinas. Esos nuevos se desvanecieron, no obstante, porque el propio Bustamante murió con su hijo en una insurrección popular ocurrida en 1719 la cual, tras los asesinatos, liberó de la prisión al Obispo de Manila. Fue imposible cambiar significativamente las relaciones de poder en las islas disminuyendo el poderío de la iglesia, o ampliar los contactos con el exterior a otras regiones más allá del Galeón anual hacia Acapulco.

 

         La paz con los Bangsa Moros fue frágil, pero los españoles eran conscientes de la  imposibilidad de controlar las islas por su escasez de efectivos y dinero para el ejército, por lo que prefirieron reforzar los cauces diplomáticos, que en ocasiones dieron frutos pero siempre fueron frágiles. Así, en 1725 se revisó el Tratado de paz con Joló, a petición del sultán, aunque la paz volvió a quebrarse un año después. En 1737 tuvo lugar un nuevo acuerdo de buena amistad entre el sultán  Alí Muddín I (Azim-ud-Din) de Joló y el gobernador general Fernando Valdés Tamón (1729-39) que tuvo más duración. En este acuerdo se hablaba de paz perpetua entre ambas partes, defensa mutua contra el enemigo común (salvo que se tratara de una potencia europea), comercio libre entre los joloanos y los demás residentes de Filipinas e intercambio de cautivos. El acuerdo fue incluso ratificado por Cédula Real en 1742 por Felipe V y así se comunicó al sultán Alí Muddín, que posteriormente anunció su conversión al cristianismo, dentro de un contexto de crecientes problemas internos en Joló y de expediciones españolas al sur de Manila.

 

         Entre los años 1762 y 1764, las tropas de la Corona Británica ocuparon Manila, en un hecho que suscitó cambios transcendentales en la ocupación española del Archipiélago. Sirvió para comprobar que los sultanes musulmanes  tenían su propia agenda respecto a Manila, ya que Alí Muddín firmó un pacto de defensa mutua con los británicos, quienes le hicieron prisionero y le obligaron a ceder a la Corona inglesa toda la costa norte de Borneo. También, para incrementar las tensiones entre los principales grupos, los Taosug y los Maguindanao. Las relaciones con los españoles tardaron en restablecerse y fue necesario esperar al gobierno de un nuevo datu de Joló, Muhamad Alí Muddín, sobrino de Ali Muddín I, para que se volvieran a establecer las relaciones diplomáticas, en el año 1778. El gobernador general Rafael María de Aguilar (1793 – 1806) volvió a poner en marcha las ambiciones de enfrentamiento desde Manila con los Bangsa Moro e inició una nueva estrategia de enfrentamiento en 1793 basada en encargar a las autoridades provinciales la defensa frente a los ataques musulmanes, que impedían el poblamiento de muchas zonas costeras de las islas Visayas. Fue la premonición de la etapa futura, aunque sin tener los medios ni la presión poblacional de tiempos futuros.

 

3.5. 5ª etapa: La creciente presión filipina sobre Mindanao

         La renovada expansión europea a partir del final de la Revolución francesa trajo también consecuencias a las ambiciones foráneas sobre el territorio donde vivían los Bangsa Moros. Si con anterioridad, fuera de los españoles, solo los aventureros holandeses o británicos se habían atrevido a viajar allí, a vender armas, desde el siglo XIX el archipiélago de Sulú pasó también a ser objeto de las miras de otros imperios europeos, no por el dinero que pudieran pagar, sino por el propio territorio que ocupaban. La respuesta española fue reforzar su presencia, lo cual, unido al propio reforzamiento de la colonización española a lo largo del archipiélago, que antes se limitaba a los misioneros, significó que la isla de Mindanao fue vista por primera vez como una colonia de la que era posible sacar beneficios materiales.

 

         El deseo francés de comprar la isla de Basilan a España, en la década de 1830, fue la primera demostración de ese nuevo contexto donde se situaban los territorios musulmanes: sujetos al albedrío de unos imperios europeos buscando la repartición de los territorios “orientales” para su propio beneficio.  En consecuencia, el gobernador general de tendencia liberal, Pedro Antonio Salazar (1835-37), aun teniendo un mandato de carácter provisional, indicó los parámetros que serían necesarios para diseñar la política hacia Mindanao: ya que era una región rica en recursos, era necesario mantener una relación amistosa, aunque al mismo tiempo distante, con la población, para poder beneficiarse de ellos. Por eso, debían cambiar los motivos que orientaban la política del gobierno de Madrid y de las órdenes religiosas de Manila hacia Mindanao, para pasar a primar los económicos, por encima de los misionales. Con ello, se empezó a vislumbrar el futuro trato que se daría a Filipinas como una  colonia, cuyo primer resultado fue la firma de un tratado comercial con el sultán de Joló,  Diamalul Quiram, que fue ratificado después por su hijo,  el sultán Pulalun, cuando fue ascendido al trono en 1843. Las relaciones con los datus de Mindanao no eran tan fluidas y algunos de ellos rechazaban tal acoplamiento a las exigencias españolas, lo que hizo que el datu Dacula de Mindanao intentara que su hijo ocupara el trono de Joló. Los españoles vieron la oportunidad para intervenir y reforzar su posición frente a los musulmanes, y consiguieron no sólo que este datu Dacula acabara teniendo que hacer importantes cesiones territoriales, sino también ocuparon la isla de Basilán en el año 1844. La creciente seguridad de los españoles frente a los que ellos llamaban piratas se refuerza en 1848. En este año, el Gobernador General Narciso Clavería (1844 – 1849) no sólo envió una nueva expedición, que consiguió tomar los fuertes de Sipac, Sunyap y Bucotungol, en las pequeñas islas Balanguingui, del grupo de las Tamales en las Sulú, sino que además prohibió la manifestación pública de otra religión que no fuera el catolicismo.

 

La exitosa expedición bélica de 1851 a Joló, organizada por el gobernador general Antonio de Urbiztondo (1850-53) con la excusa de querer acabar con la piratería, tuvo importantes consecuencias. Fue clave para cambiar las relaciones no sólo entre los datus y el gobierno de Manila, sino entre los habitantes musulmanes y cristianos de Filipinas. Su resultado más claro fue la adhesión del Sultanato de Sulú a la soberanía española, en tratado firmado el 30 de abril de 1851 tanto por el Sultán como por los datus, por lo que las islas de Joló y Tawi Tawi pasaron a formar parte definitivamente del territorio filipino. La preocupación española a lo largo del siglo se centró en evitar las posibles reivindicaciones de potencias extranjeras sobre ese territorio, por ser una frontera de difícil definición y con posibilidad de encontrar argumentos de todo tipo. De hecho, esta adscripción al imperio español había sido puesta en duda implícitamente por el Tratado firmado dos años antes, en julio de 1849, entre el mismo Sultán Pulalun y el Reino Unido, cuyo imperio llegaba a la vecina isla de Borneo, en la actual Malaysia. El tratado de 1851 no acabó la indefinición y el Gobernador general José de la Gándara  (1866-69) creó en 1866 una Junta responsable de reunir pruebas que acreditaran la soberanía española sobre el territorio de Mindanao. Poco cambió el archipiélago de Mindanao a raíz de la Revolución de Septiembre y el sexenio revolucionario (1868-1874) en España  sino, antes bien, una nueva expedición organizada por José Malcampo (1874-77) para “pacificar” la isla.

 

En 1878 se firmó un nuevo tratado de paz con Joló por el que el sultán y sus datus se declararon vasallos o súbditos del rey español, el cual fue seguido después por otro con los datus de Mindanao, tras el que recibieron un estipendio anual. Los españoles mantuvieron la iniciativa. En 1882 prefirieron  ocupar Tawi Tawi, la isla más al sur del Archipiélago de las Sulu, y el sultán, aunque protestó formalmente por ello, hubo de aceptarlo, mientras que la nueva legislación sobre la prestación personal promulgada en 1885 eximía de por vida del pago de la cédula y de la obligación de la prestación personal a todos los naturales de Mindanao que se convirtieran a la religión católica. En el plano internacional, España firmó con Alemania y Gran Bretaña un tratado en 1885 por el que ambas delimitaban sus dominios, reconociendo los británicos la soberanía sobre el archipiélago de Sulú, mientras que los españoles renunciaban a sus pretensiones sobre algunos territorios de Borneo, a pesar de que históricamente antes habían pertenecido al sultán de Sulú.

 

         Durante los últimos años de la presencia española en Filipinas, siguieron combinándose los esfuerzos diplomáticos con los militares. El gobernador general Emilio Terrero (1885-88), que había luchado en Mindanao y Joló, recomendó un cambio en la política aplicada en estos territorios con la idea de aceptar el Islam y su organización socio–política. Terrero señaló que estaban tan fuertemente arraigados y era prácticamente imposible implantar allí el catolicismo y la “cultura occidental,” por lo cual propuso que, si se quería tener una convivencia pacífica, la tolerancia religiosa fuera garantizada por las leyes, así como que las comunidades militares para la defensa en caso de agresión no provocaran a los musulmanes. Fue aceptado en Decreto de la reina Regente en Madrid en julio de 1887. El período de Valeriano Weyler (1888-91), por su lado, prefirió volver al enfrentamiento y organizó una campaña a la región de Marawi, en Mindanao, que resultó fracasada. El gobernador General Ramón Blanco (1893-96) organizó varias expediciones a Joló, Basilan, Marawi, mientras que decretó, para conseguir la pacificación de Marawi, que hubiera respeto absoluto para la religión musulmana y para los usos y costumbres del lugar. Especificaba que el comandante militar, para la resolución de cualquier conflicto, debería regirse por las leyes y costumbres locales y, por tanto, consultar a los ancianos del lugar. Blanco, además, señaló que donde no hubiera autoridades españolas serían los sultanes quienes se encargarían de juzgar la causa, así como que se estimularía el comercio y la agricultura en la isla. Los años finales de la presencia  reflejaron la misma falta de continuidad que en los períodos anteriores, aunque con los cambios más bruscos por la volatilidad de la situación política.

 

 

 4. La dominación norteamericana en Manila

 

         Tras la Revolución Filipina de 1896-98, la breve República Filipina proclamada en Malolos el 12 de junio de 1898 y la Guerra Filipino-norteamericana, Estados Unidos pasó a gobernar el archipiélago. Lo hizo con una visión a largo plazo, pero en Mindanao actuaron como una potencia colonial que buscaba aprovecharse de sus recursos naturales. Incluso, con mejores medios para conseguir lo que los anteriores nunca habían podido poner en práctica. Los norteamericanos introdujeron la llamada “política de integración” sustituyendo la española de “conversión y conquista,”  pero se mantuvieron las dudas entre buscar las buenas relaciones e intentar la conquista militar, que se reflejan en las diferentes agencias a las que se les encargó el gobierno de los territorios habitados por los musulmanes. Entre 1899 y 1913, los Bangsa Moros fueron  administrados por los oficiales de las fuerzas armadas y entre 1914 y 1920, antes de pasar a manos filipinas, por civiles, bajo el Departamento de Mindanao y Sulu, dirigido por William W.  Carpenter.

 

En 1899, tras su llegada a las tierras dominadas por los musulmanes, los americanos afirmaron buscar simplemente la convivencia pacífica, firmando un acuerdo siguiendo este principio el general John. C. Bates con el sultan Jamal ul–Kiram II de Sulu. Al contrario que en el resto del archipiélago filipino, los Bangsa Moros no se opusieron a la llegada de las fuerzas americanas. Pero acabada la guerra filipino-norteamericana (1899-1903), pronto se puso en marcha la política llamada de “desarrollo, civilización y educación,” que suscitó más inquietud e incluso una oposición activa entre la población musulmana que, al considerarla como una amenaza para su modo de vida, evitó registrarse, ignorando los esfuerzos estadounidense por ofrecer una educación estatal, por ejemplo.  No tardaron en llegar los choques violentos, que se produjeron en 1906 y 1913, en las batallas de Bud Daho y de Bud Bagsak, ambas en Joló. En 1915 el sultán de Joló cedió finalmente la soberanía sobre los musulmanes del archipiélago de Sulú y aceptó la autoridad suprema de los EEUU, que le mantuvo, no obstante, como máxima autoridad espiritual.

 

         Estados Unidos comenzó a aplicar en 1916 la Ley Jones en Filipinas, que significaba la progresiva “filipinización” de la administración de este país con vistas a una independencia que no hacía sino retrasarse. Ello significó que la administración de Mindanao y Sulu pasara a estar  dirigida en buena parte por filipinos cristianos, en la “Oficina de Tribus no-Cristianas,” bajo el Ministerio del Interior. Los moros siguieron resistiéndose a la incorporación de la región en la administración de Filipinas y rechazaron también el último paso hacia el establecimiento de la independencia de Filipinas, la Mancomunidad o Commonwealth, que se inició en 1935 como un período transitorio de 10 años.

 

Los Bangsa Moros sintieron que podían ganar poco con la filipinización. Ciertamente, la Constitución aprobada el 8 de febrero de ese mismo año de 1935 protegía poco la población musulmana y no les concedía muchos derechos especiales, aunque un solo senador, Tomás Cabilo, votó en contra de este hecho. Así, mientras se cambió el nombre de la oficina a “Comisionado para Mindanao y Sulu,” la política hacia Mindanao pasó a depender casi exclusivamente de filipinos, puesto que los Estados Unidos se reservaron para sí solo las Relaciones Exteriores y algunas competencias con un interés directo. Desde esos momentos, los problemas los Bangsa Moros se agravaron, porque Mindanao se llenó cada vez más de inmigrantes cristianos que venían de Luzón y Visayas, atraídos por el escaso poblamiento y por las inmensas posibilidades de desarrollo. Los moros no dejaron de protestar por la ocupación y colonización de tierras, con cartas tanto al presidente de EEUU, por un lado, como por medio de la resistencia, pacífica y militar, con actividades como rechazar el registro obligatorio o reclamar el reconocimiento de sus costumbres y de su organización socio -política.

 

Mientras pasaba ese período transitorio, el estallido de la Guerra del Pacífico y la posterior invasión japonesa de Mindanao y Sulú significó unos momentos difíciles, al igual que en las regiones circundantes. La reacción ante el Imperio Japonés se pareció a la del resto de habitantes del archipiélago, con una buena parte de musulmanes mostrando oposición a los japoneses y organizando varias guerrillas compuestas, mientras que por otra parte se dieron casos de colaboración entre los japoneses y los datus  de Mindanao y Sulú. Las consecuencias de la invasión japonesa fueron interesantes, porque mejoraron las relaciones entre lo moros y los filipinos, con  varios datus accediendo a los cargos administrativos, además de que las reparaciones posteriores por la guerra para muchos moros de la guerrilla significaron la llegada de dinero para invertir en Mindanao. Asimismo, la introducción de armamento fue aprovechado después por las guerrillas para luchar contra el estado filipino.

 

5. Los Bangsa Moros desde la Independencia de Filipinas

 

         A partir del 4 de julio de 1946, la República de Filipinas pasó a ser independiente. Para los bangsa Moros, los problemas anteriores no cambiaron e incluso se agravaron, porque ante la escasez de recursos del país, la visión de Mindanao como una “tierra de promisión” que permitiría solucionar multitud de problemas económicos, sociales y políticos del resto del país pasó a significar que sus habitantes musulmanes fueron percibidos como un obstáculo en ese contexto. El programa del gobierno para la región se basó oficialmente en tres objetivos, mantener paz y orden, promover la integración de los moros a través de la educación y, por último, mejorar comunicaciones, acceso a los servicios médicos, y otros servicios públicos. Se proclamó la promoción de un desarrollo económico conjunto entre cristianos y musulmanes, en definitiva, pero sólo se cumplió con una cierta eficacia  el primer objetivo, la paz y el orden.

 

La organización administrativa cambió con el tiempo. Hasta los años 1950, las provincias de “Moroland” (Lanao, Cotabato y Sulú) fueron gobernadas como “provincias especiales,” dependiendo directamente del gobierno central. Después, desapareció el estatus de provincias especiales y su administración pasó a manos de los funcionarios locales elegidos por la población, como en otras provincias, completándose el proceso de integración en 1957, cuando “Moroland” pasó a integrarse  en las estructuras administrativas del país. Las leyes dictaminaron que los moros podían ser elegidos para todos los niveles de la administración y gobierno. Este esfuerzo administrativo, no obstante, no se correspondió con la realidad de Mindanao, porque la población musulmana no se sentía parte de Filipinas, y la preponderancia cada vez mayor de los inmigrantes procedentes del norte, que les consideraba más retrasados social y económicamente, reforzó el distanciamiento entre los grupos. Con el tiempo, aparecieron varias organizaciones islámicas a nivel local y nacional, y los moros pasaron a convertirse en una fuerza política con unas conexiones internacionales con organizaciones pan – islámicas cada vez mayores.

 

5.1. La dictadura de Marcos

         Este sentimiento de minoría en su propio territorio, las ayudas exteriores y la llamada Masacre de Jabidah, en el año 1968, desembocaron en la primera guerrilla musulmana en Filipinas. Después, el MNLF (Frente Moro de Liberación Nacional) fue fundado en 1970 por su líder, Nur Misuari, antiguo profesor universitario, recibiendo pronto apoyos exteriores, tanto de la OIC (Organización de la Conferencia Islamica) como del dirigente libio Muammar al Gadaffi. La Ley Marcial proclamada por el presidente Ferdinand Marcos en 1972 sirvió poco para castigar militarmente al Frente Moro, sino que complicó más aún la situación de los musulmanes en Mindanao y Sulu. La centralización del régimen significó que el poder se acumulaba en manos de los cristianos y, además, desapareció la posibilidad de la oposición legal.

 

         Ello llevó a un proceso de Paz entre el gobierno Filipino y el MNLF desde el año 1975. Las razones han sido varias. Económicas, porque los gastos en el material de guerra aumentaban, mientras que la posibilidad de financiarlos disminuyó, una vez que a partir de 1973 los Estados Unidos de América dejaron de prestar asistencia al gobierno filipino y, por otro lado, los países de la OPEP colocaron a Manila en la lista del embargo para la venta de petróleo. Políticas, porque el interés de los países musulmanes en solucionar el conflicto en Mindanao llevó la solución del problema Bangsa Moro más allá de las fronteras nacionales filipinas. Calificando de genocidio la citación en Mindanao, la OIC pasó a ser el primer mediador entre el gobierno y el MNLF.

 

         La evolución de estas negociaciones ha sido dispar. Las primeras conversaciones de paz comenzaron en Jeddah, facilitadas por el Secretario General de OIC (Mohammed Al- Touhamy)., con participación del  MNLF y del  gobierno de Filipinas, sin llegar a ningún acuerdo. En 1976 pasaron a celebrarse en Trípoli, entre el Hon. Carmelo Z. Barbero (gobierno de Filipinas), el profesor Nur Misuari (MNLF), el Doctor Alí Abdussalam Treki (ministro de asuntos exteriores, República de Libia) y el Doctor Ahmed Karim Gaye (Secretario General de la OIC). Todos ellos firmaron en diciembre de este año los “Acuerdos de Trípoli”, que establecían la autonomía para los musulmanes en el sur de Filipinas, dentro de la soberanía y la integridad territorial de la Republica de Filipinas. Se enumeraron 13 provincias como territorios autonómicos y se estableció una comisión mixta que debería reunirse en Trípoli entre  5 de febrero y 3 de marzo de 1977 para trabajar sobre algunas cuestiones pendientes. Inmediatamente después, en Manila, se iban a firmar los resultados del encuentro y el cese definitivo de las hostilidades  debería tener lugar el 20 de enero de 1977. Era un acuerdo prometedor que, sin embargo, nunca se llegó a cumplir.

 

Aparentemente,  ni cristianos ni musulmanes estaban dispuestos a aceptar todas las cláusulas. El presidente Marcos elaboró su propia versión del acuerdo y el 17 de abril de 1977, tras la realización de un referéndum, creó dos regiones autónomas –Región IX y Región XII-, cada una constando de cinco provincias. Con ello, suprimió la isla de Palawan y las provincias de Davao del Sur  y  Cotabato del Sur como territorios autónomos. Por otro lado, una facción radical del Frente Moro se escindió en ese mismo año de 1977, opuesta al acuerdo y liderada por Salamat Hashim, debilitando la capacidad de coordinación de los musulmanes.

 

5.2. Conversaciones tras el retorno de la Democracia a Filipinas

         El fin de la Dictadura de Marcos en 1986 ha permitido unas negociaciones entre gobiernos y Bangsa Moros sin intermediarios y, por primera vez, tratándose unos a otros al mismo nivel. Ello condujo a que, durante la presidencia de Cory Aquino, se llegara al “Acuerdo de Jeddah” (3 – 4 de enero de 1987) por el que tanto el gobierno como el MNLF se comprometían a continuar las discusiones para que Mindanao, Basilan, Sulu, Tawi–Tawi y Palawan pudieran acceder a la plena autonomía. Las conversaciones, no obstante, nunca condujeron a solución definitiva alguna. La aprobación de una nueva Constitución en 1987, por su parte, permitió un marco legal más flexible, con un artículo (X) donde se incluyen siete largas secciones  (15 – 21) dedicadas a la autonomía en Mindanao. Ello permitió crear la Comisión de Consulta Regional (RCC) que ayudó en el diseño del  Acta Orgánica para el Mindanao Musulmán que sirvió para promulgar un plebiscito en noviembre de 1987 que aprobó la creación de la Región Autónoma por el Mindanao Musulmán (Autonomous Region for Muslim Mindanao, ARMM), que comprende las cuatro provincias con mayoría muslmana (Maguindanao, Lanao del Sur, Sulu y Tawa-tawi). Ni el MNLF  ni la OIC, sin embargo, participaron en este proceso y, por tanto, el ARMM nació moribundo.

 

El Presidente Ramos recondujo el proceso para poder integrar al Frente Moro en las negociaciones. Tras unas primeras discusiones de carácter exploratorio con el MNLF poco después de su toma de posesión, inició un largo proceso que llevó al llamado “Acuerdo de Malacañang” (por el nombre del Palacio  Presidencial) el 2 de septiembre de 1996, firmado por representantes de gobierno Filipino, de MNLF, y con la participación de representantes de la OIC. El acuerdo está formado por 154 puntos de consenso, basados en los “Acuerdos de Trípoli” de 1976, permitiendo que el Frente Moro asumiera el ARMM y que su líder, Nur Misuari, haya pasado a ser su gobernador, elegido democráticamente. Se previó, además de una amplia autonomía y una fuerte inyección económica, la celebración de un referéndum en las otras provincias de Mindanao con una fuerte presencia musulmana.

El abandono de las armas dio alas a las expectativas de paz, pero también tiempo para el recuento de las victimas de la guerra. Eduardo  R. Ermita, en un discurso pronunciado ese mismo año de 1996 (“Para ganar la paz, para construir la nación”) ofreció cifras que, aun proviniendo de las Fuerzas Armadas filipinas, muestran la magnitud del conflicto en Mindanao desde su comienzo. Ermita señaló que el ejército había gastado 73 billones de pesos en relación con el conflicto de Mindanao desde 1970, lo cual suponía, por término medio,  el 40 % de su presupuesto anual. Además, habían muerto más de 100 000 personas, de los cuales el 30 % habrían sido de las fuerzas gubernamentales, el 50 % los  rebeldes y el 20 % la población civil. Por otro lado, los heridos se cifran en 55 000  en el lado gubernamental, sin contar los rebeldes y una buena parte de la población local.

 

6.- Después de los Acuerdos de Malacañang

 

         El acuerdo auspiciado por el Presidente Ramos ha supuesto simplemente un breve respiro de la violencia, porque junto al surgimiento de cristianos defendiendo su posición en la isla, también han incrementado su poderío las fuerzas que no aceptan el acuerdo sobre la autonomía y luchan por la independencia. Mientras tanto, el prestigio de Nur Misuari y de su autoridad ha declinado definitivamente a causa de la aparición de casos de corrupción y de una incapacidad clara para liderar el proceso de paz entre la población musulmana.

 

         Con el Presidente Joseph E. Estrada (1998-2001), volvió a darse un impulso al proceso negociador, pero pronto quedó empantanado por acusaciones mutuas de torpedeamiento. El estilo populista del presidente electo, además, fue más proclive a las soluciones violentas para intentar acabar con el problema moro, incitado además por el apoyo claro entre el resto de la población, según han reflejado las encuestas, y por los secuestros masivos (de nacionales, malasios y europeos) que ha llevado a cabo el grupo terrorista Abbu Sayyaf, especialmente en la primavera del año 2000, en el archipiélago de las Sulu. Mientras se esperaba un desenlace que tardó varios meses en producirse y la mayoría de los secuestrados extranjeros estaban aún en manos de Abbu Sayyaf, Estrada adoptó una política de Guerra Total contra todos los grupos musulmanes, independientemente de sus características. Ello provocó múltiples enfrentamientos entre el ejército y ambos grupos, así como la toma de los principales campamentos del MILF (tras la retirada de los Moros) y el ofrecimiento de una recompensa por la entrega del líder del FIML, Salamat Hashim, y de sus segundos, Al Haj Murad, encargado de asuntos militares, y Eid Kabalu, portavoz. En el Archipiélago de Sulu, tras la entrega de la mayoría de los rehenes, el ejército también arrasó las bases de Abbu Sayyaf, sin conseguir capturar a ningún líder importante de esta banda. Producto de este enfrentamiento, el 30 de diciembre de 2000 estallaron cinco bombas simultaneas en Manila, que causaron la muerte a 18 personas hirieron a más de 120. En los momentos finales del gobierno de Estrada las perspectivas eran de una tensión creciente y de un auge de la guerrilla Bangsa Mora, por lo que la destitución de este presidente ha sido considerada un motivo de esperanza para la llegada de la paz. Una de las primeras decisiones de Gloria Macapagal-Arroyo al llegar a la presidencia, en enero de 2001, ha sido el reinicio de las conversaciones de paz entre el gobierno y el MILF.

 

6.1. Grupos Bangsa Moros opuestos a los Acuerdos de Malacañang

MILF (Frente Islámico de Liberación Nacional) – creado en 1978 como consecuencia de la escisión del MNLF. Abogan por el establecimiento del independiente estado islámico en la parte sur de Filipinas. Dirigido por Hashim Salamat, opta por el islam teocrático.  Algunos analistas señalan la posibilidad de llegar al acuerdo con este grupo en caso de que Nur Misuari deje de ocupar el cargo del gobernador de ARMM.

Abu Sayyaf  (literalmente “El que lleva la Espada”). Formado en 1991, llama a la secesión y al establecimiento del auténtico e independiente estado islámico. Utilizando el terrorismo como su estrategia y los secuestros como su principal fuente de financiación, tiene unos apoyos importantes en las islas de Sulu y Basilan.

NICC (National Islamic Command Council). Formado en 1994 por los miembros más radicales del MNLF liderados por  Milham Alan, antiguo jefe del Estados Mayor del llamado Ejército Bangsa Moro (BMA). Al igual que el MILF, optan por la secesión.