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3. Resistencia y adaptación
durante el período español
4. La dominación norteamericana en
Manila
5. Los Bangsa
Moros desde la Independencia de Filipinas
6.- Después de los Acuerdos de Malacañang
Bangsa Moro
es la forma de autodenominarse los musulmanes del sur de Filipinas, tanto a
ellos mismos como a lo que consideran su nación. Se convirtieron al Islam antes
de la llegada de los españoles y han predominado en las islas del sur del
archipiélago filipino, aunque en el último siglo la inmigración les ha relegado
a la condición de minoría, excepto en algunas regiones.
El
territorio ocupado actualmente por los musulmanes filipinos está en el llamado “Sector
Mindanao.” Geográficamente, es una de
las tres grandes unidades en que se divide el archipiélago Filipino, junto con
Luzón y el sector central con las islas Visayas. El Sector Mindanao
comprende, además de dicha isla, el llamado archipiélago de Sulú, con las islas de Basilan, Joló y Tawi tawi,
junto los grupos insulares de Tausug, Samales, Bajau o Sarangani.
La isla de Mindanao está recorrida
por las Cordilleras Central y Pacífica, que tienen una orientación norte – sur,
una altura media que no sobrepasa los
1000 metros de altitud y cuentan con
varios volcanes jóvenes que llegan a 2800 – 2900 metros. El extremo occidental,
denominado como península de Zamboanga, es
principalmente llano.
Los Bangsa Moros, étnicamente, pertenecen a los grupos malayos que llegaron al
archipiélago filipino en una segunda oleada, después de los negritos, considerados como la población
autóctona de las islas. En la actualidad existen cinco grupos principales de Bangsa Moros: Maranao, Maguindanao, Tausug, Samal, Yakan. Otros grupos, menos
importantes son: Bajao, Sanglis,
Melebugnon y Palawi. Unidos
por sus creencias religiosas, los Bangsa Moro
constituyen una comunidad heterogénea y cada grupo presenta sus características
propias. Hablan distintas lenguas, aunque algunas de ellas presentan gran
similitud como ocurre con
La islamización
del sur de Filipinas es producto de la expansión del Islam por el Océano Indico
y el Sudeste Asiático, comenzada en los siglos XII y XIII. Un lugar clave para
ello fue la ciudad de Malaca, en el estrecho de Singapur. Su actividad comercial, la base de su economía,
ayudó en la expansión del Islam, que se convirtió en predominante en los
lugares portuarios del actual archipiélago Indonesia, especialmente en los
territorios de Sunda (en la isla de Java), en las Molucas y en la isla de Borneo.
La llegada del Islam a Filipinas dio paso a la creación de entidades
burocráticas más complejas que, bajo el mando de un sultán, sustituyeron a las
comunidades poco organizadas que existían hasta entonces. En Mindanao, los musulmanes se instalaron en algunos lugares del norte de
la isla, para extenderse después al sur y pasar a la zona de las lagunas
centrales. Los Bangsa Moro han convivido con algunos
de los grupos étnicos residentes en Mindanao, que se mostraron refractarios
tanto a la influencia musulmana como a las posteriores española o
norteamericana y han sufrido una aculturación menor. Después. El Islam llegó
hasta otros lugares del archipiélago Filipino, como Cagayán
de Sulú, la costa de Palawan
y otras islas del entorno.
La
islamización en el Archipiélago Filipino tiene tres
zonas principales. El Archipiélago de Sulú, el
primero en hacerlo, la isla de Mindanao, y el resto de islas, donde siempre ha
sido minoritario, como Palawan. En el Archipiélago Sulú, el Islam
comenzó a conocerse a partir del siglo XIII por medio de comerciantes, y sus
enseñanzas se inculcaron en la población desde la segunda mitad del siglo XIV,
a cargo de misioneros sufíes, según las crónicas musulmanas de Filipinas,
llamadas Tarsilas.
El primer gobernante musulmán de Joló fue Sharif Ul–Hashim, llegado desde la lejana isla de Sumatra, que gobernó hasta 1480 y ayudo a integrar a Sulú dentro de las rutas comerciales de la región.
La isla de
Mindanao pasó a islamizarse desde la zona más cercana a la ciudad de Cotabato, también con la llegada de líderes desde la isla
de Sumatra, donde estaba el reino de Johore, siendo
Sharif Kabungsuwan, el primer sultán de esta
isla gracias al matrimonio con las hijas de los líderes locales. Las relaciones,
sin embargo, fueron más estrechas con los sultanatos de las Molucas,
ante los que mantuvieron una cierta relación de dependencia, y se extendieron
después por ciudades como Zamboanga y Lanao.
El resto de las
islas del archipiélago que después pasó a llamarse Filipinas también tuvieron
sultanatos temporalmente, aunque no consiguieron estabilizarse, por la llegada
de los españoles. Así ocurrió con la isla de Palawán,
que fue conquistada temporalmente por el sultán de Borneo, y con los sultanes o
rajás que gobernaron en Manila (Maynilad)
y Tondo, en la isla de Luzón, así como en algunas zonas de las islas de
Visayas.
El
islamismo profesado por los Bangsa Moros ha tenido
importantes rasgos propios provenientes del fuerte sincretismo religioso local,
al igual que en el resto del sudeste de Asia. A pesar de ser musulmanes, ni
hablaban la lengua árabe, ni podían leer El Corán, o rezar con las mismas
palabras que sus hermanos de religión.
Entre las celebraciones más importantes destacaba la fiesta de la Pascua
llamada Sambayang, que duraba siete días a lo largo de los cuales se realizaba un
ayuno de día y sólo se podía comer una vez a lo largo
de
En la
época prehispánica existían ya las unidades administrativas complejas conocidas
como sultanatos, cuyo jefe era el sultán o el rajá, bajo cuya autoridad
actuaban los datus.
Las cuestiones administrativas estaban al cuidado del panglima, encargado de supervisar
diferentes asuntos del sultanato. Un grupo de nobles
desempeñaba el papel de los consejeros del sultán. El kadi le asesoraba en los temas religiosos. Los conflictos
legales se resolvían en los agama. El sultanato era hereditario, pero no se respetaba el derecho
de la primogenitura.
La
sociedad musulmana giraba en torno al clan, que estaba dirigido por un jefe, conocido
con el nombre de datu.
Su estructura social es piramidal y se basa en la existencia de diferentes
categorías sociales. En la cúspide se encontraba el sultán y los datus, que
constituían el grupo dominante y formaban una especie de aristocracia, aunque
se dividían en los que tenían y no tenían el parentesco con el sultán. Los ulancayas y los panglima, que
intervenían en el régimen administrativo y participaban en las actividades
políticas, formaban el siguiente escalón de la pirámide social.
El
estamento de los hombres libres estaba formado por dos grupos – los maradhiaos (los
que se habían distinguido por su buena conducta y el acatamiento de las normas)
y los sakops
(la gran mayoría de la población libre, en régimen de dependencia de los datus).
En Sulú hubo distinción clara entre dos tipos de esclavos. Los
banyaga, que procedían de las correrías, y los kiapangdilihan, habitantes de Sulu,
libres, convertidos en esclavos por las
deudas. Los bangayas
en teoría no poseían personalidad legal, tener propiedades y podían ser
vendidos, castigados y recibir castigos más severos, pero en la práctica se
distinguían poco de la población libre. Su dueño estaba obligado a
proporcionarle ropa y comida porque, en caso contrario, el banyaga podía reclamar cambio de
dueño, y además podía conseguir la manumisión por medio de la conversión y el
matrimonio. Su importancia social era grande porque el número de esclavos que
poseía el datu hablaba de su importancia y le daba
prestigio, pero también económica
2.2 El sistema
económico.
Existe
una relación muy estrecha entre el comercio desarrollado históricamente por el sultanato de Sulú, el más
conocido, y el auge de la esclavitud en
El sultanato
Sulú era percibido por los europeos como el estado de
piratas y esclavos. La realidad era, sin embargo, mucho más compleja. El
sistema económico de los Bangsa Moros se basaba en el comercio, en buena parte
favorecido por las condiciones geográficas de las islas que se encuentran entre
China, Filipinas y Mindanao en el norte; Borneo al sudoeste; y Sulawesi y Molucas hacia el sudeste.
Los productos exportados desde este archipiélago Sulú
eran tripang (especie de madreperla) y diferentes
tipos de otras perlas, nidos, cera, carey y otros productos, tanto marítimos
como de
La
llegada de los españoles al archipiélago filipino supuso un cambio de tendencia
dentro de la paulatina expansión islámica hacia el norte del archipiélago de Filipinas. Al llegar la
expedición de Magallanes, en su primera circunnavegación al globo, en el año
1521, el Islam estaba establecido en algunos lugares de Mindanao, Joló, en comarcas tagalas de Luzón, en Palawan
y en las islas Calamianes, pero de una forma muy
laxa, sobre todo en los tres últimos lugares. Fue con la primera expedición
destinada a asentarse en el archipiélago, en 1565, dirigida por
Está caracterizada por los esfuerzos de
los españoles por convertir en vasallos a los sultanes de Mindanao y de Jolo por medio de expediciones militares. La principal de
estas expediciones fue
Se
caracteriza por las luchas entre musulmanes de Mindanao y los españoles por el
cobro de los tributos y control de la parte este de las islas Visayas. Hubo
avances españoles debido a la expedición a Joló de
1602 dirigida por Juan Juárez Gallinato., pactos con
sultanes y datus (datu Sirongan, datu Buisan, rajá Mura), establecimiento de los misioneros
Agustinos Recoletos en los territorios de los musulmanes y la firma de una paz,
en 1609, que duró dos años. Fue un período que significó una victoria para los
españoles, porque si bien no les derrotó en su feudo sureño, consiguieron
detener su crecimiento..
Una vez que el poderío español en
Filipinas entra definitivamente en declive, los esfuerzos españoles por
conseguir el control de Mindanalo y Sulu ya no se podían mantener. Así fue reconocido con los
pactos de los españoles con el sultan Kudarat de Mindanao y con el sultan
de Jolo a mediados del XVII. Las expediciones
belicosas del gobernador general
El
conflicto entra en vías de solución en 1645, cuando el sultán Kudarat y los demás jefes de Mindanao cedieron parte de su
territorio a los españoles y permitieron la labor de los misioneros en su
territorio, mientras que los españoles reconocieron la soberanía de los líderes
musulmanes, e incluso prometieron una
cierta ayuda militar. A ello siguió un tratado al año siguiente, 1546, con el
sultán Paguían Bactial de Joló. Manila también le reconoció su soberanía, aunque bajo
el protectorado español, y además se delimitaron los territorios ocupados por
los musulmanes y los cedidos a los españoles, además de permitió predicar a los
misioneros cristianos en los territorios de los musulmanes, así como cumplir la
retirada de las tropas españolas de Joló.
La
segunda mitad del siglo XVII comenzó también con una nueva guerra, que se
produjo entre los años 1659 y 1663, pero dio pronto paso a un período de
relativa paz. Manila era incapaz de seguir dedicando recursos a Mindanao por el
declive del envío anual de dinero desde México para el gobierno de Filipinas, o
situado, razón por la que se
suprimieron los fuertes en las islas Molucas y los
soldados fueron reenviados a Zamboanga y Cavite (en la bahía de Manila), motivando la creación del
idioma chabacano en estas dos ciudades. La época de paz duró hasta los
comienzos del siglo XVIII, ya que en 1712 los sultanes de Joló
y Mindanao formaron una alianza y sitiaron la ciudad cristiana de Zamboanga durante dos meses, para acabar con la influencia
de Manila
La victoria de
los Borbones frente a los Austrias
en
La paz con los Bangsa
Moros fue frágil, pero los españoles eran conscientes de la imposibilidad de controlar las islas por su
escasez de efectivos y dinero para el ejército, por lo que prefirieron reforzar
los cauces diplomáticos, que en ocasiones dieron frutos pero siempre fueron
frágiles. Así, en 1725 se revisó el Tratado de paz con Joló,
a petición del sultán, aunque la paz volvió a quebrarse un año después. En 1737
tuvo lugar un nuevo acuerdo de buena amistad entre el sultán Alí Muddín I (Azim-ud-Din)
de Joló y el gobernador general Fernando Valdés Tamón (1729-39) que tuvo más duración. En este acuerdo se
hablaba de paz perpetua entre ambas partes, defensa mutua contra el enemigo
común (salvo que se tratara de una potencia europea), comercio libre entre los
joloanos y los demás residentes de Filipinas e intercambio de cautivos. El
acuerdo fue incluso ratificado por Cédula Real en 1742 por Felipe V y así se
comunicó al sultán Alí Muddín, que posteriormente
anunció su conversión al cristianismo, dentro de un contexto de crecientes
problemas internos en Joló y de expediciones
españolas al sur de Manila.
Entre los años 1762 y 1764, las tropas
de
La renovada expansión europea a partir del final de la
Revolución francesa trajo también consecuencias a las ambiciones foráneas sobre
el territorio donde vivían los Bangsa Moros. Si con
anterioridad, fuera de los españoles, solo los aventureros holandeses o
británicos se habían atrevido a viajar allí, a vender armas, desde el siglo XIX
el archipiélago de Sulú pasó también a ser objeto de
las miras de otros imperios europeos, no por el dinero que pudieran pagar, sino
por el propio territorio que ocupaban. La respuesta española fue reforzar su
presencia, lo cual, unido al propio reforzamiento de la colonización española a
lo largo del archipiélago, que antes se limitaba a los misioneros, significó
que la isla de Mindanao fue vista por primera vez como una colonia de la que
era posible sacar beneficios materiales.
El deseo francés de comprar la isla de Basilan a España, en la década de 1830, fue la primera
demostración de ese nuevo contexto donde se situaban los territorios
musulmanes: sujetos al albedrío de unos imperios europeos buscando la
repartición de los territorios “orientales” para su propio beneficio. En consecuencia, el gobernador general de
tendencia liberal,
La exitosa
expedición bélica de
En
1878 se firmó un nuevo tratado de paz con Joló por el
que el sultán y sus datus se declararon vasallos o
súbditos del rey español, el cual fue seguido después por otro con los datus de Mindanao, tras el que recibieron un estipendio
anual. Los españoles mantuvieron
Durante los últimos años de la
presencia española en Filipinas, siguieron combinándose los esfuerzos
diplomáticos con los militares. El gobernador general Emilio Terrero (1885-88),
que había luchado en Mindanao y Joló, recomendó un
cambio en la política aplicada en estos territorios con la idea de aceptar el
Islam y su organización socio–política. Terrero
señaló que estaban tan fuertemente arraigados y era prácticamente imposible
implantar allí el catolicismo y la “cultura occidental,” por lo cual propuso
que, si se quería tener una convivencia pacífica, la tolerancia religiosa fuera
garantizada por las leyes, así como que las comunidades militares para la
defensa en caso de agresión no provocaran a los musulmanes. Fue aceptado en
Decreto de
Tras
En
1899, tras su llegada a las tierras dominadas por los musulmanes, los
americanos afirmaron buscar simplemente la convivencia pacífica, firmando un acuerdo
siguiendo este principio el general John. C. Bates
con el sultan Jamal ul–Kiram II de Sulu. Al contrario
que en el resto del archipiélago filipino, los Bangsa
Moros no se opusieron a la llegada de las fuerzas americanas. Pero acabada la
guerra filipino-norteamericana (1899-1903), pronto se puso en marcha la
política llamada de “desarrollo, civilización y educación,” que suscitó más
inquietud e incluso una oposición activa entre la población musulmana que, al
considerarla como una amenaza para su modo de vida, evitó registrarse,
ignorando los esfuerzos estadounidense por ofrecer una educación estatal, por
ejemplo. No tardaron en llegar los
choques violentos, que se produjeron en 1906 y 1913, en las batallas de Bud Daho y de Bud
Bagsak, ambas en Joló. En
1915 el sultán de Joló cedió finalmente la soberanía
sobre los musulmanes del archipiélago de Sulú y
aceptó la autoridad suprema de los EEUU, que le mantuvo, no obstante, como
máxima autoridad espiritual.
Estados Unidos comenzó a aplicar en
1916
Los Bangsa Moros sintieron que podían ganar poco con
Mientras pasaba
ese período transitorio, el estallido de la Guerra del Pacífico y la posterior
invasión japonesa de Mindanao y Sulú significó unos
momentos difíciles, al igual que en las regiones circundantes. La reacción ante
el Imperio Japonés se pareció a la del resto de habitantes del archipiélago,
con una buena parte de musulmanes mostrando oposición a los japoneses y
organizando varias guerrillas compuestas, mientras que por otra parte se dieron
casos de colaboración entre los japoneses y los datus de Mindanao y Sulú.
Las consecuencias de la invasión japonesa fueron interesantes, porque mejoraron
las relaciones entre lo moros y los filipinos, con varios datus
accediendo a los cargos administrativos, además de que las reparaciones
posteriores por la guerra para muchos moros de la guerrilla significaron la
llegada de dinero para invertir en Mindanao. Asimismo, la introducción de
armamento fue aprovechado después por las guerrillas para luchar contra el
estado filipino.
A
partir del 4 de julio de 1946, la República de Filipinas pasó a ser
independiente. Para los bangsa Moros, los problemas
anteriores no cambiaron e incluso se agravaron, porque ante la escasez de
recursos del país, la visión de Mindanao como una “tierra de promisión” que
permitiría solucionar multitud de problemas económicos, sociales y políticos
del resto del país pasó a significar que sus habitantes musulmanes fueron
percibidos como un obstáculo en ese contexto. El programa del gobierno para la
región se basó oficialmente en tres objetivos, mantener paz y orden, promover
la integración de los moros a través de la educación y, por último, mejorar
comunicaciones, acceso a los servicios médicos, y otros servicios públicos. Se
proclamó la promoción de un desarrollo económico conjunto entre cristianos y
musulmanes, en definitiva, pero sólo se cumplió con una cierta eficacia el primer objetivo, la paz y el orden.
La organización
administrativa cambió con el tiempo. Hasta los años 1950, las provincias de “Moroland” (Lanao, Cotabato y Sulú) fueron
gobernadas como “provincias especiales,” dependiendo directamente del gobierno
central. Después, desapareció el estatus de provincias especiales y su
administración pasó a manos de los funcionarios locales elegidos por la
población, como en otras provincias, completándose el proceso de integración en
1957, cuando “Moroland” pasó a integrarse en las estructuras administrativas del país.
Las leyes dictaminaron que los moros podían ser elegidos para todos los niveles
de la administración y gobierno. Este esfuerzo administrativo, no obstante, no
se correspondió con la realidad de Mindanao, porque la población musulmana no
se sentía parte de Filipinas, y la preponderancia cada vez mayor de los
inmigrantes procedentes del norte, que les consideraba más retrasados social y
económicamente, reforzó el distanciamiento entre los grupos. Con el tiempo,
aparecieron varias organizaciones islámicas a nivel local y nacional, y los moros
pasaron a convertirse en una fuerza política con unas conexiones
internacionales con organizaciones pan – islámicas cada vez mayores.
Este
sentimiento de minoría en su propio territorio, las ayudas exteriores y
Ello
llevó a un proceso de Paz entre el gobierno Filipino y el MNLF desde el año
1975. Las razones han sido varias. Económicas, porque los gastos en el material
de guerra aumentaban, mientras que la posibilidad de financiarlos disminuyó,
una vez que a partir de 1973 los Estados Unidos de América dejaron de prestar
asistencia al gobierno filipino y, por otro lado, los países de la OPEP
colocaron a Manila en la lista del embargo para la venta de petróleo.
Políticas, porque el interés de los países musulmanes en solucionar el
conflicto en Mindanao llevó la solución del problema Bangsa
Moro más allá de las fronteras nacionales filipinas. Calificando de genocidio
la citación en Mindanao, la OIC pasó a ser el primer mediador entre el gobierno
y el MNLF.
La
evolución de estas negociaciones ha sido dispar. Las primeras conversaciones de
paz comenzaron en Jeddah, facilitadas por el
Secretario General de OIC (Mohammed Al- Touhamy)., con participación
del MNLF y del gobierno de Filipinas, sin llegar a ningún
acuerdo. En 1976 pasaron a celebrarse en Trípoli, entre el Hon.
Carmelo Z. Barbero (gobierno de Filipinas), el profesor Nur
Misuari (MNLF), el Doctor Alí Abdussalam
Treki (ministro de asuntos exteriores, República de
Libia) y el Doctor Ahmed Karim
Gaye (Secretario General de la OIC). Todos ellos firmaron en diciembre de este
año los “Acuerdos de Trípoli”, que establecían la autonomía para los musulmanes
en el sur de Filipinas, dentro de la soberanía y la integridad territorial de
la Republica de Filipinas. Se enumeraron 13 provincias como territorios autonómicos
y se estableció una comisión mixta que debería reunirse en Trípoli entre 5 de febrero y 3 de marzo de 1977 para
trabajar sobre algunas cuestiones pendientes. Inmediatamente después, en
Manila, se iban a firmar los resultados del encuentro y el cese definitivo de
las hostilidades debería tener lugar el
20 de enero de 1977. Era un acuerdo prometedor que, sin embargo, nunca se llegó
a cumplir.
Aparentemente, ni cristianos ni musulmanes estaban
dispuestos a aceptar todas las cláusulas. El presidente Marcos elaboró su
propia versión del acuerdo y el 17 de abril de 1977, tras la realización de un
referéndum, creó dos regiones autónomas –Región IX y Región XII-, cada una
constando de cinco provincias. Con ello, suprimió la isla de Palawan y las provincias de Davao del Sur y Cotabato del Sur como territorios autónomos. Por otro lado,
una facción radical del Frente Moro se escindió en ese mismo año de 1977,
opuesta al acuerdo y liderada por Salamat Hashim, debilitando la capacidad de coordinación de los musulmanes.
El
fin de la Dictadura de Marcos en
El Presidente
Ramos recondujo el proceso para poder integrar al Frente Moro en las
negociaciones. Tras unas primeras discusiones de carácter exploratorio con el
MNLF poco después de su toma de posesión, inició un largo proceso que llevó al
llamado “Acuerdo de Malacañang” (por el nombre del
Palacio Presidencial) el 2 de septiembre
de 1996, firmado por representantes de gobierno Filipino, de MNLF, y con la
participación de representantes de
El abandono de
las armas dio alas a las expectativas de paz, pero también tiempo para el
recuento de las victimas de
El
acuerdo auspiciado por el Presidente Ramos ha supuesto simplemente un breve
respiro de la violencia, porque junto al surgimiento de cristianos defendiendo
su posición en la isla, también han incrementado su poderío las fuerzas que no
aceptan el acuerdo sobre la autonomía y luchan por
Con
el Presidente
MILF (Frente Islámico
de Liberación Nacional) – creado en 1978 como consecuencia de la escisión del
MNLF. Abogan por el establecimiento del independiente estado islámico en la
parte sur de Filipinas. Dirigido por Hashim Salamat, opta por el islam
teocrático. Algunos analistas señalan la
posibilidad de llegar al acuerdo con este grupo en caso de que Nur Misuari deje de ocupar el
cargo del gobernador de ARMM.
Abu Sayyaf (literalmente
“El que lleva la Espada”). Formado en 1991, llama a la secesión y al
establecimiento del auténtico e independiente estado islámico. Utilizando el
terrorismo como su estrategia y los secuestros como su principal fuente de
financiación, tiene unos apoyos importantes en las islas de Sulu
y Basilan.
NICC (National Islamic Command Council). Formado en 1994 por los miembros más radicales del
MNLF liderados por Milham
Alan, antiguo jefe del Estados Mayor del llamado Ejército Bangsa
Moro (BMA). Al igual que el MILF, optan por la secesión.