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El contingente militar,
mayoritariamente integrado por filipinos, zarpó de Manila en dirección al
puerto de Danang, llamado antiguamente Turón por los españoles, principal ciudad de Vietnam
central. En septiembre de 1858 cayó esta localidad, y el 10 de febrero de
1859 los aliados atacaron Saigón, la capital de la Cochinchina.
Tras la toma de la plaza, el mando francés izó la bandera
tricolor y se apropió del botín. El ejército galo siempre consideró a las
tropas españolas como auxiliares y mandó regresar a Filipinas todo el
contingente español que no estuviera en Saigón, y
con ellos al jefe del cuerpo expedicionario, el coronel Bernardo Ruiz de
Lanzarote. Solo quedó en Vietnam un centenar de soldados españoles bajo la
órdenes del teniente coronel Carlos Palanca Gutiérrez. Tras diversas acciones
militares, en la primavera de 1862 el emperador Tu Duc
aceptó las condiciones de París: cedió la zona ocupada a Francia y permitió
la libertad religiosa. Un año después, los franceses ocuparon Camboya y una
década más tarde, el norte de Vietnam. En 1902 habían conseguido unificar
toda Indochina y España apenas había sacado beneficio de la campaña. Las
tropas regresaron a Filipinas y la historia oficial española empezó a olvidar
la expedición.
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¿Por qué esta guerra fue un
verdadero paseo militar de la coalición francohispana?
¿Por qué resultó tan fácil derrotar a Vietnam en la primera guerra de
Indochina si lo comparamos con la famosa guerra de Vietnam del siglo XX? La
diferencia crucial, fue, ciertamente, la motivación. A
finales del siglo XIX, Vietnam ansiaba liberarse de la odiada influencia
china, de más de mil años de duración. La expedición europea era vista, así,
como un contrapunto a esa aplastante hegemonía milenaria, tal como recordó el
líder comunista Hô Chi Minh. Pero los vietnamitas
nunca consideraron a los franceses como superiores, ni admitieron que su
futuro debiera estar en manos extranjeras. Los funcionarios vietnamitas que
estudiaban en Francia fueron siempre mal vistos en el país, al igual que los cristianos,
que nunca superaron el cinco por ciento de la población. Los
franceses buscaron imitar el modelo español de colonización de las Filipinas
para consolidar su dominio y pretendieron que los vietnamitas se convirtieran
masivamente al cristianismo. Sin embargo, se encontraron con un nacionalismo
creciente, que en menos de un siglo fue capaz de derrotarlos en Diên Biên Phu,
en el año 1954.
Pero, además, no hay que
olvidar el avance tecnológico que separaba ambos contendientes. Los
vietnamitas solo disponían de elefantes frente a las poderosas armas de fuego
de Occidente que, además, contó con una hábil estrategia, a la vista de los
resultados. Tras conquistar Danang, en el Vietnam
central, la coalición europea rehusó atacar el corazón del imperio de Vietnam
en el norte y miró hacia el sur, a la Cochinchina y
a su capital. Saigón eras entonces una ciudad
fronteriza, situada en la fértil desembocadura del Mekong,
ganada a los camboyanos, y en donde vivían los recelosos de la autoridad
central del reino de Annam. París temía atacar de
entrada Huê, la capital vietnamita, y veía más
factible sitiar Saigón, a pesar de las presiones de
los misioneros, que preferían que la expedición arremetiera contra el norte
(porque allí se concentraba la mayor parte de los cristianos vietnamitas) y
de los españoles, que querían ir a Tonkín, por su
cercanía a las Filipinas.
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El gobierno de Napoleón III
recelaba de los misioneros españoles, "más ardientes y fanáticos que los
franceses". El primer gobernador de Cochinchina,
el contralmirante Bonard, los acusó de ser antiguos
guerrilleros e incluso de carlistas. Pero, en cualquier caso, España apenas
incordió a los franceses ni hizo valer su presencia en Filipinas para
conseguir mejores resultados; había confiado ciegamente en Napoleón III y
había embarcado a sus tropas con la única ambición de castigar la muerte del
dominico, sin exigir garantías y sin apenas coordinación entre la península y
el gobernador de Filipinas.
Además la expedición contó con
aliados locales. Por un lado, el reino de Siam (la actual Tailandia),
un enemigo tradicional de Vietnam que siempre estaba dispuesto a colaborar
con los europeos contra su vecino. Por el otro, Camboya, con un poderío mucho
menor, pero que también ha buscado siempre contrarrestar la hegemonía de sus
vecinos. Francia fue un mal menor para los camboyanos, que se echaron en
manos de los franceses para luchar contra el dominio vietnamita, como
hubieran hecho contra los thais de Siam.
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- Gainza, F., La campaña de Cochinchina, Algazara, 1997.
- Osborne,
M.E., The French Presence in Cochinchina and Cambodia, White Lotus, 1997.
- Palanca, C., Reseña
histórica de la expedición a Cochinchina, L. Montello, 1869.
- Perucho,
J., La Guerra de la Cochinchina, Destino, 1986.
- Togores,
L., Extremo Oriente en la política exterior de España (1830-1885), Prensa y
Ediciones Iberoamericanas, 1997.
Florentino Rodao
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