Japón, también sin dirección económica

 

            Lo que debería ser una nueva esperanza acaba teniendo trazas de convertirse en un nuevo obstáculo. La pasada semana, el nombramiento de un nuevo gobernador general del Banco de Japón, Toshiro Muto, tras cumplir su mandato Toshihiko Fukui, se ve inmerso en una disputa política de difícil solución. La necesidad de confirmación por las dos Cámaras pone en aprietos al gobierno actual del Partido Liberal Democrático o Jiminto porque el opositor Partido Democrático de Japón, o Minshuto, controla el Senado y ha tomado este nombramiento como caballo de batalla contra el gobierno.

 

No le faltan razones a la oposición para criticar al Banco de Japón y pedir cambios en su funcionamiento. No faltan razones para la crítica. Desde mediados de la década de 1990, el exceso de poder de la burocracia ha pasado a ser considerado una de las lacras de Japón y los críticos señalan al Ministerio de Finanzas, donde Muto hizo su carrera, como el caso más grave. Además, el Banco de Japón es acusado de forma generalizada de agravar los problemas de Japón cuando, tras la llamada “explosión de la burbuja” en 1989 y el valor medio de las acciones bajó hasta un 40%, el Banco subió los tipos de interés del 4,25 al 6% y restringió la masa monetaria durante un tiempo excesivamente largo. Este desplome de la “burbuja económica” ha tenido consecuencias duraderas; la deflación se ha instalado desde entonces y al desplome del mercado inmobiliario le siguieron las quiebras de bancos. Muto además provoca recelos de varios tipos, porque antes de llegar a vicepresidente del Banco de Japón en 2003 ya ostentó cargos políticos desde 1996 en el Ministerio de Finanzas. El  Minshuto ya votó en su contra en 2003 y, además, tiene razones justificadas para seguir con cuidado una institución crucial apuntada desde amplios sectores como la principal causante de los males de la economía japonesa.

Pero Muto parece, antes bien, un chivo expiatorios. Durante su período como vicepresidente, de hecho, Japón ha vivido el período más largo de crecimiento continuado (desde febrero de 2002), se ha evitado una crisis bancaria, el mercado inmobiliario ha vuelto a vivir subidas de precios (desde 2005, es decir, década y media después) y los tipos de interés positivos han regresado, acabando con una anomalía de la economía japonesa que duró demasiados años. De hecho, el ataque a su nombramiento tiene más intereses más políticos que económicos, y es necesario buscarlo en la división interna tan profunda del Minshuto. Aunque tiende a ser comparado con el Partido Demócrata estadounidense, el Partido Democrático de Japón carece de una ideología política coherente, puesto que ha atraído tanto a antiguos miembros del Partido Socialista como a los desencantados del Jiminto, a pesar de sus planteamientos políticos tan variados. Actualmente lo dirige, de hecho, Ichiro Ozawa, el líder del ala  más conservadora que consiguió ganar las últimas elecciones  a la Cámara Alta revocando las ideas reformistas anteriores y buscando los votos tradicionales del campo, a través de redes clientelares. El rifirrafe en torno al Banco de Japón, por tanto, tiene escaso contenido económico, aunque el país demanda cada vez con más urgencia tomar medidas para solventar problemas como la escasa demanda interna, la pobre mejora en competitividad o los recientes acosos a las inversiones extranjeras desde instancias judiciales, que se suman a unas estadísticas que apuntan al comienzo de una recesión.

 

Florentino Rodao es Doctor por la Universidad de Tokio y profesor de la Facultad de Periodismo, UCM.