Japón, también sin dirección
económica
Lo que
debería ser una nueva esperanza acaba teniendo trazas de convertirse en un
nuevo obstáculo. La pasada semana, el nombramiento de un nuevo gobernador
general del Banco de Japón, Toshiro Muto, tras
cumplir su mandato Toshihiko Fukui,
se ve inmerso en una disputa política de difícil solución. La necesidad de
confirmación por las dos Cámaras pone en aprietos al gobierno actual del
Partido Liberal Democrático o Jiminto porque el opositor Partido Democrático de Japón, o Minshuto, controla
el Senado y ha tomado este nombramiento como caballo de batalla contra el
gobierno.
No le
faltan razones a la oposición para criticar al Banco de Japón y pedir cambios
en su funcionamiento. No faltan razones para
Pero Muto parece, antes bien, un chivo expiatorios. Durante
su período como vicepresidente, de hecho, Japón ha vivido el período más largo
de crecimiento continuado (desde febrero de 2002), se ha evitado una crisis
bancaria, el mercado inmobiliario ha vuelto a vivir subidas de precios (desde
2005, es decir, década y media después) y los tipos de interés positivos han
regresado, acabando con una anomalía de la economía japonesa que duró
demasiados años. De hecho, el ataque a su nombramiento tiene más intereses más
políticos que económicos, y es necesario buscarlo en la división interna tan
profunda del Minshuto.
Aunque tiende a ser comparado con el Partido Demócrata estadounidense, el Partido Democrático de Japón carece de
una ideología política coherente, puesto que ha atraído tanto a antiguos miembros
del Partido Socialista como a los desencantados del Jiminto, a pesar de sus planteamientos
políticos tan variados. Actualmente lo dirige, de hecho, Ichiro
Ozawa, el líder del ala más conservadora que consiguió ganar las
últimas elecciones a