Política
Exterior, Vol. XII, mayo/junio 1998, num. 63: 117-134.
Reimpreso
en Desarrollo, Nº 28 (1999), pp. 3-11.
La Filipinización de los hispano
Cuando Emilio
Aguinaldo proclamó la primera república en Asia, hace cien años, no era fácil
que se pudiera haber imaginado las dificultades que tendría que afrontar
Filipinas a lo largo de los siguientes cien años. Pronto comprobó que la
debilidad de las tropas españolas no sería suficiente para mantener esa
independencia y en unos años los norteamericanos acabaron con su República
de Malolos y con los sueños de un gobierno a cargo de los propios
filipinos. Pero lo que Aguinaldo nunca llegó a imaginarse, aunque murió en la
década de 1960, fue que sus vecinos superarían a su país. Hasta esas fechas, el
tamaño y las perspectivas de la economía de Filipinas eran superadas en Asia
sólo por Japón, pero en los últimos treinta años la situación ha cambiado
radicalmente.
En 1970 Filipinas sufrió su primera recesión
importante, a causa de la deuda externa y del deterioro de la balanza de pagos.
La enorme cantidad de préstamos SAL del Banco Mundial, teóricamente para
ajustes estructurales, llevaron a esta situación crítica que mostró que una
excesiva ayuda extranjera puede llegar a ser perniciosa. Después, el declive
final de la dictadura de Marcos y las dificultades del primer gobierno
democrático dirigido por Corazón “Cory” Aquino impidieron levantar cabeza. En
el período que va entre 1980 y 1992, el crecimiento del Producto Nacional Bruto
tuvo una media negativa y el ingreso per capita real bajó un 7% real. Filipinas
pasó a ser percibida como un “caso perdido” en una región que entonces era
modelo de vitalidad. Los países que anteriormente miraba con desdén le iban
superando progresivamente; así, frente a ese estancamiento en el PNB, el de
Indonesia crecía en un 4% de media en el mismo período, en Malasia un 3.2, en
Singapur un 5.3 y en Thailandia un 6.0. El comportamiento de las exportaciones
mostraba una pauta semejante, frente al 3.2% filipino, los otros países
mostraban índices mucho mayores; por el mismo orden, 5.6, 11.3, 9.9 y 14.7.
La presidencia de Corazón “Cory” Aquino se
despidió con cortes continuos de suministro eléctrico, mostrando no sólo el
declive en la calidad de vida o la necesidad de invertir fuertemente en
infraestructuras, sino también los limites tan extremos a los que había llegado
la decadencia de Filipinas. La caída de la dictadura de Marcos no había satisfecho
las esperanzas; aunque el saqueo sistemático de las arcas estatales era ya cosa
del pasado, se había seguido destruyendo riqueza. Aquino, elevada a la jefatura
del Estado por ser la mujer del líder de la oposición asesinado, Benigno
“Ninoy” Aquino, no supo proveer la dirección política necesaria en el país y su
período estuvo plagado de convulsiones que impedían pensar en un futuro a medio
plazo. Son ejemplos elocuentes los seis intentos de golpes de estado, el
incremento de la guerrilla pro-comunista y las pocas leyes que fueron
promulgadas durante su mandato a causa de las difíciles relaciones personales y
políticas con muchos congresistas y senadores.
Su sucesor,
Las
dificultades no eran pequeñas, pero Ramos ha conseguido sorprender a propios y
a extraños, porque ha creado las condiciones para estabilizar el sistema
político filipino y para posibilitar que el Estado dedique sus recursos al
crecimiento económico. Sus principales logros están en la introducción de
nuevas leyes para la reforma de la economía y en la reducción de la violencia
política. En el primer caso, ha conseguido que las dos cámaras, la Cámara de
Representantes y el Senado apoyen mayoritariamente sus propuestas, mejorando
por un lado los contactos y mostrándose abierto a sus iniciativas, pero también
lubricando las necesidades de esos diputados con fondos para proyectos en los
que éstos puedan ganarse el apoyo de sus votantes en las próximas elecciones.
Ramos no ha dejado de recurrir a los métodos ya conocidos para conseguir el
apoyo de los diputados y éstos, en consecuencia, han ido apoyando sus
propuestas. El apoyo y el poder del Palacio de Malacañang, la residencia del
Presidente, ha atraído a numerosos miembros de la Casa de Representantes y el
quinto de diputados que ostentaba su partido ha aumentado hasta las tres
cuartas partes, disfrazando el transfugismo con la creación de una llamada
Coalición Rainbow o Arco Iris. Ha buscado objetivos nuevos, en
definitiva, por medio de métodos tradicionales. La violencia política, por su
parte, también ha sido reducida dramáticamente durante su período y el ejército
ya no ha sido el origen de perturbaciones, menos aún de golpes militares, En
cuanto a las antiguamente activas formaciones pro-comunistas como el New
People’s Army o Nuevo Ejército del Pueblo, han quedado reducidas a grupos
que ya no tienen capacidad sino para atacar esporádicamente en las ciudades. El
problema de la guerrilla musulmana en el sur también ha dado un salto
cualitativo que quizás lleve a una solución definitiva tras el pacto con el
grupo guerrillero más poderoso, el Frente Moro de Liberación Nacional de Nur
Misuari. Una vez dejadas definitivamente las armas, en septiembre de 1996
Misuari fue elegido democráticamente gobernador de
A ese mejor ambiente político ha contribuido,
indudablemente, la mejora de
El camino
por recorrer sigue siendo más largo que el de sus vecinos, a pesar de lo andado
en este último sexenio. El 8,4% de tasa de desempleo frente a las cifras en
torno al 2-3% de otros países de la ASEAN muestra que muchos de esos emigrantes
todavía no tienen sitio para volver a su propio país. Sus remesas siguen siendo
necesarias para mantener una balanza de pagos en la que la importación sigue
sin ser alcanzada por
Las reformas, además, se han ralentizado en este último período de mandato.
Junto a algunos problemas de alcance popular que han supuesto una pérdida del
capital político del presidente (el aumento del coste de la gasolina o los
intentos por modificar la Constitución para permitir que volviera a ser
elegido), las relaciones con el Senado se han enfriado y el número de leyes que
han sido aprobadas ha disminuido fuertemente. La credibilidad del presidente ha
disminuido y la crisis financiera asiática no ha hecho sino incrementar el
número de los que reprueban su gestión, aunque la opinión general siga siendo
positiva.
La
economía filipina, no obstante, se mantiene relativamente bien frente a los
embates de la crisis, en parte porque el déficit de cuenta corriente no era tan
amplio ni la estructura de la deuda era a plazo corto como en Thailandia o
Indonesia. La evolución comparada del peso parece demostrarlo; ha descendido un
33% en el período desde el 2 de enero al 10 de diciembre de 1997, frente
al 88% de la rupia indonesia, al 64% del bath thailandés, a un 61% del won
coreano y a un 45% del ringgit malasio, y además, recientemente se ha
recuperado. Filipinas, por su lado, acaba de salir de 35 años de
supervisión del Fondo Monetario Internacional cuando otros países están entrando.
No obstante, poco pueden consolar estas cifras a muchos filipinos porque les
toca de nuevo apretarse el cinturón cuando todavía no habían sino empezado a
vislumbrar los beneficios del ciclo alcista. Y ello no ha afectado únicamente a
las clases populares, sino también a las clases medias; se han dado numerosas
manifestaciones por todas las ciudades del país contra algunos bancos por haber
aumentado los intereses de sus préstamos, en algunos casos hasta el 28%.
Pensando en un futuro más a largo plazo, esta crisis también ha acentuado una
tendencia que ya estaba a la vista, la necesidad de impulsar las reformas
emprendidas por Ramos hacia una segunda fase cuya idea clave es el “desarrollo
sostenido”. Los principales actores, según la propaganda gubernamental, serían
la sociedad civil, el gobierno y las empresas y la idea principal que subyace
es fortalecer un aparato estatal que pueda ayudar a apoyar y sostener los
impulsos hacia el desarrollo. La comparación con los otros países de la ASEAN (Asociación
de Naciones del Sudeste Asiático) muestra claramente la deficiencia filipina;
el porcentaje de ingresos del gobierno en relación con el Producto Nacional
Bruto fue el 17.1% en 1993, frente al 28.7% de Malasia o al 26.6% de Singapur,
al 24.8 de Taiwan o, mas cerca, del 19.4 y 18.3% de Indonesia y Thailandia
respectivamente. Las infraestructuras y la productividad agraria son dos
aspectos que necesitan de esa segunda fase de la reforma para poder cumplir su
papel en el desarrollo. Esta tarea de fortalecer la labor del estado como motor
de desarrollo de un país ha de ser más compleja aún que la llevada a cabo por
Ramos en sus seis años de mandato, puesto que las carencias provienen en buena
parte de una mentalidad en el pueblo filipino escasamente propicia hacia los
poderes públicos. Como en algunos países de América Latina, las elites
familiares han debilitado fuertemente su papel al cumplir (parcialmente)
o impedir que se cumplan una buena parte de las funciones que suelen
corresponder al Estado en un país más desarrollado. La burocracia, por su
parte, está llena de funcionarios que han entrado por motivos ajenos a su valía
y necesita una reorganización profunda. El objetivo último habrá de ser
conseguir una mayor confianza de los ciudadanos en dos pilares básicos como son
la justicia y la policía, así como reducir la corrupción, los sobornos y los
gastos inútiles del Estado, que actualmente suponen el 20-30% de los ingresos
estatales, según se admite dentro del propio gobierno. Para superar definitivamente
esta carencia, se necesitan mejores salarios y para que se cumplan mejor esas
funciones hay que fortalecer las instituciones que promuevan objetivos de
desarrollo a largo plazo, así como dar cabida a ONGs u otras agrupaciones de la
sociedad civil. Una labor difícil, en definitiva, que necesitará como mínimo
otro sexenio decididamente reformista, bajo la disciplina del mercado y con la
mirada puesta en la integración de Filipinas en la economía mundial.
Este
objetivo, más o menos manifestado, es el que todos los candidatos se proponen,
pero ninguno está preparado porque faltan tanto un sistema político estable
como unos partidos con una suficiente base social. Si decimos que la
oportunidad de encarrilar al país en la senda de un progreso sostenido esta en
manos del futuro presidente es porque los partidos políticos son uno de los
ejemplos más claros de esa debilidad institucional de la antigua colonia
hispana. Política es adición, se afirma repetidamente allí y los partidos
políticos han sido tradicionalmente coaliciones de familias poderosas que
dependían más de los vínculos de amistad, de parentesco o de patronaje
que de los planteamientos políticos. Los continuos cambios de formación de sus
miembros, el surgimiento de partidos cuya única función es llevar al candidato
a la presidencia y, en definitiva, su escasa identidad ideológica, son otras
características del sistema político filipino que tendrán también que cambiar
en esa segunda fase de desarrollo institucional para disminuir ese 90% actual
de filipinos que, según las encuestas, no se identifican con ningún partido
político.
Hay
pocas organizaciones políticas con un carácter estable y sólo dos partidos en
la actualidad están representados a lo largo de todo el país, Lakas y Laban. El
primero surgió cuando Ramos decidió luchar por la presidencia tras haber
perdido la nominación del entonces partido gubernamental o Laban. El entonces
candidato creó el Partido Lakas Tao (Partido del Poder Popular), añadiendo
después una coalición llamada NUCD/MUPD (Unión Nacional de Demócratas
Cristianos y los Musulmanes Demócratas Unidos de las Filipinas). Desde entonces
ha crecido a la sombra del poder y fue el triunfador de las elecciones
parciales de 1995. En la actualidad, proclama la adscripción de 1165 del total
de 1560 alcaldes del país, de 60 de los 78 gobernadores provinciales y un total
de 6,5 millones de afiliados. Es difícil saber a ciencia cierta la fidelidad de
estos cargos y de esos militantes, y menos aún qué pasaría del partido si su
candidato pierde las elecciones. Laban ng Demokratikong Pilipino (Partido de
los Demócratas Filipinos) vivió sus momentos más brillantes cuando Cory Aquino
iba vestida de amarillo haciendo con la mano la señal de
Esta
debilidad de los partidos políticos explica que Filipinas sea el país con un
mayor número de candidatos con posibilidades reales de ganar: la
personalidad es lo más importante. En las elecciones anteriores, de los
seis candidatos principales hubo cuatro pudieron haber conseguido la victoria
manos y precisamente el que se basó más en la maquinaria de un partido fue el
último de esos cuatro. En esta ocasión, de nuevo, los votantes podrán escoger
entre un amplio número de candidatos pero, al contrario que en las elecciones
anteriores, las encuestas señalan a
El
candidato nominado por el presidente Ramos también tiene un buen número de
bazas para conseguir
Fuera
de estos dos principales candidatos presidenciales, se intentó crear
Aparentemente,
el resto de los candidatos tienen menos posibilidades, pero dos de ellos pueden
dar la sorpresa gracias a los votos regionales o lingüísticos, que pueden ser
cruciales en unas elecciones con resultados
Miriam
Defensor-Santiago es otra candidata que seguramente llegue a ese porcentaje.
Senadora y candidata del People’s Reform Party, quedó segunda en las elecciones
anteriores a menos de medio millón de votos de Ramos, aunque ella sigue
repitiendo que fue el fraude lo que le quitó la victoria de las urnas. Entonces
consiguió una imagen de luchadora contra los partidos tradicionales y ganó
muchos votos gracias a unas excelentes capacidades para los mítines, en los que
denunciaba con humor y una oratoria muy encendida a los políticos que ella
llamaba “idiotas certificados”, pero su popularidad ha declinado desde
entonces. La búsqueda por recuperarla le ha llevado a defender causas como la
defensa de los matrimonios gay, pero no parece que con ello consiga capturar ni
la imagen de antes ni los votos perdidos, tanto por ser ése un tema marginal en
Filipinas como porque su candidato a vicepresidente, Francisco Tatad, es muy
cercano al Opus Dei. Tras decidir seguir optando a la posibilidad de que la
iglesia católica les apoye oficialmente, se ha retractado de esas
posturas pro-gays alegando que se basaba en motivos puramente morales y sigue
apoyando las críticas de la iglesia católica a Estrada como mujeriego. Imelda
Marcos, la mujer del antiguo dictador, de nuevo vuelve a presentarse y también
es bastante probable que baje del porcentaje que recibió entonces, un diez por
ciento del total, una vez que los recuerdos de la Dictadura de Marcos cada vez
pertenecen a la Historia y que su base étnica en Ilocos se difumina. Las
declaraciones más importantes que podrá hacer serán respecto al dinero de la
familia en el extranjero; por primera vez ha admitido 800 millones de dólares
en el extranjero (el gobierno filipino demanda 540), pero sigue sin declarar su
fortuna total: “Si uno sabe cómo de rico eres, entonces no lo es. En mi caso no
soy consciente de hasta donde llega mi riqueza. Así de rica soy”. Completan la
terna de diez candidatos el senador, Juan Ponce Enrile, que se presenta como
independiente y sin haber hecho apenas campaña y
La carrera, de cualquier forma, está abierta,
porque el rechazo hacia Estrada es el más importante y ello que puede reagrupar
los votos en un sólo candidato. El propio presidente Ramos ha propuesto que los
demás se retiren a favor de José de Venecia; no parece que vaya a ocurrir así
con los candidatos con apoyo importante, pero si es posible que algunos
votantes lo hagan.
La elección a la vicepresidencia adquiere
especial relevancia porque Filipinas probablemente es el único país en el mundo
donde ambos cargos se votan por separado. De hecho, los actuales pertenecen a
distinto partido e incluso Estrada recibió más votos que Ramos. Además se
muestra como una posición formidable para atacar la presidencia, como está
ocurriendo ahora con Estrada. Lo mismo parece que va a ocurrir para las
próximas elecciones con Gloria Macapagal-Arroyo, la candidata que seguramente
obtendrá un mayor número de votos el próximo mayo, cuyo salto al partido del
gobierno ha sido una de las noticias más sorprendentes de estas elecciones. El
objeto principal de los vicepresidentes ha sido compensar la candidatura
presidencial, ya sea buscando uno del norte del país y otros del sur o bien
ofreciendo la imagen que le falta al candidato a presidente. El caso más claro
es Edgardo Angara, con una dimensión intelectual que complementa las carencias
de la personalidad de su compañero de candidatura, Estrada.
En estas elecciones también se renueva la
mitad del senado, un órgano de 24 miembros que son elegidos a escala nacional.
Ya que éste sistema no favorece a los barones provinciales, como ocurre en la
Casa de los Representantes, hay una buena proporción de famosos, desde actores
de películas a jugadores de baloncesto o miembros de familias prominentes. Solo
los dos partidos principales han presentado candidatos, junto con algunos que
se presentan independientes, pero estas listas no pueden considerarse el reflejo
de una política coherente o definida. Los candidatos, antes bien, compiten por
su puesto frente a todos los demás, sin importar excesivamente quién vaya en la
misma lista.
Un
panorama complicado, pero si lo comparamos con elecciones anteriores, en este
año hay evoluciones interesantes que demuestran la creciente madurez del
electorado filipino. Las elecciones ya no provocan violencia adicional en la
sociedad filipina, el ejercicio del poder es más previsible y las armas dentro
de las campañas publicitarias van dejando paso a argumentos más homologables o
normales en otras democracias, como los carteles o los mítines. Funcionan ya
dentro del marco del juego electoral aunque haya carencias que siguen vigentes,
como la compra de votos. La evolución también es favorable en este aspecto,
porque la población cada vez pide más y ello llevará a que se reduzca su
práctica, máxime teniendo en cuenta que la crisis económica ha reducido los
fondos de los candidatos y, por tanto, su capacidad para “engrasar” su apoyo en
el campo. Además, el tema principal de estas elecciones está siendo la crisis
económica, de nuevo un aspecto más homologable con as campañas de otros
países. La tradicional importancia del apoyo presidencial no parece que vaya a
decidir tanto en esta ocasión como en la anterior; la crisis económica ha
disminuido el apoyo popular hacia su figura y el mismo Ramos, por otro lado, se
mantiene relativamente alejado. La influencia de la iglesia católica en el voto
también esta en declive. Tuvo su auge tras la revuelta de EDSA que acabó con el
régimen de Marcos y durante la presidencia de Cory Aquino, pero con Ramos, el
primer presidente no-católico a quien el propio Cardenal Sin ha
reconocido haber votado, esa influencia ha declinado mucho. No ha podido evitar
la extensión de los programas de planificación familiar, ha habido propuestas
para acabar con la exención de impuestos de que disfruta y su papel cada vez se
reduce más al ámbito de lo privado. Expertos electorales como
En el aspecto electoral, al igual que en el
resto de la sociedad, aún hace falta continuar con las reformas; los resultados
de las elecciones son demasiado volátiles. Las jugadas políticas contra los
adversarios y las actuaciones de los candidatos aún recuerdan los tiempos en
los que la violencia era la forma de conseguir votos. Estrada ha sido objeto
del mayor número de ataques, desde un antiguo video jugando a las cartas con un
presunto señor de la droga o las menciones a sus numerosas mujeres (se ha
casado con dos mujeres, ha cohabitado con otras cuatro y el número de sus
amantes casuales es bastante amplio) y un antiguo colaborador suyo ha llegado a
acusarle de haber ordenado matar al presidente Ramos para poder ocupar antes
Las elecciones siguen siendo consideradas,
entre los calificativos más benévolos, como un “circo”. Uno de los chistes más
oídos durante la campaña era en relación con
Esa
palabra, trapo, ayuda a comprender qué ha sido de lo español en
Filipinas. Al contrario que la influencia norteamericana, lo español se ha
filipinizado y forma parte de lo que se considera como propio. La palabra viene
de traditional politician, pero es utilizada por el contacto
continuo de esos objetos con
La cultura filipina es una amalgama entre las
culturas malayas previas al contacto y las importadas después. Ninguna tiene un
componente preponderante y uno de los dichos recurrentes para definir al
filipino es “aquel que habla inglés, es de raza malaya, tiene nombre español y
come comida china”, pero esa parte española va mucho más allá del momento del
bautismo. Tres consideraciones son necesarias en relación con este componente
hispano. En primer lugar, la influencia hispana fue en buena parte indirecta
puesto que el contacto mutuo fue muy escaso. En Filipinas sólo hubo una
cantidad importante de españoles en la última parte del siglo XIX porque a este
archipiélago se iba a enriquecerse por unos años, pero no para asentarse,
porque para eso había climas más saludables en América. Muy pocas familias
españolas permanecieron más de tres generaciones y además permanecieron en
Manila; los beneficios del trafico a Acapulco en el Galeón desanimaron a muchos
de la idea de convertirse en hacenderos. Al único representante del poder
que conocieron la gran mayoría de filipinos, por tanto, fue al misionero y
éste, teóricamente, no se procreó. Pero conociendo o no a algún Kastila,
la evolución del pueblo filipino a lo largo de más de tres siglos se produjo
bajo el marco de la dominación española y ello ha influido fuertemente su
cultura. A la hora de adaptarse a las nuevas necesidades que demandaba el
desarrollo de la sociedad, la referencia principal había de ser lo que veían de
los dominadores coloniales. Las Filipinas como tal país son el ejemplo más
claro: es una invención claramente colonial que han pasado a asumir los propios
tagalos, ilongos, ilocanos o visayas como suya. En la esfera privada ocurría
algo parecido; una tienda recientemente abierta en Manila con objetos para el
hogar afirma en su propaganda “porque ya es hora de que volvamos a vivir de
nuevo como Filipinos”, pero sus objetos y sus secciones tienen una clara marca
hispana: kusina at kumidor, banyo, etc.
En
segundo lugar, que dentro de lo español hay un porcentaje muy importante
proveniente de México. Hasta la independencia de Nueva España, Filipinas
fue una colonia de una colonia, por lo que las ideas o influencias que pudieran
venir desde la península necesariamente eran filtradas durante el paso por el
continente americano. Su influencia, además, había de ser multiplicada por el
hecho de poseer unas condiciones sociales más parecidas. Instituciones como el kumpadre,
la religiosidad, los vínculos familiares como sustitución de los estatales y
otras características de la mentalidad de los filipinos muestra un filtro
“latino” difícil de esconder. Recientemente también se han vivido procesos
semejantes en Filipinas y en América Latina: los golpes militares o la
similitud de unas crisis económicas en las décadas de 1970-80 producto de unos
préstamos usados de forma ineficiente. Se habla también en Filipinas del
creciente interés en el espiritismo, la brujería y los dwendes, pero es
sobretodo el boom de las telenovelas lo que revela el componente popular de las
similitudes entre ambas sociedades. La visita de la protagonista de la
telenovela mexicana “Thalia”, Mari Mar, provocó un revuelo en Filipinas
coincidiendo con la celebración del estallido de la revolución contra España,
en 1896, hasta el punto de que los participantes en el congreso conmemorativo
se quejaron del desvío de la atención hacia ese personaje, desaprovechando una
ocasión única. El propio presidente Ramos permaneció con la actriz mexicana
mucho más tiempo del previsto, mientras que a la reunión científica llegó
tarde.
Por último, las culturas filipinas se
pudieron desarrollar durante el período español en mucha mayor medida que en
otras colonias. El número de filipinos que pasaron por universidades como
Obviamente,
ni los españoles fueron a Filipinas a impulsar una conciencia nacional ni la
creación de universidades fue con la idea de incitar las tertulias
anticlericales. La propia debilidad de la dominación española fue la que
permitió esa fusión de las identidades locales filipinas con lo hispano y con
lo chino. Con un galeón al año y con una colonia de escasamente mil españoles,
difícilmente se podía intentar que lo hispano acabara con las otras
identidades. El colonialismo español era incapaz, caso de que hubiera
pretendido hacer desaparecer las culturas de los nativos, de proponerse
tales metas.
Fue, en ese sentido, lo opuesto a la
dominación norteamericana: eran muchos y tenían dinero y capacidad para moldear
la sociedad a su gusto. Lo intentaron con unas políticas a largo plazo basadas
en la educación y tampoco dejaron de atacar los pilares hispanos de la
identidad filipina. Fue uno de los objetivos obvios del poder americano en el
archipiélago: para justificar la benignidad de su presencia era necesario
demostrar la influencia retrógrada de los anteriores. Lo que ya es más extraño
en esa evolución post-98 fue el abandono desde la propia península porque, de
alguna forma, esa separación de Filipinas fue percibida como una liberación.
Era una pena haber perdido el territorio y haber sido derrotados de esa forma,
pero el esfuerzo no había merecido la pena y, de hecho, los últimos islotes de
la Micronesia que Washington no quiso quedarse fueron vendidos a Alemania
antes, incluso, de firmarse la Paz de París.
Tocaba retirada para lo hispano. Pero no
ocurrió así porque “lo español” comenzó a caminar por su propio pie en
Filipinas. Se incrementó el comercio, un buen número de jóvenes viajaron allí y
el comercio mutuo se incrementó. Fue una situación que conviene estudiar más
con detenimiento porque parece que el fin de la relación oficial supuso dar
rienda suelta a los contactos privados. Las Ordenes religiosas y los intereses
comerciales pasaron a ser los impulsores de unas relaciones, participando desde
la principal empresa de entonces,
Hay muchos datos que muestran la relación
intensa vivida por Filipinas con lo español durante el período colonial
americano. Ejemplo de ello es la época de oro de la literatura en español
escrita por filipinos, en la década de 1920, o la tensión vivida durante
Tras
este conflicto, ya no había lugar para contrapesos ni para criticar a los
norteamericanos. El fervoroso sentimiento de agradecimiento hacia Estados
Unidos tras liberarles de la ocupación japonesa se juntó con la imagen de
atraso y de aislamiento de la España de Franco, con la desaparición de una
buena parte de los restos culturales (principalmente, Intramuros) y con la
muerte y el regreso a la península de una buena parte de la colonia española.
Desde entonces, la identidad hispana pasó a estar asociada a la llamada
oligarquía española, que usaba el castellano en buena parte para diferenciarse
de otros estratos inferiores de la sociedad: pasó a ser un idioma de derechas.
Si antes de la guerra lo hispano era una parte de la sociedad educada filipina,
después de la guerra ese ámbito se redujo a un entorno cada vez más reducido en
torno a la colonia española. La prensa muestra claramente el cambio; frente a
los alrededor de treinta mil ejemplares de La Vanguardia y El Debate
editados en español en Manila antes de la guerra, después se pasó a vender sólo
La Voz de Manila, con 3000 copias. La función de esos periódicos dentro
de la sociedad también cambió, mientras que los primeros representaban un
camino intermedio entre la prensa más nacionalista, escrita en tagalo, y la más
oficialista y pro-americana escrita en inglés; después de la guerra, la prensa
en castellano se compraba simplemente para enterarse de la vida social, los chismis.
En
este punto quizás convenga referirse al idioma español, porque las razones de
porqué los filipinos no hablan nuestro idioma son una pregunta recurrente en
nuestro país. A lo largo de este trabajo se pueden haber comprendido algunas de
las razones: poca ocasión tenían los filipinos de practicarlo, en parte por los
escasos hispanohablantes, pero también porque los misioneros decidieron
aprender las lenguas locales para facilitar la labor misional. La población
siguió siendo abrumadoramente indígena en parte porque no hubo declive de la
población tras los primeros contactos, al contrario que en América, y los
españoles no se preocuparon de enseñar el idioma hasta la segunda mitad del siglo
XIX, siguiendo una práctica relativamente común en el Sudeste de Asia de
mantener cerrado el círculo de hablantes para señalar la separación entre
gobernantes y gobernados, entre superiores e inferiores. Durante
el siglo XX, el español siguió manteniendo una posición en la sociedad a pesar
de la preocupación colonial por ofrecer una educación universal en lengua
inglesa, al igual que el resto de los componentes de esa identidad hispana y
fue la Guerra del Pacífico el “punto-de-no-retorno”: pocos jóvenes pasaron a
estar interesados en usar una lengua asociada con la oligarquía o con una
influencia asociada con el retraso. La oposición vino con las leyes
(Sotto, Magalona y Cuenco) que introdujeron su enseñanza obligatoria en las
escuelas. Tras largas negociaciones, se llegó a un consenso político para su
introducción en los planes de estudio, justificándolas por haber sido la lengua
usada por los revolucionarios filipinos y se dictaminó que el primer año se
debía dedicar al aprendizaje gramatical y el segundo a leer algunas obras
literarias de los próceres de la patria, a la sazón colmadas de las florituras
propias del romanticismo de fines del siglo pasado. El resultado fue totalmente
negativo, el dislate pedagógico y la escasez de profesores cualificados
hizo que se pasara del aprendizaje de las conjugaciones de los verbos del
primer año a memorizar los textos que podían entrar en un examen en el segundo,
como el poema El último adiós, de Rizal. Se llegaron a producir
manifestaciones de estudiantes contra la enseñanza del español y acabó
convirtiéndose en una asignatura inservible, una “maría”. La supresión de
la obligatoriedad de la enseñanza del español en la Constitución de 1986,
finalmente, ha sido una puntilla a una relación artificial con el idioma que no
beneficiaba a ninguna de las partes. A partir de entonces está resurgiendo, tal
como demuestra el incremento de alumnos en el Instituto Cervantes.
Pero
la pérdida del castellano no se puede achacar sólo a los paralelismos con otras
facetas de la cultura española. Al contrario que la religión, la comida u otros
aspectos sociales, el español apenas evolucionó por el mestizaje con las
lenguas filipinas y esa es la característica más difícil de comprender del
castellano en Filipinas. La comparación con la lengua inglesa resulta
interesante, porque si bien la mezcla racial y cultural ha sido escasa, el
inglés hablado en Filipinas está muy mezclado con palabras y modismos propios,
hasta el punto de haberse formado el taglish. Los hispanohablantes
siempre denigraron las versiones impuras como “español de cocina” y ello parece
que limitó la base social para su uso. Era un elemento de prestigio que había
que mantener puro, posiblemente en respuesta a la popularización del uso del
inglés tras la enseñanza en las escuelas.
En
estas elecciones del centenario, sólo los nombres aciertan a recordar la
pasada colonización española. Aún así, este recuerdo resulta engañoso, porque
todos prefieren usar el sobrenombre. Estrada es llamado Erap, José de
Venecia es Joe, Alfredo Lim, Fred, Emilio Osmeña, Lito, Renato de Villa
es René y el que más puede recordar la influencia española es el de
Estas elecciones son una oportunidad para
Filipinas. Se juega agarrar definitivamente el tren de la modernidad en el que
ya están montados una buena parte de sus vecinos. La oportunidad de convertirse
en un nuevo tigre asiático está a la vuelta de la esquina y la nueva imagen de
modernidad de España podrá ayudar mucho para que sepa aprovechar los aspectos
positivos que se aportaron durante los tres siglos de contacto mutuo. Sea quien
sea el elegido el próximo 11 de mayo.
[1]
Far Eastern Economic Review, 15 de enero de 1998.
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