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CHINA 1949/1999 - DERECHOS HUMANOS La atribulada vida del
señor Zhang El fin de un siglo de
inestabilidad, las guerras y la implantación de un solo Gobierno en 1949 en
el territorio chino fue un avance histórico. Pero no por ello los chinos
pudieron saber mejor qué les depararía el futuro. Ni la capacidad de decidir
sobre su propia vida fue mayor. Cualquier ciudadano medio en China, donde
el apellido más frecuente es Zhang, vivió el triunfo del Partido Comunista
(PCCh) con una razonable esperanza. La victoria de este Partido en 1949
permitía, al menos, tener un único Gobierno para todo el país y saber a qué
atenerse con las autoridades. No era poco, tras un largo siglo de
inestabilidad. Desde las dos guerras del Opio, el
territorio chino había sido escenario de múltiples revueltas, invasiones y
desgajamientos. La concesión de Hong Kong al Reino Unido había sido el punto
de partida para que surgieran por doquier Puertos de Tratado o concesiones
donde eran los extranjeros quienes mandaban sobre partes de su propio país. Y
si en esos puertos autorizados para comerciar con el extranjero éstos sólo
controlaban oficialmente las aduanas, en las distintas concesiones tenían
desde sus propios órganos de gobierno hasta, cuando era un país el que la
arrendaba, la posibilidad de prohibir el paso a los chinos. Occidente, sin embargo, no había sido el único
culpable del declive chino. Los japoneses habían provocado primero una guerra
en 1894, que dejó a Pero además, los mismos chinos habían
contribuido en buena medida a sus propias desgracias. Desde 1911, por su parte, la caída de la
monarquía dio pie a luchas interminables entre los numerosos señores de la
guerra, el partido nacionalista, los projaponeses y los comunistas que
dejaban a cualquier Zhang de a pie en manos de quien gobernara su aldea en
ese momento. Desde 1949, ya no hubo nuevas guerras ni
disputas por gobernar su territorio. Zhang aprendió que toda fuente de poder
residía en el Partido Comunista, primero en el local, después en el comarcal,
y así sucesivamente hasta llegar a Las expectativas se cumplieron en parte.
Ni China ha sido invadida desde entonces, ni nadie ha desafiado la autoridad
del Partido Comunista, que además ha seguido teniendo a Mao como dirigente
carismático incluso después de su muerte. Pero la situación ha estado muy lejos de
ser idílica. Las cambiantes directrices comunistas han alterado la vida de
muchos Zhang como en tiempos de sus padres ocurriera al cambiar el poder de
la aldea entre unos bandos y otros. Las campañas se han sucedido desde
entonces, primero Zhang tenía qué comer, pero con un sistema
judicial dependiente del partido además, tanto la posibilidad de Zhang de
practicar una religión o de trasladarse por el país dependía de las órdenes
de los cuadros en su aldea o en su ciudad. La consolidación del poder comunista permitió
unas breves semanas de libertad de expresión, las Cien Flores, que sólo
fueron el preludio de nuevas campañas cada vez más virulentas. A Si la consigna de producir más, más
rápido, mejor y más barato le hizo inflar las cosechas para cumplir con los
objetivos previstos, las disputas entre los líderes comunistas le hicieron
acusar a los dirigentes locales siguiendo las consignas del único dirigente
libre de toda quema, Mao Zedong. Seguir esa dinámica, no obstante, era cada
vez más difícil. Zhang también hubo de entregar un arado para aumentar la
producción nacional de hierro, aunque lo necesitara para trabajar la tierra,
o ir a vivir al campo a reeducarse, aun cuando la comuna donde fuera asignado
le aceptara de mala gana. Tras la muerte de Mao, las campañas del
Partido Comunista no cesaron y abarcaron también los campos más diversos,
desde la natalidad hasta La obligación de seguirlas, por su parte,
también ha descendido: ya no hay ni obligaciones de retractación por las
conductas anteriores ni mítines acusatorios. El deseo del Partido de
entrometerse en la vida de Zhang, no obstante, sigue su marcha. Sin un
sistema judicial independiente, la posibilidad de recibir o no un castigo
depende tanto de una buena conexión con el PCCh como del daño real que se
haya hecho. El camino por recorrer es largo. Las
reformas dependen más de las disputas internas en el Partido Comunista que de
su propia conveniencia. PROGRESOS La práctica diaria muestra que el respeto
a los derechos humanos va mejorando: las ofensas por contrarrevolucionario
empiezan a ser descartadas en los juicios y los casos de tortura se han
reconocido oficialmente. Hay progresos palpables, en parte como
resultado de la presión exterior. Pero lo más importante es la evolución de
la sociedad china. El propio Wang Dan, uno de los impulsores del movimiento
democrático que culminó en Tiananmen, se ha referido a ello tras su
liberación, cuando ha hablado de Aunque sus padres nunca hayan podido ver
factible el fin del monopolio del Partido Comunista, los jóvenes Wang, Zhang
y tantos otros no sólo saben que ocurrirá, sino que piensan cómo debe ser.
Quieren que ningún otro Partido pueda sustituirle en exclusiva. Si tienen que
estar bajo la influencia de un partido, que sea por decisión propia. Que sea
su derecho como humanos.
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