Despacho 1535
dirigido al Ministro de Marina, remitido desde Cavite
el 23 de agosto de 1864 por
«El Teniente de Navío D. Eugenio Sánchez y Zayas, Comandante de
Allí estaba la
Fragata francesa Semíramis que había salido de Wosung una semana antes que esta corbeta de Shang-hae. A excepción de este
buque que se hallaba allí aguardando el regreso del Almirante Taurés que había ido a Tientsin, ninguno otro había en el
fondeadero. Dentro del río estaban tres o cuatro mercantes de poco porte.
Desde la última
guerra en China los franceses y los Ingleses ocupan los fuertes de la entrada
de Pei-Ho, guarneciendo estos de la derecha y aquellos
el de la izquierda del río. Tienen allí unos pequeños destacamentos al mando de
oficiales de Marina. Una cañonera de hélice inglesa estacionada en Tien-tsin y una goleta de vela
francesa en los fuertes, mantienen las comunicaciones a lo largo del río entre
los Embajadores aliados residentes en Pekín y la boca del Pei-ho, y sirven al mismo tiempo para consolidar las relaciones
de esas potencias con la china recordando a los mandarines del Celeste Imperio
la visita, poco para ellos agradable, que no hace mucho tiempo recibieron de
las flotas europeas. Los fuertes de la entrada del Pei-ho debían sino [sic] me engaño evacuarse en la actualidad
por las tropas aliadas, pero a causa de algunas complicaciones que han surgido
con el Gobierno de china no tan solo no se evacuan por ahora, sino que el
Almirante Francés ha reforzado su guarnición con gente de la Semíramis durante el tiempo que yo he permanecido allí.
Desde luego la
Narváez no podía, a causa de su tamaño entrar en el río y las noticias que allí
se adquirieron no hicieron más que corroborar lo que ya se sabía desde Manila. Esto
es, que por el Pei-Ho no pueden navegar mas que buques de muy corto calado. Nuestro Ministro
Plenipotenciario no consideró conveniente deber ir a Tien-tsin sino en un bajel de guerra. Se puso en relaciones con
el Contra Almirante francés, quien puso a su disposición
El fondeadero del pei-ho es de lo más malo que se
encuentra en el ámbito de
Allí no se debía
quedar por tanto mas que el tiempo absolutamente
indispensable. La Fragata francesa había ido tan solo para que fuese su
Almirante a Tien-tsin y
estaba guardando por momentos su regreso para irse a otra parte. Me puse pues
de acuerdo con el Ministro Plenipotenciario sobre la inversión del tiempo que
debía permanecer allí la Corbeta y se convino en que fuera a recorrer el Golfo
de Pe-chili volviendo al Pei-Ho antes de la época en
que en que debía dejar definitivamente aquellas aguas. El 25 desembarco la
Legación y el 26, tan luego como regresaron los botes, salí a la vela de aquel
fondeadero, en busca de otro paraje menos malo.
Como en la costa
del Pe-chili, sin embargo de ser todo un golfo imperial, no hay puerto ninguno,
ni bueno ni malo, proyecté ir a
En esta isla
poblada, como lo está todo cuanto rincón hay en China, donde el exceso de
población es causa de que falte materialmente tierra donde habitar, se
encuentra un excedente fondeadero abrigado de los vientos del 1. y 4. Cuadrante que son los más tempestuosos en el Pei-hi. Sin embargo, de ser muy
pequeña, cuenta cinco o seis aldeas cada una con 40 ó 50 casas y toda ella, lo
mismo que las islas inmediatas, esta cultivada con esa minuciosidad y ese
cuidado que se nota en los campos del Imperio Chino, país el mejor cultivado
del [370] mundo sin exceptuar
Esperé en Chang-shang que mejorara el
tiempo y luego que abonanzó me dirigí a Heng-chang-fu que se hallaba a corta distancia y a donde me
traslade en la tarde del 30 de mayo.
Feng-chan es una ciudad de segunda clase en el orden jerárquico
de las poblaciones chinas. Es decir, una población de primer orden después de
las tres capitales, Pekín, Nankín y Cantón. Su nombre
Hen-chang significa ciudad
avanzada, lo debe sin duda a su colocación a la entrada del golfo de Pe-chili. Se
halla rodeada por una muralla de formidable apariencia, cuya frente por el lado
del mar ocupa una extensión de cerca de dos millas, muralla sobre la cual no se
ve un solo cañón, pero que bien pudiera fácilmente recibir artillería.
Cuenta 230.000
habitantes según me dijo el Chi-fu que
Con no poca
sorpresa mía, pues no creía que hubiera allí mas que chinos, encontré en Heng-chang seis o siete
misioneros protestantes anglo-americanos que se hallan establecidos allí desde
hace cosa de cuatro años, los cuales desde el momento que llegó el buque
vinieron todos a bordo con sus mujeres y sus hijos, ansiosos como es natural de
ver caras blancas, y mientras que permanecimos allí todos ellos se esmeraron a
porfía en semos útiles y agradables.
Por medio del
superior de esta misión que se brindó espontáneamente a servirme de intérprete
me puse en relaciones con el Gobernador (Chi-fu) de Hengchang
y, después de tener la seguridad de que me devolvería la visita fui a
cumplimentarlo el día primero de Junio acompañado de los oficiales del buque. El
Chi-fu nos recibió en su palacio, extraño aunque agradable conjunto de
edificios rodeados de vastos jardines, en cuya entrada se veían los leones de
piedra [371] (pero leones chinos, especie de animal quimérico que más tiene del
tigre o del gato que del león) símbolo de la potencia del mandarín de alta
jerarquía. Era mandarín de tercera clase (botón azul transparente) y se llamaba
Yu-lang-yay.
Según me dijeron los misioneros está emparentado con
Al día siguiente
vino el Chi-fu a bordo a devolvérnosla, acompañado de sus principales empleados
tanto civiles como militares, y trayendo además su hijo y un crecido
acompañamiento. Transportado desde la playa en botes de esta corbeta, recibido
al estruendo de la artillería y con los honores debidos a su cargo, permaneció
a bordo cerca de 4 horas sumamente satisfecho. Visitó detenidamente todo el
buque parándose largo rato delante de la incomprensible máquina, admirando
aquel extraño artificio de hierro y bronce. Vio maniobrar la artillería y
lanzar granadas a los cañones, uno de los cuales accedió a disparar por si
propio, aunque sin poder conseguirlo, pues las delicadas y pequeñísimas manos
del aristocrático mandarín, en todo semejantes a las de la más delicada señora
europea, o por mejor decir iguales enteramente a las manos de la mas poderosa
criolla americana, no pudieron hacer la corta fuerza precisa en el cordón de la
llave del cañón para que el martillo rompiera el fulminante, y después de no
pocas tentativas infructuosas tuvo que desistir de aquella empresa. Y por
último, no se marcho de a bordo sin llevar consigo sendos papeles llenos de
dulces de los bárbaros, que por mas señas le gustaron mucho (bien es verdad que
para que gustaran a cualquiera mas que los suyos se necesitaba bien poco) y que
de motu propio manifestó querer llevar a casa para
que los probaran sus hijas.
Creo poder asegurar
que el dignatario chino quedó sumamente complacido de su visita al barco
Español. Al despedirse para marcharse me dijo que deseaba [372] darme una
comida en su casa y hacerme conocer a su familia, pero como el aceptarla
hubiera sido el exponerme a tener que detener el buque allí demasiado tiempo
(esto aparte de que una segunda y más completa prueba de la cocina del mandarín
podría muy bien ser demasiado fuerte para mi naturaleza), me excuse con la
necesidad de salir al día siguiente, pues tal era mi proyecto antes de
El día siguiente a
medio día (3 de junio) salí de Teng-chang y me dirigí a la vela hacia la gran muralla. El 5
recalé sobre la costa de Tartaria y aquella tarde a
las 4 di fondo enfrente de
Sabido es que este
monumento es sin duda la obra más colosal ejecutada por la mano de los hombres,
fue construido hace mas de 20 siglos por el Emperador
Che-Hoang-Ti. Se dice que empleó 500.000 obreros y
que la terminó en cosa de 5 a 6 años, pero en mi sentir esta cantidad de
hombres y de espacio son demasiado pequeños para crear aquella enorme
fortificación de mas de 1300 millas de largo, que comienza en la mar, cruza
llanuras, atraviesa ríos, sube y baja altas montañas, salta vales profundos sin
que su línea se vea interrumpida sino una sola vez en todo el trayecto por el
río amarillo, por encima del cual no pudo echar un puente. Hasta hace muy poco
tiempo los europeos no han tenido mas que noticias muy
vagas de esta muralla y solo se sabía que su existencia era una realidad y no
una fábula. Los viajes por tierra a través del Asia eran y siguen siendo punto
menos que imposibles y las costas del extenso golfo de Liang-tung donde principia la muralla han estado completamente
desconocidas hasta 1793, en que dos buques de guerra ingleses (Discovery y Alceste) navegaron
por su parte meridional y vieron desde 8 a 9 leguas de distancia las torres de
El Embajador
francés Barón Gros después de firmados en Tein-tsin los tratados de 1858
quiso visitarla y fue allí en el aviso de vapor Pregent.
Este buque se acercó a la costa por la parte de china, es decir, por la parte
inferior de la muralla, y tuvo que fondear a dos o tres millas de distancia a
causa de los bajos que por aquel paraje despide
Yo me atraqué a la
costa de Tartaria con objeto de evitar los bajos que
habían impedido aproximarse al Pregent, y encontrando
muy limpia toda aquella parte pude fondear en 76 brazas de agua a menos de
media milla al este del extremo de
En un libro
publicado recientemente Souvenirs d'une
ambassade en chine et au Japón por Mr. de Ettoges, agregado a la embajada del Barón Gros, se dice que la muralla desciende al mar por dos espolones
o muelles paralelos.
Esto no es exacto,
pues no hay mas que el espolón o estribo de que acabo
de hablar. Tal equivocación tiene por origen indudablemente la distancia y el
punto desde donde la vieron los Franceses. Yo he
pasado luego por el paraje en que fondeó la Pregent y
parece desde allí efectivamente que una de las caras del reducto es otro
espolón que avanza hacia el mar.
En uno de los
ángulos del reducto se eleva una pagoda de dos pisos cuyo interior está casi
arruinado. Los chinos tienen la costumbre de poner letreros por todas partes. Las
tablas y las tiras de papel con sentencias y versos de sus sabios y de sus
poetas sirven para lo mismo en sus casas que los cuadros y las pinturas en las
nuestras. Siguiendo esta costumbre, las paredes de la pagoda están adornadas
con grandísimas lápidas de mármol negro, algunas de ellas, notables por su
colosal tamaño, llenas de apretadas escrituras que, en mi profunda ignorancia
del idioma y de las letras del celeste imperio he tenido el sentimiento [374]
de no entender. Quizás allí se diga quienes fueron los constructores y en que
época se levantó la obra que allí comienza, aunque también puede muy bien no
ser aquello otra cosa que una recopilación de máximas de Confucio o de
cualquiera de sus comentadores.
La muralla tiene el
mismo aspecto que las de todas las ciudades de primer orden que yo he visitado.
Pudiera creerse que
todas las fortificaciones en China son de una misma época, sino se conociera la
repugnancia, el horror con que se miran en este país las innovaciones de
cualquiera clase, por leves, por motivadas, por convenientes que pudieran ser,
que tiendan en lo mas mínimo a atraer las prácticas establecidas. Aquí en este
país donde todo, hasta lo mas trivial, esta reglamentado por leyes antiquísimas
y por tanto muy veneradas, donde hace muchos siglos se creyó que todo había
llegado a la perfección así en el orden moral como en el orden material: donde
todavía se conserva esta creencia arraigada en el fondo de todas las almas, sin
que para destruirla sea bastante el contacto con los europeos, considerados de
buena fe en china, lo mismo por el pueblo que por el gobierno, como monstruos o
como demonios; donde se rechazan sistemáticamente las ciencias y las artes de
Europa, que se miran todas como inútiles o como perjudiciales, en este país son
materialmente imposibles las innovaciones de ninguna clase. Se oponen a ellas
las leyes y las costumbres. Las impide la misma constitución orgánica de esta
sociedad cuya base fundamental es el respeto a lo antiguo, la veneración a lo
pasado. En China se copia todo lo que existe, pero jamás se crea nada nuevo. Las
infinitas embarcaciones que surcan sus ríos y sus mares son iguales a las que
los surcaban hace más de dos mil años. Todas sus poblaciones, todos sus
edificios son tan completamente semejantes, que se dice ordinariamente que
quien ha visto un pueblo chino los ha visto todos. Su admirable sistema de
canalización, su sistema de riego es general por todas partes. Sus medios de
cultivo, sus procedimientos mecánicos, los productos de su industria son
idénticos en todo el imperio, sin embargo de la diversidad de Chinas. Sus vestidos son uniformes en figuras, telas y
colores y se vienen usando desde tiempos antiquísimos. En general y en revés palabras
se puede decir que en China todo es igual o cuando menos muy semejante. Casi
pudiera decirse sin pasarse de exageración que toda (?) la raza humana que
puebla este país está fundida en el mismo molde. Tanta es la semejanza que
tienen los chinos entre si los unos con los otros, y tan leves son en sus
fisonomías estas diferencias que en las demás razas de la tierra sirven para
distinguir una criatura de otra criatura de la misma especie.
Una de las
consecuencias de tal estado de general de cosas es que
Por la parte
exterior que da frente a la Tartaria la muralla hasta
una cierta altura está hecha con piedras negras que parecen pizarras y el resto
con grandes ladrillos de color oscuro de tierra sin cocer.
De trecho en
trecho, a distancias de 300 a 400 metros, hay torres cuadradas que son
propiamente los baluartes de aquella inmensa cortina. Todas las que vimos eran
de dos pisos y de piedra de granito: en el primer piso tenían por cada frente
tres sacteras [sic] de forma ojival (9 en total) y el
segundo piso estaba almenado.
Por esta cara
inferior la pared está bastante deteriorada ya por la acción del tiempo ya
también porque los habitantes de las aldeas inmediatas, que no son pocas,
sueles al parecer utilizar los ladrillos de la muralla para construir sus
casas. En algunos parajes están asimismo destrozadas las almenas, pero en
general la obra en su conjunto se conserva en buen estado.
Se conoce que tuvo
un ancho foso y se conservan los vestigios. Pero la necesidad del terreno es
muy grande en china y el arado del cultivador ha invadido hasta el mismo pie de
la escarpa del muro.
Tan luego como
fondeó el buque, bajamos cual es natural a tierra, a recorrer la gran muralla. Un
bote nos desembarcó en el mismo pie del estribo que avanza en
En una de las
cortinas de la muralla estaba pintado un gran rótulo con letras europeas que se
leía desde abordo y que decía Arcona, Monigt Preusse
Fregatte. La vanidad nos tentó con aquel
mal ejemplo y quisimos también dejar nuestro nombre escrito en aquella mole
inmensa de ladrillo de 20 siglos. Volvimos pues a la mañana siguiente provistos
de pintura blanca y cuando salimos de allí aquella tarde, se leía desde la mar
en
Mientras tanto
empezaba a darme cuidado la aguada del buque, cosa algún tanto difícil de
reemplazar en el norte de china. En Shang-hae no hay mas agua que la del
río, la cual es tan mala que los europeos han tenido que renunciar a ella. Se
la mezcla siempre con vino o bien (lo que es más común entre las clases
acomodadas) no se bebe mas que agua de soda o cerveza.
En todo el golfo de Pe-chili apenas hay agua potable y la poca que se encuentra
es generalmente [376] mala. Los chinos jamas beben
agua pura. En cambio, están continuamente bebiendo té y se atribuye con
fundamento tal costumbre a la mala calidad de las aguas que hay en el Imperio
Celeste (y más especialmente a su parte septentrional) y a la necesidad de
hervirlas para que no sean nocivas para
Lin-sia-kuang es una aldea de corto
vecindario, habitada por campesinos. Su rada es bastante buena y se puede
aproximar un buque a tierra a distancia de menos de media milla. Hay allí dos
pozos de agua muy regular, y en ellos pude, aunque con mucho trabajo pues a lo
mejor se agotaban, reemplazar parte de la aguada de
En esta visita tuve
ocasión de cerciorarme de un rasgo del carácter chino, rasgo de que antes
sospechaba por haberlo notado varias veces, que pinta bien su vanidad nacional.
Los chinos conciben que no se entienda su idioma hablado: pero no conciben que
no se le entienda cuando lo escriben. La diversidad de lenguas que se hablan en
el Imperio Celeste, donde un chino de Canten, otro de Fo-kien y otro de Pe-chili se entienden todavía menos quizás
entre sí que un español, un francés y un inglés; la generalidad de su escritura
ideológica [sic, ideográfica] que es una misma a pesar de la diferencia de
idiomas no tan solo en toda china, sino también en Cochinchina,
Tartaria y aún en el mismo Japón donde está muy
repartida y por último la falta absoluta entre los chinos de conocimientos
geográficos que les hace creer de buena fe que no hay mas mundo que China y que
fuera de China no hay nada en el mundo son las causas que han dado tal vez
origen a esa creencia. Viendo los buenos de los mandarines que por mas que
hablábamos no nos podíamos entender, sacaron sus avíos de escribir, avíos de
que todo chino de categoría va siempre provisto, escribieron una porción de
cosas probablemente muy buenas en sus clásicos papeles rojos y me las
presentaron con gran cortesía para que yo los leyera. Al hacer esto se veía en
sus rostros el aire de satisfacción de una persona que ha conseguido resolver
un difícil problema importante [sic], Debo confesar que al ver ellos que yo
entendía mucho menos sus grabados que sus palabras, formaron una tristísima opinión de mi capacidad. Su admiración rayó en
estupor al considerar aquel otro mandarín bárbaro de cielos desconocidos, que
era tan bárbaro que no solo no entendía el chino pero que ni aún siquiera sabía
leer. [377]
Una vez reemplazada
la aguada que se puso, salí de Lin-sia-kuang el 11 de junio por la
mañana y me dirigí a la vela hacia la barra del Pei-ho, para informarme del estado de los asuntos de nuestra
Legación.
Hasta aquí toda la
campaña había sido sumamente feliz, pero en esta travesía ocurrió un incidente
bien desagradable.
Un Junco chino nos
abordó a las 11 de la noche y nos hizo pedazos el bocalon
de foi, el de pelifoc y el
tamborete del Camprés. Fue menester andar mas que de priesa para que no nos
destrozaran todos los botes de la banda de estribor.
Este abordaje era
tanto mas extraño cuanto que el Junco había sido visto con mucha anticipación y
se había maniobrado para evitarle, si bien inútilmente porque se nos vino
encima. Además, la noche estaba suficientemente clara y la corbeta llevaba sus
tres luces de situación. Por otra parte, el junco había arriado las velas en el
mismo instante del abordaje y había en la corbeta quien creía que los chinos
habían tratado de saltar a bordo, pero que al ver la mucha gente que acudió al
lugar de la avería se habían escondido bajo la cubierta de la embarcación.
Sabido es que hay
muchísimos piratas en las costas de China a pesar de la activa persecución que
les hacen los marinos ingleses (en una sola ocasión destrozaron una flota de 64
Juncos piratas donde había mas de 3000 hombres) la piratería sigue aún, si bien
en menores proporciones, infestando todos estos mares. El año pasado un buque
hamburgués fue robado y echado a pique a muy corta distancia de Hong-kong. Ahora mismo, en julio
de 1864, el bergantín español Ylocano ha sido
asaltado dentro del propio puerto de Hon-kong debajo de las baterías inglesas y ha podido salvarse
gracias a la enérgica resistencia de
Como esta corbeta
cuando navega a la vela con sus cañones al centro tiene el mismísimo aspecto de
un clipper mercante aparejado de briek-barca,
mucho más cuando se la mira desde proa, que las velas del palo trinquete
ocultan la chimenea, era posible que la hubieran tomado por lo que no es. Aparte
de esto, nosotros habíamos anochecido a corta distancia de un brick-barca hamburgués del tamaño de la Narváez, que es
cuando por nuestra proa a la puesta del sol se había puesto por la popa al
principio de la noche y seguía nuestras aguas a distancia de 2 ó 3 millas. Era
también posible que se hubieran equivocado de barco.
Hice contar la
gente que venia en el junco chino y resultó que había 47 hombres. Los detuve,
pues, encendí la máquina, lo tomé del remolque y me lo llevé al Pei-ho a donde llegué a las siete
de la mañana siguiente del 12 de julio. Escribí al Sr. Ministro
Plenipotenciario dándole cuenta de la ocurrencia y [378] rogándole que
averiguara si el buque era o no pirata, y envía a Tien-tsin uno de los que parecían principales en el junco. Este
debía presentarse a las autoridades chinas las cuales dirían si el buque se
ocupaba o no en un tráfico legal. En Ha-kú, pequeña
aldea a la entrada del río Pei-ho,
no se conocía el barco ni su tripulación por no ser de allí. Si era pirata,
importaba poco que pudiera escaparse el hombre enviado a Tien-tsin, toda vez que quedaban otros 46, y si no lo era, las
autoridades chinas cuidarían de decirlo al Sr. Plenipotenciario, quien me lo
haría saber por el propio emisario.
Habiendo salido
éste en la misma tarde del día 12, me preocupé en remediar la avería de esta
corbeta, lo cual pudo hacerse con los recursos del buque, construyendo un nuevo
tamborete y poniendo los bocalones de respeto. El
buque quedó fondeado por la popa al alcance de nuestros centinelas, interín llegaba la contestación de Tien-tsin.
Mientras tanto,
recibí por varios conductos noticias nada agradables, aunque vagas, del estado
de los asuntos de nuestra Legación. No se especificaban sucesos, pero se decía
en general que aquello iba mal. Así pues, al cabo de tres días resolví
trasladarme a Tien-tsin,
tanto por esto cuanto por no haber recibido contestación acerca del junco
detenido y además para acordar con el Sr. Ministro Plenipotenciario las
operaciones futuras de esta corbeta.
Dejé pues el buque
el 16 y tomando en Ta-ku
carruajes del país (endiabladas máquinas inventadas a propósito para triturar
los huesos) salí de allí al oscurecer y llegué a Tien-tsin en la siguiente mañana. Afortunadamente las noticias
que habían llegado hasta nosotros acerca del estado de los asuntos de la
Legación eran inexactas. Habían surgido al principio algunas dificultades, pero
se las había orillado y todo marchaba en orden y por buen camino, según me dijo
el Sr. Ministro [Sinibaldo de Mas]. Con respecto al
junco, el Plenipotenciario chino que estaba tratando con el español había
manifestado que la embarcación no era pirata y que el abordaje había sido
fortuito. Nuestra Legación había reclamado una indemnización por las averías
causadas a la Narváez, pero esto había dado lugar a contestaciones, y por
último, se convino en que se soltara el junco y se diera el asunto por
terminado.
Finalmente y con
relación a las operaciones de ésta Corbeta, estando ya instalada la Legación y
con los asuntos marchando por buena vía, me manifestó el Sr. Ministro me
manifestó que toda vez que no debía detenerme allí hasta la conclusión del
Tratado, cosa que por entonces iba largo, no tenía ya necesidad del buque. Así
pues se acordó que emprendiera su campaña de regreso a Filipinas y que dijera
el fondeadero de la barra del pei-ho,
luego que expirara el tiempo fijado en mis instrucciones.
Arreglado ya todo
salí de Tien-tsin el 19 y
regresé a la corbeta donde llegué el 21 al amanecer. Se dejó ir el junco en
libertad y me ocupé de alistar el buque para
Abandonada la idea
de ir a Shang-hae se hacia
preciso buscar carbón en el Pe-chili. Pero allí no lo había, o lo que es lo
mismo, el que había allí era malísimo y a precio de oro. El Sr. Ministro
Plenipotenciario trató de procurármelo, pero no pudo. Los ingleses no tienen
allí depósitos. La cañonera que está en el Pei-ho navega con carbón chino, con el cual no consigue apenas
andar. Nosotros mismos la hemos visto tardar 7 horas en navegar 9 millas, y su
comandante [380] me dijo que era porque no podía levantar vapor. Sin embargo,
habiendo diferencia de opiniones acerca de los carbones chinos, resolví
experimentarlos y formar concepto por mi propio. Había un depósito en Ha-ku [sic] por el cual pedían nada menos que 19$ Tonelada. Hice
adquirir 40 quintales y los probé a bordo. El resultado de esta experiencia me
demostró que era preferible hacer toda la campaña a vela, mejor que tirar el
dinero comprando aquella cosa negra que se llamaba carbón, con la cual no se
podía hace andar
Era preciso pues
quemar el combustible que había a bordo y buscar en donde reemplazarlo a lo
largo de
Nuestra nación no
tiene hechos tratados con el Japón, no por otra causa sino porque no se ocupó
de eso cuando todas las demás potencias de Europa lo hicieron, en la época en
que declaró el Gobierno Japonés que estaba dispuesto a tratas con todo el
mundo, pero esta falta de tratados no era un impedimento para la corbeta, pues
el buque de guerra por su propia naturaleza tiene derecho para ir a todas
partes. Puesta la máquina en movimiento el 7 al oscurecer, recalé el 8 sobre la
isla de Quelpart (?) y el 9 a la puesta del sol di
fondo en Nagasaki. Desde el primer momento de
aproximarse a Nagasaki se dejó sentir que el Japón es
un país muy distinto de
Efectivamente así
se intitulaban esas ordenanzas (Regulations) que eran
muy breves pues se reducían a dos: 1.- No usar los botes propios para comunicar
con tierra. 2.- Hacer pasar por aduana todo cuanto se comprara y pagar los
derechos que pudieran estar establecidos.
Esta segunda regla
era muy natural y no tuve inconveniente en admitirla, pero con respecto a la
primera pedí explicaciones, pues a la verdad el texto de su redacción era
bastante oscuro. Estas explicaciones fueron, que no negaban que el buque
permaneciera en puerto el tiempo que le pareciese, que no negaban tampoco que
se comunicara con la población, pero querían que siempre que se tratara de ir a
tierra se izara en un tope una bandera para que viniese un bote del gobierno
japonés, añadiendo por vía de paliativo que este bote jamás tardaría.
Aceptar esto
hubiera sido si no precisamente estar incomunicado a bordo, al menos
dependiendo por completo para comunicaciones con el exterior de la buena o mala
voluntad de las autoridades de Nagasaki. Manifesté
pues cortés pero categóricamente que no aceptaba por ningún concepto semejante
condición haciéndole los argumentos que me parecieron convenientes. De nada me
sirvió que el Superintendente me citara nombres de buques y de naciones que
habían llegado allí para hacer tratados con los japoneses y que según me dijo
la habían aceptado. De nada sirvió que ofreciera tener constantemente un bote suyo cerca del buque para que no hubiera que esperar por su
llegada. Yo consideraba esto como intervención extranjera en el servicio
interior del buque y mi deber era no ceder en el derecho de usa mis propias
embarcaciones siempre que lo tuviera por conveniente. No pudiendo avenirnos me
dijo que lo consultaría con el Gobernador. Mas temiendo yo que esta consulta
pudiera ser un pretexto de demora y de negociaciones interminables le manifesté
por preciso que al día siguiente temprano estuviera resuelto el asunto, en el
concepto de que teniendo que hacer en tierra, pensaba, si no se le resolvía, ir
a las 10 de la mañana en mi canoa. Le devolví pues sus ordenanzas y por último
se despidió a la 1 de la noche asegurándome que a la mañana siguiente me
enviaría la contestación del Gobernador.
En esta visita tuve
ocasión de notar la exquisita política de los oficiales japoneses, muy distinta
por su cortesanía y su dignidad de la familiaridad y zalamería que se nota en
los mandarines chinos. A las 10 de la mañana atracaba a bordo otra falúa
japonesa. Venía en ella el segundo gobernador de Nagasaki
acompañado de un número bastante crecido de oficiales y por supuesto, [383] con
sus intérpretes japoneses. Siguiendo la invariable costumbre de todos los
orientales de no ir nunca derechos a un objeto me habló primero de varias cosas
indiferentes, de España, de Filipinas, de no tener nuestro gobierno tratados
con el suyo, y aún me nombró nuestra última guerra en Marruecos. Luego puso
mucho empeño en saber si yo iba al Japón a tratar de negocios, es decir, a
hacer tratados, manifestándome no ser allí sino a Yokohama a donde en tal caso
debía dirigirme. Desengañado fácil y francamente sobre este punto, abordó por
último el asunto capital, aunque de una manera indirecta y dándolo como cosa
hecha, manifestándome que siempre que yo deseara bote podía izar en un tope la
bandera, etc. Yo le aguardaba aquí y lo atajé resueltamente sin rodeos ni
circunloquios. Le dije que según todas las leyes de derecho de gentes los
japoneses estaban en su derecho de admitir o no admitir un buque cualquiera en
sus puertos. Que si lo admitían y el buque era de guerra estaban también en su
derecho de señalarle fondeadero donde mejor les pareciera. Pero que una vez
admitido y fondeado no tenían absolutamente derecho para intervenir de manera
alguna en su servicio interior y que uno de los actos de este servicio interior
era el uso de sus propias embarcaciones. Le manifesté que yo no podía tratar
del asunto sino bajo estas bases, las cuales se reducían lisa y llanamente a la
admisión o no admisión del buque en el puerto. Y por último le agregué que yo
había llegado al Japón resuelto a no faltar en nada a los Japoneses, pero
resuelto también a no permitir que ellos faltaran en nada a los españoles, y
que la única manera que había de entendernos era respetando mutuamente los
principios establecidos como derecho de gentes en todas las naciones
civilizadas.
Esto basto. Mi
diplomacia franca y leal y si se quiere algún tanto alquitranada como la de
todos los oficiales de la marina, produjo el resultado que era de esperar. No
hubo discusión sobre punto ninguno. El gobernador me dio completamente la razón
y me dijo que consideraba el asunto como terminado. Y efectivamente quedó
terminado. Hemos estado en Nagasaki de la propia
manera que pudiéramos estar en Manila. Yo he cuidado de que por nadie del buque
se diera el mas leve motivo de disgusto en la
población y ellos por su parte se han esmerado en que los españoles salieran de
Nagasaki contentos con los japoneses. Tratando luego
de las necesidades del buque me indicó el Gobernador que el Gobierno Japonés
podría facilitarme carbón, aguada y víveres frescos, pero no carnes saladas
porque no las tenían ellos. Acepté con tanto más gustos sus ofrecimientos
cuanto que deseaba yo que fuera el gobierno japonés y no el comercio extranjero
quien proveyera el buque, a pesar de las ofertas que de todas partes me habían
llovido desde el primer momento de mi llegada: pero le indiqué que mi
aceptación era bajo el concepto de que se pagaría todo, con lo cual convino
como cosa sobreentendida.
Por último, cuando
ya estaba todo arreglado se despidió el gobernador saliendo de a bordo a las 9
de
El pueblo japonés
se halla quizás a punto de emprender una lucha desesperada con una o más
potencias europeas y sin embargo ama y admira a los europeos. Aunque he estado
muy poco tiempo en el Japón, por lo que he visto y oído me figuro que tan vez
no se ha sabido tratar a los japoneses.
El Japón tiene su
civilización propia y camina además a paso de gigante hacia la civilización
europea, que amolda a la suya y de la cual toma con avidez las ciencias y las
artes útiles. El Japonés es orgulloso. Tiene la
conciencia de su fuerza y de su dignidad y quiere ser el amigo, no el esclavo
de Europa. El europeo en Asia, acostumbrado a tratar como dueño y señor al
perezoso indio y al degenerado chino, ha creído tan vez poder explotar en su
provecho el Japón como explota la India y la china y se ha equivocado. De aquí
la mala inteligencia, de aquí la guerra que va a estallar. El sentimiento de
que el europeo lo considera como de una raza inferior no deja materialmente
vivir al japonés. Este es el aguijón que le hace trabajar sin descanso para
colocarse en su nivel y preciso es confesar que trabaja con fruto. En Nagasaki hay una factoría que construye maquinas de vapor
con operarios japoneses. Otra factoría semejante ha sido quemada por los
ingleses el año pasado en Kagoshima. Su marina cuenta
hoy día con 43 buques de vapor, todos ellos a la verdad construidos en Europa o
en América, pero no tienen en ellos nadie que no sea japonés, ni [385] aún los
maquinistas. Se cuentan con respecto a ésto curiosas
anécdotas Les ha sucedido que por no poder parar una máquina de un sistema
complicado, un buque tuvo que estarse dando vueltas dentro de un puerto hasta
que se le acabó el vapor. Otro buque se paró por la misma causa; pero no por
eso desisten de no querer admitir maquinistas extranjeros. Están armando un
ejército con carabinas y haciéndole abandonar sus clásicas ropas talares para
que aprenda la táctica europea. Las ciencias, las técnicas y las artes de
Europa tienen aulas en muchas poblaciones del Japón. Yo he tenido a bordo
oficiales de marina japoneses que hablaban inglés, francés y holandés.
Todo esto se ha
hecho en el Japón en 9 años. Desde 1855 data la expedición del Comodoro Perry que abrió al mundo civilizado las puertas de este
Imperio cerrado desde mas de dos siglos atrás. Voy a
citar unas pocas observaciones personales del carácter japonés entresacadas
entre muchas.
El Gobernador de Nagasaki me preguntaba: «¿Si un
buque de guerra japonés fuera a España, lo recibirían ustedes? ¿Cómo lo
tratarían?. Al responderle yo que naturalmente como a
cualquier otro extranjero, su rostro, ordinariamente impasible, expresó una
viva satisfacción. Aquel hombre tenía empeño en saber si nosotros los
consideramos también como de raza inferior. Durante la semana escasa que hemos
estado allí un japonés, a fuerza de preguntar a todos los del barco, formó una
especie de vocabulario español y ya medio se expresaba en nuestro idioma. Un
empleado de la aduana que sabía inglés, no paró hasta que le di libros
españoles y una cartilla de los marineros y le enseñe la pronunciación de las
letras en castellano. Cuando se trató de embarcar el combustible vino un
oficial japonés por un maquinista, para que se eligiera entre sus diferentes
depósitos. El carbón fue llegando a bordo en botes, cada uno al cuidado de un
oficial subalterno. El primero que llegó dio cuenta de la cantidad que traía
indicando que se podía pesar. Yo dispuse que no se pesara, con tanto mayor
motivo cuanto que por las cuentas de la máquina y por las carboneras vacías
sabía la suma de toneladas que tenía que embarcarse. Esto pareció causarle una
agradable sorpresa y ya en lo sucesivo ninguno otro dijo que se pesara,
concretándose solo a dar parte de la cantidad que traía. Cuando otros distintos
funcionarios vinieron a cobrar y el contador les pagó no quisieron contar el
dinero. Podría citar muchísimos mas rasgos notables de
esta gente, todos ellos buenos.
Nada de lo que
antecede se ve en China.
El Japón es un país
feudal perfectamente organizado. El gobierno es sumamente fuerte: su mano pesa
sobre todo y lo abarca todo. Allí, como en la mayor parte de las sociedades
antiguas, el gobierno no es el representante de la nación, sino que es por sí
propio
Los europeos
quieren reformar y asimilarse esta sociedad por medio del comercio y de
Por lo demás el
comercio le interesa y la guerra no le importa.
Pero tales
consideraciones están quizás fuera de su lugar en la presente comunicación.
Nagasaki
es una ciudad de 80.000 almas, situada en terreno bastante quebrado y su puerto
es segurísimo. Hay establecidos allí un centenar de europeos que se han
construido un barrio separado de la población: sin embargo los holandeses
continúan ocupando el célebre islote de Dezima [Dejima], cuyo puente no se cierra en
Durante nuestra
permanencia en Nagasaki hemos sido objeto de muchas
muestras de simpatía por parte de diversas personas de la comunidad europea. El
cónsul francés vino a bordo al siguiente día de haber fondeado, a ofrecerme sus
servicios a falta de cónsul español. Agradecí tal como se merecía tan delicada
atención, pero ya me había entendido directamente con las autoridades japonesas
y era conveniente seguir así. Rellené las carboneras tomando 93 toneladas de un
carbón muy bueno que costaron un total de 345$, es decir, 3.70 por tonelada. Yo
sabía que el combustible era bueno y barato en el Japón, pero nunca me figuré
que fuera tanto.
El carbón inglés
que se encuentra en los mercados de China es muy poco superior al japonés y
costó a 16$ en Shang-hae y
a 17 en Yen-tai. El carbón que se recibe en Manila directamente desde
Inglaterra, y que es inmejorable, sale por contrata a 15$. Navegando este buque
a regular velocidad consume 12 toneladas al día de carbón de nuestros
depósitos. En esta campaña se han consumido 13 del adquirido en China y 16 del
Japonés, andando el buque lo [387] mismo con uno y con otro, es decir, 6 y
media millas a regular velocidad, o sean 11 a 12 libras de presión en las
calderas y trabajando la máquina con el segundo grado de expansión. Así pues,
el precio de un día de fuegos encendidos con los carbones en Shang-hae y Yen-tai ha sido de
214$ y con los carbones de Japón de 59$. La Economía del uno al otro
combustible ha sido por tanto de 155 frente a 214, que es el 72 por ciento del
gasto total. Es decir que 28 dólares empleados en carbón japonés produce el
mismo efecto útil que 100$ empleados en carbón inglés adquirido en los mercados
de China. Estos números no necesitan comentarios.
Repuesto el buque
de combustible, aguada y víveres, salí de Nagasaki el
15 de julio por la tarde y me dirigí hacia Hong-kong. No puedo dejar de consignar aquí un sentimiento que
es unánime tanto en el buque como en los europeos residentes en Nagasaki: «Si el gobierno español piensa algún día
relaciones con el Japón, la escala que ha hecho esta corbeta en Nagasaki le ha allanado el camino». Hemos oído estas
palabras en todas las bocas a nuestra salida de allí. Y puedo decir que hoy día
en el Japón se conoce y se estima a los españoles.
Habiendo salido de Nagasaki el 15 a las 5 de la tarde, hice rumbo al canal de
Formosa, navegando con la máquina a regular velocidad y ayudando todo lo
posible con el aparejo. El 20 al amanecer emboqué otro canal y ya desde allí
empecé a sentir los malos tiempos que son propios de esta estación en el mar de
china, tiempos que arreciaron tanto que en la noche siguiente se rifaron las
dos gavias de alto abajo. Afortunadamente eran las viejas y todo se redujo a emvergar [sic] las de respeto. El 22 a las dos y media de
la tarde dejé por último caer el ancla en Hong-kong. Las continuas lluvias me obligaron a demorar el
reemplazo del combustible mucho más tiempo del que hubiera deseado. Pude por
fin embarcar 80 toneladas que se adquirieron a 13$ y el 2 de agosto al amanecer
salí para Cantón.
Subiendo estaba el
río cuando poco antes de llegar a la empalizada en la barra de Lintin se vio una fragata Hamburguesa embarrancada y
haciendo señales. Fui hacia ella y la envié un bote con un oficial, a quien
rogó su capitán le diésemos auxilio. Era
Los periódicos de Hong-kong se han ocupado de ese
incidente, pues el capitán de la Fragata, que como es natural vino a bordo a
darnos gracias después de ver su buque a flote, ha creído deber reiterárnoslas
por medio de los papeles públicos. Incluyo a V.I. un
periódico inglés y otro portugués donde se habla de eso. Permanecí en Cantón
hasta el 15 en que salí de allí a las 8 y media de
Adquirí aquí
algunos víveres que necesitaba y el 18 a la 1 de la tarde salí de este puerto. La
travesía se ha hecho sin incidente notable en tres días catorce horas y hoy a
las tres de la madrugada he dejado caer el ancla en la Bahía de Manila.
La salud de la
tripulación durante toda la campaña ha sido inmejorable. Se han hecho diversos
ejercicios de fuego y en mi concepto el estado general de instrucción de todo
el buque deja poco que desear.
Todo lo que tengo
el honor de participar a V.I. para su conocimiento
incluyéndole los estados de entrada y los extractos de navegación»
Y tengo la honra de
trasladarlo a V.E. para su debido superior
conocimiento llamando la superior atención de V.E.
con recomendación en favor del celo y laboriosidad de Zayas,
que unido a su basta instrucción y a las demás apreciables circunstancias que
lo adornan, lo constituyen uno de los oficiales mas
aventajados de la Armada.
He aprobado al
comandante de la Narváez su arribada a Nagasaki en el
Japón y las demás disposiciones que adoptó en su campaña así como el auxilio
que prestó a
Firma:
Pavía [389]
Señora:
Terminada la
comisión de conducir el vapor Narváez desde el puerto de Manila hasta la barra
del río Pei-ho o Pei-ko? a la Legación de S.M. en China, el comandante de dicho buque teniente de
navío Don Eugenio Sánchez y Zayas acompaña al parte
de las operaciones de su navegación una noticia histórica, hidrográfica y
estadística de los diferentes puertos de China y la Tartaria
que ha visitado y mas detalladamente del de Nagasaki
perteneciente al Imperio del Japón en el que se vio precisado a hacer escala
para repostarse de combustible; y sin embargo de no tener España tratados ni
relaciones de ninguna especie con aquella nación, el comandante de la citada
goleta ha conseguido en su buen tacto y acierto tener la mejor acogida por
parte de las autoridades locales que le facilitaron víveres y carbón,
prodigándole además toda clase de deferencias a las cuales ha sabido
corresponder debidamente este oficial; en su consecuencia el Director que
suscribe es de sentir pudiera contestarse al comandante general del Apostadero
de Filipinas que V.M. ha visto con particular
satisfacción el celo, laboriosidad y conocimiento con que el referido
comandante ha desempeñado dicha comisión, noticiándose al Director de Personal
para las correspondientes anotaciones en su hoja de servicios.
También es de
parecer que se dé traslado al Sr. Ministro de Estado de la parte
correspondiente al Japón que contiene esta comunicación para los fines que puedan
convenir en aquel departamento.
21
de noviembre de 1864.
Firmado:
Con
Despacho 1535
dirigido al Ministro de Marina, remitido desde Cavite
el 23 de agosto de 1864 por
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