
Franco y el imperio japonés
Anexo
3
JAPON Y ESPAÑA,
por Ernesto Giménez Caballero
¡Arriba!,
Madrid, 24 de abril de 1941.
El
sentimiento de compartir con los japoneses la defensa mas extrema del mundo
frente a un común enemigo: este sentir que España y Japón son dos flancos
decisivos‑ ha hecho que japoneses y españoles nos hayamos ligado
fraternalmente y nos tengamos un mutuo cariño y admiración.
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Pero la
admiración y afecto de España por Japón
no es de hoy, sin embargo.
Procede desde
el momento en que nos dimos cuenta de ser el Japón la otra España; la de allá.
Osea, una nación colocada frente a un poderoso Continente Occidental (Estados
Unidos) y un continente inmenso de color (el Asia china e hindú). Como España
es la nación del lado de acá, colocada entre Francia e Inglaterra (Occidente) y
el África (Oriente). España y Japón, las dos fronteras del mundo. Son dos
puertas. La misma unidad de destino en la Universal.
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Además,
nosotros españoles tenemos motivos profundos para conocer, admirar y
encariñarnos con los japoneses.
"Una gente fortissima de Espanha"‑ dijo
Camoens fue la descubridora del Japón ante la civilidad europea.
Hacia 1542 fue descubierto por Méndez Pinto. Gente
peninsular desembarcó en seguida en "juncos" japoneses a las
maravillosas islas de Cipango. A los 15 años, el 15 de agosto de 1547, nuestro
San Francisco Javier comienza su evangelización en Kagoshima. Y tras el ansia
evangélica del Divino Impaciente, jesuitas y dominicos, Embajadores de Felipe
II y comerciantes abordan el Japón y sus islas cercanas: que llevan desde
entonces el nombre hispánico de
"Filipinas", "Carolinas" o "Marianas", en recuerdo
de nuestros césares.
No puede
olvidarse que si España fue la descubridora del Japón y su evangelizadora,
también fue su primera estudiosa e investigadora.
Sobre el
Japón aparecían en la España Imperial constantemente libros y estudios.. De
Bujeda de Leiva, estudiando su historia, De Fray Manuel Preces, investigando su
lengua. Gramáticas, como de Fray Ojanguren, del P. Fernández de Collado,
Narraciones de los sucesos japoneses, por M. de Sosa, Santa María, García,
Garcés, Piñeiro, Suárez de Figueroa. (Durante todo el 1500 y el 1600).
¡El Japón!
¿Pero qué es un japonés?¿En qué se distingue de un chino?
Porque ‑¿no
es verdad?‑ todos nos hemos dicho esto muchas veces: ¿En qué se
diferencia un chino de un japonés?¿Como se distinguen, entre sí, los japoneses
y los chinos en sus eviternas batallas?¿Cual es la razón de que los chinos sean
un país regresivo y estancado mientras los japoneses constituyen un pueblo de
progreso y de ímpetu?¿A que se debe el que China obedezca ciegamente a Moscú,
mientras que Japón es la avanzada del genio romano y ario en Oriente?
Tal vez estas
mismas cuestiones se las han planteado los japoneses respecto a nosotros los
españoles confrontándonos con los moros ¿Porqué los españoles (que físicamente
tienen tantas semejanzas con los berberiscos) somos una nación de empuje y de
historia, mientras que los marroquíes no han logrado nunca mas que un vago y
celeste Imperio de Mahoma?
La
explicación de este misterio hay que buscarla en la misma clave: la de ser
Japón y España "genios entre Oriente y Occidente". Japón tiene lo
suficiente de Oriental para entender el alma del chino: pero también posee la
suficiente dosis de espíritu ario para colonizar esa raza de color. De la misma
manera que España con los contactos milenarios con el Oriente ha sido capaz de
comprender el corazón de berberiscos y de indios americanos. Y a la par: ha
sido lo genialmente europea para alcanzar un vasto dominio sobre las gentes de
color a través de los siglos y por mares nunca navegados.
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Efectivamente,
en el Japón se han dado tipos etnográficos correspondientes a esa ambivalencia.
Los prehistóricos "ainos" fueron algo así como los iberos
"nipónicos". Y el elemento "caspio" un tipo de
"celtas" japónicos. También en el Japón hay dolicocéfales
orientaloides y razas braquicéfalas y platirrinas, a las que el etnógrafo Dixon
las clasificó como alpinas y palcoalpinas.
En el lenguaje también se observa esa misma clave. La lengua japonesa se
alejó del alfabeto ideográmico que tiene el chino para adoptar un sistema
silábico mucho más eficaz culturalmente.
Pero
sobretodo fue en la religión donde se encuentra el "quid" de la
disyuntiva entre lo chino y lo japonés.
El fondo
religioso y nacional del japonés está en el "sintoismo". Mientras que
la religiosidad china es fundamentalmente "budista". Dicho con
palabras claras, los japoneses tienen un sentido religioso con distinción de
"jerarquías" y con un sublime culto a sus "antepasados", a
sus "muertos": a su "tradición". Mientras que los chinos
tienen la creencia en la "masa" ‑pueblo de coolíes‑,
"en el horror a la individualidad sobresaliente". Por eso los chinos
no tienen "memoria" de sí mismos: no tienen "tradición viva,
muertos fecundos": no tienen "historia". En cambio, los
japoneses saben que "morir por la Patria es sobrevivir", es ganar la
inmortalidad. Y de ahí su veneración a los "kamimi" o héroes. (En el
Japón el ser héroe o ser sabio es como ser santo). Y recibir el culto de todo
un pueblo. Es la razón de los samurais.
Los chinos
desdeñan el honor militar. Y los japoneses son el pueblo del
"harakiri", del "suicidio por la honra". China es un
conglomerado de gentes, coletas y mandarines, con instituciones inmóviles como
pagodas, con un Emperador nominal, aplastante e inútil. Una especie de inmenso
sultanato. Mientras Japón, es una nación, un organismo vivo con instituciones
eficientes, con gobiernos actuantes, con universidades investigadoras y
patrióticas, con una literatura genuina, con unas gheisas deliciosas, con un
arte expansivo, con un Ejército maravilloso, con un Emperador de calidad
cesárea, descendiente de Jimmu Tenno. Y con un himno que suena a gloria y
perennidad: "Que dure mil años nuestro Reino y luego ocho mil, hasta que
las piedras dejen de ser piedras ‑y los musgos: húmedos y espesos."
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Todo ello hace que la Historia del Japón pueda compararse
con la España. Japón como España fue en la guerra un pueblo de largas y
cruentas guerras civiles. Las Facciones de los Tatra lucharon contra las de
Minamoto, como entre nosotros iberos y celtas, castellanos y catalanes,
carlistas y liberales, nacionales y rojos.
Y eso sucedió
bajo el "Shogunato", un tipo de feudalismo donde el Mikado o
Monarquía era algo así como los Reyes de la Casa de Trastámara, en Castilla.
España
alcanzó su unidad y su grandeza en 1492, bajo los Reyes Católicos dirigentes de
su Revolución Nacional. El Japón hizo su revolución en 1868. Y desde entonces,
ese pueblo archipielágico: desunido por el mar sus islas y por los odios
regionales sus gentes ‑pasa a ser Uno, Grande y Libre. Como el majestuoso
crisantemo de su bandera. Y se atreve a la magnífica empresa de China (1894) y
mas tarde a la de Rusia (1904)
Y desde
entonces todo el Japón es un inmenso prepararse para afrontar la lucha contra
el Oriente y el Occidente.
En mirar cara
a cara a la soberbia mammonica de los anglosajones y norteamericanos. Y en
preparar cualquier ofensiva contra cualquier sorpresa.
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¡Oh Japón!
¡Hermano nuestro en el Extremo Oriente!. País de los poemas ingenuos y
delicados de los "haikais" y de los "tanka", como nuestras
serranillas. Soñador en vuestro samisen, vuestra cerámica. País de cerámica
maravillosa, como esa loza de Talavera japonesa que es la de Satsuma.
Pais de
Teatro nacional heróico y religioso ‑como el medieval de "No"‑
que corresponde al nuestro de Lope y Calderón.
País de narradores y de pintores. De capitanes samurais, de
"Cides" con ojos oblicuos.
Y país que
supo europeizar su ciencia con fundaciones como la de Bansho Shirado Dokwo. Y
como la Universidad Imperial de Tokio. Como nosotros hicimos con el
Renacimiento con Salamanca, Alcalá y los Colegios Mayores.
Pero de todo
cuanto acerca Japón y España, lo que más: nuestro común desprecio a la muerte.
Somos pueblos de soldados y de místicos que "mueren porque no mueren"
y gritan "¡Viva la Muerte!" y cantan: "Si caí, me fui al puesto
que tengo allí." Allí en los luceros. Luceros del cielo español que
parecen las campanitas de plata
japonesas puestas en los aleros del firmamento.
¡Japón y
España! Japón: País de terremotos, de volcanes que hacen a Yokohama desaparecer
y modelan paisajes de nueva planta como recién creados por Dios. Y España: país
de convulsiones históricas en que la vida tiene que resurgir como el primer día
del Génesis.
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Por ti, Japón
hermano, regado con sangre española y misional, yo alzo mi brazo y extiendo mi
mano de paz, ante tu alerta frente a Oriente y Occidente.
Y es porque
veo la mano extendida de tus soldados y Embajadores, gritando con nosotros
¡Arriba España!.

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