Resumen
Aspectos más llamativos
Origen y nacimiento
Índice
Prólogo, por Stanley G. Payne
Índice temático
Anexos
Anexos Tesis Doctoral 1993
Comunicaciones
información secreta. Magic Summaries
Información
sobre Japón enviada desde Tokio
“España y
Japón” Ernesto Jiménez Caballero
Otros anexos
Noticias
sobre Japón en ¡Arriba ¡
Fechas de
las relaciones - cuadro comparativo
Documentación
Bibliografía
Citas a pie de
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Franco y el
imperio japonés. Imágenes y propaganda en tiempos de guerra
Col. Así Fue. La
historia rescatada, 49
Barcelona: Plaza
& Janés, 2002. 669 pp.
ISBN 84.01.53054.7
Resumen
La Guerra Civil Española, la Guerra Chino-Japonesa,
la II Guerra Mundial
y la Guerra del Pacífico revitalizaron las relaciones entre Madrid y Tokio.
Su relevancia fue mucho más allá de los contactos bilaterales y llegó a afectar
incluso a la política interna española, puesto que las diferentes visiones de
Japón fueron usadas en las disputas entre las diferentes familias del régimen
franquista.
España y Japón vivieron dos guerras simultáneas desde julio de 1937. Este
paralelismo no fue sólo uno de los principales factores que incrementó las
diferencias entre alemanes, italianos y japoneses por una parte y las potencias
democráticas y la URSS por la otra, sino también provocó fuertes sentimientos
de identificación entre las partes en liza. En España, mientras los Nacionales
se percibieron enfrentados al mismo enemigo que los japoneses, es decir, contra
el comunismo internacional, a los Republicanos les ocurrió lo mismo con los
chinos, viéndolos como el otro ejemplo más evidente de la violación por sus
enemigos de las normas internacionales y de los principios encarnados por la
Sociedad de Naciones. En un sentido contrario, los militares japoneses se
interesaron pronto en la guerra en España para poder aprender sobre los últimos
avances bélicos soviéticos (el tanque M-80 o el Cóctel Molotov, por
ejemplo), mientras que los comunistas chinos usaron continuamente el ejemplo español
dentro de su estrategia política, enarbolando mensajes como el “No Pasarán”,
tomando el ejemplo de Madrid para defender Wuhan, su
capital después de la toma de Nanjing, o invitando a Santiago Carrillo y a
comunistas españoles al acabar la guerra para organizar las juventudes del
partido.
Tras el fin de la Guerra
Civil se perdió esa identificación entre españoles, chinos y
japoneses por medio de la simultaneidad en los conflictos, pero con el
estallido de la guerra en Europa el interés mutuo entre la España de Franco y
el Japón militarista volvió a revivir. Ambos países adquirieron un papel
paralelo ante esa búsqueda de un Orden Nuevo que fue el origen de la
lucha en esos años: alineados con el Eje, pero sin participar en la contienda
europea. Tanto Tokio como Madrid deseaban y esperaban la victoria alemana,
aunque su posibilidad de ayudar estaba limitada a labor de debilitar al enemigo
en labores colaterales, ya fuera por amenazando con su propia entrada como por
medio del espionaje o la propaganda. Pero españoles y japoneses compartían
también sus objetivos para el futuro, porque soñaban en engrandecer sus
respectivos imperios: no sólo escuchaban con atención los partes de guerra
sobre las victorias de los ejércitos alemanes, sino asimismo soñaban en su
propio brillante porvenir dentro de ese Orden Nuevo. Como consecuencia
de ello, el significado de la amistad entre españoles y japoneses cambió de
objetivo prioritario; la lucha contra la Unión Soviética,
así, perdió importancia frente al deseo de conseguir un mayor poder en sus
respectivas áreas de influencia: África del Norte y el Asia Oriental.
Ciertamente, estas expectativas de beneficiarse de la estela alemana estuvieron
en el centro de la mayoría de los contactos y las percepciones mutuas entre
españoles y japoneses. Además, esas áreas donde ansiaban aumentar su influencia
estaban muy separadas. Sólo había una colonia donde confluían las intenciones
de ambos: las islas Filipinas, puesto que mientras estaban en el área asignada
a Japón, España buscaba hispanizarlas. Estos objetivos, además, pasaron a ser
vistos como complementarios, porque había una potencia de cuya debacle podían
beneficiarse los dos: los Estados Unidos de América.
Una vez empezó la Guerra del Pacífico, no obstante, el sentimiento
común de cooperación se topó con unas ambiciones en las Filipinas que pasaron a
comprobarse irreconciliables. Por un lado, Tokio pidió a Madrid que le ayudara
en los dos objetivos más importantes que no podía realizar un país beligerante:
representar sus intereses y los de sus súbditos emigrados por todo el
continente americano y facilitar las labores de espionaje. España, de esta
forma, llegó a ser el país occidental que más ayudó al esfuerzo de guerra
japonés, formando incluso una red de agentes al servicio de Japón en los
Estados Unidos y en el resto del continente, llamada Tô.
Por el otro, los inmediatos problemas de la colonia española en Filipinas al
llegar el ejército nipón hicieron darse cuenta pronto del error anterior,
siendo usados en las disputas dentro de las familias del régimen contra
aquellos que anteriormente habían abogado más a favor de Japón, los
falangistas, dirigidos por Serrano Suñer. La amistad política con Japón fue
cada vez menos capaz de compensar las fallidas expectativas y afectó incluso a
la política interior.
Entre la necesidad de apoyar un país amigo y la disputa interna sobre
los escasos resultados de esa amistad en las Filipinas, España se desentendió
por primera vez ante los Aliados del futuro de un país del Eje. En el verano de
1942, cuando los ejércitos alemanes estaban más expandidos por el mundo, el
general Franco dijo claramente ante el embajador norteamericano que no
compartía las victorias del ejército japonés. Después de ello, tras la caída de
Serrano Suñer, el nuevo ministro, Jordana, utilizó la creciente tensión con
Japón como banco de pruebas en el progresivo giro español hacia la Neutralidad
y para compensar los continuos actos pro-alemanes del gobierno de Franco. Un
comentario de Franco sobre el conflicto mundial, expuesto en el verano de 1943
también al embajador norteamericano, es suficientemente elocuente: junto con el
nítido apoyo a la guerra alemana contra la Unión Soviética,
el dictador se refirió no sólo a una presunta neutralidad española en el conflicto
del Eje con las democracias occidentales, sino también al apoyo decidido a la
lucha contra los japoneses. Esta interpretación indica la idea del régimen de
utilizar la creciente confrontación con Japón no sólo para reparar esa
proclividad hacia la
Alemania Nazi, sino también para acercarse a Washington por
la puerta trasera que era Asia Oriental
Japón, finalmente, acabó siendo objeto del cambio de política más
radical y más completo dado por el gobierno de Franco. Dentro de los intentos
por sobrevivir tras el previsto triunfo aliado, no sólo aparecieron
autocríticas en el diario falangista Arriba reconociendo un pasado
excesivamente japonista, sino que
Madrid incluso llegó a tentar una declaración de guerra a Japón en marzo de
1945. No fueron sólo las expectativas de victoria del Eje las que fracasaron,
sino también las visiones de los falangistas admiradores del auge de Japón y de
sus logros desde el período Meiji, por las que se veían también a ellos mismos
capaces de ascender socialmente y de ganar un poder en el plano interno, de la
misma forma que Japón lo había conseguido en el plano internacional. El
pensamiento tradicional permaneció: no sólo llegaba a demostrarse imposible que
un país no-occidental como Japón consiguiera convertirse en una potencia de
primer rango, sino también que los falangistas, predominantemente de clase
media y media-baja, nunca serían capaces de detentar el poder interno, que
siempre había correspondido a las clases más altas.
El giro político
y la justificación ideológica, junto con el escaso período entre la amistad
ideal y el odio más radical, o entre el interés y la insignificancia, tal como
ocurrió en cuanto la guerra acabó, ayudan a entender la cambiante naturaleza de
las relaciones entre España y Japón y, en general, las de los países con
culturas tan diferentes. El período de amistad entre Madrid y Tokio, aunque vio
a ambos países ensalzándose mutuamente por medio de la propaganda oficial, no
sólo careció de unas relaciones más intensas en el plano político, económico o
comercial, sino que también fue afectado por los sentimientos remanentes de
odio y de antipatía racial, tal como pudo ser visto por el giro político tan
brusco de España al final de la
guerra. Tal movimiento no podría haber ocurrido con los Nazis
alemanes o con los Fascistas italianos, a pesar de que éstos vivían una
situación militar peor que los japoneses. Madrid cambió su política hacia Japón
más radicalmente porque la distancia mutua no era sólo geográfica sino también
cultural. Si las percepciones negativas y los numerosos estereotipos
socio-culturales sobre Japón no pudieron ser escondidos, ni siquiera en sus
momentos más brillantes, cuando los ejércitos nipones comenzaron a perder el
impulso inicial, en la primavera de 1942, esos estereotipos renacieron con
fuerza. Mas tarde, cuando se hizo factible la posibilidad de utilizar a Japón
como una forma de acercarse a los Estados Unidos, las imágenes llegaron a
ser instrumentos privilegiados de ese giro en la política. La
posibilidad de manipularlas permitió que la propaganda se centrara en los
aspectos más negativos de Japón. Más tarde, la creciente tensión oficial lo que
hizo fue incidir en ello. Las imágenes precedieron a los hechos.
Aspectos más llamativos del libro
· Espionaje. Una de las principales contribuciones de España al
esfuerzo de guerra japonés fue su ayuda para obtener y enviarles información
confidencial utilizando varios canales muy diversos. El resultado más
importante fue la puesta en marcha de una red de agentes, llamada Tô, que consiguió información en Estados Unidos. Tô no envió información excesivamente veraz,
pero fue a la que dedicó más atención el servicio de contraespionaje
norteamericano o G-2, tal como se puede comprobar por sus boletines diarios con
los mensajes y los informes más importantes tomados al enemigo, o Magic Summaries.
Cuando estos boletines fueron abiertos al público, en 1978, la existencia de Tô y la utilización de diplomáticos y de los
medios del ministerio de Asuntos Exteriores español merecieron una buena
cantidad de información en la prensa diaria, con varios artículos en El País
y uno en primera página en Washington Post, por ejemplo. Mi
libro ofrece por primera vez un recuento completo de las actividades del
espionaje japonés por medio de España, gracias no sólo a esos Magic Summaries abiertos
al público en 1978, sino a haber consultado todos los telegramas interceptados
por el espionaje norteamericano que dieron lugar a los resúmenes diarios en Magic, abiertos al público en 1994 y ordenados únicamente
por fecha, además de otra documentación desclasificada también recientemente,
como la Red Machine. Esta red Tô
aparece incluida dentro del contexto general del espionaje japonés y de la
lucha mundial en el campo de la información secreta, tras la consulta de
documentación japonesa y de entrevistas, incluido el jefe de la Tô, Angel Alcázar de
Velasco.
·
Incidente Laurel. El momento de mayor tensión
entre Washington y Madrid durante la II Guerra Mundial
fue en octubre-noviembre de 1943, cuando el gobierno de Franco contestó un
mensaje del presidente de la nueva república independiente filipina, José P.
Laurel, reconociendo por tanto al gobierno instalado por los japoneses. Estados
Unidos reaccionó de forma enojada contra Franco, tal como muestran numerosos
artículos en prensa, y su gobierno actuó bajo el mismo molde, cancelando
totalmente los contactos y filtrando planes de invasión de la península Ibérica,
de tal forma que el gobierno español hubo de resignarse a comenzar unas
negociaciones destinadas a suprimir totalmente su colaboración con Alemania y
dejar de suministrar a Alemania un mineral muy necesario para su esfuerzo de
guerra, el wolframio. El Incidente Laurel es
mencionado en todos los trabajos sobre España y la II Guerra Mundial, e
incluso ha sido objeto de un libro (James W. Cortada, Spanish
Relations, Wolfram
and World War II, Barcelona, Manuel Pareja, 1971,
134 pp.), pero Franco y el Imperio Japonés da una nueva explicación.
Muestra que el Incidente Laurel fue provocado artificialmente por el gobierno
norteamericano, después de haber sabido, por medio de la descodificación de
mensajes, las dudas internas del gobierno español sobre la conveniencia del
envío de ese mensaje al gobierno filipino. En España, Washington quería
traspasar el mal estado de las relaciones de Tokio a Berlín.
·
Ambiciones españolas por las Filipinas. Dentro de la
atmósfera de expectativas sobre el Nuevo Orden en el mundo, el gobierno
español confió en un aumento de la hispanización de las Filipinas aprovechando
la estela del auge japonés en Asia Oriental. Excitados los ánimos por las
continuas victorias alemanas, llegaron a publicarse incluso algunos artículos
en la prensa sobre una vuelta española a su antigua colonia. Fueron una
ambiciones que pronto se dieron de bruces con la realidad, pero han sido bien
recordadas por los que entonces se pensaba que eran una potencia perdedora, los
Estados Unidos. Uno de los recordatorios más populares de este apetito imperial
español, junto con su colaboración con el Eje, fue publicación de un libro,
titulado Falange, El Ejército Secreto del Eje en América (La Habana y
Nueva York), con un mínimo de cuatro ediciones en inglés el año de publicación,
1943. Su autor muestra a las Filipinas como el primer ejemplo de penetración
del Eje por medio de España, y no sólo asocia a la Falange en Filipinas
con estos presuntos intentos de retorno, sino también centra sus acusaciones en
uno de los hombres más ricos de las Islas, Andrés Soriano. Propietario de la Cerveza San Miguel
y líder indiscutido del llamado Partido Español dentro de Filipinas, en
esos momentos Soriano estaba luchando con las fuerzas del general MacArhur contra Japón. Las afirmaciones realizadas en este
libro sobre Filipinas no han sido reconsideradas hasta que publiqué el
artículo, “Falange en Filipinas, 1936-1945”, traducido al tagalo y al inglés. En Franco
y el Imperio Japonés añado nuevos datos e interpretaciones sobre esas
ambiciones españolas y sobre su influencia en la deshispanización
y en el nacionalismo filipino.
·
La División Azul Marina. Al final
de la Guerra Mundial,
la propaganda del régimen de Franco atacó con saña a los japoneses, canceló la
representación de sus intereses y los de sus súbditos en el continente
americano, rompió relaciones diplomáticas y sugirió también la posibilidad de
una declaración de guerra basándose en unas recientes masacres en Manila. Pero
la tensión contra Tokio, que fue acusado incluso de enviar una orden a
Filipinas para actuar contra los japoneses, estaba planeada, puesto que Franco
necesitaba desesperadamente mejorar las relaciones con los Aliados y atacar al
Imperio japonés era una de las pocas bazas que le quedaban para compensar la
anterior proclividad hacia el Eje. La escasa documentación existente indica que
se planeó esa posible participación en la guerra mundial por medio el envío de
una División Azul, aunque en este caso constaría de varios buques. Este
dato añade un nuevo elemento a la refutación de la postura oficial franquista
sobre la presunta neutralidad del régimen de Franco durante la II Guerra Mundial:
Madrid no sólo quiso entrar en guerra junto con Alemania en el verano-otoño de
1940, como es bien sabido, sino también en la primavera de 1945, esta vez
en el campo Aliado.
·
Representación
de Intereses de súbditos japoneses. El
gobierno de Tokio encargó a Madrid el cuidado de sus súbditos en la mayoría de
los países americanos que rompieron relaciones o le declararon la guerra. El encargo fue,
en buena parte, por esa identificación ideológica, pero también como una forma
complementaria de conseguir que, a través del Ministerio de Exteriores español,
llegara a Tokio información de inteligencia. Pero pronto las dos partes se
dieron cuenta del error cometido; mientras los españoles fueron objeto de una
fuerte campaña de prensa en América a causa de haber aceptado este encargo, los
japoneses pudieron comprobar pronto que el interés político no bastaba: esta
labor humanitaria tan complicada no sólo necesitaba muchos esfuerzos sino un
prestigio moral que el régimen de Franco no tenía. Así, cuando las comunidades
de emigrantes japoneses sufrieron saqueos, vandalismo y discriminación,
incluyendo en el caso de Estados Unidos el traslado obligatorio a Campos de Realojamiento
en el interior del país, los diplomáticos españoles pudieron hacer poco para
aliviarles en sus sufrimientos. Esta orden de internamiento forzoso, que no fue
emitida contra las comunidades italiana o alemana, ha dejado una fuerte
impronta en la comunidad japonesa en Estados Unidos y ha provocado el pago de
una indemnización a todos aquellos que fueron obligados a permanecer en estos
Campos de Realojamiento. Entre la numerosa bibliografía sobre estos sucesos,
las menciones a la diplomacia española son siempre procedentes de los Archivos
norteamericanos.
·
El Peligro Amarillo y las relaciones
internacionales. La ideología, las imágenes y los
estereotipos son esenciales para comprender las cambiantes relaciones entre
españoles y japoneses. La existencia de una imagen ideal en los primeros años
es clave para poder entender decisiones y actitudes que llevaron a los
españoles a asumir como factible esa ayuda japonesa a la hispanización de las
Filipinas, por ejemplo, o a enviar la primera misión oficial al gobierno
marioneta de Wang Jingwei
en la China ocupada por Japón cuando ni siquiera había sido reconocido
oficialmente por Tokio. Cuando llegaron los momentos victoriosos de los
Aliados, la recuperación de antiguas imágenes de Japón permitió a Madrid
volverse contra su antiguo amigo, en un proceso de cambio de marco conceptual
de una percepción predominantemente positiva a otra negativa ocurrido en muchas
otras relaciones entre países con diferencias culturales tan importantes. El
período del ministro de Exteriores Jordana resulta el momento más interesante
de analizar en ese giro, porque permite comprender mucho mejor la necesidad de
realizarlo y su justificación interna, crucial a pesar de que el país era
entonces una dictadura La recuperación de conceptos como el peligro amarillo
fue clave para conseguirlo, lo que muestra que el olvido sólo había sido
temporal. Al igual que cualquier otra imagen; siempre son maleables a
conveniencia.
Origen y nacimiento de Franco y el
Imperio Japonés
El presente libro es el resultado de una Tesis Doctoral presentada en la Universidad Complutense
en el año 1993, titulada Relaciones
Hispano Japonesas, 1937-1945 de la
que he sacado el capítulo de la guerra civil con la esperanza de publicarlo por
separado. Al redactarla el
objetivo se limitaba a hablar de un país y una región relegados en el estudio
de las relaciones exteriores del franquismo. Cuando comenzó la investigación,
en 1985, sólo habían sido publicados algunos trabajos sobre la guerra civil
española y el imperio nipón, en lengua japonesa, aunque después de haber
comenzado la
investigación Gerhard Krebs
editó otro útil artículo con un ámbito semejante al de este libro. Así, las referencias a Japón
dentro de la historia de la España de la guerra civil y de la posguerra se han
limitado a mencionar al ataque a Pearl Harbor, a explicar el Incidente Laurel en el contexto de
las relaciones hispano-norteamericanas y a reproducir una teoría repetida por Franco sobre las tres guerras simultáneas, una
de las cuales sería la
del Pacífico. Japón, en definitiva, se ha estudiado
principalmente en función de su lucha contra Estados Unidos, desgajando por
tanto la vida propia que tuvieron las relaciones bilaterales. Esta razón sola
vale para argüir la importancia de este trabajo, pero es necesario recordar
asimismo la conveniencia de reducir en lo posible la perspectiva eurocentrica que se trasluce en la mayoría de los estudios.
Para entender a España en la Segunda Guerra Mundial es necesario incluir esa tercera pata del Eje.
Este libro espera contribuir
también al estudio de las imágenes y a la propaganda en la relación de España
con el exterior. No fue el objetivo original de la Tesis Doctoral,
cuyos capítulos se estructuraron comenzando por el contexto internacional y
siguiendo por las relaciones políticas, las diplomáticas, las económicas y las protocolarias, para acabar con unas
escasas páginas sobre comercio. A medida que avanzaba la investigación, las
percepciones adquirieron mayor importancia y, de acuerdo con mi director, Juan Carlos Pereira,
añadí en cada capítulo una parte dedicada a las imágenes y a la propaganda. Durante
la lectura de la Tesis, además, dos de los miembros del tribunal, Enrique Ucelay
de Cal y Manuel
Espadas Burgos, llamaron la atención sobre la importancia del
contexto propagandístico en las relaciones y sobre la necesidad de analizar las
imágenes más en profundidad. Era necesario replantear la estructura del
trabajo. Había que pasar las percepciones, por expresarlo de una forma gráfica,
del final de cada capítulo al principio. Cómo hacerlo, obviamente, ha sido el
gran problema y para ello he necesitado tiempo para recibir consejos y madurar
la redacción final. Para ello he leído la escasa bibliografía sobre el tema, he
ayudado a coordinar un volumen monográfico en la
Revista Española
del Pacífico sobre “Visiones Mutuas entre Europa y el Pacífico”, y he
impartido dos cursos de doctorado “Percepciones e Imágenes en la Política Exterior
Japonesa” así como un seminario sobre la Segunda Guerra Mundial,
donde he tenido la suerte no sólo de aprender yo mismo más que los alumnos,
sino de poder plantearles las dudas que más me corroían, tanto las
metodológicas como las relativas a la documentación.
El resultado ha sido devastador para
el trabajo original. Ha sufrido sucesivas amputaciones al ir publicando partes
de la Tesis original en diversas revistas científicas donde he aprovechado para
incluir una gran cantidad de citas, que para un trabajo con un público más
amplio como es este libro resultan superfluas, y la estructura ha cambiado. El
texto de 795 páginas acabado de redactar (por esas casualidades del destino que
uno nunca sabe prever) el 12 de octubre de 1992, en definitiva, ha sufrido una
reducción drástica, tanto por esa supresión de varios capítulos como por la
nueva redacción, en la que he tratado de suprimir lo accesorio y suplir las
antiguas carencias. Porque también ha recibido añadidos importantes, sobre todo
provenientes de la documentación de los archivos de Estados Unidos, donde
estuve tres meses en el año 1994
a fin de recoger información para la Tesis Doctoral que
algún día presentaré a la Universidad de Tokio: El Declive de la
Comunidad Española en Filipinas, 1935-1945 y adonde he
vuelto en la última etapa de la redacción. Entre las carencias pendientes queda
la de profundizar más en el punto de vista japonés, por lo que espero poder
compensar este libro con un nuevo estudio futuro titulado “El Imperio Japonés y
Franco”. Como queda claro en el título, este libro trata principalmente de la
parte española; una obvia razón son las dificultades del idioma, pero la otra,
aunque inexcusable para justificar la falta de profundización, es que los
cambios en las imágenes de Japón sobre España fueron menores. Los nipones conocían
mejor a los españoles que al revés y su necesidad de utilización política de
las imágenes también fue menor. Madrid, para Tokio, estuvo menos constreñido a
los giros bruscos tan propios de los intereses políticos.
Tras un
primer capítulo dedicado a el bagaje de las relaciones, tanto en percepciones
como en contactos históricos, Franco y el Imperio Japonés comienza en
1939 cuando las relaciones cada vez más intensas durante la guerra civil, sobre
todo a raíz del estallido de la guerra chino-japonesa den 1937, sufren un
vuelco de 180 grados. Hasta entonces se habían basado en la lucha conjunta
contra la Unión
Soviética o el comunismo internacional, y el ejemplo más
claro es la adhesión española al Pacto Antikomintern
al poco de acabar el conflicto interno. Pero esta adhesión fue caso el último
halo de vida del pacto, que e poco tiempo dio paso al acuerdo de no-agresión
Nazi-soviético, unos días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.
El segundo capitulo del libro se inicia con este período de confusión que
también afectó a la forma en que españoles y japoneses vieron su papel en esta
alianza enrarecida y en su amistad. A partir del verano de 1940, sin embargo,
las victorias militares alemanas redirigieron las miradas, tanto de españoles
como de japoneses, desde Moscú hacia Berlín y consiguieron dar un nuevo sentido
a la relación bilateral: ese Nuevo Orden en el que ambos habían de salir
beneficiados. Más que los odios del período anterior, en este período lo
decisivo fueron las ambiciones, los sueños de imperio y las expectativas de un
futuro brillante los que impulsaron los contactos, estudiado por separado en el
capítulo tercero, porque el objetivo común en estos años era ayudar en la
consecución de esa victoria en la medida de sus posibilidades. Fue un período
de colaboración entusiasta en pos del ansiado triunfo del Eje que por muchos
años sería recordada por los adversarios de entonces, los Aliados.
La entrada de Japón en guerra
contra Estados Unidos e Inglaterra representó un cambio crucial en la relación
bilateral. Fue el segundo ataque sorpresa en un año; un punto de confusión más
en esa vorágine que ya duraba dos años, llegado en medio de una espiral que no
se sabía cuándo se detendría y que no hizo sino aumentar la confusión en las
quinielas sobre el final de la contienda. Datos tan precipitados eran difíciles
de asimilar y permitían opiniones para todos los gustos. Así, mientras en Japón
los resquicios de diplomacia hacia Occidente dejaban paso a los armamentos, en
España el estallido de la Guerra del Pacífico acabó afectando a la política
interna. Las relaciones de Madrid con Tokio dejaron de ser pasto de las
expectativas para ser objeto de pura actualidad, por lo que la personalidad y
ambiciones de los ministros de Asuntos Exteriores pasaron a ser determinantes.
Las sucesiones de Serrano Suñer por Jordana y de este por Lequerica
marcan tres etapas diferentes a lo largo de los cuatro años y medio que
coinciden a grandes rasgos con el desarrollo de la guerra en el Pacífico, e
incluso de la política japonesa. No
debemos olvidar que las personalidades de los ministros españoles influyeron
decisivamente en el cómo y el cuándo de las relaciones con Japón.
Los contactos hispano-japoneses
empezaron caracterizándose por la amistad y el cuarto capítulo abarca desde el
inicio de la nueva guerra hasta septiembre de 1942, cuando Ramón Serrano Suñer
dejó de ser ministro de Asuntos Exteriores. El cuñadísimo quiso
beneficiarse de la estela victoriosa japonesa, para lo que autorizó el
espionaje y otros actos de colaboración con Japón, pero acabó siendo arrastrado
por la creciente animosidad hacia el imperio japonés, así como por la creciente
hostilidad según se ventilaba la marcha general de la lucha por la supremacía
mundial.
El quinto capítulo comienza al
acabar la etapa definida por las victorias de Japón, la creciente influencia de
Filipinas en las relaciones y los debates que su ocupación provocó en las lucha
entre falangistas y conservadores en la España franquista. El conde Jordana
tomó el mando cuando las victorias niponas estaban en su máximo esplendor y
murió en el verano de 1944, cuando ya era obvia su derrota final. La posición,
como es de suponer, pasó de la amistad embarazosa a la tensión soterrada,
plasmada en el capítulo sexto, pero con la diferencia de que ese giro hacia
Tokio sirvió para pilotar el mucho más difícil giro español hacia la
neutralidad con el Eje. Fueron unos años caracterizados por la doble vía, la de
los vínculos con unos y las necesarias relaciones con sus enemigos.
El séptimo ý último capítulo está
marcado por la hostilidad abierta española. En el breve período en que José
Félix de Lequerica fue ministro de Exteriores también
utilizó a Japón para experimentos varios, como su antecesor Jordana. No sólo
por la progresiva ruptura de relaciones entre marzo y abril de 1945, sino
también por la curiosa guerra que planearon declarar y por las ideas de moderar
las críticas a la
Unión Soviética sin dejar de tener un enemigo. Ganar una
credibilidad de última hora ante los futuros vencedores fue el prisma a través
del que se vio a Japón en este período. Lo que influyó esta etapa en el
reconocimiento exterior del régimen en 1953 queda a la interpretación de cada
uno, aunque nos atrevemos a creer que la idea vendida en estos momentos caló lo
suficiente para ser recordada a raíz del estallido de la guerra de Corea, en
1950. La única certeza de este convulso período, por otro lado, es que da paso
a la posición que Japón había ocupado siempre en España, la del desconocimiento
y lo exótico.
Ha sido necesario visitar un buen
número de archivos para realizar este trabajo. Pocos documentos importantes del
Archivo General del Ministerio de Asuntos Exteriores creo que pueden haberse
escapado a la consulta.
Los meses pasados en la sala de investigación, el semestre
trabajando en un proyecto de automatización y el tiempo dedicado anteriormente
para poder escribir una Tesis de Licenciatura sobre Siam creo que lo avalan.
Sobre la documentación generada por la Legación de España en Tokio me siento
especialmente orgulloso por haber podido consultar por primera vez la que no
fue remitida a la península en 1953; gracias a un diplomático especialmente
activo al que muchos apreciamos, me enteré de la existencia de aproximadamente
cincuenta centímetros lineales de documentación de la guerra del Pacífico y
después, de nuevo por otra persona a la que guardo gran afecto, recibí el
encargo de ordenarlos para su remisión definitiva a España. Con otros archivos
ha habido menos suerte: la documentación
proveniente del anterior Jefe del Estado está a cargo de una fundación
privada y sólo una mínima parte está disponible en un archivo público, el de
Presidencia de Gobierno; la proveniente del Ejército posterior a 1939 sigue sin
poder ser consultada, y de la generada por el Consejo Superior de Misiones una
mínima parte está en la biblioteca de la Conferencia Episcopal
de Madrid, sin saber nadie a ciencia cierta donde se encuentra el grueso de la documentación. Parece
que al disolverse el Consejo en 1967 quedó a disposición de alguno de sus
cargos directivos (presuntamente, el padre Lejísima)
o de alguna orden. Volviendo al Ministerio de Exteriores, algunos expedientes,
como el del Gabinete Diplomático con
Serrano Suñer, muestran que ha
desaparecido documentación. Posiblemente ésta se habría podido recuperar
cotejando los microfilmes realizados en la década de 1970 (sin índice) que
estaban en la entrada del archivo, pero una buena parte de los armarios fueron
arrojados a la basura durante unas obras de principios de la década de 1990.
Los
resultados de las consultas en los archivos extranjeros también han sido
desiguales. Mientras que las visitas al Public Record Office en Kew Gardens y al Archive
du Ministère des Affaires Étrangères francés
han permitido encontrar referencias al punto de vista de esos países sobre los
contactos entre España y Japón, el Archivo Mexicano de Relaciones Exteriores no
contenía mas que una carpeta sobre el tema, que resultó estar vacía. En Estados
Unidos, las facilidades para investigar han ido dándome sus frutos allá por
donde pasara y, por ejemplo, una visita
al Micronesian Area Research
Centre de la Universidad de Guam me permitió consultar documentación
sobre los misioneros capuchinos y conocer mejor lo ocurrido al Obispo Olano
tras su envío forzoso a Japón. En la Hoover Institution of War, Peace and
Revolution pude encontrar fotos de carteles de
la guerra muy interesantes, mientras que
en las bibliotecas presidenciales en Independence,
Kansas (Truman) y en Poughkeepsie,
Nueva York (Roosevelt), conocí la posición de la
administración norteamericana, junto con los papeles del embajador Hayes en la Universidad de Columbia. Los National Archives and Records Administration (NARA) son un capítulo aparte: se
sabe cuando se empieza, no cuando se termina. Tuve la suerte de estar allí
cuando todavía sólo habían trasladado unos pocos grupos documentales fuera del
viejo edificio de la plaza de la Marina, pero aún así no acabé de consultar la
documentación relativa a espionaje, aunque me consta que sobre ello presentará
pronto su Tesis doctoral Rafael Moreno.
Los archivos japoneses han ofrecido el
problema de la desaparición de la documentación y de la lengua. Una buena parte de la documentación fue
destruida en los días finales de la Guerra del Pacífico a causa de una decisión
del gobierno que provocó unas humaredas en la última quincena de agosto
parecidas a las que días antes habían provocado los aviones aliados, por eso
sólo es achacable a la suerte que hayan quedado una buena parte de los
documentos relativos a la
Guerra Civil española en la sede central del Ministerio de
Exteriores (no sobre el reconocimiento del gobierno de Franco, en 1937), así como algunos papeles
sobre la situación interna española, hasta el año 1943. El archivo de la Legación Imperial
en Madrid también está destruido, al igual que el de muchas otras
representaciones que al romperse la relación con Tokio recibieron una
circular en la que se urgía a hacer
desaparecer la
documentación. Se pueden consultar legajos sobre España en otros
departamentos, como el Boeichô
o Fuerzas de Autodefensa, sucesor del antiguo ministerio del Ejército. Allí
también se destruyó parte de la documentación, pero queda la esperanza de que
cuando se cataloguen mejor los documentos puedan aparecer nuevas referencias a
España.
El vacío en esa documentación japonesa,
no obstante, ha sido cubierto parcialmente gracias al contraespionaje. Desde
1978, los telegramas descodificados a los japoneses por los norteamericanos
(denominados SRDJ o SIS, según la numeración) y los boletines diarios (desde
abril-mayo de 1942) con lo más granado de la cosecha, llamados Magic Summaries o Magic Diplomatic Summaries, fueron puestos a disposición de los
investigadores, convenientemente censurados, junto con otra documentación japonesa
interceptada con anterioridad a la guerra. Al saberse la ayuda española al espionaje japonés, los Magic provocaron una fuerte polémica en la prensa
que se ha calmado con el tiempo, aun cuando la
documentación accesible ha aumentado en calidad y en cantidad. Se han abierto
también los archivos británicos de contrainteligencia, los documentos de la llamada Red Machine de cifrado, introducida por la
Marina en la década de 1930, e incluso se ha permitido la consulta directa de
los telegramas cifrados (aunque no de los originales) y el levantamiento de las
partes censuradas de esos Magic Summaries, gracias al pleito presentado por Gar Alperowitz, un investigador
que, basándose en los derechos de la Freedom of Information Act, ha conseguido desvelar nuevos datos
sobre la decisión de arrojar las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.
Faltan nuevas autorizaciones de
consulta de documentación, principalmente de la militar, pero ya se puede
asegurar que Washington no sólo decodificó las comunicaciones secretas
japonesas y alemanas, tal como se sabía desde 1978, sino las de al menos 33
países. España fue uno de esos países, entre beligerantes, neutrales y amigos,
cuyas comunicaciones eran leídas también en Estados Unidos (y en el Reino
Unido, por lo menos). No era difícil imaginarlo. Además de tener cierta lógica,
lo sugerían unos libros editados también 1978 (The “Magic” Background to
Pearl Harbor) con
comunicaciones previas a 1941, que demostraban que Washington no esperó a tener
la declaración de guerra en la mano para comenzar a descodificar los mensajes
nipones. Con todo, me cabe el prurito personal de haber sabido que las
comunicaciones españolas también eran interceptadas, gracias a algunas
referencias cruzadas, a algunos pequeños errores en el tachado y a la propia
lógica de esa labor de censura. Me jacto de ello en este libro, pero también lo
señalé antes de esa desclasificación oficial de los archivos, en la
presentación de mi tesis doctoral. Ojalá que otros
servicios de inteligencia norteamericanos puedan en un futuro hacer accesible
su documentación histórica y con ello contribuir, también durante la paz, al
conocimiento de lo pasado, y que sus
colegas españoles o nipones se vieran aguijoneados por el ejemplo.
Las carencias de la documentación
internacional provienen principalmente de Italia, Alemania, Portugal y el
Vaticano. En los dos primeros casos,
buenos conocedores de esos archivos los han visitado para realizar trabajos
sobre España y Japón; en Alemania, un trabajo muy interesante titulado Spanien und Japan,
1936-1945, por Gehrard Krebs,
a quien también he de agradecer la entrega de series generales de telegramas
japoneses, me ha desincentivado para viajar allí, mientras que Valdo Ferretti también ha consultado los
archivos de la sección de Uffizio Spagna tras
haber leído mi tesis doctoral, por lo que poco nuevo se podrá añadir tras el
artículo suyo publicado en la Revista Española del Pacífico del año 1995. Falta la documentación desde Portugal, de cuya
ausencia soy el único culpable, y del Vaticano que, aunque promete ser interesante, necesita primero una
normativa para permitir el acceso a documentos de los años de la Segunda Guerra Mundial.
La carencia de bibliotecas con
bibliografía sobre Asia, siquiera la más básica, es uno de los problemas de base que tiene
cualquier estudioso residente en España. Por ello, residir en Japón fue la
razón que me permitió realmente adentrarme en el contexto asiático del libro,
aunque el sentimiento de estar rebosante de libros lo experimenté en la biblioteca
de la Universidad de Wisconsin-Madison,
donde hay una de las mejores colecciones sobre la participación española en la Segunda Guerra Mundial,
gacias en buena parte a la labor de Stanley Payne. Además, John Dower preparó allí su War Without Mercy. Contar
con una bibliografía tan extensa en las últimas fases de la redacción de
este trabajo me ha ayudado a pulir las aseveraciones y estar al tanto de las
últimas novedades.
Nota:
Este texto era originariamente una parte de la introducción, que fue excluida
para no incrementar más aún la extensión total del volumen. Lo incluyo aquí
para aquellos o aquellas que puedan estar interesados en saber más sobre cómo
fue concebido.
Prólogo
Html texto
original (en inglés)
Índice temático
Índice
temático (html)
Fe de erratas
Htm
Presentación
patrocinada
por Casa Asia,
-
Barcelona, en CIDOB: España y
Asia-Pacífico a lo largo del siglo XX (17 de Enero de 2002)
·
Participantes: Ion de la Riva
(Director de Casa Asia), Stanley G. Payne
(Catedrático Universidad de Wisconsin-Madison), Diego
Ribera (Director Cidob), María Borras (Directora
Colección Así Fue, Plaza & Janés) y Florentino Rodao
-
Madrid, en FNAC: España y
Japón (11 de febrero de 2002)
·
Participantes: Katsuyuki
Tanaka (Embajador de Japón), Juan Carlos Pereira (Profesor de la Universidad Complutense),
María Borras
(Directora Colección Así Fue, Plaza & Janés) y Florentino Rodao
Prepublicaciones
”Cuando Japón irritó a Franco,”
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
Lectura, Revista La
Vanguardia, 17/II/2002
html
”La amistad embarazosa”
, Num. 42 1-7 feb. 2002, pp.
94-97
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
html
“Pearl Harbor
no quedaba tan lejos,”
(capítulo de Franco y el imperio japonés)
, Lectura, 15/VII/2001
pdf html
Reseñas
Revista de
Libros (Num. 109, Enero 2006) España y Japón, por Fernando Delage
Historia de
la Comunicación Social (Vol. 7, 2005, pp. 272-273), por Alejandro Pizarroso
Illes i Imperis (Num.
5), España y Japón durante la Segunda Guerra Mundial
por Stanley
Payne
Cuadernos de
Historia Moderna y Contemporánea (Num. 25, 2003, pp. 350-354), por Santiago Petschen
Perspectivas
Históricas (Año 5, Núms. 9-10, Julio 2001-julio 2002), por María Fernanda
García de los Arcos
Stvdium (Num. 8, 2002, pp. 311-314), por David Almazán
Tomas
Problemas del
Desarrollo. Revista Latinoamericana de Economía (vol
34, N. 132, 1-III, 2003, pp. 191-193), por Alicia Girón
Revista
Española del Pacífico (2º semestre 2000, num 12),
por Rubén Herrero
Política
Exterior (Mayo/Junio 2002) por Camilo Barcia
ABC Cultural
(Num. 530. 23-Mar-2002, p. 21) De aliados a enemigos, por Fernando Delage
Revista Clío
(Año 1, num. 3. Enero 2002, p. 97): La extraña pareja: España y Japón,
por Carlo A. Caranci
Anales de Historia Contemporánea (Nº 23, 2007), por
Pedro Mª Egea Bruno
(otras reseñas en inglés)
(otras reseñas en alemán)
(en japonés
日本語)
Prensa
5/VI/2002,
El Libro del día. De cómo Franco convirtió a Japón en su enemigo (Agustín Rivera, El
Mundo)
May-2002 "Interesado acomodo" (Carlo A. Caranci, La Aventura de la Historia. Año 4, N.
43, p. 114)
4-Mar-2002 “Franco y el imperio japonés” (Ramon
Vilaró, Cambio 16)
Feb-2002 “Franco y el imperio japonés” (Pablo-Ignacio
de Dlamases, Radio Nacional de España. Los Libros)
14-II-2002 “Florentino Rodao prueba
cómo España pensó en declarar la guerra a Japón en 1945” (La Razón)
13-II-2002 “Florentino Rodao evidencia la fragilidad de las
relaciones hispano-japonesas” (Europa
Press)
12-Feb-2002 “Florentino Rodao evidencia la fragilidad en las
relaciones hispano-japonesas en su libro “Franco y el imperio japones”” (EFE)
12-Mar-2002 “Aliados distantes”, por J. Barrado (Diario
de Teruel)
18-Feb-2002 “Estudian la
postura de Franco ante el imperio japonés” (Diario de Ávila)
18-Feb-2002 “Un libro histórico explora en las complicadas
relaciones entre España y Japón” (Diari de Tarragona)
17-Feb-2002 “Estudio sobre la
relación de Franco con el imperio japonés” (Diario de Navarra)
17-Feb-2002 “Un libro dice que Franco despreció a los
japoneses” (Diari de Tarragona)
14-Feb-2002 “Franco, fenómeno editorial” (Mi Canoa)
14-Feb-2002 “Estudio. Franco y el imperio japonés”
(Córdoba)
23-Feb-2002 “Ensayo. Franco y
el imperio japonés” (La
Razón. Ed. Catalunya)
Web
Debatalia: Crímenes japoneses en la Segunda Guerra Mundial
Materia reservada.
Ángel Alcázar de Velasco
Foros
de Historia: España declara la guerra a Japón
Nipoweb, reseña de Jordi Juste pdf
Compra
Cámara
Hispano-Japonesa (12 €)
Plaza & Janes (19 €)
Casa
del libro (19 €)
Culturalia (17,60 €)
Spanish booksellers (18.50 €)
Amazon.co.uk (no price)
Interspain.jp Tel: 03-5731-2387 /fax: 03-5731-2388 (JP¥ 4720)

Resumen
Aspectos más llamativos
Origen y nacimiento
Índice
Prólogo, por Stanley G. Payne
Índice temático
Erratas
Presentación
Prepublicaciones
Reseñas
Prensa
Compra
Principal Libros Académico Artículos Reseñas 