Un siglo vertiginoso
La creación de Japón, 1853-1964
Col. Breve historia universal
Trad. Magdalena Chocano
Mondadora, Barcelona, 2003
211 pp.
Del
aislamiento a la apertura, de la catana
a la bomba atómica, del palanquín al tren bala. Estos cambios y muchos más, durante el siglo largo
transcurrido desde la visita del Comodoro Perry en
1854 hasta la Olimpíada de Tokio de 1964, han dejado a Japón casi
irreconocible. Y aunque a muchos otros países les ha ocurrido igual, el caso de
Japón es especial, porque de país candidato a ser colonizado pasó a crear su
propio imperio: supo aprovechar la
amenaza colonial mejor que nadie, incluso en beneficio propio. Su
cualidad más sobresaliente, señala
La
creación de Japón lo narra de forma trepidante. De fácil lectura, elegante
prosa, bien traducido y sin apenas errores en la transliteración, es uno de
esos libros que invita a acabarlo en dos tardes. Buruma
consigue “abrir el apetito”con amenidad, a través del recurso a los personajes
más significativos, que permiten al lector sacar una visión global de los
hechos más importantes y pensar en
profundizar, tal como ha ocurrido en sus otros escritos situados en Japón, como
en “The Wages of Guilt: memories
of war in Japan and Germany”
o “The Missionary and the Libertine:
love and war in East and
West.” La síntesis histórica de Buruma,
además, presenta las principales aportaciones académicas sobre el Japón, como
precisar el aislamiento previo a Meiji (a pesar de
los contactos tan escasos con el exterior, se conocía bien lo que ocurría
fuera) o el sentimiento principal de los japoneses al acabar la guerra del
Pacífico: liberación, a pesar de los sufrimientos por los bombardeos. El título
del libro, de hecho, se inserta en la corriente actualmente más en boga,
La aportación más novedosa de Buruma resulta por su énfasis en aspectos como propaganda u opinión pública para explicar porqué las decisiones del gobierno rechinaron relativamente en el exterior. Los gastos proporcionales tan exagerados en armamento o la escasez de medios de expresión repercutieron gravemente en el nivel de vida de la población, pero lo aguantó sin excesivas protestas. En parte, porque significaban modernidad, pero también por la satisfacción que suponían las aventuras imperiales. El panem et circensis es aplicable también a los japoneses. Gracias a los triunfos sobre China en 1895 o sobre Rusia en 1905 los resplandecientes deseos imperiales se pudieron sobreponer a unas realidades diarias más bien lúgubres y repletas de privaciones. Buruma, de hecho, apunta al chovinismo nacionalista como una protesta más: "Cuando los gobiernos mandan sin representación popular o siquiera un consentimiento, una forma de rebelión consiste en ser mas nacionalista que los gobernantes”
Pero Buruma enfatiza en exceso la importancia de las decisiones
del gobierno. A pesar de su propia carrera como crítico con un gran bagaje
cultural, de la bibliografía seleccionada tan centrada en este aspecto y de las
ocasionales incursiones en este campo, La creación de Japón enfatiza
demasiado la evolución política tanto en relación con los cambios económicos
como con los culturales. Así, a pesar de las referencias a intelectuales
relevantes, como el escultor y poeta Takamura Kōtarō, no explica el fin de
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