De la utopía al hedonismo. Dialéctica de la revolución china
JIWEI CI
Col.
Biblioteca de
Bellatera: Barcelona 2002. 239 pp.
La bibliografía sobre China
aumenta en cantidad y calidad: ensayos, relatos de viajes, novelas, e incluso
un nobel están sacando a China de la superficialidad
impuesta por el exoticismo.
El libro de Jiwei Ci (el
nombre antes del apellido, tal como lo han hecho en el libro) es un paso más,
porque hablando de la China contemporánea no empieza narrando la historia de
China ni la llegada de los comunistas ni los temas que aparecen en los
manuales, sino que se dedica a reflexionar sobre esa Historia. Realizado a raíz
de un curso en la Universidad de Stanford, y
publicado aquí dentro de una prestigiosa colección dedicada en exclusiva a este
país, a cargo de uno de nuestros principales especialistas, el libro no está
destinado a quien quiera dar sus primeros pasos en este país, sino a quien
desee reflexionar los conocimientos previos.
Se hace de un modo novedoso, desde la perspectiva de un
filósofo político, aplicando categorías filosóficas y psicológicas para
explicar la llegada del comunismo a China, su poder de captación y convicción
durante varias décadas y el dominio absoluto que llegó a ejercer Mao Zedong, así como la
irreversibilidad de los cambios tras su muerte. Para ello, se basa en las
fuentes del pensamiento tradicional chino, sobretodo el confucianismo, pero
tampoco se recata de utilizar a filósofos occidentales, principalmente Nietzsche, pero también Kierkegaard
o Habermas, sin olvidar lo conceptos de sublimación y
desublimación de Freud.
La
dialéctica de la revolución china (quizás se diría mejor en plural) está
explicada a raíz de la primera guerra del opio (1839-42), cuando se le hizo al
antiguo imperio imposible seguir pensando que era la única cultura “verdadera”
en
De la utopía al hedonismo es un libro polémico, repleto de afirmaciones
que, como mínimo, resultan aventuradas. Su utilización tan continua de
pensadores occidentales para describir la “crisis espiritual china” ya ha sido
criticada y el propio autor se defiende de ello en la introducción afirmando
que no tiene porqué explicarse utilizando sólo términos específicamente chinos.
Plausible, pero también parece obvio que una utilización tan decisiva de los
pensadores alemanes debería haber llevado a leerlos en sus fuentes originales,
y toda la bibliografía citada son traducciones al inglés: parece limitado por
sus propios recursos. Resulta también extraño que ni siquiera mencione a Japón,
al contrario que la gran mayoría de los chinos que han tratado los mismos temas
pero, en este caso, la limitación parece resultado de esa “mentalidad central”
antigua que el autor analiza con tanto detalle. No obstante, resulta una
aportación novedosa para entender el frenesí hedonista-consumista-posconsumista de la China actual
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