Correrías en el confín del mundo
Titulo: Crónicas carolinas
Autor: Federico Villalobos
Editorial: Sietemares, 223 pp.
Novela histórica: ****
Poblar las
islas del Pacífico ha sido una de las mayores aventuras de
Solo la Conferencia de Berlín (1885) hizo que se ocuparan oficialmente en 1887, con tres días de antelación a Alemania, en una de las consecuencias más pintorescas de la carrera imperial y que relata con un punto de ironía Crónicas Carolinas, junto con las situaciones tragicómicas de los soldados españoles y filipinos al ocuparlas. La obra trata de las peripecias de individuos en un mundo remoto, pero no escaso de cultura, de organización política ni de historia, como demuestran las ruinas de Nan madol, en Pohnpei. Rastro majestuoso de una civilización capaz de construir canales, templos y muros con piedra basáltica en un total de 92 islotes artificiales extendidos sobre más de 60 hectáreas de arrecife, sirve para ofrecer un hilo argumental misterioso a la obra, quizás producto de su dedicación previa a la literatura juvenil, en cuyo período también situó un obra anterior en la región, Un Carlista en el Pacífico. Federico Villalobos ha escrito un libro bien investigado, intenso y estructurado en relatos, de muy diferente factura, pero siempre de amena lectura. Falta a la obra haberse adentrado más en la forma de pensar de los kanakas nativos: aunque no le hayan puesto el nombre al archipiélago, siguen siendo mayoría.
Argumento: La presencia occidental en las islas Carolinas es narrada de forma diversa, tanto en primera persona como en forma de carta o relato, por medio de crónicas cortas y ligeramente conectadas. Comienzan con las expediciones de Saavedra (1527), seguido por Drake, y se centra más en el siglo XIX, acabando con la salida de los españoles tras la derrota de 1898.
Autor de Franco y el imperio japonés
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