Publicaciones       Principal

Política Exterior, N. 70, pp. 175-76.

Katz, Richard, The System that soured. The Rise and Fall of the Japanese Economic Miracle, New York: M.E. Sharpe, 1998, 463 pp.

Una de las principales incógnitas tras el fin de la Guerra Fría es el papel que jugará Japón en el mundo.  Cuando el muro de Berlín caía, su futuro era visto con brillantez e incluso se sugería que llegaría a ser el “número 1”, pero las predicciones actuales son mucho más pesimistas, concediéndosele únicamente el papel de potencia regional que, con ayuda de Estados Unidos, podría balancear la creciente importancia de China. Este vuelco tan grande sobre qué será de Japón en el futuro es consecuencia de la imposibilidad de predecir el futuro de la región de Asia-Pacífico a medio-largo plazo, aún carente de un marco regional de estabilidad y sobrado de puntos de tensión, pero también de la propia incertidumbre sobre la capacidad de regeneración de la propia sociedad japonesa.

Es necesaria. A lo largo de casi una década, Japón está viviendo una crisis muy diferente a las de otros países, porque no es coyuntural, sino proviene de las propias carencias de su propio sistema político económico, que desde la explosión de la “economía de la burbuja” sigue sin encontrar una salida clara a la crisis. Richard Katz dedica su libro a explicar las insuficiencias del sistema económico japonés y se centra en la incapacidad para adaptarse a las nuevas circunstancias; y es que las premisas sobre las que se basó su exultante crecimiento en la posguerra mundial han ido perdiendo su validez e incluso se han acabado  convirtiendo, en algunos casos, en rémoras que es necesario remover. La gran tasa de ahorro ha llegado a ser excesiva, las expectativas para el crecimiento ya no pueden basarse en la exportación, cuando el mercado interior consume el 92% de la producción nacional o la fuerza de trabajo ya no es necesario que sea tan detallista y tan capaz de cometer tan pocos errores, sino más bien tendente a especializarse y a razonar y tomar decisiones más rápidas. La intervención estatal y las estrategias que fueron válidas en la época del despegue tampoco valen en los momentos actuales: cerrar el mercado a los automóviles extranjeros consiguió fortalecer las empresas locales entre los años 1950 y 1960, pero los intentos posteriores han fracasado, no sólo porque cada vez resulta menos factible cerrar el mercado interior a la competencia extranjera, sino porque los sectores escogidos no han dado resultados y han seguido cosechando déficits, a pesar de los esfuerzos y las tarifas impuestas.

Por último, Katz se centra en la dualidad del sistema económico japonés: junto a sectores punteros dedicados a la exportación, ha habido otros retrasados que no han hecho sino lastrar su funcionamiento. Así, por ejemplo, una industria tan importante como la del procesamiento de comida tiene una productividad un tercio menor que en Estados Unidos y  la comercialización, que supone un 12% del PIB, resulta un 44% de la de este país. The System that soured llama la atención sobre la simplicidad en la visión de Japón: la imagen de marca de Sony, de Toshiba y del resto de grandes empresas japonesas exportadoras se asoció con la del resto del país. No se supo diferenciar y esa fue una razón crucial a la hora de minimizar la escasa productividad de su economía en sectores como el transporte, las telecomunicaciones, las finanzas, la energía y la distribución, los cuales han acabado afectando a la competitividad de todas las empresas. Japón era un gigante con pies de barro.

Por eso, el libro de Katz resulta clave para poder analizar que ocurrirá a Japón en un futuro. Aunque tiene un estilo excesivamente tajante y repite con profusión ideas a lo largo de las páginas del libro, producto aparentemente de ser un libro basado en artículos para la prensa periódica (e incluso comete errores como calificar a la burbuja económica como una respuesta de Tokio para reactivar la economía en la segunda mitad de la década de 1980), the System that Soured resulta crucial para saber si Japón ha fortalecido definitivamente las bases de su economía o si está simplemente saliendo del paso. Haber sido acabo a principios del año 1998 podría convertir en anticuadas sus conclusiones, pero por medio de las soluciones que sugiere, es posible comprobar la marcha de la reforma estructural de la economía del país. Katz propone un sistema financiero más moderno, un sistema corporativo genuinamente competitivo, abrir la puerta a la Inversión Extranjera Exterior y a las importaciones competitivas y un sistema político donde dominen más los intereses de las clases medias frente a los de los productores. De ahí es posible sacar una conclusión para el futuro, porque recientemente Tokio están dando pasos muy decididos claros en esta dirección, acelerados incluso por cinco semestres seguidos de recesión económica, que han contribuido a acallar los intereses creados en contra de las reformas. El futuro parece brillante, y posiblemente se dirá pronto que la fortaleza de Japón venga también por su capacidad de haber utilizado, en su propio beneficio, esta crisis, prolongada pero beneficiosa a largo plazo.

Inicio          Publicaciones       Principal