Política Exterior, En Nº 50 (1996).
ROGERS, Robert F.- Destiny's Landfall. A History of Guam. Honolulu, University of Hawai'i Press, 1995. 380 pp.
Guam es una pequeña isla cuya importancia en el planeta ha superado con creces lo que se pueden suponer a sus escasos 600 kilometros cuadrados de extensión. Su posición geoestratégica, las excelentes posibilidades de su puerto y su localización como nudo de comunicaciones, e incluso los vientos y las corrientes, han convertido a esta isla en un punto clave en el juego de fuerzas dentro del Oceáno Pacífico. Desde que Magallanes atracara en esta isla en 1521, los vientos alisios de enero a marzo hicieron a Guam escala obligada de los galeones que, a lo largo de casi un cuarto de milenio, cubrieron la ruta de Acapulco a Manila. Al llegar la época contemporánea, Guam pasó a ser lugar de recalada y estudio para multitud de expediciones científicas, punto de refugio y descanso de buques balleneros y, para España, la avanzadilla más alejada de los restos de su tambaleante Imperio. Después de 1898, tras pasar a el ser territorio más occidental de Estados Unidos, la isla ha sido un centro clave para comunicaciones, para el comercio y el tráfico de buques e incluso como base para operaciones militares: el espionaje estadounidense a Japón anterior a la II Guerra Mundial, los envíos de suministros militares para las guerras de Corea y de Vietnam o los planes de enviar un ejército nacionalista a reconquistar la China Comunista han tenido a esta pequeña isla como una pieza clave. Por su parte, el lanzamiento del Sputnik magnificó la importancia de la isla como estación para el seguimiento de misiles y satélites.
Bob Rogers, profesor de la Universidad de Guam con una experiencia profesional muy dilatada en la diplomacia y en el ejército estadounidenses, ha escrito este libro mostrando el papel jugado por esta isla en el juego de las potencias. Destiny's Landfall narra los numerosos contactos de sus habitantes, los Chamorros, con el exterior y cómo su propio destino ha estado fuera de su alcance desde que el padre San Vitores convenciera a la Reina Mariana de Austria, madre de Carlos II, de la necesidad de cristianizar a sus habitantes. Estar al antojo de los intereses de las grandes potencias, no obstante, ha sido sólo uno de los problemas que han tenido los Chamorros tras el primer "contacto" con los europeos: guerras, tifones, epidemias -y terremotos- han dejado en esta isla una huella en la cual difícilmente recapacitan sus numerosos turistas, que visitan la isla en busca de sus playas paradisíacas. La naturaleza ha dotado ese medio ambiente aparentemente tan ideal, pero también ha provocado numerosas tragedias; las epidemias han sido un peligro constante y una de viruela en 1854, por poner un ejemplo reciente, acabó con el 60% de la población, mientras que, si observamos los desastres naturales, el tifón Karen destruyó o dañó profundamente en 1962 más del 90% de los edificios de la isla. La historia de Guam, de esta forma, nos muestra la fragilidad y las difíciles condiciones del ecosistema en el que viven los habitantes de Oceanía: los cocoteros y las playas con aguas cristanlinas son sólo una parte de la vida de este continente. El libro muestra también los problemas de otro tipo de sus habitantes: la aculturación y los difíciles problemas de identidad. Guam, después de los problemas para mantener y adaptar su cultura a lo largo de los siglos, ha recibido el influjo estadounidense de forma ambivalente en los tiempos modernos; los 100.796 coches matriculados en 1990 para 133.152 habitantes nos dan idea de la implantación de este sistema de vida importado. La isla ha llevado un difícil camino político, generalmente en pos de la ciudadanía estadounidense pero con un impulso importante de los deseos de independencia; su relación con el omnipresente ejército estadounidense muestra la sinuosidad de sus sentimientos, porque a la altísima proporción de soldados guamanianos en sus filas se mezcla el hecho que de este grupo provengan también muchos de los líderes de los movimientos independentistas.
El texto dedica una buena parte a aspectos bien conocidos por el propio Rogers, como el espionaje, los hechos militares o las complicadas luchas políticas en Guam, en las que ha participado activamente. Además, explica muy bien la difícil adaptación del sistema político de Estados Unidos a la cultura de una isla en la que dominan constumbres (I kustumbren Chamoru) tan diferentes, provenientes del período anterior al contacto y adaptadas durante el largo período español, como el sistema "pare" o la votación por afinidades de parentesco más que por ideales políticos.
Estos prolongados vínculos entre España y Guam deben inculcarnos un mayor interés por esta isla. El catolicismo tan fervientemente sentido de los Guamanianos es el legado más aparente del período español en la actualidad, pero también es posible encontrar una impronta hispana en otros aspectos. Es difícil discernirlos, precisamente por haber sido asimilados y adoptados como algo propio dentro de la cultura neochamorra: el mestizaje, el compadrazgo, una cierta consciencia clasista o esa palabra chamorra referida anteriormente proveniente de la palabra padre, pare. Es difícil discernir lo que es propiamente chamorro y también, dentro de lo que es hispano, lo que proviene de Filipinas, de Mexico o de la propia península. Algunas de las atribuciones, además, pueden ser simplemente producto de percepciones escasamente adaptadas a la realidad; la afirmación del autor del entusiasmo "macho" de los chamorros por el servicio militar como uno de esos legados hispanos ilustra el margen para la discusión en estos terrenos.
El libro muestra, por último, que lo hispano en Guam ha andado por su propio pie tras la salida del último soldado español. Después de 1898, la península relegó al olvido el cultivo de los lazos mutuos, de la identidad hispana en la isla o del uso del español, producto quizás de la mala experiencia en Asia y de los escasos lazos en comparación con casos como Cuba u otros países americanos. El español, por ejemplo, se hablaba ampliamente entre las élites hasta la Guerra del Pacífico, pero en la actualidad se habla más por los soldados puertoriqueños que entre los propios guamanianos. La Lengua de Cervantes ha sido relegada de la isla incluso en la parcela donde se podría considerar más imprescindible a priori, la Historia. Y para culpar de este abandono de España, no sólo hemos de culpar a los problemas de principios de siglo; hechos más recientes demuestran que ese desinterés hacia la región continúa, quizás como contraprestación ante objetivos más importantes. La primera parada de un miembro de la Familia Real española (el príncipe heredero, en escala obligada) pretendió hacerse pasar desapercibida, mientras que la visita a España del gobernador Joseph Ada, en 1992, justo cuando se planteaba una posible independencia de la isla ante las Naciones Unidas, no mereció la más mínima atención de las autorides de Madrid. Casi cien años después de la salida precipitada de Guam, parece que seguimos teniendo miedo a volver a pisar nuestro antiguo territorio.