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Revista Española del Pacífico, Núm. 8 (1998): 615-619.

Colin Mackerras.- Western Images of China. Hong Kong, Oxford University Press, 1991. 336 pp.

El  tipo de percepciones frente a un país o frente a una cultura han sido determinantes para valorarlos, casi tanto como los hechos en sí. En el caso de las imágenes de Occidente frente a China, el paso de una visión positiva a otra negativa ha dependido  en buena medida de las cambiantes posturas y necesidades de estos países occidentales tanto como de la propia evolución histórica de este país; así, el repentino cambio hacia una actitud positiva en los Estados Unidos en 1973, cuando el presidente Nixon visitó Pekín, puede verse como resultado casi  exclusivo del cambio de actitud desde Washington, puesto que por parte china la revolución cultural seguía en su apogeo. Y a pesar de la importancia que tiene el estudio de esta faceta, pocos estudios han aparecido aún sobre ello, quizás por la falta de un marco teórico bien definido. Recientemente, sin  embargo, estos estudios est n en auge y son de los más populares entre los jóvenes investigadores, tras el impacto de libros como el de John Dower, War without Mercy: Race and Power in the Pacific War.

            Colin Mackerras ha hecho un amplio estudio de estas imágenes  proponiéndose saber cuales ha habido y porqué han cambiado de unos períodos  a otros. El libro comienza con las dos posiciones teóricas principales para conocer e interpretar estas imágenes. La de Michel Foucault ("poder-saber") argumenta que el conocimiento o la "verdad" es una función del poder y que aquellos que lo ostentan lo usan en función de sus  propios intereses, por lo que las imágenes de China tenderían a ser un baluarte "para una cierta política hacia el país, o incluso para una política más general". La teoría de Edward Said ("Orientalismo") critica la visión de Occidente sobre las civilizaciones asiáticas (en su caso, estudia el Oriente Cercano, pero también es aplicable a China) por el etnocentrismo que las domina: un europeo o un norteamericano estudiando el Oriente "tropieza con el Oriente como un europeo o un norteamericano primero, después como un individuo".

            El libro sigue con el recuento de las imagenes en Occidente sobre China desde Marco Polo hasta la fundación de la República Popular China, pasando por la ‚poca de los descubrimientos, por la dominada por los jesuitas en el siglo  XVIII, por la imagen teñida por el colonialismo dominante en el siglo XIX y por la  cierta mejora que hubo en la primera mitad del siglo XX. La parte segunda del libro se refiere a las imágenes del pasado chino elaboradas desde Occidente, entre las que destacan las teorías  elaboradas en el siglo XIX, predominantes en algunos casos hasta fehcas recientes, como la imposibilidad de evolución de la sociedad, la importancia determinante del medio físico o la especificidad del modo de producción asiático. Por último, en la parte tercera se refiere a las imágenes desde la creación de la República Popular China hasta finales de la década de los 80.

            Es interesante estudiar como fue cambiando esa imagen según pasaban los años. En un principio, hubo un predominio sur-europeo en la formación de estas imágenes, comenzando con Marco Polo, pasando  por ibéricos como Gaspar da Cruz, Martín de Rada o Juan González de Mendoza y finalizando con el siglo XVIII, cuando el predominio correspondió a jesuitas franceses. El deseo de convertir a los chinos al cristianismo influyó fuertemente estas imágenes, que en general fueron positivas, además de que aún había disposición a admirar y a aprender de su cultura. Los intereses particulares las modificaron y en el caso de los jesuitas aparece claro, pues su estrategia de conversión al cristianismo de "arriba hacia abajo" obligaba a tener una buena relacion con las clases superiores y por tanto evitar en lo posible proferir unas críticas que les pudieran suponer conflictos.

            En el siglo XIX pasaron a predominar los anglosajones en la formación de las im genes, al tiempo que la lucha por colonizar  territorios se intensificaba. Con ello, cambió radicalmente la visión del país, que pasó a ser visto como uno retrasado, en el que nada podía progresar, imposibilitado por la corrupción y la pobreza y, en definitiva, su cultura estancada. La mejor forma de progresar, se pensaba entonces, sería que China recibiera ayuda exterior (lease occidental) y este punto de vista fue asumido  desde Marx hasta Adam Smith, aunque luego hubiera diferencia de opiniones entre los colonialistas m s convencidos y los socialistas sobre cómo poner en práctica esa ayuda exterior.

            El siglo XX vió un nuevo balanceo en el p‚ndulo de la actitud, hacia una visión m s positiva de China. Se mantuvo, no obstante, ese sentimiento de superioridad de la cultura occidental, aunque de forma m s subyacente; las novelas de Pearl S. Buck, por ejemplo, se desarrollan en China, pero en muchos de sus casos sus principales personajes son europeos. Con el triunfo del Partido Comunista en la Guerra Civil, de nuevo volvieron las im genes negativas sobre China, hasta que un hecho ajeno a la propia naturaleza del país mejoró, casi instantáneamente, esta imagen del país: la ya mencionada visita a Pekín del presidente Richard Nixon. La necesidad occidental de dividir al campo comunista tras el fracaso en Vietnam hizo disminuir la atención  hacia los relatos sobre la anarquía y la represión vividas durante la Revolución Cultural. Finalmente, tras la muerte de Mao, estas imágenes han seguido mejorando gracias a la "apertura a Occidente" de China liderada por Deng Xiao-ping; al fin y al cabo, conformando a la opinión occidental con la asunción de la  idea que, cuanto m s cercano a Occidente, mejor para el país.

            Interesantes  las aportaciones del libro, no tanto al conocimiento de China como de nostros mismos como occidentales, pero también a la mejora de las relaciones mutuas en cuanto existe una correlación entre las imágenes de un país hacia otro y las relaciones de estado a estado. Ello ayuda a pensar en la relatividad del marco en el que nos movemos actualmente en el conocimiento y la e un país como China; las opiniones y las interpretaciones que mantenemos en la actualidad variar n en un futuro y esta evolución no depender  salo de esa información sobre China en si, sino del momento y las condiciones en  que sea  recibida por nosotros mismos. Es por ello también que el libro de Mackerras se puede considerar interesante, puesto que la  sociedad de la que procede, Australia (es profesor de Estudios Asiáticos Contemporáneos en Queensland) puede ser considerada el modelo de lo que ser  en un futuro la convivencia entre culturas. Aunque el siglo pasado se evitó decididamente la inmigración de asiáticos y aunque en Tasmania se llegaron a organizar cacerías de aborígenes que acabaron totalmente con esa raza, Australia ha apostado fuertemente porque su futuro pasa por integrarse en Asia, con lo que ello significa de necesidad vital de participar en los problemas de la región como propios. La mezcla de culturas en el país posiblemente sea un objetivo del  que se deba aprender en todo el mundo, con lenguas asiáticas superando al francés en la preferencia de los escolares como segundo idioma o con periódicos editados en mas de veinte lenguas diferentes sólo en la ciudad de Sydney. La crítica al etnocentrismo y los prejuicios en relación con China, por tanto, pueden verse como una opinión que prevalecer  en España en un futuro próximo, puesto que aquí aún prevalecen estas actitudes y hasta hace poco la historia de Asia y África se estudiaba dentro de la "Historia de la Expansión Europea en Asia y Africa"

            Por otra parte, el libro tiene defectos importantes, quizás  el principal de ellos en la definición de los términos.  Habla de   "occidente", cuando en realidad se centra casi exclusivamente en el mundo anglosajón. No le falta cierta razón porque desde la edad contemporánea el resto de países occidentales han sido m s receptores de imágenes que creadores de ellas, pero lo cierto es que sólo consulta bibliografía en inglés o francés, señalando desde un principio que no se ocupa ni de la Europa Central ni de la Oriental ni de Rusia. Sobre la Europa Meridional, como es de suponer, las menciones acaban en el siglo XVII. Se refiere a China, pero sería más deseable que lo hiciera a partir de una visión m s general, como es la de Asia o Extremo Oriente. En muchas ocasiones, la imagen de China va unida a la región e incluso en países como España la visión del "Extremo Oriente" influye fuertemente sobre la de un país en concreto. En ocasiones, quizás sería  más conveniente hablar sobre imágenes de Asia que específicamente de China; el caso del "peligro amarillo", es uno de ellos, puesto que se usó tanto para China como para Japón, según las conveniencias; además, también es necesario recordar el balance con el que Occidente ha tendido a ver a la región, puesto que por regla general las etapas en que Japón ha recibido una imagen positiva, China la ha tenido negativa, y viceversa.

             En definitiva, un buen libro que critica el etnocentrismo en la visión hacia China, pero al que habría que recordarle también que, si es un defecto identificar al mundo con occidente, tampoco queda atrás el hecho de identificar a Occidente con los países anglosajones.

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