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REP 8, Num. 8: 606-607.
D.E. Mungello. Curious Land. Jesuit Accommodation and the Origins of Sinology.Honolulu, University of Hawai'i Press, 1989, 405 pp.
Texto: Curiosidad quizás ha sido la palabra que mejor ha definido a lo largo de la historia el interés en Occidente por el conocimiento de China, aunque no debemos olvidar el contenido religioso de esta palabra; no deja de ser interesante la diferencia entre curiosidad ("curiositas" en latin), en su contexto amplio y teológico frente a curioso ("curiosus") en su aplicación mas especifica a los estudios sobre China. Esa "tierra curiosa", tal como se definia a China, da nombre al libro de D.E. Mungello que estudia las diferentes formas de acercarse a China que impulsaron los jesuitas desde su llegada a este país; formas de acercarse a China eran, como ya hemos apuntado, interesadas y con un objetivo claro: cómo cristianizar el Imperio Central.
Curious Land trata de los origenes del conocimiento científico de China y de lo que se ha dado en llamar Sinología en Europa (Estudios Chinos en Estados Unidos) a cargo de un especialista alemán en Historia de China que ya sacó en alemán en 1985. El libro estudia principalmente a los dos precursores de las diferentes escuelas de acomodación, Mateo Ricci y Joachim Bouvet; ambos jesuitas del siglo XVII, profundos conocedores de China y de su lengua, plantearon dos tipos de acercamiento diferentes a la cultura china. Ricci, el primero de ellos, percibió a Confucio como la figura china por excelencia y a sus Cuatro Libros traducidos dentro de la "Confucius Sinarum philosophus" como la clave para conseguir una síntesis chino-cristiana. Su labor fue continuada por el trabajo de los frailes Alvaro Semedo y Gabriel de Magalhaes. Bouvet, por el contrario, influido por la cambiante situación política en China con el paso a la dinastía Ching y el auge de la Querella de los Ritos en Europa (la disputa con el resto de las órdenes sobre cómo convertir China, pero éstas sin buscar esa acomodacion) propuso una acomodación buscando el apoyo del poder político. Ensalzó al contemporáneo emperador K'ang-hsi como modelo y enfatizó el conocimiento de los textos Chinos Clásicos y el I Ching como base de esa acomodación que pudiera servir a los objetivos del Cristianismo.
El libro cuenta el desarrollo de estos diferentes puntos de vista y la forma en la que fue percibida la China del siglo XVII en la Europa de entonces; fue una China de la que se pensaba que se podía aprender y por tanto se buscó también una asimilación bidireccional: la información sobre China también debía ser útil en Europa. Un ejemplo de ello fue el interés por el estudio de la lengua china como posible base de ese lenguaje universal que serviría para unificar el mundo. Era un planteamiento interesante de estudiar que ya no se daría en el siglo XIX, pero también es necesario recordar que era una búsqueda que no estaba desprovista de raíces religiosas: se asumía que Dios había concedido al hombre un lenguaje primitivo con una gran claridad, uniformidad y simplicidad y que éste se había perdido tras la dispersion de lenguas en Babel. Había que recuperarlo, por tanto, y quizás el Chino era el que estuviera más cercano a ese presunto lenguaje primitivo original. Otros aspectos también son estudiados en los diferentes capítulos del libro, que estudian las aportaciones de otros jesuitas en el conocimiento de China: Martino Martini, Athanasius Kircher y otros.
Mungello concluye con el fin de este intento acomodaticio tras la derrota de los planteamientos de los jesuitas en ese acercamiento a China, cuando tras la censura de la Orden en 1700 se atacaron también sus teorías sobre China en dos bulas papales emitidas en 1715 y 0-0-1742. Desde entonces, se dejó de buscar una síntesis mediante una forma cristianizada del I Ching, asi como una asimilación del conocimiento entre China y Europa; Dominicos, Franciscanos o las Missions Étrangères ganaron definitivamente la partida teológica. La historia nos demuestra, sin embargo, que la influencia jesuíta no se desvaneció, porque el entusiasmo y la profundidad que mostraron en el conocimiento de China fue continuado mas tarde en las Universidades y se constituyó en el fundamento de la sinología moderna. Visto bajo esta luz, la fórmula de Ricci "fue arropada mas que rechazada por la Historia" [358]