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REP, Numero 8: 587-589

Edward W. Said. Orientalism. Western Conceptions of the Orient.  London, Penguin, 1991 (1ª ed. 1978), 368 pp.

Pocos libros han influido tanto en el mundo académico contemporáneo como este que recensionamos del palestino protestante afincado en Estados Unidos, Edward Said. A pesar de las casi dos décadas transcurridas desde su lanzamiento, las tesis mantenidas por Said en este libro no han dejado de  provocar discusión y múltiples debates sobre la naturaleza del conocimiento de los países no-occidentales y sobre la perspectiva mas conveniente para representar estos mundos y sus culturas.    Mientras el propio Said ha publicado un nuevo libro que incide en el tema (" Cultura e Imperialismo" (Anagrama, 1996, 1ª ed. 1993)), el debate sigue y en 1995, por ejemplo, han aparecido dos nuevos libros con una clara influencia de Said en el título:  Occidentalism: Images of the West, una colección de trabajos de antropólogos editada por James G. Carrier y Occidentalism: A Theory of Counter-Discourse in Post-Mao China, de Xiaomei Chen  (ambos publicados por Oxford University Press, aunque ramas distintas). Se han acuñado también palabras a raiz del libro de Said, como la de "True Orientalism" o "Verdadero Orientalismo" para definir lo que se podría calificar como el uso de una perspectiva basandose en las opiniones de los propios asiáticos.  Además, a pesar de haberse enfocado en el mundo árabe, con algunas incursiones sobre la India como colonia británica, su planteamiento es usado normalmente para los países del Asia Oriental, o del "Extremo Oriente".

El libro fue escrito tras haber bebido Said de las teorías impartidas por Foucault, tratando de demostrar de forma convincente lo amañado que resulta el conocimiento del Oriente y la falsa base metodológica que ha tenido el "Orientalismo" desde su propia concepción en las ultimas décadas del siglo XVIII y primeras del XIX; quizás el ejemplo más claro del origen de este "Orientalismo" fue la expedición de Napoleón a Egipto. Lo define como "una forma de adaptarse a Oriente que está basada en el lugar especial que tiene Oriente en la experiencia Europea Occidental"[p. 1]

Said dice que los académicos occidentales han interpretado erróneamente o han informado de forma distorsionada sobre las civilizaciones orientales, a causa de sus actitudes etnocéntricas. Al estudiar el Oriente, afirma, un Orientalista lo ausculta primero como occidental y después como individuo, ello  causa que le falte sensibilidad para poder comprender los valores de la gente que estudian. El Orientalismo, en definitiva, es más interesante para conocer las sociedades occidentales que las asiáticas, puesto que Occidente, sin esta existencia de Oriente,  no se podría haber definido a si mismo: Oriente es lo que no es Occidente y viceversa. Las características asignadas al  Oriente,  además, han sido las contrarias de las que nos hemos asignado históricamente a nosotros mismos: así, si Occidente es dinámico, Oriente es retrasado; si Occidente es materialista, Oriente es espiritualista; si Occidente es masculino, Oriente es femenino, etc. Si uno es "normal", en definitiva, el otro es "anormal".

Said estudia las concepciones originales desde el comienzo de la consciencia de Oriente durante la Edad moderna, para pasar después al comienzo del Orientalismo como tal en las últimas  décadas del siglo XVIII, una vez que las perspectivas etnocéntricas se vieron reforzadas y que la implantación de la academia permitiera su clasificacion y colocarlo sobre una base racional y científica. Silvestre de Sacy y Ernest Renan, uno antropólogo y fundador de la Société asiatique y el otro filólogo, fueron los fundadores de este Orientalismo que era una parte de  una ciencia europea que se esforzaba en estudiar  las culturas Orientales comparativamente, algo que "llegó a ser sinónimo con la aparente ontológica desigualdad de Oriente y Occidente". [150]  Despues, hubo otros que continuaron la labor de Sacy y Renan, como Edward Lane, con obras tan aparentemente cientificas como "An account of the Manners and Customs of the Modern egyptians", (1836). En ella, el autor se mostraba desapasionado y convincente en cuanto a exactitud de los datos, pero para Said el libro en sí no deja de  ser la muestra de una relación que sólo se daba en una dirección: "segun ellos [los egipcios] hablaban o se comportaban, el observaba y tomaba notas"[p 160]. Said reflexiona que lo contrario no podía ser, pero además que, para retener la autoridad como observador, Lane debía de negarse a comportarse como tal Oriental y mantener una características propiamente occidentales; de esta forma, Lane suprimió de su estudio el contenido humano de su materia en favor de la validez científica de Occidente. Al igual que otros, "Al Orientalizar el Oriente, Lane no solo lo definió, sino que lo editó" [p. 167]. Said menciona otros casos interesantes, como Sir Richard Burton, autor de "Personal Narrative of a Pilgrimage to Al-Maddinah and Meccah" (1855-56) quien, si bien sentia una fuerte simpatía hacia los árabes y se sintió un rebelde frente a la autoridad moral victoriana, no dejó de verse también como un agente potencial de la autoridad de su país en el Este.

Con la época del imperialismo, el Orientalismo "llegó a ser sinónimo con el dominio europeo del Oriente" [p. 197]. Desde la epoca de 1880 fue formalizado y se conviritó en una copia de sí mismo, ayudando al dominio de estos pueblos y a la justificación de su dominio proveyendo "verdades" . Said, en esta parte, subraya una distinción interesante entre los Orientalismos,  el Latente y el Manifiesto, afirmando que cualquier cambio en el conocimiento del Oriente se encuentra casi exclusivamente en el Orientalismo Manifiesto, mientras que la "unanimidad, la estabilidad y durabilidd del Orientalismo Latente es mas o menos constante"[206]. Se refiere también a la fundación de la Escuela de Estudios Africanos (SOAS, Londres) como una "gran obligación Imperial" y al fin del predominio franco-británico sobre el Orientalismo en los tiempos recientes, que pasaron la antorcha a los académicos estadounidenses.

A partir de los años 60 de este siglo, el Orientalismo, bajo  la influencia determinante estadounidense, fue pasando a ser una especialidad de las Ciencias Sociales. Estados Unidos infundió unas caracteríticas especiales que aún siguen en la concepción del acercamiento a las sociedades asiáticas, como la especialización; el orientalista dejó de ser considerado un generalista, una persona con una gran cantidad de conocimiento que "al  formular una idea relativamente sencilla, digamos sobre gramática arabiga o la religión india [...] seria entendido (y se entenderia a si mismo) como tambien haciendo una afirmación sobre el Oriente como un todo, por tanto, resumiendolo." [255]. Hay diferencias, por tanto, entre el conocimiento del Oriente en Europa y en Estados Unidos, pero  lo importante es el mantenimiento de la misma idea, con mayor unanimidad de la existente anteriormente y la persistencia del núcleo del dogma Orientalista, a saber, la absoluta diferencia entre Oriente y Occidente. Las abstracciones, señala Said, son preferibles al tratamiento de la evidencia directa, a la idea de eternidad y uniformidad de Oriente y al sentimiento, en definitiva, de que es algo que, en el fondo es, o de temer o bien para ser controlado. [pp. 300-301]

Interesantes las cuestiones que sugiere el libro de Said y remarcable su pesimismo cuando afirma que el Orientalismo florece  en los momentos en que escribía el libro, así como que el Oriente moderno, en pocas palabras, "participa en su propio orientalizamiento" [p. 325]

Como modelo de análisis, "Orientalism" es sugerente, sin embargo, sería conveniente matizar la validez de su estudio en relación con la zona de Asia-Pacífico. Comete un error cuando afirma que, a excepción del  Islam, el "Oriente" para Europa fue un territorio con una historia continuada de dominación occidental sin ser desafiada.  Ello le parece patente por la experiencia británica en la India, la de los Portugueses en las Indias OrientalesChina y Japon y la de las experiencias italianas y francesas en varios lugares de Oriente  y señala como un hecho ocasional de "intransigencia nativa" la expulsión de los portugueses de Japón en 1638-39 a cargo de "un grupo de cristianos japoneses." [p. 73] Tras ello,   acaba afirmando que el Orientalismo lleva consigo mismo la impronta de una actitud problemática hacia el Islam. No sólo es un error que echaran a los portugueses de Japón un grupo de Cristianos (suponemos que se refiere a la rebelión de Shimabara en Kyûshu en 1637-38, que fue de Cristianos que se rebelaron contra la autoridad shogunal, pero los cistianos nipones nunca fueron los que quisieron echar a los portugueses -ni a los españoles), sino que la expansión europea fuera de la propia Europa no ha sido un camino de rosas en las áreas fuera de la influencia islámica.

No es necesario comentar este hecho, pero si ha de valer para cuestionar la propia validez del análisis de Said, puesto  que la idea del Islam como lo más temido por Occidente es básica  en el libro. Se refiere al mundo árabe y es éste tema sobre el que habla y escribe, junto con menciones esporádicas a la India (una región también con una fuerte identidad musulmana), pero por cuenta de esta mayor radicalidad del Islam se supone que su planteamiento ha de valer para otras regiones. Pero esta  extrapolación ha de hacerse con sumo cuidado. Cierto es que el concepto Oriental abarca también al antiguamente denominado "Extremo Oriente" y la Asociación Española de Orientalistas es un ejemplo claro de ello: admite miembros con intereses que van desde Marruecos hasta Japón.  No obstante, la reacción "extremo oriental" a los intentos de dominación europea no es que haya sido más moderada que la musulmana, sino que ha sido diferente.

Si bien los modos de resistencia musulmanes han sido mas violentos, los de otros países asiáticos del área confuciana han podido tender a ser más oblicuos o bien a preferir una acomodación antes que a un enfrentamiento directo, pero en modo alguno han sido menos efectivos. Como ejemplo, están la independencia que han mantenido China, Japón e, interesante es decirlo, Thailandia, gracias en parte al balanceo que Bangkok supo mantener entre los "candidatos" a colonizar el país. Decir que la experiencia portuguesa en China ha sido pacífica es tener una visión muy superficial: fueron autorizados a implantarse en Macao porque con ello se beneficiaba también el propio Imperio Chino (de igual manera que si permanecen hasta 1999 es porque los propios chinos así se lo han pedido), pero de ahí a decir que los europeos hayan dominado sin resistencia, es una exageración que invalida, siquiera parcialmente, la Tesis de Said. La adecuación a los embates desde fuera ha sido muy diferente en las, enfaticemos,  muy diferentes partes del "Oriente" y en ese sentido Said hace un flaco favor a Oriente simplificándolo, asimilándolo o  poniéndolo bajo el liderazgo combativo del mundo islámico. Y si Said trata de evitar la generalización de los modos de Occidente por medio del Orientalismo, debe tener cuidado para delimitar su ámbito de actuación, porque cae en una especie  de Imperialismo al asimilarlo con el caso concreto estudiado por él;  "Orientalismo Islámico", un término usado en alguna ocasión por él mismo, podría haber sido un título más apropiado.

El propio Said se da cuenta de que ese Orientalismo Islámico esta retrasado con respecto a lo que el denomina como "otras ramas del orientalismo" y, ciertamente, algunos de los problemas que menciona del mundo árabe se dan mucho mas atenuados en Asia Oriental. Se queja de que no hay ninguna biblioteca de calidad en el mundo árabe, pero en Japón las hay y muy buenas; que no hay ninguna universidad ni ninguna revista científica de calidad en el mundo árabe, pero en Asia Oriental las hay, aunque obviamente Estados Unidos sigue siendo la "Meca" de los estudios de área. Said, en definitiva, quizás no debería haberse limitado a estudiar   la dialéctica histórica de la relación del Oriente -Medio o Cercano- con Occidente, sino que debía conocer también cómo se estan liberando otros pueblos de la dominación cultural del Orientalismo. Japón o los Tigres asiáticos pueden ser un ejemplo.  Esperemos que en un futuro cercano los camellos vayan mas deprisa. Tienen reservas, y mucha energia por utilizar.

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