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Revista Española del Pacífico, Núm. 9(1999): pp. 386-388.

Doeppers, Daniel F. And Peter Xenos (ed.): Population and History. The Demographic Origins of the Modern Philippines. Center for South East Asian Studies Monograph Number 16, University of Wisconsin-Madison, Madison, 1998, 431 pp.

            Revoluciones, rebeliones, guerras o cambios políticos suelen ser explicados en función de manifiestos y proclamas políticas, de esfuerzos de líderes visionarios, o de estrategias políticas fallidas de las fuerzas derrotadas. Así ocurre con la revolución filipina, cuya evolución ha sido estudiada en función de las intenciones y los escritos de Rizal, de las arbitrariedades de los curas españoles o de las divisiones internas filipinas, ya sea entre los guerrilleros como dentro del gobierno instalado en Malolos en 1898. Estas razones suelen ser importantes y necesarias para analizarlo; pero para comprender los grandes cambios políticos en toda su profundidad no conviene olvidar otros hechos más prolongados en el proceso temporal, subyacentes, a los que los escritos de los contemporáneos no se suelen referir, o bien sólo tangencialmente,. Así ocurre con la progresiva elevación de las rentas de las tierras poseídas por la iglesia en el último tercio del siglo XIX o, por poner el ejemplo que salta a la vista continuamente a lo largo de la lectura del libro que estamos recensionando, los dislocamientos traumáticos sociales y económicos que vivió Filipinas tras el fin del crecimiento económico sostenido a partir de la década de 1880, con virulentas epidemias, mortalidades masivas y destrucción de los animales de uso para las tareas del campo.

            Population and History trata de ofrecer algunas de estas herramientas más necesarias, pero también más olvidadas, para la comprensión de la evolución de Filipinas en los últimos dos siglos. Este libro, editado por Doeppers, geógrafo histórico especializado en la Manila de la primera mitad del siglo XX, y por Xenos, sociólogo y demógrafo que trabaja tanto en el campo de la demografía histórica como en la contemporánea y su relación con el cambio social, ofrece una visión sobre la evolución de Filipinas que ayuda a completar la comprensión de un buen número de procesos subyacentes en el archipiélago y, sobre todo, a conocer la primera de las dos explosiones poblacionales que ha vivido Filipinas, la que empezó a fines del siglo XVIII y permaneció hasta la década de 1870, durante la cual la tasa de crecimiento anual llegó a unos niveles excepcionales para la región en esos momentos, 1.7%. La segunda explosión, a lo largo del siglo XX, ha sido mucho más estudiada. Unas aparentemente mejores oportunidades para ganarse la vida gracias a hechos tales como la proliferación del cultivo de bienes para la exportación, o la creciente dificultad para las invasiones moras en las islas Visayas (que no la difusión masiva de la sanidad, tal como ocurrió en la segunda) provocaron ese incremento de población, el cual fue motor de cambios cruciales en la sociedad filipina del siglo XIX, uno de los principales siendo la explosión migratoria.

            El proceso para llegar a conocer exactamente la evolución demográfica de las Filipinas es ingente y aún está en sus facetas iniciales. La necesidad de investigaciones más prolongadas y trabajosas son parte del conocimiento aún primario que tenemos del proceso, pero también las dificultades inherentes a un estudio de estas características cuando los instrumentos actuales están ausentes: los censos, por su carácter eminentemente tributario, siempre reflejaban un universo menor del realmente existente y además mostraba una realidad distorsionada, por lo que algunos de los autores señalan en sus artículos la frustración de sus materiales de trabajo. El libro, por tanto, ofrece un cuadro general del archipiélago a través de la recopilación de trabajos sobre diferentes ciudades o regiones del país: Ilocos, Laguna, Panay, Tondo, Bicol o la región alrededor de Manila son los casos de estudios trabajados por los autores de este libro. Es una visión de los moldes de desarrollo de la población cristiana de las tierras bajas del archipiélago y faltan, por tanto, estudios en profundidad de significativos segmentos del país no sometidos a la administración española, tales como Mindanao o las tribus no cristianizadas.

El libro, además, está dividido en cuatro tipos de trabajos, en los que se habla en primer lugar de la Historia Demográfica del Archipiélago, después de las “regiones dinámicas”, luego de las “localidades cambiantes”, y por último de la metodología y de los trabajos con las fuentes. Esta diversificación  da al libro un interés que va más allá de los especialistas en Filipinas y su demografía, porque algunos artículos llegan a aportar datos muy importantes en el tipo de colonización de los españoles en el Archipiélago Filipino. Uno de ellos, escrito por Linda A. Lawson, sobre la influencia de las enfermedades occidentales entre los filipinos con el caso americano y el otro, por Mike A. Cullinane, sobre las fuentes eclesiásticas en Filipinas para el estudio de la población. El primero de ellos establece un paralelismo entre la repercusión de la llegada de los españoles y el descenso de la población en Filipinas y en el continente americano y asemeja el caso de Filipinas con el de algunas regiones apartadas del continente americano, en las que la población era muy pequeña y estaba demasiado dispersa para que las enfermedades infecciosas agudas provocaran caídas incontenibles en el número de habitantes, pero también para que los locales adquirieran una cierta inmunidad. Esto explicaría que el número de habitantes no bajara aparentemente tras la llegada de  los españoles (en parte, también, porque ya se habían importando infecciones desde China o Japón anteriormente, y también porque la duración del viaje del Galeón de Manila desde Acapulco suponía la mejor cuarentena), pero también que las epidemias volvieran por sus fueros de tiempo en tiempo, con mortalidades altas en lugares geográficamente determinados.

El artículo de Cullinane, por su parte, explica el procedimiento administrativo que llevaba el cobro de impuestos y los tres tipos de documentación requerida por el estado para ello: el padrón, el padrón general municipal y el de la provincia. Explica las nomenclaturas utilizadas, como los cabezas de barangay o encargados de la recolección de tributos, la diferencia de los términos de uso tributario con los de lugares puramente residenciales, como barrio, sitio o ranchería y, también, la dependencia del estado para con la iglesia en el control de los naturales y de sus bienes. Los misioneros establecieron misiones desde donde se intentaría no sólo convertir a los naturales, sino también que pagaran tributos; de aquí surgieron las cabeceras  de los pueblos que llevaron el peso de la reducción o la conversión religiosa de los naturales. Se refiere también Cullinane a la dificultad de implantar apellidos (apelydo) entre los filipinos porque nunca había sido costumbre transmitir los nombres familiares de una generación a la siguiente: los niños solían recibir un nombre (ngalan) por el que serían conocidos a lo largo de su vida así como un alias por el que serían conocidos entre la familia y los más cercanos (bansag). Como consecuencia, la práctica más normal fue bautizar a los niños con dos nombres, como José Francisco, totalmente diferentes a los de los miembros de la familia. Fue el gobernador Clavería, alarmado de que la falta de apellidos hiciera “inservibles los libros parroquiales que en los países católicos son usados para cualquier tipo de transacción”, quien ordenó en 1849 que todos los filipinos usaran nombres de familia permanentes. Los libros canónicos, ciertamente, tuvieron un doble uso, civil y eclesiástico, a lo largo del período español.

            Population and History, en definitiva, muestra las carencias de un campo de estudio que aún precisa de un buen número de investigaciones para sacar conclusiones generalizadas pero, por otro lado, ofrece unos datos necesarios para comprender la evolución de las Filipinas de los últimos siglos, porque la evolución poblacional no sólo fue afectada por los cambios políticos, sino que los influyó con toda esa determinación que los pueblos imponen a sus dirigentes en el plazo largo.

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