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REP Num. 8: 605-606.

Yokoyama  Toshio, Japan in the Victorian Mind. A Study of Stereotyped Images, 1850-88. MacMillan, Hongkong, 1987. 233 pp.

Las imágenes de Japón en la Inglaterra Victoriana es el tema del libro escrito por Toshio Yokoyama, basado en su antigua Tesis para la Universidad de Oxford en el departamento de Historia Moderna, en 1982. La temática es importante porque Gran Bretaña era en esos momentos la principal potencia mundial y la creadora de imágenes sobre el Asia Oriental; no solo Japón, sino también China. La forma en la que percibieran los británicos a los japoneses, por tanto, fue de alguna forma copiada por el resto de los países, aunque en cada uno de ellos con sus propias características.

Basado su estudio en la recopilación de noticias en las revistas consideradas mas importantes que mayor atención le dieron a Japón, Yokoyama señala varias etapas en esa percepción de Japón desde la llegada de los primeros ingleses en la década de 1850 hasta mediados de 1880. Finaliza con el estreno en Londres de la popular opereta, The Mikado, el 14-3-1885 de marzo de 1885. Los títulos de los capítulos son indicativos de la evolución de esa imagen de japón en la Inglaterra victoriana: "El país singular"; Japón y los editores de Edimburgo; Bretaña, el feliz pretendiente de un Tierra de Hadas; Bretaña, el pretendiente desilusionado; En busca de la vida íntima de los Japoneses; "La extraña historia de este extraño país"; el Vacío expandiéndose y Viajantes Victorianos en la "Tierra de los duendes" japonesa.

Yokoyama muestra a lo largo de su libro que el vacío entre la realidad de un país y la percepción del otro era amplio y provee una pista importante para entender el papel de la subjetividad al generar la imagenes de los otros. El recorrido por los devaneos de esa subjetividad es interesante y no es necesario remarcar que depende tanto de lo ocurrido en Japón como de las dificultades propias internas del Reino Unido; si acaba con la opereta The Mikado es precisamente porque esta fue una sátira contra la sociedad británica, usando a un Japón feliz y alegre como argumento.

La información sobre Japón como excusa para la crítica en el interior puede ser una de las conclusiones de este libro, que nos enseña como el Japón verdadero y el Japón representado en Gran  Bretaña se van distanciando cada vez mas según pasaba el tiempo.   Es interesante la distinción final que hace de los autores que escriben sobre Japón: los que han estado residiendo, los que lo han visitado y los que nunca han ido y entre ellos los mas influyentes fueron precisamente los que nunca estuvieron en Japón.

Una imagen de Japón, por cierto, que en sus rasgos básicos quedó ya delimitada en la década de 1850, a pesar de lo poco que se conocía entonces.  La razón de esta aparente relacion inversa conocimiento de Japon/influencia sobre la imagen del país, apunta, es la mayor cercanía de los que nunca habían estado en Japón con los editores de la revistas. La explicación es convincente, porque estos editores eran los que sabían mejor cuáles eran las historias que prefería el público y cuales tenían menos éxito. Contar cómo era Japón por medio de lo que se llamó "exactitud fotográfica" tuvo menos gancho que buscar los aspectos mas llamativos. Y si ocurrió en Inglaterra, el país donde mejores especialistas hubo sobre Japón, es presumible que ocurriera lo mismo (o más acentuado) en otros países.

Y aqui está quizas la aportación mas interesante de este libro, porque llama la atención de que fueron los editores de las revistas los que escogieron conscientemente el adjetivo "singular" para calificar a Japón. Se buscaba un Japón irreal y se le describió asi, buscando o inventando la información;  es más, incluso aquellos que habían vivido en Japón recurrieron a estas técnicas al tiempo de regresar del país. Ello nos hace reflexionar sobre las teorías de poder-saber de Foucault: el poder domina la generación del saber. Pero no basta acusar simplemente a las altas esferas; todos nosotros somos partícipes de esas deformaciones en cuanto también tenemos un poder de comprar y de usar los medios. Puede ser un poder pequeño, pero también es el final en último término, como receptores finales de la información.

El estudio de Yokoyama, no obstante, no puede ser considerado definitivo por cuestiones metodológicas: no explica  el método de haber escogido un rango de revistas o publicaciones para que éstas puedan ser consideradas representativas, ni tampoco hace un análisis de las imágenes o del tipo de público al que iban dirigidas las revistas. Aparentemente fue a la Hemeroteca "a la brava", sin análisis previo. Aunque dice que basa su análisis en el lenguaje, hace poca abstraccion del uso de términos, a excepción de algunas referencias a Japón con términos tales como "Occidentalizado" o "Desnacionalizado". Por otro lado, el libro es tremendamente difícil para seguir el hilo, en parte por no usar un estilo literario ni unas pautas para conducir al lector y en parte por el uso abusivo de citas con la excusa de dejar a los "escritores victorianos a que hablen por ellos mismos" [xxiii]. Quizás Yokoyama debía de haberse dejado ayudar, también él, por los editores. Habría podido aprovechar mejor la información tan interesante que ha deparado su estudio y habría hecho un libro mas cómodo. Y con mayor influencia. Lo mismo que hace un siglo.

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